LA FONTANA DE ORO

B. PEREZ GALDOS


[Illustration: ARS-NATURA-VERITAS]





MADRID 1921



Los hechos historicos o novelescos contados en este libro, se refieren a
uno de los periodos de turbacion politica y social mas graves e
interesantes en la gran epoca de reorganizacion, que principio en 1812 y
no parece proxima a terminar todavia. Mucho despues de escrito este
libro, pues solo sus ultimas paginas son posteriores a la Revolucion de
Septiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los dias que
atravesamos, por la relacion que pudiera encontrarse entre muchos
sucesos aqui referidos y algo de lo que aqui pasa; relacion nacida, sin
duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable
periodo de 1820-23. Esta es la principal de las razones que me han
inducido a publicarlo.


B.P.G.


Diciembre de 1870.



INDICE



I.--La carrera de San Jeronimo en 1821.
II.--El club patriotico
III.--Un lance patriotico y sus consecuencias
IV.--Coletilla
V.--La companera de Coletilla
VI.--El sobrino de Coletilla
VII.--La voz interior
VIII.--Hoy llega
IX.--Los primeros pasos
X.--La primera batalla
XI.--La tragedia de _Los Gracos_
XII.--La batalla de Platerias
XIII.--No llega el esperado.--Llegada de un importuno
XIV.--La determinacion
XV.--Las tres ruinas
XVI.--El siglo decimoctavo
XVII.--El sueno del liberal
XVIII.--Dialogo entre ayer y hoy
XIX.--El abate
XX.--Bozmediano
XXI.--iLibre!
XXII.--El _via-crucis_ de Lazaro
XXIII.--La Inquisicion
XXIV.--_Rosa mistica_
XXV.--_Virgo prudentisima_
XXVI.--Los disidentes de _La Fontana_
XXVII.--Se queda sola
XXVIII.--El ridiculo
XXIX.--Las horas fatales
XXX.--_Virgo fidelis_
XXXI.--La reunion misteriosa
XXXII.--_La Fontanilla_
XXXIII.--Las arpias se ponen tristes
XXXIV.--El complot.--Triunfo de Lazaro
XXXV.--El bonete del Nuncio
XXXVI.--Aclaraciones
XXXVII.--El _via-crucis_ de Clara
XXXVIII.--Continuacion del _via-crucis_
XXXIX.--Un momento de calma
XL.--El gran atentado
XLI.--Fernando el Deseado
XLII.--_Virgo potens_
XLIII.--Conclusion






CAPITULO PRIMERO



#La Carrera de San Jeronimo en 1821#.


Durante los seis inolvidables anos que mediaron entre 1814 y 1820, la
villa de Madrid presencio muchos festejos oficiales con motivo de
ciertos sucesos declarados _faustos_ en la _Gaceta_ de entonces. Se
alzaban arcos de triunfo, se tendian colgaduras de damasco, salian a la
calle las comunidades y cofradias con sus pendones al frente, y en todas
las esquinas se ponian escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza
estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el
pueblo no se manifestaba sino como un convidado mas, anadido a la lista
de alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no era
otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y
senaladas en los articulos del programa, y desempenaba como tal el papel
que la etiqueta le prescribia.

Las cosas pasaron de distinta manera en el periodo del 20 al 23, en que
ocurrieron los sucesos que aqui referimos. Entonces la ceremonia no
existia, el pueblo se manifestaba diariamente sin previa designacion de
puestos impresa en la _Gaceta;_ y sin necesidad de arcos, ni oriflamas,
ni banderas, ni escudos, ponia en movimiento a la villa entera; hacia de
sus calles un gran teatro de inmenso regocijo o ruidosa locura; turbaba
con un solo grito la calma de aquel que se llamo el _Deseado_ por una
burla de la historia, y solia agruparse con sordo rumor junto a las
puertas de Palacio, de la casa de Villa o de la iglesia de Dona Maria
de Aragon, donde las Cortes estaban.

Anos de muchos lances fueron aquellos para la destartalada, sucia,
incomoda, desapacible y obscura villa! Sin embargo, no era ya Madrid
aquel lugaron fastuoso del tiempo de los reyes tudescos; sus gloriosas
jornadas del 2 de Mayo y del 3 de Diciembre, su iniciativa en los
asuntos politicos, la enaltecian, sobremanera. Era, ademas, el foro de
la legislacion constituyente de aquella epoca, y la catedra en que la
juventud mas brillante de Espana ejercia con elocuencia la ensenanza del
nuevo derecho.

A pesar de todos estos honores, la villa y corte tenia un aspecto muy
desagradable. Mari-Blanca continuaba en la Puerta del Sol como la mas
concreta expresion artistica de la cultura matritense. Inmutable en su
grosero pedestal, la estatua, que en anteriores siglos habia asistido al
tumulto de Oropesa y al motin de Esquilache, presidia ahora el
espectaculo de la actividad revolucionaria de este buen pueblo, que
siempre convergia a aquel sitio en sus ovaciones y en sus trastornos.

Si fuera posible trasladar al lector a las gradas de San Felipe,
capitolio de la chismografia politica y social, o sentarle en el humedo
escano de la fuente de Mari-Blanca, punto de reunion de un publico mas
plebeyo, comprenderia cuan distinto de lo que hoy vemos era lo que veian
nuestros abuelos hace medio siglo. De fijo llamaria su atencion que una
gran parte de los ociosos, que en aquel sitio se reunen desde que
existe, lo abandonaban a la caida de la tarde para dirigirse a la
Carrera de San Jeronimo o a otra de las calles inmediatas. Aquel publico
iba a los clubs, a las reuniones patrioticas, a _La Fontana de Oro_, al
_Grande Oriente_, a _Lorencini_, a la _Cruz de Malta_. En los grupos
sobresalian algunas personas que, por su ademan solemne, su mirada
protectora, parecian ser tenidos en grande estima por los demas.
Aparentaban querer imponer silencio a la multitud; otras veces,
extendiendo los brazos en cruz, volvianse atras como quien pide
atencion: todo esto hecho con una oficiosa gravedad que indicaba influjo
muy grande o presuncion no pequena.

La mayor porte se dirigia a la Carrera. Es porque alli estaba el club
mas concurrido, el mas agitado, el mas popular de los clubs: _La Fontana
Se Oro_. Ya entraremos tambien en el cafe revolucionario. Antes
crucemos, desde el Buen Suceso a los Italianos, esta alegre y animada
Carrera de los Padres Jeronimos, que era entonces lo que es hoy y lo
que sera siempre: la calle mas concurrida de la capital.

Pero hoy, cuando veis que la mayor parte de la calle esta formada por
viviendas particulares, no podeis comprender lo que era entonces una via
publica ocupada casi totalmente por los tristes paredones de tres o
cuatro conventos. Imposible es comprender hoy la obscuridad que
proyectaban sobre la entrada de la Carrera el ancho paredon del
Monasterio de la Victoria por un lado, y la sucia y corroida tapia del
Buen Suceso por otro. Mas alla formaban en linea de batalla las monjas
de Pinto; por encima de la tapia, que servia de prolongacion al
convento, se veian las copas de los cipreses plantados junto a las
tumbas. Enfrente campeaba la ermita de los Italianos, no menos ridicula
entonces que hoy, y mas abajo, en lo mas rapido del declive, el Espiritu
Santo, que despues fue Congreso de los Diputados.

Las casas de los grandes alternaban con los conventos. En lo mas bajo de
la calle se veia la vasta fachada del palacio de Medinaceli, con su
ancho escudo, sus innumerables ventanas, su jardin a un lado y su
fundacion piadosa a otro; enfrente los Valmedianos, los Pignatellis y
Gonzagas; mas aca los Pandos y Macedas, y, finalmente, la casa de Hijar,
que hasta hace poco ostentaba en su puerta la cadena historica,
distintivo de la hospitalidad ofrecida a un monarca. Quedaba para catas
particulares, para tiendas y sitios publicos la tercera parte de la
calle: esto es lo que describiremos con mas detencion, porque es
importante dar a conocer el gran escenario donde tendran lugar algunos
importantes hechos de esta historia.

Entrando por la Puerta del Sol, y pasado el convento de la Victoria, se
hallaba un gran portico, entrada de una antiquisima casa que, a pesar de
su escudo decorativo, grabado en la clave del balcon, era en aquel
tiempo una casa de vecindad en que vivian hasta media docena de honradas
familias. Su noble origen era indudable; pero fue adquirida no sabemos
como por la comunidad vecina, que la alquilo para atender a sus
necesidades. En dicho portal, bastante espacioso para que entraran por
el las enormes carrozas de su primitivo senor, tenia su establecimiento
un memorialista, secretario de certificaciones y misivas; y en el mismo
portal, un poco mas adentro, estaban los almacenes de quincalla de un
hermano de dicho memorialista, que habia venido de Ocafia a la Corte
para _hacer carrera_ en el comercio. Constaba su tienda de tres
menguados cajoncillos, en que habia algunos paquetes de peines, unas
cuantas cajas de obleas, juguetes de chicos y un gran manojo de rosarios
con cruces y medallones de estano.

La parte de la izquierda, y especialmente el rincon contiguo a la
puerta, era un lugar en que el publico ejercia un incontestable derecho
de servidumbre. Era un centro urinario: la secrecion publica habia
trocado aquel rincon en foco de inmundicia, y especialmente por las
noches la ofrenda liquida aumentaba de tal modo, que el escribiente y su
hermano hacian proposito firme de abandonar el local. En vano se
amonestaba al publico con terribles pragmaticas de policia urbana,
promulgadas por la autorizada voz del memorialista. El publico no
renunciaba por esto a su costumbre, y de seguro lo habrian pasado mal
los dos hermanos si hubieran tratado de impedir por la fuerza la
libertad mingitoria, autorizada por un derecho consuetudinario que,
segun la feliz expresion de un parroquiano de aquel sitio, radicaba en
la naturaleza del hombre y en la hospitalidad forzosa del vecindario.

Enfrente de este portal clasico habia una puertecilla, y por los dos
yelmos de Mambrino, labrados en finisimo metal del Alcaraz y
suspendidos a un lado y otro, se venia en conocimiento de que aquello
era una barberia. Por mucho de notable que tuviera el exterior de este
establecimiento, con su puerta verde, sus cortinas blancas, su redoma de
sanguijuelas, su cartel de letras rojas, adornado con dos vinetas dignas
de Maella, que representaban la una un individuo en el momento de ser
afeitado, y la otra una dama a quien sangraban en un pie, mucho mas
notable era su interior. Tres mozos, capitaneados por el maestro
Calleja, rapaban semanalmente las barbas de un centenar de liberales de
los mas recalcitrantes. Alli se discutia, se hablaba del Rey, de las
Cortes, del Congreso de Verona, de la _Santa Alianza_. Oiriais alli la
peroracion contundente del oficial primero y mas antiguo, mozo que se
decia pariente de Poilier, el martir de la libertad. Al compas de la
navaja se recitaban versos amenizados con agudezas politicas; y las
voces _camarilla, coletilla, tragala, Elio, la Bisbal, Vinuesa_,
formaban el fondo de la conversacion. Pero lo mas notable de la barberia
mas notable de Madrid, era su dueno, Gaspar Calleja (se habia quitado el
Don despues de 1820), heroe de la revolucion, y uno de los mayores
enemigos que tuvo Fernando el ano 14. Asi lo decia el.

Mas lejos estaba la tienda de generos de unos irlandeses establecidos
aqui desde el siglo pasado. Vendian, juntamente con el raso y el
organdi, encajes flamencos y catalanes, alepin para chalecos, ante para
pantalones, corbatas de color de las llamadas _guirindolas_, y
_carrikes_ de cuatro cuellos, que estaban entonces en moda. El patron
era un irlandes gordo y suculento, de cara encendida, lustrosa y redonda
como un queso de Flandes. Tenia fama de ser un servilon de a folio,
pero, si esto era cierto, las circunstancias constitucionales del pais,
y especialmente de la Carrera de San Jeronimo, le obligaban a
disimularlo. Fundabanse los que tan feo vicio imputaban al irlandes, en
que cuando pasaba por la calle la Majestad de Fernando o Amalia, la
Alteza de _mi tio el doctor_ o de don Carlos, el buen comerciante dejaba
apresuradamente su vara y su escritorio para correr a la puerta,
asomandose con ansiedad y mirando la real comitiva con muestras de
ternura y adhesion. Pero esto pasaba, y el irlandes volvia a su habitual
tarea, haciendo todas las protestas que sus amigos le exigian.

Cerca de la tienda del irlandes se abria la puerta de una libreria, en
cuyo mezquino escaparate se mostraban abierto por su primera hoja
algunos libros, tales como la _Historia de Espana_, por Duchesne; las
novelas de Voltaire, traducidas por autor anonimo; _Las noches_ de
Young; el _Viajador sensible_, y la novela de _Arturo y Arabella_, que
gozaba de gran popularidad en aquella epoca. Algunas obras de Montiano,
Porcell, Arriaza, Olavide, Feijoo, un tratado del lenguaje de las flores
y la _Guia del comadron_, completaban el repertorio.

Al lado, y como formando juego con este templo literario, estaba una
tienda de perfumeria y de bisuteria con algunos objetos de caza, de
tocador y de encina, que todo esto formaban comercio comun en aquellos
dias. Por entre los botes de pomadas y cosmeticos; por entre las cajas
de alfileres y juguetes, se descubria el perfil arqueologico de una
vieja que era ama, dependiente y aun fabricante de algunas drogas. Mas
alla habia otra tienda obscura, estrecha y casi subterranea en que se
vendian papel, tinta y cosas de escritorio, amen de algun braguero u
otro aparato ortopedico de singular forma. En la puerta pendia colgado
de una espetera un manojo de plumas de ganso, y en lo mas profundo y mas
lobrego de la tienda lucian como los ojos de un lechuzo en el recinto de
una caverna, los dos espejuelos resplandecientes de don Anatalio Mas,
gran jefe de aquel gran comercio.

Enfrente habia una tienda de comestibles; pero de comestibles
aristocraticos. Existia alli un horno celebre, que asaba por Navidades
mas de cuatrocientos pavos de distintos calibres. Las empanadas de
perdices y de liebres no tenia rival; sus pasteles eran celeberrimos,
y nada igualaba a los lechoncillos asados que salian de aquel gran
laboratorio. En dias de convite, de cumpleanos o de boda, no encargar
los principales platos a casa de _Perico el Mahones_ (asi le
llamaban), hubiera sido indisculpable desacato. Al por menor se
vendian en la tienda: rosquillas, bizcochos, galletas de Inglaterra y
mantecadas de Astorga.

No lejos de esta tienda se hallaban las sedas, los hilos, los algodones,
las lanas, las madejas y cintas de dona Ambrosia (antes de 1820 la
llamaban la tia Ambrosia), respetable matrona, comerciante en hilado: el
exterior de su tienda parecia la boca escenica de un teatro de aldea.
Por aqui colgaba a guisa de pendon, una pieza de lanilla encarnada; por
alli un cenidor de majo; mas alla ostentaba una madeja sus innumerables
hilos blancos, semejando los pistilos de gigantesca flor; de lo alto
pendia algun camisolin, infantiles trajes de mameluco, cenefas de
percal, sartas de panuelos, refajos y colgaduras. Encima de todo esto,
una larga tabla en figura de media, pintada de negro, fija en la muralla
y perpendicular a ella, servia de muestra principal. En el interior todo
era armonia y buen gusto; en el tripode del centro tenian poderoso
cimiento las caderas de dona Ambrosia, y mas arriba se ostentaba el
pecho ciclopeo y corpulento busto de la misma. Era espanola rancia,
manchega y natural de Quintanar de la Orden, por mas senas; senora de
muy nobles y cristianos sentimientos. Respecto a sus ideas politicas,
cosa esencial entonces, baste decir que quedo resuelto despues de
grandes controversias en toda la calle, que era una servilona de lo mas
exagerado.

Estas tiendas, con sus respectivos muestrarios y sus tenderos
respectivos, constituian la decoracion de la calle; habia ademas una
decoracion movible y pintoresca, formada por el gentio que en todas
direcciones cruzaba, como hoy, por aquel sitio. Entonces los trajes eran
singularisimos. ?Quien podria describir hoy la oscilacion de aquellos
puntiagudos faldones de casaca? ?Y aquellos sombreros de felpa con el
ala retorcida y la copa aguda como pilon de azucar? ?Se comprenden hoy
los tremendos sellos de reloj, pesados como badajos de campana, que iban
marcando con impertinente retintin el paso del individuo? Pues ?y las
botas a la _farole_ y las mangas de jamon, que serian el ultimo grado de
la ridiculez, si no existieran los tupes hiperbolicos, que asimilaban
perfectamente la cabeza de un cristiano a la de un guacamayo?

El gremio cocheril exhibia alli tambien sus mas caracteristicos
individuos. Lo menos veinte veces al dia pasaban por esta calle las
carrozas de los grandes que en las inmediaciones vivian. Estas carrozas,
que ya se han sumergido en los obscuros abismos del no ser, se componian
de una especie de navio de linea, colocado sobre una armazon de hierro;
esta armazon se movia con la pausada y solemne revolucion de cuatro
ruedas, que no tenian velocidad mas que para recoger el fango del piso y
arrojarlo sobre la gente de a pie. El vehiculo era un inmenso cajon: los
de los dias gordos estaban adornados con placas de carey. Por lo comun
las paredes de los ordinarios eran de nogal brunido, o de caoba, con
finisimas incrustaciones de marfil o metal blanco. En lo profundo de
aquel antro se veia el nobilisimo perfil de algun procer esclarecido, o
de alguna vieja esclarecidamente fea. Detras de esta maquina, clavados
en pie sobre una tabla, y asidos a pesadas borlas, iban dos grandes
levitones que, en union de dos enormes sombreros, servian para
patentizar la presencia de dos graves lacayos, figuras simbolicas de la
etiqueta, sin alma, sin movimientos y sin vida. En la proa se elevaba el
cochero, que en pesadez y gordura tenia por unicos rivales a las mulas,
aunque estas solian ser mas racionales que el.

Rodaba por otro lado el vehiculo publico, tartana calesa o galera, el
carromato tirado por una reata de bestias escualidas; y entre todo esto
el esportillero con su carga, el mozo con sus cuerdas, el aguador con su
cuba, el prendero con su saco y una pila de seis o siete sombreros en la
cabeza, el ciego con su guitarra y el chispero con su sarten.

Mientras nos detenemos en esta descripcion, los grupos avanzan hacia la
mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada a un
local, que no debe de ser pequeno, pues tiene capacidad para tanta
gente. Aquella es la celebre _Fontana de Oro, cafe y fonda_, segun el
cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reunion de la juventud
ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiracion,
ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y de oir su aplauso
irreflexivo. Alli se habia constituido un club, el mas celebre e
influyente de aquella epoca. Sus oradores, entonces neofitos exaltados
de un nuevo culto, han dirigido en lo sucesivo la politica del pais;
muchos de ellos viven hoy, y no son por cierto tan amantes del bello
principio que entonces predicaban.

Pero no tenemos que considerar lo que muchos de aquellos jovenes fueron
en anos posteriores. Nuestra historia no pasa mas aca de 1821. Entonces
una democracia nacida en los trastornos de la revolucion y alzamiento
nacional, fundaba el moderno criterio politico, que en cincuenta anos se
ha ido dificilmente elaborando. Grandes delirios bastardearon un tanto
los nobles esfuerzos de aquella juventud, que tomo sobre si la gran
tarea de formar y educar la opinion que hasta entonces no existia. Los
clubs, que comenzaron siendo catedras elocuentes y palestra de la
discusion cientifica, salieron del circulo de sus funciones propias
aspirando a dirigir los negocios publicos, a amonestar a los gobiernos e
imponerse a la nacion. En este terreno fue facil que las personalidades
sucedieran a los principios, que se despertaran las ambiciones, y lo que
es peor, que la venalidad, cancer de la politica, corrompiera los
caracteres. Los verdaderos patriotas lucharon mucho tiempo contra esta
invasion. El absolutismo, disfrazado con la mascara de la mas abominable
demagogia, socavo los clubs, los domino y vendiolos al fin. Es que la
juventud de 1820, llena de fe y de valor, fue demasiado credula o
demasiado generosa. O no conocio la falacia de sus supuestos amigos, o
conociendola, creyo posible vencerles con armas nobles, con la
persuasion y la propaganda.

Una sociedad decrepita, pero conservando aun esa tenacidad
incontrastable que distingue a algunos viejos, sostenia encarnizada
guerra con una sociedad lozana y vigorosa llamada a la posesion del
porvenir. En este libro asistiremos a algunos de sus encuentros.

Sigamos nuestra narracion. Los curiosos se paraban ante la _Fontana_;
salian los tenderos a las puertas; el barbero Calleja, que se hacia
llamar _ciudadano Calleja_, estaba tambien en su puerta pasando una
navaja, y contemplando el club y a sus parroquianos con una mirada
presuntuosa, que queria decir: "si yo fuera alla...."

Algunas personas se acercaron a la barberia formando corro alrededor del
maestro. Uno llego muy presuroso, y pregunto:

"?Que hay? ?Ocurre algo?"

Era el recien venido uno de esos individuos de edad indefinible, de esos
que parecen viejos o jovenes, segun la fuerza de la luz o la expresion
que dan al semblante.

Su estatura era pequena, y tenia la cabeza casi inmediatamente adherida
al tronco, sin mas cuello que el necesario para no ser enteramente
jorobado. El abdomen le abultaba bastante, y generalmente cruzaba las
manos sobre el con movimiento de carinosa conservacion. Sus ojos eran
medio cerrados y pequenos, pero muy vivos, formando armoniosa simetria
con sus labios delgados, largos y elasticos, que en los momentos mas
ardorosos de la conversacion avanzaban formando un tubo acustico que
daba a su voz intensidad extraordinaria. A pesar de su traje seglar,
habia en este personaje no se que de frailuno. Su cabeza parecia hecha
pura la redondez del cerquillo, y ancho gaban que envolvia su cuerpo,
mas que gaban, parecia un habito. Tenia la voz muy destemplada y acre;
pero sus movimientos eran sumamente expresivos y vehementes.

Para concluir, diremos que este hombre se llamaba Gil de nombre y
Carrascosa de apellido; educaronle los frailes agustinos de Mostoles, y
ya estaba dispuesto para profesar, cuando se marcho del convento,
dejando a los Padres con tres palmos de boca abierta. A fines de siglo
logro, por amistades palaciegas, que le hicieran abate; mas en 1812
perdio el beneficio, y depuso el capisayo. Desde entonces fue ardiente
liberal hasta la vuelta de Fernando, en que sus relaciones con el
favorito Alagon le proporcionaron un destino de covachuelista con diez
mil reales. Entonces era absolutista decidido; pero la Jura de la
Constitucion por Fernando en 1820 le hizo variar de opiniones hasta el
punto de llegar a alistarse en la sociedad de los _Comuneros_ y formar
pandilla con los mas exaltados. Cuando tengamos ocasion de penetrar en
la vida privada de Carrascosa, sabremos algunos detalles de cierta
aventura con una beldad quintanona de la calle de la Gorguera, y
sabremos tambien los malos ratos que con este motivo le hizo pasar
cierto estudiantillo, poeta clasico, autor de la nunca bien ponderada
tragedia de los Gracos.

"?Pues no ha de ocurrir?--dijo Calleja.--Hoy tenemos sesion
extraordinaria en la _Fontana_. Se trata de pedir al Rey que nombre un
Ministerio exaltado, porque el que esta no nos gusta. Tendremos discurso
de Alcala Galiano.

--Aquel andaluz feo...

--Si, ese mismo. El que el mes pasado dijo: _No haya perdon ni tregua
para los enemigos de la libertad. ?Que quieren esos espiritus obscuros,
esos...?_ Y por aqui seguia con un pico de oro....

--Ya les dara que hacer--observo Carrascosa--iQue elocuencia! iQue
talento el de ese muchacho!

--Pues yo, senor don Gil--manifesto Calleja,--respetando la opinion de
usted, para mi tan competente, dire...."

Y aqui tosio dos veces, emitio un par de grunidos por via de proemio,
y continuo:

"Dire que, aunque admiro como el que mas las dotes del joven Alcala
Galiano, prefiero a Romero Alpuente, porque es mas expresivo, mas
fuerte, mas ... pues. Dice todas las cosas con un arranque ... por
ejemplo, aquello de i_al que quiera hierro, hierro_! y aquello de i_no
buscan los tiranos su apoyo en la vara de la justicia; buscanle en los
maderos del cadalso, en el hombro deshonrado del verdugo_! Si le digo a
usted que es un....

--Pues yo--contesto el ex abate,--aunque admiro tambien a Romero
Alpuente, prefiero a Alcala Galiano, porque es mas exacto, mas
razonador....

--Se engana usted, amigo Carrascosa. No me compare usted a ese hombre
con el mio; que todos los oradores de Espana no llegan al zancajo de
Romero Alpuente. Pues ?y aquel pasaje de los _abajos_? Cuando decia:
i_Abajo los privilegios, abajo lo superfluo, abajo ese lujo que llaman
rey..._! iAh! Si es mucha boca aquella."

Calleja repetia estos trozos de discurso con mucho enfasis y afectacion.
Recordaba la mitad de lo que oia, y al llegar la ocasion comenzaba a
desembuchar aquel arsenal oratorio, mezclandolo todo y haciendo de
distintos fragmentos una homilia substancial y disparatada. Se nos
olvidaba decir que este ciudadano Calleja era un hombre muy corpulento y
obeso; pero aunque parecia hecho expresamente por la Naturaleza para
patentizar los puntos de semejanza que puede haber entre un ser humano y
un toro, su voz era tan clueca, fallida y aternerada, que daba risa
oirle declamar los retazos de discursos que aprendia en la _Fontana_.

Pues no estamos conformes--contesto Carrascosa, accionando con mucho
aplomo,--porque ?que tiene que ver esa elocuencia con la de Alcala, el
cual es hombre que, cuando dice "alla voy", le levanta a uno los pies
del suelo?

--Es verdad--dijo, terciando en el debate, uno de los circunstantes, que
debia de ser torero, a juzgar por su traje y la trenza que en el cogote
tenia;--es verdad. Cuando Alcala embiste a los tiranos y se empieza a
calentar.... Pues no fue mal puyazo el que le metio el otro dia a la
Inquisicion. Pero, sobre todo, lo que mas me gusta es cuando empieza
bajito y despues va subiendo, subiendo la voz.... Les digo a ustedes que
es el espada de los _oraores_.

--Senores--afirmo Calleja,--repito que todos esos son unos munecos al
lado de Romero Alpuente. iComo puso a los frailes hace dos noches! ?A
que no saben ustedes lo que les dijo? ?A que no saben...? Ni al mismo
demonio se le ocurre.... Pues los llamo.... _isepulcros blanqueados!_...
Miren que mollera de hombre....

--No se empene usted, Calleja--refunfuno el ex covachuelista con alguna
impertinencia.

--Pero venga usted aca, senor don Gil--dijo Calleja, haciendo todo lo
posible por engrosar la voz.--iSi sabre yo quien es Alcala Galiano y los
puntillos que calzan todos ellos! iA mi con esas! Yo, que les calo a
todos desde que les veo, y no tengo mas que oirles decir _castanas_ para
saber de que palo estan hechos....

--Creo, senor don Gaspar, que esta usted muy equivocado, y no se por que
se cree usted tan competente,--indico Carrascosa en tono muy grave.

--?Pues no he de serlo? iYo, que paso las noches oyendoles a todos, no
saber lo que son! Vamos, que algunos que se tienen por muy buenos, no
son mas que ingenios de racion y equitacion.

--Es verdad tambien que Romero Alpuente no es ningun rana--dijo otro de
los presentes.

--?Como rana?--exclamo, animandose, Calleja.--iQue le sobra talento por
los tejados!... Y a usted, senor Carrascosa, ?quien le ha dicho que yo
no soy competente? ?Quien es usted para saberlo?

--?Que quien soy? ?Y usted que entiende de discursos?

--Vamos, senor don Gil, no apure usted mi paciencia. Le digo a usted que
le tengo por un ignorante lleno de presuncion.

--Respete usted, senor Calleja--exclamo don Gil un poco
conmovido;--respete usted a los que por sus estudios estan en el caso
de... Yo... yo soy graduado en canones en la Complutense.

--Canones, ya. Eso es cosa de latin. ?Que tiene que ver eso con la
politica? No se meta usted en esas cuestiones, que no son para cabezas
ramplonas y de cuatro suelas.

--Usted es el que no debe meterse en ellas--exclamo Carrascosa sin
poderse contener;--y el tiempo que le dejan libre las barbas de sus
parroquianos, debe emplearlo en arreglar su casa.

--Oiga usted, senor pedante complutense, canonista, teatino, o lo que
sea, vayase a mondar patatas al convento de Mostoles, donde estara mas
en su lugar que aqui.

--Caballero--dijo Carrascosa, poniendose de color de un tomate y mirando
a todos lados para pedir auxilio, porque aunque tenia al barbero por lo
que era, por un solemne gallina, no se atreva con aquel corpachon de
ocho pies.

--Y ahora que recuerdo--anadio con desden el rapista,--no me ha pagado
usted las sanguijuelas que llevo para esa senora de la cal e de la
Gorguera, hermana del tambor mayor de la Guardia Real.

--?Tambien me llama usted estafador? Mejor haria el ciudadano Calleja
en acordarse de los diez y nueve reales que le presto mi primo, el
que tiene la polleria en la calle Mayor; reales que le ha pagado como
mi abuela.

--Vamos, que tu y el pollero sois los dos del mismo estambre.

--Si, y acuerdese de la guitarrilla que le robo a Perico Sardina el dia
de la merienda en Migas Calientes.

--?La guitarrilla, eh? ?Dice usted que yo le robe una guitarrilla?
Vamos, no me venga usted a mi con indirectas...--contesto el barbero,
queriendo parecer sereno.

--Vengase usted aqui con pamplinas: si no le conoceremos, senor
_Callejon angosto_.

--Anda, que te quedaste con la colecta el dia de San Anton. iCatorce
pesos! Pero entonces eras realista y andabas al rabo de Otolaza para
que te hiciera limpia-polvos de alguna cocina. Entonces dabas vivas
al Rey absoluto, y en la estudiantina del Carnaval le ofreciste un
ramillete en el Prado. Anda, aprende conmigo, que, aunque barbero, he
sido siempre liberal, si, senores. Liberal aunque barbero; que yo no soy
cualquier vende-humos, sino un ciudadano honrado y liberal como
cualquiera. Pero miren a estos realistones: ahora han cambiado de
casaca. Despues que con sus delaciones tenian las carceles atarugadas de
gente; se agarran a la Constitucion, y ya estan en campana como toro en
plaza, dando vivas a la libertad.

--Senor Calleja, usted es un insolente.

--iServilon!

Esta voz era el mayor de los insultos en aquella epoca, Cuando se
pronunciaba, no habia remedio: era preciso renir.

Ya el arma ingeniosa, que la industria ha creado para el mejoramiento y
cultivo de las barbas de la mitad del genero humano se alzaba en la
mano del iracundo barbero; ya el agudo filo resplandecia en lo alto,
proximo a caer sobre el indefenso craneo del que fue lego, abate y
covachuelista, cuando otra mano providencial atajo el golpe tremendo
que iba a partir en dos tajadas a todo un graduado en canones de la
Complutense. Esta mano protectora era la mano robusta de la mujer de
Calleja, la cual, desconcertada y tremula al ver desde el rincon de su
tienda la actitud terriblemente agresiva de su esposo, dejo con rapidez
la labor, echo en tierra al chicuelo, que en uno de sus monumentales
pechos se alimentaba, y arreglandose lo mejor que pudo el mal
encubierto seno, corrio a la puerta y libro al pobre Carrascosa de una
muerte segura.

Las tres figuras permanecieron algunos segundos formando un bello grupo.
Calleja con el brazo alzado y el rostro encendido; su esposa, que era
tan gigantesca como el, le sostenia el brazo; el pobre Gil, mudo y
petrificado de espanto. Dona Teresa Burguillos, que asi se llamaba la
dama, era de formas colosales y bastas; pero tenia en aquellos momentos
cierta majestad en su actitud, la cual recordada a Minerva en el momento
de detener la mano de Aquiles, pronta a desnudar el terrible acero
clasico. El Agamenon de la Covachuela ofrecia un aspecto poco academico
en verdad.

"Ciudadano Calleja--dijo aquella senora en tono muy reposado,--no
emplees tus armas contra ese pelon, que se pudre a todo podrir:
guardalas para los tiranos."

Calleja cerro, pues, la navaja, y la guardo para los tiranos.

Don Gil se aparto de alli, llevado por algunos amigos, que quisieron
impedir una catastrofe; y poco despues, el grupo que alli se habia
formado quedaba disuelto.

La amazona cerro la puerta, y dentro continuo su perorata interrumpida.
No queremos referir las muchas cosas buenas que dijo, mientras el
muchacho se apoderaba otra vez del pecho, que tan bruscamente habia
perdido. Basto decir, para que se comprenda lo que valia dona Teresa
Burguillos, que sabia leer, aunque con muchas dificultades, hallandose
expuesta a entender las cosas al reves; que a fuerza de mascullones
podia enterarse de algunos discursos escritos, reteniendolos en la
memoria; que alentada por la barberil elocuencia y liberalesca conducta
de su esposo, se habia hecho una gran politica, y que era muy entusiasta
de Riego y de Quiroga, aunque mas que los _hombres de sable_ le gustaban
los _hombres de palabra_, llegando hasta decir que no conocia caballero
mas galantemente discreto que _Paco_ (asi mismo) Martinez de La Rosa. Es
casi seguro que manifesto deseos de tener delante al _barbaro Elio_ para
clavarle sus tijeras en el corazon. Penetremos ahora en la _Fontana_.





CAPITULO II



#El club patriotico#.


En la _Fontana_ es preciso demarcar dos recintos, dos hemisferios: el
correspondiente al cafe, y el correspondiente a la politica. En el
primer recinto habia unas cuantas mesas destinadas al servicio. Mas al
fondo, y formando un angulo, estaba el local en que se celebraban las
sesiones. Al principio el orador se ponia en pie sobre una mesa, y
hablaba; despues el dueno del cafe se vio en la necesidad de construir
una tribuna. El gentio que alli concurria era tan considerable, que fue
preciso arreglar el local, poniendo bancos _ad hoc_; despues, a
consecuencia de los altercados que este club tuvo con el _Grande
Oriente_, se demarcaron las filiaciones politicas; los exaltados se
encasillaron en la _Fontana_, y expulsaron a los que no lo eran. Por
ultimo, se determino que las sesiones fueran secretas, y entonces se
traslado el club al piso principal. Los que abajo hacian el gasto
tomando cafe o chocolate, sentian en los momentos agitados de la
polemica un estruendo espantoso en las regiones superiores, de tal modo,
que algunos, temiendo que se les viniera encima el techo con toda la
mole patriotica que sustentaba, tomaron las de Villadiego, abandonando
la costumbre inveterada de concurrir al cafe.

Una de las cuestiones que mas preocupaban al dueno fue la manera de
armonizar lo mejor posible el patriotismo y el negocio, las sesiones del
club y las visitas de los parroquianos. Dirigio conciliadoras
amonestaciones para que no hicieran ruido pero esto parece que fue
interpretado como un primer conato de servilismo, y aumento el ruido, y
se fueron los parroquianos.

En la epoca a que nuestra historia se refiere, las sesiones estaban
todavia en la planta baja. Aquellos fueron los buenos dias de la
_Fontana_. Cada bebedor de cafe formaba parte del publico.

Entre los numerosos defectos de aquel local, no se contaba el de ser
excesivamente espacioso: era, por el contrario, estrecho, irregular,
bajo, casi subterraneo. Las gruesas vigas que sostenian el techo no
guardaban simetria. Para formar el cafe fue preciso derribar algunos
tabiques, dejando en pie aquellas vigas; y una vez obtenido el espacio
suficiente, se penso en decorarlo con arte.

Los artistas escogidos para esto eran los mas habiles pintores de
muestra de la Villa. Tendieron su mirada de aguila por las estrechas
paredes, las gruesas columnas y el pesado techo del local, y unanimes
convinieron en que lo principal era poner unos capiteles a aquellas
columnas. Improvisaron unas volutas, que parecian tener por modelo las
morcillas extremenas, y las clavaron, pintandolas despues de amarillo.
Se penso despues en una cenefa que hiciera el papel de friso en todo lo
largo del salon; mas como ninguno de los artistas sabia tallar
bajo-relieves, ni se conocian las maravillas del carton-piedra, se
convino en que lo mejor seria comprar un liston de papel pintado en los
almacenes de un marselles recientemente establecido en la calle de
Majaderitos. Asi se hizo, y un dia despues la cenefa, engrudada por los
mozos del cafe, fue puesta en su sitio. Representaba unos craneos de
macho cabrio, de cuyos cuernos pendian cintas de flores que iban a
enredarse simetricamente en varios tirsos adornados con manojos de
frutas, formando todo un conjunto anaecreontico-funebre de muy mal
efecto. Las columnas fueron pintadas de blanco con rafagas de rosa y
verde, destinadas a hacer creer que eran de jaspe. En los dos testeros
proximos a la entrada, se colocaron espejos como de a vara; pero no
enterizos, sino formados por dos trozos de cristal unidos por una barra
de hojalata. Estos espejos fueron cubiertos con un velo verde para
impedir el uso de los derechos de domicilio que alli pretendian tener
todas las moscas de la calle. A cada lado de estos espejos se coloco un
quinque, sostenido por una peana anaecreontico, donde se
apoyaba el receptaculo; y este recibia diariamente de las entranas de
una alcuza, que detras del mostrador habia, la substancia necesaria para
arder macilento, humeante, triste y hediondo hasta mas de media noche,
hora en que su luz, cansada de alumbrar, vacilaba a un lado y otro como
quien dice _no_, y se extinguia, dejando que salvaran la patria a
obscuras los apostoles de la libertad.

El humo de estos quinques, el humo de los cigarros, el humo del cafe
habian causado considerable deterioro en el dorado de los espejos, en el
amarillo de los capiteles, en los jaspes y en el friso clasico. Solo por
tradicion se sabia la figura y color de las pinturas del techo, debidas
al pincel del peor de los discipulos de Maella.

Los muebles eran muy modestos; reducianse a unas mesas de palo, pintadas
de color castano simulando caoba en la parte inferior, y embadurnadas de
blanco para imitar marmol en la parte superior, y a medio centenar de
banquillos de ajusticiado, cubiertos con cojines de hule, cuya crin, por
innumerables agujeros, se salia con mucho gusto de su encierro.

El mostrador era ancho, estaba colocado sobre un escalon, y en su
fachada tenia un medallon donde las iniciales del amo se entrelazaban en
confuso jeroglifico. Detras de este catafalco asomaba la imperturbable
imagen del cafetero, y a un lado y otro de este, dos estantes donde se
encerraban hasta cuatro docenas de botellas. Al traves de la mitad de
estos cristales se veian tambien bollos, libras de chocolate y algunas
naranjas; y decimos la mitad de los cristales, porque la otra mitad no
existia, siendo sustituida por pedazos de papel escrito, perfectamente
pegados con obleas encarnadas. Por encima de las botellas, por encima
del estante, por encima de los hombros del amo, se veia saltar un gato
enorme, que pasaba la mayor parte del dia acurrucado en un rincon,
durmiendo el sueno de la felicidad y de la hartura. Era un gato
prudente, que jamas interrumpia la discusion, ni se permitia maullar ni
derribar ninguna botella en los momentos criticos. Este gato se llamaba
Robespierre.

En el local que hemos descrito se reunia la ardiente juventud de 1820.
?De donde habian salido aquellos jovenes? Unos salieron de las
Constituyentes del ano 12, esfuerzo de pocos, que acabo iluminando a
muchos. Otros se educaron en los seis anos de opresion posteriores a la
vuelta de Fernando. Algunos brotaron en el trastorno del ano 20, mas
fecundo tal vez que el del 12. ?Que fue de ellos? Unos vagaron
proscriptos en tierra extranjera durante los diez anos de Calomarde;
otros perecieron en los aciagos dias que siguieron a la triste victoria
de los cien mil nietos de San Luis. Entre los que lograron vivir mas que
el inicuo Fernando, algunos defendieron el mismo principio con igual
entereza; otros, creyendo sustentarle, tropezaron con las exigencias de
una generacion nueva. Encontraronse con que la generacion posterior
avanzaba mas que ellos, y no quisieron seguirla.

Al crearse el club, no tuvo mas objeto que discutir en principio las
cuestiones politicas; pero poco a poco aquel noble palenque, abierto
para esclarecer la inteligencia del pueblo, se bastardeo. Quisieron los
fontanistas tener influencia directa en el gobierno. Pedian solemnemente
la destitucion de un ministro, el nombramiento de una autoridad.
Demarcaron los dos partidos _moderado y exaltado_, estableciendo una
barrera entre ambos. Pero aun descendieron mas. Como en la _Fontana_ se
agitaban las pasiones del pueblo, el Gobierno permitia sus excesos para
amedrentar al Rey, que era su enemigo. El Rey, entre tanto, fomentaba
secretamente el ardor de la _Fontana_, porque veia en el un peligro para
la libertad. La tradicion nos ha ensenado que Fernando corrompio a
alguno de los oradores e introdujo alli ciertos malvados que fraguaban
motines y disturbios con objeto de desacreditar el sistema
constitucional. Pero los ministros, que descubrian esta astucia de
Fernando, cerraban la _Fontana_, y entonces esta se irritaba contra el
Gobierno y trataba de derribarlo. Fomentaba el Rey el escandalo por
medio de agentes disfrazados; ayudaba el club a los ministros; estos le
herian; vengabase aquel, y giraban todos en un circulo de intrigas, sin
que los credulos patriotas que alli formaban la opinion conociesen la
oculta transcendencia de sus cuestiones.

Pero oigamos a Calleja que pide a voz en cuello que comience la sesion.
Dos elementos de desorden minaban la _Fontana_: la ignorancia y la
perfidia. En el primero ocupaba un lugar de preferencia el barbero
Calleja. Este patriota capitaneaba una turba de aplaudidores semejantes
a el, y la tal cuadrilla alborotaba de tal modo cuando subia a la
tribuna un orador que no era de su gusto, que se penso seriamente en
prohibirle la entrada.

En la noche a que nos referimos, nuestro hombre daba con sus pesadas
manos tales palmadas, que sonaban como golpes de batan y los demas
metian ruido dando porrazos en el suelo con los bastones. En vano pedian
silencio y moderacion los del interior, personas entre las cuales habia
diputados, militares de alta graduacion, oradores famosos. Los
bullangueros no callaron hasta que subio a la tribuna Alcala Galiano.

Era este un joven de estatura mas que regular, erguido, delgado, de
cabeza grande y modales desenvueltos y francos. Tenia el rostro
bastante grosero, y la cabeza poblada de encrespados cabellos. Su boca
era grande, y muy toscos los labios; pero en el conjunto de la fisonomia
habia una clara expresion de noble atrevimiento, y en su mirada profunda
la penetracion y el fuego de los ingenios de la antigua raza.

Comenzo a hablar relatando un suceso de la sesion anterior, que habia
dado ocasion a que salieran de la _Fontana_ Garelli, Toreno y Martinez
de la Rosa. Indico las diferencias de principios que en lo sucesivo
habian de separar a los moderados de los exaltados, y pinto la situacion
del Gobierno con exactitud y delicadeza. Pero cuando con mas robusta voz
y elocuencia mas vigorosa hacia un cuadro de las pasadas desdichas de la
nacion, ocurrio un incidente que le obligo a interrumpir su discurso.
Era que se oia en la calle fuerte ruido de voces, el cual crecio
formando gran algazara. Muchisimos se levantaron y salieron. El
auditorio empezo a disminuir, y al fin disminuyo de tal modo, que el
orador no tuvo mas remedio que callarse.

Cortado y colerico estaba el andaluz cuando bajo de la tribuna. [Nota 1:
El mismo Alcala Galiano refiere con mucha franqueza este suceso en sus
anotaciones a _Historia de Espana_, por Durham.] El tumulto aumentaba
fuera, y por fin no quedaron en el cafe sino cinco o seis personas.
Estas querian satisfacer la curiosidad, y acompanadas del mismo Galiano,
salieron tambien.

En diez minutos la _Fontana_ se quedo sin gente, y el rumor exterior
pasaba, se oia cada vez mas lejano, porque andaba a buen paso la oleada
de pueblo que lo producia. Todas las senales eran de que habia comenzado
una de aquellas asonadas tan frecuentes entonces.

Era ya tarde: los quinques habian llegado al tercer periodo de su
reverberacion dificultosa, es decir, estaban en los instantes
precursores de su completo aniquilamiento, y las mechas despedian humo
mas hediondo y abundante. Uno de los mozos se habia marchado a dormir;
otro roncaba junto a la puerta, y el tercero habia salido con los
parroquianos. A lo lejos se oia un eco de voces siniestras, las voces
del tumulto popular, que rodaba por la villa agitandola toda.

El cafetero continuaba inmovil en su tripode. Dos luminosos puntos de
claridad verdosa brillaban detras de el. Era Robespierre que se acercaba
a su amo, y saltando por encima de sus hombros, se ponia delante para
recibir una caricia. El hombre del cafe le paso la mano afectuosamente
por el lomo, y el animal, agradecido, alzo el rabo, arqueo el espinazo,
se lamio los bigotes, y despues de estirarse muy a la sabor, se volvio a
su rincon, donde se agazapo de nuevo.

Frente por frente al mostrador, y en el mas obscuro sitio del cafe,
principio a destacarse una figura humana, invisible hasta entonces. Esta
persona salia de la sombra, y avanzando lentamente hacia el mostrador,
entraba en el foco de la escasa luz que aclaraba el recinto, siendo
posible entonces observar las formas de aquel silencioso y extrano
personaje.

Era un hombre de edad avanzada; pero en vez de la decrepitud propia de
sus anos, mostraba entereza, vigor y energia. Su cara era huesosa,
irregular, sumamente abultada en la parte superior; la frente tenia una
exagerada convexidad, mientras la boca y los carrillos quedaban
reducidos a muy mezquinas proporciones. A esto contribuia la falta
absoluta de dientes, que, habiendo hecho de la boca una concavidad
vacia, determinaba en sus labios y en sus mejillas depresiones profundas
que hacian resaltar mas la angulosa armazon de sus quijadas. En su
cuello, los tendones, huesos y nervios formaban como una serie de piezas
articuladas, cuyo movimiento mecanico se observaba muy bien, a pesar de
la piel que las cubria. Los ojos eran grandes y revelaban haber sido
hermosos. Por extrano fenomeno, mientras los cabellos habian
emblanquecido enteramente, las cejas conservaban el color de la
juventud, y estaban formadas de pelos muy fuertes, rigidos y erizados.
Su nariz corva y fina debio tambien haber sido muy hermosa, aunque al
fin por la fuerza de los anos, se habia afilado y encorvado mas, hasta
el punto de ser enteramente igual al pico de un ave de rapina. Alrededor
de su boca, que no era mas que una hendidura, y encima de sus quijadas,
que no eran otra cosa que un armazon, crecia un vello tenaz, los fuertes
retonos blancos de su barba que, afeitada semanalmente en cuarenta anos,
despuntaban rigidos y brillantes como alambres de plata. Hacian mas
singular el aspecto de esta cara dos enormes orejas extendidas,
colgantes y transparentes. La amplitud de estos pabellones
cartilaginosos correspondia a la extrema delicadeza timpanica del
individuo, la cual, en vez de disminuir, parecia aumentar con la edad.
Su mirada era como la mirada de los pajaros nocturnos, intensa, luminosa
y mas siniestra por el contraste obscuro de sus grandes cejas, por la
elasticidad y sutileza de sus parpados sombrios, que en la obscuridad
se dilataban mostrando dos pupilas muy claras. Estas, ademas de ver
mucho, parecia que iluminaban lo que veian. Esta mirada anunciaba la
vitalidad de su espiritu, sostenido a pesar del deterioro del cuerpo, el
cual era inclinado hacia adelante, delgado y de poca talla. Sus manos
eran muy flacas, pudiendose contar en ellas las venas y los nervios; los
dedos parecian, por lo angulosos y puntiagudos, garras de pajaro rapaz.

La piel de la frente era amarilla y arrugada como las hojas de un
incunable; y mientras hablaba, esta piel se movia rapidamente y se
replegaba sobre las cejas formando una serie de circulos concentricos
alrededor de los ojos, que remataban en semejanza con un lechuzo. Vestia
de negro, y en la cabeza llevaba una gorrilla de terciopelo.

Cuando este hombre estuvo cerca del mostrador, levantose el cafetero con
recelo, se fue a la puerta de la calle y escucho atentamente algun
tiempo; volvio, se asomo a un ventanillo que daba al patio, y despues
repitio la misma operacion en una puerta que daba a la escalera. De los
tres mozos del cafe, uno solo estaba alli, roncando sobre un banco: el
amo le desperto y le despidio. Atrancada bien la puerta, volvio aquel a
su tripode, y estableciendose en ella, miro al del gorro, como si
esperara de el una gran cosa.

iBuena la han armado!--dijo en voz alta, seguro de no ser escuchado por
voces extranas--iOtro alboroto esta noche! Y dicen que la Guardia Real
prepara un gran tumulto. Usted, D. Elias, debe saberlo.

--Deje usted andar, amigo; deje usted andar, que ya llegaran,--dijo el
flaco con voz sonora y profunda.

Y metiendo la mano en el bolsillo, saco un pequeno envoltorio que, por
el sonido que produjo al ser puesto sobre la mesa, indicaba contener
dinero. El cafetero miro con singular expresion de carino el envoltorio,
mientras el viejo lo desenvolvio con mucha cachaza, y sacando unas onzas
que dentro habia, comenzo a contar.

Al ruido de las monedas, Robespierre abrio los ojos; y viendo que no era
cosa que le interesaba, los volvio a cerrar, quedandose otra vez
dormido. El viejo conto diez medias onzas, y se las dio al del cafe.

--Vamos, senor D. Elias--dijo este descontento.--?Que hago yo con
cinco onzas?

--Por cinco onzas se vende la diosa misma de la libertad,--replico Elias
sin mirar al cafetero.

--Quite usted alla: aqui hay patriotas que no diran "viva el Rey" por
todo el oro del mundo.

--Si: es mucha entereza la de esos senores--exclamo Elias con un acento
de ironia que debia de ser el acento habitual de su palabra.

--Vaya usted a ofrecer dinero a Alcala Galiano y a Moreno Guerra....

--Esos alborotan alla, en las Cortes; de esos no se trata. Tratamos de
los que alborotan aqui.

--Pues le aseguro a usted, senor don Elias de mi alma, que con lo que me
ha dado, no tengo ni para la correa del zapato del orador mas malo de
este club.

--Le digo a usted que basta con eso. El senor no esta para gastos.

--iY que tacano se vuelve el Absoluto! Mala landre le mate, si con estas
miserias logra derribar la Constitucion.

--Deje usted andar, que ya se arreglara esto--contesto el viejo dando un
suspiro. Y al darlo cerro la boca de tal modo, que parecia que la
mandibula inferior se le quedaba incrustada dentro de la superior.

--Pero, don Elias de mis pecados, ?que quiere usted que haga yo con
cinco onzas...? ?Que le parecio aquel sargenton que hablo anoche? Dicen
que es un bruto; pero lo cierto es que hace ruido y nos sirve bien, pues
me cuesta un ojo de la cara cada parrafo de aquellos que sublevan la
multitud y ponen al pueblo encendido... iY hay otros tan reacios, don
Elias...! Anteanoche subio a la tribuna uno que suele venir ahi con el
barbero Calleja: ique voz de becerro tenia! Empezo a hablar de la
Convencion, y dijo que era preciso cortar las cabezas de adormidera. Le
aplaudieron mucho, y yo confieso que fue una gran cosa, aunque, a decir
verdad, no le entendi mas que si hubiera hablado en judio. Cuando acabo
la sesion, quise picarle para que hablara segunda vez; pero no se si
calo mis intenciones; lo cierto es que dijo que me iba a cortar el
pescuezo, anadiendo que no me descuidara. iQue susto me lleve! iY esto
se me paga tan mal! Aquel discurso que pronuncio anoche a ultima hora el
estudiantillo valenciano, me costo dos raciones de carne estofada y dos
botellas de vino iAy! Si llegaran a saber estos manejos Alcala Galiano y
Florez Estrada ... le digo a usted que me voy a reir de gusto.

--Esas son las cabezas de adormidera que es preciso cortar--exclamo el
viejo, guinando el ojo y haciendo con la mano derecha, movida
horizontalmente, la senal de quien corta alguna cosa.

--Pues fuera una lastima, porque son buenos chicos. Yo, francamente se
lo digo a usted, aunque soy en lo intimo de mi corazon partidario
amantisimo de mi Rey absoluto, cuando oigo a esos muchachos, y
especialmente cuando veo a Alcala Galiano subir a la tribuna, y empieza
a echar flores por aquella boca, y despues culebras, me da un
escarabajeo tan grande, que me baila el corazon y me dan ganas de
abrazarle.

--Dejalos que griten: eso precisamente es lo que se busca. Mira el motin
de esta noche: a ellos se les debe. Con muchos asi, pronto estallara la
cuerda. Eso es lo que quiere el Rey. iOh! Ya veras que pronto se
despedazaran unos a otros.

--?Pero que hago yo con cinco onzas?--volvio a decir el dueno del cafe.

--Ya lo he dicho El Rey no esta para despilfarros, y para levantar de
cascos a esta gente no es preciso mucho dinero.

--?Que no? Pregunteselo usted a aquel lego exclaustrado que escribe _El
Azote_; ya me tiene comidas tres onzas de las que usted me trajo la
semana pasada. ?Pues y aquel oficialito que pronuncio hace dias aquel
fuerte discurso en que dijo: _Calendas Cartagos_...?

--_Delenda est Carthago_, querra usted decir.

--Eso es: _dilenda o calenda_, lo mismo da--dijo el del cafe.--iPues ese
oficialito tiene unas tragaderas! Me comio dos empanadas de conejo como
dos ruedas de molino. Y sobre todo, con decirle a usted que para
conseguir que Andresillo Corcho saliera por esas calles gritando, como
usted vio muy bien el domingo, tuve que pagarle todas sus deudas, que
eran ocho meses al casero, y que se yo cuantos piquillos sueltos a los
amigos... Y luego no gana uno para sustos, don Elias. Vuelvo a repetirle
a usted que si los liberales de copete descubren estas socalinas, no me
dejaran un hueso en su lugar.

--Mucha cautela, ten mucha cautela: nada de papeles escritos, no me
dirijas cartas, no fies al papel ni una idea sobre este punto,--le dijo
Elias con severidad.

--Y digame usted--continuo el del cafe, bajando la voz como si
temiera ser oido por Robespierre;--digame usted, ?cuando se alza la
Guardia Real?

--No se--dijo Elias, encogiendose de hombros.

--Dicen que la _Santa Alianza_ ha escrito al Rey.

Elias debia ser hombre prudentisimo, porque contesto "no se" a secas
como a la primera pregunta.

Entonces se oyo otra vez, aunque muy lejano, el mismo ruido de voces,
que hizo salir del club a toda la concurrencia.

"Creo que piensan allanar la casa de Toreno.

--Bien: me alegro--dijo el viejo con siniestra satisfaccion.--Veo que
empiezan a devorarse unos a otros. No podia suceder otra cosa. iOh! Yo
entiendo a esta canalla. ?Y que habia de suceder? ?Espana podra estar
mucho tiempo en manos de una gavilla de pensadores desesperados? Si esto
durara, yo dudaria de la Providencia, que arregla a las naciones como da
aliento a los individuos, Espana esta sin Rey, que es estar sin gloria,
sin vida y sin honor. ?Habia, por ventura, Constitucion cuando Espana
fue el primer pais del mundo? Eso de hacer el pueblo las leyes es lo mas
monstruoso que cabe. ?Cuando se ha visto que el que ha de ser mandado
haga las leyes? ?Seria justo que nuestros criados nos mandaran? Aqui no
hay Rey ni Dios esto se acabara; yo te jure que se acabara."

Al decir esto, el viejo abria los ojos y apretaba los punos con furor.
El del cafe no pudo resistir al encanto de tanta elocuencia, levantose
de su tripode y le abrazo. Al alargar sus manos con entusiasmo, una
botella cayo y fue rodando hasta dar un golpe a Robespierre, el cual,
despertando subitamente, dio un atroz maullido y fue a buscar regiones
mas tranquilas en lo alto del armario de los bizcochos.

Elias saco de su bolsillo una pequena faja negra, que le servia de
tapabocas, se la envolvio al cuello y se dispuso a salir. El cafetero,
con su oficiosidad acostumbrada en presencia de aquel personaje, se
dirigio a abrirle la puerta. Ya principiaba a despuntar el dia. El viejo
realista salio sin saludar a su amigo y tomo la direccion de su casa.





CAPITULO III



#Un lance patriotico y sus consecuencias#.


Don Elias cruzaba la Carrera de San Jeronimo, cuando vio que hacia el
venian unos cuantos hombres que reian y gritaban dando vivas a la
Constitucion y a Riego. Trato de evitar el encuentro, y tomo la otra
acera; pero ellos pasaron tambien, y uno le detuvo.

Eran cinco individuos, y de ellos tres, por lo menos, estaban
completamente embriagados. Nuestro ya conocido Calleja les mandaba.
Componiase la cuadrilla de un chalan del barrio de Gilimon y un matutero
del Salitre, un caballero particular conocido en Madrid por sus trampas
y gran prestigio en la plazuela de la Cebada, y finalmente, un moceton
alto, flaco y negro, que tenia fama de guerrillero, y del cual se
contaban maravillas en las campanas de 1809 y despues en los sucesos del
20. El sello de sus hazanas marcaba siniestramente su rostro en un
chirlo, que le cogia desde la frente hasta el carrillo, cegandole un ojo
y abollandole media nariz.

Los cinco detuvieran al anciano.

"iMatale, matale!--dijo con aguardentosa voz el matutero, pinchando con
la varita que llevaba en la mano el pecho de Elias.

--No, dejale, Perico. ?De que vale espachurrar a este bicho?

--Si es Coletilla--exclamo el del chirlo reconociendole.--Coletilla,
el amigo de Vinuesa, el que anda por los clubs para contarle al Rey
lo que pasa.

--iQue cante el _Tragula!_--dijo el chalan, que estaba envuelto desde el
pescuezo a la rabadilla en un cenidor encarnado, por entre cuyo pliegues
asomaba el puno de uno de aquellos celebres alfileres de Albacete que
tanto dan que hacer a la justicia.

--Tres Pesetas, coge por ese brazo al senorito."

Tres Pesetas puso su mano sobre el gorro de Elias y se lo tiro al suelo,
dejando al aire la pelada calva del anciano. Carcajada sonora acogio
este movimiento.

"iMiren que orejazas de mochuelo!--anadio el guerrillero, tirandole de
la derecha hasta inclinarle la cabeza sobre el hombro.

--_Pos_ no tiene mala cabeza _e pelailla pa_ jugar a los trucos--dijo el
matutero, dandole un papirotazo en mitad del craneo."

El realista estaba livido de colera: apretaba los punos en convulsion
nerviosa, y en sus ojos brillaron lagrimas de despecho. En esto Calleja,
que parecia tener gran autoridad entre aquella gente, se agarro al brazo
de Elias, y exclamo, riendo con la desenfrenada hilaridad de la
embriaguez:

"Ven, bravucon, ven con nosotros. Ciudadanos--prosiguio, volviendose a
los otros:--este es el gran Coletilla, el mismo Coletilla. Seremos
amigos. Nos va a presentar al Rey constitucional para que nos haga...."

--i_Menistros_!--grito el matutero enarbolando su vara.

--Ciudadanos, iviva el Rey absoluto, viva Coletilla!

--Vamos a _jaserle_ comunero de la gran _comunia_--dijo el
matutero.--Primera prueba. iQue salte!

--iQue salte!

--iQue salte!

Y uno de ellos tomo de la mano a Elias como para hacerle saltar,
mientras otro, empujandole con violencia, le hizo caer al suelo.

"_Zegunda_ prueba--chillo Tres Pesetas:--toma esta espada, pincha a uno
de nosotros."

Y sacando un sable le dio de plano tan fuerte golpe, que le obligo a
caer en opuesto sentido.

"Di 'iviva la constitucion!'

--?Pues no lo ha _e ezir?_ Y si no, yo tengo aqui unas
_explicaeras_...--vocifero el matutero, sacando su navaja.

--Este tunante fue el que delato al cojo de Malaga--dijo el caballero
particular.

--Y el amigo de Vinuesa.

--Senores, este no es mas que Coletilla, el gran Coletilla--afirmo
Calleja con mucha gravedad."

La ferocidad se pintaba en los ojos del matutero y del chalan. El de la
cicatriz cogio por el cuello a Elias, y con su mano vigorosa le apreto
contra el suelo.

"Sueltalo, Chaleco; dejalo tendido."

Es de advertir que el matutero era conocido entre los de su calana por
el extravagante nombre de Chaleco.

"Dejamelo a mi--exclamo el chalan.--_Trincalo por el piscuezo; quio_ ver
lo que tienen esos realistas dentro del buche."

Muy mal parado estaba el infeliz Elias; y ya se encomendaba a Dios con
toda su alma, cuando la inesperada llegada de un nuevo personaje puso
tregua a la colera de sus enemigos, salvandole de una muerte segura.

Era un militar alto, joven, bien parecido y persona de noble casa sin
duda, porque, a pesar de su juventud, llevaba charreteras de una alta
graduacion. Traia largo capote azul, y uno de aquellos antiguos y
pesados sables, capaces de cercenar de un tajo la cabeza de cualquier
enemigo. Al verle que se interponia en defensa del anciano, los otros se
apartaron con cierto respeto, y ninguno se atrevio a insistir.

"Vamos, senores, dejen ustedes en paz a ese pobre viejo, que no les hace
ningun dano--dijo el militar.

--Si es Coletilla, el mismo Coletilla.

--Pero sois cinco contra el, y el es un pobre senor indefenso.

--Eso mismo decia yo--exclamo Calleja, con la misma risa de borracho.

--_Poz_ que diga 'iviva el Rey constitucional!'

--Lo dira cuando se vea libre de vosotros. Yo respondo de que es un buen
liberal y hombre de bien.

--iSi es un servilon!--exclamo Chaleco.

?Y que quereis hacer con el?--pregunto el militar.

--Poca cosa--dijo Tres Pesetas, que era el mas atrevido.--No mas que
abrirle un tragaluz en la barriga _pa_ que salgan a misa las _asauras_.

--Vamos, marchaos a vuestras casas--dijo el militar con mucha
entereza:--yo le defiendo.

--?Usia?

--Si, yo. Marchaos, yo respondo de el.

--Pues sino _ize_ iviva la...!

--Di 'iviva la Constitucion!'--exclamaron todos a la vez, menos Calleja,
que se estaba riendo como un idiota.

--Vamos--manifesto el militar, dirigiendose a Elias: digalo usted, es
cosa que cuesta poco, y ademas hoy debe decirlo todo buen espanol.

--iQue lo diga!

--iQue lo _iga_ pronto!"

El militar persistia en que dijera aquellas palabras, como un medio de
verse libre; pero Elias continuaba en silencio.

"Vamos padrito, pronto--dijo el matutero.

--iNo!--exclamo Elias con profunda voz y tremulo de indignacion."

Entonces Tres Pesetas alzo la vara sobre el viejo; los demas se
dispusieron a acometerle, y fue preciso que el militar empleara todas
sus fuerzas y todo su prestigio para impedir un mal desenlace.

"Diga usted iviva la Constitucion!"

--iNo!--repitio Elias. Y como si recibiera inspiracion del cielo, en un
arrebato de supremo valor exclamo:

"iMuera!"

Los cuatro desalmados rugieron con ira; pero el militar parecia resuelto
a defender a Elias hasta el ultimo trance.

"Apartaos--dijo.--Este hombre esta loco. ?No conoceis que esta loco?

--Que retire esas palabras--dijo riendo siempre Calleja, que aun en la
embriaguez blasonaba de usar con propiedad las formulas parlamentarias.

--?Que _ritire_ ni _ritire_?

--Si, esta loco--dijo Chaleco;--y si no esta loco, esta bo ... bo
... borracho.

--iEso es ... eso ... borracho!--grito Calleja, que al fin habia
necesitado apoyarse en la pared para no caer en tierra."

Algunos vecinos se habian asomado; algunos transeuntes trabaron
conversacion con el venerable Tres Pesetas, y ya sea que un ebrio se
distrae facilmente, ya que les impusiera temor la actitud firme del
militar, lo cierto es que los cuatro amigos de Calleja dejaron en paz a
Elias, el cual, ayudado de su protector, se levanto como pudo y se puso
el gorro que casi habia perdido la forma bajo los pies del matutero. El
militar, al detener con un vigoroso esfuerzo el movimiento agresivo de
Chaleco contra Elias, se rozo la mano izquierda con la extremidad
puntiaguda de la empunadura de la navaja que el mozo llevaba en la faja.
Esta rozadura le levanto un poco la piel y le hizo derramar alguna
sangre. El militar se envolvio la mano en un panuelo, y con la derecha
tomo el brazo del viejo. Este se hallaba magullado, roto y en un estado
de desfallecimiento tal, que no podia andar sino a pasos cortos y
vacilando a cada momento.

El militar le sostuvo con fuerza, y andando con el muy lentamente, le
pregunto donde estaba su casa para llevarle a ella. Elias, sin
contestarle, le encamino haciendole senas por la calle de Alcala,
dirigiendose a la del Barquillo para tomar al fin la de Valgame Dios,
donde aquel buen hombre vivia.

El joven militar era sin duda poco amante del silencio, y de caracter
alegre y comunicativo, porque por el camino comenzo a hablar con
singular volubilidad, pareciendo que el obstinado mutismo del viejo
estimulaba mas su prolija locuacidad.

No podemos transcribir los terminos precisos en que hablo este, que
desde ahora es nuestro amigo, y nos acompanara en todo el transito de
esta dilatada historia; pero conociendo su caracter como lo
conocemos, es seguro que no sera aventurado poner en boca suya estas
o parecidas palabras:

"Hay que deplorar, amigo mio, en esta imperfecta vida humana, que las
cosas mejores y mas bellas tienen siempre un lado malo; fatal obscuridad
que proyecta en breve parte de su esfera lo mas resplandeciente y
luminoso. Las instituciones mas justas y buenas, ideadas por el hombre
para producir efectos de bien comun, ofrecen en los primeros tiempos de
practica extranos resultados, que hacen dudar a los de poca fe de la
bondad y justicia de ellas. Los hombres mismos que fabrican un objeto de
sutil mecanismo, vacilan en los primeros momentos del uso, y no aciertan
a regular su compas y reposado movimiento. La libertad politica,
aplicacion al gobierno del mas bello de los atributos del hombre, es el
ideal de los Estados. iPero que penosos son los primeros dias de
practica! iComo nos aturde y desespera el primer ensayo de esta maquina!

"El mayor inconveniente es la impaciencia. Hay que tener perseverancia y
fe, esperar a que la libertad de sus frutos y no condenarla desde el
primer dia. ?No seria loco el que plantando un arbol le arrancara
desesperado al ver que no echaba raices, crecia y daba flores y frutos
al primer dia?"

Es probable que el militar no empleara estos mismos terminos; pero es
seguro que las ideas eran las mismas. Lo cierto es que al concluir
espero a ver si su peroracion producia algun efecto en el viejo; pero
este sumamente abstraido, daba muestras de no atender a sus palabras y
de hacer en su interior otras consideraciones no menos transcendentales
y profundas.

"Es de deplorar--continuo el militar reforzando su elocuencia con un
poco de mimica,--es de deplorar que los primeros derechos concedidos por
la libertad sean mal empleados por algunos hombres. El habito de la
libertad es uno de los mas dificiles de adquirir y tenemos que sufrir
los desaciertos de los que por su natural rudeza tardan mas en adquirir
este habito. Pero no desconfiemos por eso, amigo. Usted, que es sin duda
buen liberal, y yo, que lo soy muy mucho, sabremos esperar. No
maldigamos al sol porque en los primeros momentos de la manana produce
molestia en nuestros ojos, cuando salen bruscamente de la obscuridad y
del sueno."

Parose por segunda vez el joven para tomar aliento y ver si la fisonomia
del anciano daba senales de aprobacion; pero no observo en aquel rostro
singular otra cosa que abstraccion y melancolia.

"Esos que le han detenido a usted--continuo el militar,--no son
liberales. O son agentes ocultos del absolutismo, o ignorantes soeces
sin razon ni conciencia. O libertinos sin instruccion, o alborotadores
asalariados. ?Sera preciso quitarles la libertad y no devolversela hasta
que reciban educacion o castigo? Entonces, ?habra libertad para unos, y
para otros no? Ha de haberla para todos, o quitarsela a todos. ?Y es
justo renunciar a los beneficios de un sistema por el mal uso que
algunos pocos hacen de el? No: mas vale que tengan libertad ciento que
no la comprenden, que la pierda uno solo que conoce su valor. Los males
que con ella pudieron ocasionar los ignorantes son inferiores al inmenso
bien que un solo hombre ilustrado puede hacer con ella. No privemos de
la libertad a un discreto por quitarsela a cien imprudentes."

El joven se paro por tercera vez por dos razones: primera, porque no
tenia mas que decir (insistimos en que no empleo las mismas palabras); y
segunda, porque el viejo, al llegar a su calle, se detuvo en una puerta,
y dijo: "Aqui." El viejo habia concluido, y el militar iba a dejar a su
nuevo amigo; pero noto que estaba este cada vez mas desfallecido y
corria peligro de no poder subir si le abandonaba. El locuaz y discreto
joven entro, pues, en la casa sosteniendo al realista, que apenas podia
dar un paso.

La mansion de Elias se ostentaba en la mitad de la calle de Valgame
Dios, donde hacia veces de palacio. Colocada entre dos casas _a la
malicia_, aparecia alli con proporciones gigantescas, sin que por eso
tuviera mas que dos pisos altos, de los cuales el superior gozaba la
singular preeminencia de ser habitado por nuestro heroe.

La fachada era mezquina, fea. El cuarto bajo servia de oficina a las
ruidosas ocupaciones de un machacador de hierro, que surtia de sartenes,
asadores y herraduras a todo el barrio del Barquillo. Los balcones del
principal eran fiel remedo de los jardines colgantes de Babilonia,
porque habia en ellos muchos tiestos con flores, muchas matas que
estaban en camino de ser arboles, juntamente con tres jaulas de
codornices y dos reclamos, que por la noche daban armonia a toda la
calle. En medio de esta selva y de estos gorjeos se veia una muestra de
_Prestamista sobre alhajas_.

El portal era angosto y muy largo. Para llegar a la escalera, que estaba
en lo profundo, se corrian mil peligros a causa de las sinuosidades del
terreno, en el cual los hoyos, llenos de inmundicia, alternaban con
puntiagudos guijarros, alzados media cuarta. La escalera era angosta, y
sus paredes, blanqueadas en tiempo de Felipe V, cuando menos, se
hallaban en el presente siglo cubiertas de una venerable rapa de mugre,
excepto en la faja o zona por donde rozaban los codos de los que subian,
la cual tenia singular pulimento. En uno de los tramos habia, no un
candil, sino el sitio de un candil manifestado en una gran chorrera de
aceite hacia abajo, una gran chorrera de humo hacia arriba, y en la
convergencia de ambas manchas un clavo ennegrecido.

Llegaron al segundo, y el militar llamo. Sin duda, alguna persona
esperaba con impaciencia, porque la puerta se abrio al momento. Abriola
una joven como de diez y ocho anos de edad, que al ver el aspecto
abatido del viejo, y sobre todo al ver que un desconocido le
acompanaba, cosa sin duda muy rara en el, dejo escapar una exclamacion
de temor y sorpresa.

"?Que hay? ?Que le ha pasado a usted?" dijo cerrando la puerta, despues
que los dos estaban en el pasillo.

E inmediatamente marcho delante y abrio la puerta de una sala, donde
entraron los tres. El anciano no hablo palabra, y se dejo raer en un
sillon con muestras de dolor.

"?Pero esta usted herido? ?A ver? Nada--dijo la joven examinando con
mucha solicitud a Elias y tomandole la mano.

No ha sido nada--dijo el militar, que se habia descubierto
respetuosamente,--no ha sido nada: pasaba hace un momento por la calle,
y cinco hombres soeces que le encontraron quisieron que cantara no se
que cosa, y el senor, que no estaba para cantos, se nego."

La joven miro al militar con expresion de estupor. Parecia no comprender
nada de lo que este habia dicho.

"Eran unos borrachos que quisieron hacerle dano; pero pase yo
felizmente... No se asuste usted: no tiene nada."

Elias parecio un poco repuesto; aparto con despego a la joven, y su
semblante principio a serenarse.

"iAy! que miedo he tenido esta noche--dijo la joven.--Esperandole hora
tras hora y sin parecer.... Luego esos alborotos en la calle.... A media
noche pasaron por ahi unos hombres gritando. Pascuala y yo nos
escondimos alli dentro, y nos sentamos en un rincon temblando de miedo.
iComo gritaban! Despues sentimos muchos golpes ... decian que iban a
matar a uno. Nosotras nos pusimos a llorar: Pascuala se desmayo; pero yo
procure animarme, y juntas empezamos a rezar de rodillas delante de la
Virgen que esta alli dentro. Despues se fue alejando el ruido; sentimos
unos quejidos en la calle. iAy! no lo quiero recordar. Todavia no se me
ha quitado el susto."

El militar oyo con interes estas palabras; pero sin dejar de oirlas
dirigio su atencion a reconocer el sitio en que se hallaba y a examinar
el aspecto de la amable persona que en el vivia.

La casa era modesta; pero la sencillez y el aseo revelaban en ella un
bienestar pacifico.

La joven llamo su atencion mas que la casa. Clara (que asi se llamaba,)
representaba mas de diez y ocho anos y menos de veintidos. Sin embargo,
estamos seguros de que no tenia mas que diez y siete. Su estatura era
mas bien alta que baja, y su talle, su busto, su cuerpo todo tenian las
formas gallardas y las bellas proporciones que han sido siempre
patrimonio de las hijas de las dos Castillas. El color de su rostro,
propiamente castellano tambien, era muy palido, no con esa palidez
intensa y calenturienta de las andaluzas sino con la marmorea y fresca
blancura de las hijas de Alcala, Segovia y Madrid. En los ojos negros y
grandes habia puesto todos sus signos de expresion la tristeza. Su nariz
era delgada y correcta, aunque demasiado pequena; su frente pequena
tambien, pero de un corte muy bello; su boca muy hermosa y embellecida
mas por la graciosa forma de la barba y la garganta, cuya voluptuosidad
y redondez contribuia a hacer de su semblante uno de los mas
encantadores palmos de cara que se habia ofrecido a las miradas del
militar desconocido, el cual (digamoslo de paso) era hombre corrido en
asuntos femeninos.

El peinado de Clara podia rigurosamente ser tachado de provinciano,
porque se alzaba en un mono de tres tramos sobre la corona. Este modo de
peinarse era ya desusado en la corte; pero la belleza suele generalmente
triunfar de la moda, y Clara estaba muy bien con su trenza piramidal. El
traje era de los que usaba entonces la clase no acomodada, pero tampoco
pobre, es decir, un guardapies de tela clara con pintas de flores,
mangas estrechas hasta el puno, talle un poco alto y el corte del cuello
cuadrado y adornado de multiples encajes.

La investigacion del militar duro mucho menos de lo que hemos empleado
en describir la figura. Durante algunos segundos estuvieron los tres
personajes inmoviles el uno frente al otro sin decir palabra, hasta que
el viejo, como continuando una peroracion interior, exclamo con un
repentino acceso de ira y lanzando de sus ojos rapidamente iluminados
una mirada feroz.

"iInfames, perros! Quisiera tener en mi mano un arma terrible que en un
momento acabara con todos esos miserables. iAh! Pero ellos no tienen la
culpa. Tienen la culpa los otros, los sabios, los declamadores, los que
les educan, esos malvados charlatanes que profanan el don de la palabra
en los infames conciliabulos de las Cortes. Tienen la culpa los
revolucionarios, rebeldes a su Rey, blasfemos de su Dios, escarnio del
linaje humano. iOh, Dios de justicia! ?No vere yo el dia de la
venganza?"

El militar estaba atonito y algo corrido. Pareciale que aquello era una
replica indirecta a su expresiva disertacion del camino; y aunque se le
ocurrio contestarla, vio en el rostro de Elias una expresion de
contumacia y ferocidad que le intimido. Su atencion estaba en parte
reconcentrada en la companera del realista. Clara miraba al viejo con la
indiferencia propia de la costumbre, y al mismo tiempo miraba a su
protector como si se avergonzara de la extraneza que le causaban las
palabras del viejo.

El militar, poco cuidadoso al fin de las imprecaciones del realista,
comenzo a sentir interes hacia aquella pobrecilla, que, sin saber por
que, le inspiro mucha lastima desde el principio.

Pero llego un momento en que el joven sintio su situacion embarazosa.
Elias continuaba en voz baja su soliloquio sin cuidarse de el; era
preciso marcharse; y eso de marcharse sin satisfacer un poco la
curiosidad y hablar otro poco con la joven, no le gustaba. Miro a Elias
con insistencia y se acerco a el; pero este no daba muestras de fijar en
el otro la atencion, ni tenia gratitud, ni afecto, ni cortesia, ni era,
al parecer, cortado por el comun patron de los demas hombres. Al fin,
viendole tan abstraido, resolvio tomar pretexto de la proteccion que le
habia dispensado para hacer hablar a la muchacha.

--No tema usted nada--le dijo en voz baja, apartandose hacia la
ventana.--No ha recibido golpe ninguno. Esta aterrado por lo sorpresa y
la ira; pero se calmara.

--Si, se calmara ... un poco.

--Y se pondra contento.

--Contento, no.

--Cuidado: por usted no estara triste.

Esto, que podia pasar por una galanteria, no hizo efecto ninguno en
Clara. Volviose para mirar a Elias, que continuaba en la misma postura,
gesticulando a solas. De tiempo en tiempo proferia sus adjetivos
predilectos "iMalvados, perros!"

El militar arriesgo entonces la pregunta, y bajando mas la voz, y
apartandose hasta llegar al hueco de la ventana, dijo:

"Tal vez sera indiscrecion la pregunta que voy a hacerle a usted;
pero me disculpa el gran interes que por ese caballero me he tomado,
y el deseo de servirle bien en lo que pueda. ?Este senor esta en su
cabal juicio?"

Clara miro al militar con expresion de gran asombro; y como si la
pregunta fuera una revelacion, contesto:

--"?Loco?..." Y despues de una pausa, anadio encogiendose de
hombros: "No se."

La curiosidad del militar crecio.

--No lo tome usted a agravio; pero su conducta, sus palabras en aquella
pendencia, lo sombrio de su aspecto, lo que ahora acaba de decir, me
hacen creer que padece una enajenacion.

Clara miraba al joven con expresion que tenia algo de afirmativa.

--Yo no se--dijo al fin.--El pobrecito padece mucho. Yo tambien padezco
de verle. No esta nunca alegre: a veces creo que se me va a morir en un
arrebato de ira. Pasa las noches leyendo libros, escribiendo cartas, y a
veces habla consigo mismo como ahora. A Pascuala y a mi nos da mucho
miedo: la sentimos levantarse y pasear precipitadamente, dando vueltas
en este cuarto. De dia sale temprano, y esta fuera toda la noche.

El militar sintio aumentarse la compasion que Clara le inspiro desde el
principio, porque le parecia que aquella infeliz era una martir, que
sufria resignada los atropellos de un loco.

--Pero usted--dijo con el mayor interes, ?no es victima de sus
bruscos ademanes? ?No la maltrata a usted? Entonces seria cosa de
declararle rematado.

--?A mi? No--dijo Clara;--no me ha maltratado nunca.

Parecera extrano que Clara, sin conocer al militar, le hiciera
declaraciones que parecen de intima confianza; pero esto, que en
circunstancias ordinarias seria raro, en este caso no lo era. Clara
habia vivido siempre en compania de aquel viejo: era huerfana, no tenia
parientes ni amigas, no salia nunca, no se comunicaba con nadie, se
consumia en el desierto de aquella casa, sin otra cosa que algunos
recuerdos y algunas esperanzas que luego conoceremos. Su caracter era
extremadamente sencillo: un incidente imprevisto le ponia delante a un
hombre cortes y generoso que para satisfacer su curiosidad empleaba
habiles recursos de conversacion, y ella le dijo lo que queria saber; se
lo dijo obedeciendo a una poderosa necesidad de desahogo, hija de su
aislamiento y melancolia.

El curioso no se atrevia a continuar investigando: ya iba a despedirle
mal de su grado, cuando Clara vio que tenia una mano ensangrentada, y
exclamo sobrecogida:

--iEsta usted herido!

--No es nada: un rasguno.

--Pero sale mucha sangre. iJesus! tiene usted la mano destrozada.

--iOh! no es nada.... Con un poco de agua....

--Voy al momento.

Clara se marcho muy a prisa y volvio a poco rato, entrando en la
habitacion inmediata: traia una jofaina, que puso sobre la mesa, y llamo
al militar, que no tardo en acercarse.

--?Y tiene familia?--dijo este tocando el agua con la mano para ver si
estaba muy fria.

--?Familia?--contesto Clara con su naturalidad acostumbrada.--No: me
queria mucho. Yo deseo tanto que se le quiten de la cabeza esas
manias.... Antes era muy bueno para mi, y estaba muy alegre.... Yo era
muy nina entonces.

--Antes era muy bueno. ?Y ahora no lo es?

--Si; pero ahora.... Como tiene tantas cosas en que pensar....

--?Y desde cuando ha variado?

--Hace mucho tiempo, cuando hubo muchos alborotos y dijeron que iban a
matar a ... ?al Rey?... no se a quien. Pero antes de eso, ya estaba casi
siempre alterado. Cuando yo era muy nina ... No ... entonces saliamos
los domingos a paseo, y me llevaba a Chamartin y comiamos en el campo
con Pascuala.

--?Y ahora no sale usted nunca de aqui?

--Nunca--dijo Clara, como si aquella soledad en que vivia fuera la cosa
mas natural del mundo.

El militar se interesaba cada vez mas por la persona que tan
repentinamente habia conocido. Cada vez sospechaba mas que aquella
infeliz era victima de las brutalidades del fanatico. Desde el sitio en
que se hallaba, veia al viejo sentado en un sillon y entregado a su mudo
frenesi. Mirando despues a Clara, cuya gracia sencilla y melancolica
franqueza formaban contraste con el terrible realista, se aumento su
confusion, su curiosidad y sus temores.

--?Y usted no sale para distraerse, para ver y reponerse de estar aqui
encerrada tanto tiempo?--le dijo casi conmovido.

--?Yo?... ?para que salgo? Me pongo triste cuando salgo. No veo la calle
sino cuando voy a las Gongoras los domingos muy temprano; pero al verme
fuera, me parece que estoy mas sola que aqui.

--?Y el no tiene empeno en que usted se divierta, en que pase
agradablemente la vida?--dijo el militar casi asustado de su curiosidad
y mirando de soslayo a Elias para ver si atendia a su conversacion.

--?El? Pero yo no quiero divertirme ... porque ... ?que voy yo hacer
fuera de aqui? El dice que debo estar siempre en la casa.

--?Pero usted no trata a nadie, no ve a nadie?

--A Pascuala, que me quiere mucho.

Ya el militar tenia ganas de saber quien era aquella Pascuala.

--?Y esa Pascuala es amiga de usted?

--Es la criada.

--Ya... ?Y no tiene usted mas amiga? A la edad de usted es natural y
conveniente la amistad de las jovenes, y, sobre todo, no se puede vivir
de esa manera. Es preciso....

--Yo estoy bien asi. El dice que no debo conocer a nadie.

--?Y la obliga a usted a llevar esta vida tan triste?

--No me obliga. Yo, si quisiera, podria salir. El no esta nunca aqui.
Pero yo ... Dios me libre ... ?A donde habia de ir?

El militar no sabia que pensar. ?Que relaciones existian entre aquel
monomaniaco y aquella joven? ?Seria su padre, su marido?...--No--decia
para si.--Es repugnante sospechar que puedan existir los vinculos del
matrimonio entre los dos.

--No extrane usted mis preguntas--dijo, continuando con
ansiedad;--pero me interesan mucho ustedes dos. ?Y a el nadie le
visita, nadie viene a verle?

--Conoce mucho a unas senoras, que llaman las senoras de Porreno. Son
nobles y fueron muy ricas.

--?Y vienen aqui?

--Muy pocas veces. El las quiere mucho.

--Y esas, que presumo seran personas de buenos sentimientos, ?no le
tienen a usted carino, no la quieren?

--?A mi? Una vez me dijeron que yo parecia ser una buena muchacha.

-?Y nada mas? ?No le han dicho mas?

--iAh! son muy buenas. El dice que son muy buenas. Una de ellas dicen
que es santa.

Estas declaraciones eran hechas por Clara con una ingenuidad tan
espontanea, que conmovia al que pudiera oirlas. Para que el lector, que
aun no conoce la infinita bondad de este caracter, no estrane la
franqueza leal y la sublime indiscrecion de la pobre Clara, anadiremos
que durante anos enteros esta desgraciada no veia mas persona que don
Elias, Pascuala, y a veces, muy de tarde en tarde, las tres melancolicas
efigies de las senoras de Porreno. Su vida era un silencio prolongado y
un hastio lento. Tan solo pudieron reanimarla y darle alguna felicidad
los cuarenta dias que, seis meses antes de estos sucesos, habia pasado
en Ateca, pueblo de Aragon, a donde Elias la mando para que disfrutara
del campo. Mas adelante veremos por que tomo Elias esta determinacion, y
lo que resulto del viaje de Clara.

--Pero es posible--continuo el militar, olvidado de que Elias estaba
cerca--?es posible que pase usted la vida de esta manera, sin mas
compania que la de ese hombre? ?Y no ha salido usted nunca de aqui, no
ha ido al campo?

--Si; estuve unos dias fuera, hace seis meses.

--?En donde?

--En Ateca. El me mando. Me puse mala, y fui alla a restablecerme.
Estuve en su pueblo.

--Ya.--dijo el militar, contento de haber encontrado un motivo, aunque
pequeno, para suponer que aquel hombre no era enteramente feroz.

--?Y lo paso usted bien?

--iAh! si: me alegre mucho de estar alli.

--?Y no quiera usted volver?

--iOh! si,--exclamo Clara, sin poder contener una exclamacion expansiva.

--Usted no debe estar aqui; usted tiene el corazon mas bondadoso que
puede existir. ?Para que, sino para la sociedad, puede haber creado Dios
un conjunto de gracias y meritos semejante? iA cuantos podria usted
hacer felices! ?No ha pensado en esto? Piense usted en esto.

Clara no parecio hacer caso de la galanteria. Quedo en silencio y
con los ojos bajos, tal vez ocupada en _pensar en aquello_, como el
joven le aconsejo. ?Quien sabe cuales serian sus reflexiones en
aquellos momentos?

El curioso esperaba una contestacion, cuando Elias, mirando hacia la
habitacion en que hablaban, exclamo:

"iClara, Clara!"

El militar se dirigio rapidamente hacia el, y disimulando su
turbacion, le dijo:

"Caballero, no he querido marcharme hasta estar seguro de su mejoria.
Aqui le contaba a esta nina el caso, y le hacia una relacion de la
imprudencia de aquellos hombres. Ya le veo a usted tranquilo y fuerte, y
me retiro, diciendole que puede disponer de mi para cuanto yo pueda
serle util.

--Gracias--contesto secamente Elias.--Clara, acompana a este caballero.

Era preciso retirarse; ya no habia pretexto alguno para permanecer alli.
Su mano estaba perfectamente vendada, y su protegido le habia indicado
la puerta. El impresionable joven no sabia que hacer para no salir. Miro
a Clara para ver si leia en sus ojos el deseo de que no se marchara;
pero ella manifestaba la mayor indiferencia, y hasta se habia adelantado
a abrir la puerta.

No habia mas remedio. El militar tendio una mano al realista, que alargo
dos dedos frios y huesosos, y salio de la sala; al llegar a la puerta,
quiso entablar de nuevo la conversacion; pero la reverencia que le hizo
la joven acabo de desesperarle. Salio, y se paro fuera otra vez.

--No olvide usted lo que le he dicho. Usted no puede vivir de esta
manara--dijo, bajando el primer escalon.--Es preciso que usted...

--iClara, Clara!--exclamo el fanatico desde dentro con voz fuerte."

Clara cerro la puerta, y el militar se quedo cortado y aturdido en la
escalera. Su primer intento fue llamar otra vez, llamar hasta que ella
saliera; pero reflexiono en lo imprudente de semejante conducta. Bajo
con lentitud.--?Que misterio hay en esta casa?--decia para si.--Al
hallarse en la calle, sintio mas viva su curiosidad, y la compasion
hacia la joven era mas intensa.--?Es su hija, es su mujer, es su
sobrina, es su protegida?--exclamo.--iOh! No es posible renunciar a
saber los secretos de esta casa. ?Como renunciar a oirlos de la boca de
Clara, que los contaba con tanta ingenuidad?

Anduvo un buen trecho por la calle, y se paro, miro a la casa. Ella
misma no me recibira--dijo:--esto ha sido una casualidad. Y si vuelvo
?con que pretexto?... iCuanto debe padecer esa infeliz! Tiene cara de
sufrir mucho ... en compania de esa fiera, sin ver a nadie ni hablar
con nadie....

Maquinalmente se dirigio otra vez a la casa, y continuando su
soliloquio, decia:--Tal vez la rina por haber hablado conmigo; tal vez,
aparentando distraccion, oyo cuanto me dijo, se habra ofendido y la
maltratara.

Entro, subio, procurando no ser sentido. Llego a la puerta y se detuvo.
Su mano torno maquinalmente el cordon de la campanilla. Si hubiera
sentido el menor rumor de disputa; si hubiera sentido la voz agria del
viejo, habria llamado con todas sus fuerzas. Pero nada sintio; aplico el
oido. Un silencio sepulcral reinaba en la casa. De repente sintio una
voz de mujer que cantaba, sintio pasar una persona rapidamente por el
pasillo en que estaba la puerta; sintio el ruido del traje, rozando con
las paredes al correr, y sintio la voz, la voz que, al pasar tan cerca,
resono con timbre delicado y expresivo. Era Clara, que cantaba y corria.
?Era acaso feliz? Nuevo misterio.

El curioso se sintio mas confundido: solto el cordon, y paso a paso, y
muy quedito, bajo mirando a todos lados con cautela como un ladron.
Salio a la calle: marcho resuelto a alejarse: llego a la esquina, se
paro, miro a la casa, y al fin, tomando una resolucion, emprendio su
camino en direccion a su casa, donde le dejaremos por ahora preocupado y
aturdido; para volver a ocuparnos de los amigos de la calle de Valgame
Dios, cuya vida y caracteres necesitan historia y explicacion.





CAPITULO IV



#Coletilla.#


El hombre extrano, que conocemos con el nombre de Elias, nacio alla en
el ano 1762 en el pueblo de Ateca, lugar aragones que se encuentra como
vamos de Sigueenza a Calatayud. Fueron sus felices padres Esteban Orejon
y Valdemorillo y Nicolasa Paredes: el, labrador honrado; ella, hija
unica del vinculero mas rico del vecino pueblo de Carinena. A los nueve
meses justos de matrimonio nacio un tierno vastago que, por las
circunstancias que a la prenez y al parto acompanaron, a grandes empresas
y notables prodigios estaba destinado. Es el caso que dona Nicolasa tuvo
alla por el quinto mes un sueno extraordinario, en el cual vio que el
fruto de su vientre, ya crecido y entrado en anos, era arrebatado al
cielo en un carro de fuego; mas tarde la buena senora daba en sonar
todas las noches que su hijo era consejero del Despacho, padre
provincial, venticuatro, racionero, dean y hasta obispo, rey, emperador
o, cuando menos, papa o archipapa.

Llego al fin el alumbramiento, y encomendandose a Dios y a cierto
comadron que habia en Ateca, hombre de gran ingenio, dio a luz un nino,
el cual no entro en el mundo con senales de elegido entre los elegidos,
sino tan flaco, enteco y encanijado, que no parecia sino que su madre,
distraida en aquel perpetuo sonar de coronas y tiaras, habia apartado su
organismo de la nutricion del muchachejo.

Pero aunque este nacio como cualquier hijo del hombre, no por eso
dejaron de verificarse al exterior algunos prodigios. Observose en el
cielo de Ateca la conjuncion nunca vista de las siete Cabrillas con
Mercurio; la luna aparecio en figura de anillo, y al fin salio por el
horizonte un cometa que se paseo por la boveda del cielo como Pedro por
su casa. El boticario del pueblo, que se daba a observar los astros,
entendia algo de judiciaria y tenia sus pelos de nigromante, vio todas
aquellas cosas celestiales aparecidas en el cielo de Ateca, y dijo con
gran solemnidad que eran senales de que aquel nino seria pasmo y gloria
del universo mundo. La conjuncion significaba que dos naciones se
unirian contra el; el cometa que el los venceria a todos, y el anillo de
la luna a cualquiera se le alcanzaba que era signo de la inmortalidad.

"Porque--decia don Pablo (que asi se llamaba el boticario)--a mi no se
me escapa nada en esto de circulos celestiales; y cosa que yo barrunto,
ello ha de ser verdad, como esto es chocolate."

Efectivamente: chocolate, y del mejor de Torroba, era el que durante los
solemnes augurios tomaba, merced a la gratitud generosa de los Orejones.

En el bautismo hubo un holgorio que dejelo usted estar. Hubo en gran
abundancia vino aragones, grandes ensaimadas, bollos de a cuarta,
hogazas de a media vara, gran pierna de carnero, pimientos riojanos y
unos bizcochos como el puno, fabricados por las monjas del Carmen
Descalzo de Daroca. El mas obsequiado era don Pablo a causa de sus
augurios, que el consideraba dignos de grabarse en bronces y pintarse en
tablas. Entusiasmado por la generosidad con que pagaban sus trabajos
astronomicos, compuso una decima en que llamaba a los Orejones
_protectores de la ciencia_.

El nino crecia. Inutil es decir que durante su infancia parecian
adquirir fundamento las esperanzas de sus padres. iQue precocidad! Todo
lo que el nino hacia era prodigioso nunca visto ni oido. Abria la boca
para articular una silaba: ya habia dicho una sentencia. ?Pedia la teta?
Aquello era, segun la opinion del astrologo, un incomprensible aforismo.
Pasaban dos, cuatro y seis anos, y con la edad crecia la fama del joven
Orejoncito.

?Sabe usted lo que he visto, senora Nicolasa?--decia el farmaceutico
un dia con cierto tono de misterio que asusto a la buena mujer.

--?Que hay, senor don Pablo Bragas?

--Que Elisico estaba ayer jugando con unas gallinas, y les pegaba a los
pollos con una cana, que a ser manejada por mas fuertes manos, no les
dejara con vida. "Muchacho, le dije: ?por que castigas a esos
animalejos?" "Porque son pollos, contesto, y los quiero matar."--"?Y que
te han hecho, verduguillo."--"Les estoy mandando que digan _pio_, y no
quieren." Vea, usted, senora dona Nicolasa, vea usted. Esto esta fuera
de lo comun, por la sentencia y el gran tuetano que encierra: _Quia
pulii sunt_. Lo mismo dijo el Dialectico cuando zurraba a los
jansenistas: _Quia, heretici sunt!_

Dona Nicolasa Paredes, dicho sea en honor de la verdad, no comprendia
muy bien el _tuetano_ que encerraban las palabras de su hijo; pero
agradecida a las carinosas profecias de don Pablo Bragas, tendio un
mantel y puso delante del amigo una taza de sopas en caldo gordo, que
darian rabia a un teatino.

Elias crecio mas, y siguiendo la discreta opinion de un lector del
convento de dominicos de Tarazona, que fue a predicar a Ateca el dia de
la Patrona del pueblo, le mandaron a estudiar humanidades con los padres
de dicho convento. Ya tenia doce anos; alli crecio su reputacion, y a
poco fue tan gran latino, que ni Polibio, ni Eusebio, ni Casiodoro se le
igualaran.

Tenia quince anos cuando se celebro un consejo de familia para resolver
si se le mandaba al Seminario de Tudela o a la Universidad de Alcala;
pero al fin fueron tantas y de tanto peso las razonas de don Pablo
Bragas en favor de la Complutense, que se adopto su dictamen. El
prodigio de la Naturaleza fue puesto sobre un macho, en compania da unas
alforjas que encerraban algunas, tortas y dos azumbres de vino, y
despues de algunos lloriqueos de dona Nicolas y de algunos disticos que
ensarto el de los astros, Elias partio en direccion de la patria del
inmortal Cervantes, adonde llego en cuatro dias: de viaje.

Entonces dona Nicolasa tuvo una hija. Ningun trastorno sufrio la
Naturaleza en su nacimiento.

Elias estudio en Alcala canones y teologia. Durante sus estudios, en
que mostro grande aplicacion, los maestros no cesaron de poner en las
mismas nubes al que tanto honraba la ilustre estirpe de los Orejones.
Unos esperaban en el un Luis Vives, otros un Escobar, cual un Sanchez,
cual un Vazquez o un Arias Montano. Y efectivamente, el joven era
aplicado. Pasabase las noches en vela, devorando a Eusebio, a Cavalario
y a Grotius. Atarugabase con enormes raciones diarias del libro _De
locis teologices,_ y cuando iba a clase descollaba entre todos.
Entonces principiaron a marcarse los rasgos fundamentales de su
caracter, el cual consistia en orgullo muy grande, unido a gran
sequedad de trato y a rigidez de maneras, por lo cual sus companeros no
le tenian ningun carino.

Pero su reputacion de sabio era general. Fue a su pueblo, y al entrar en
el lo primero que vio fue la venerable efigie de don Pablo Bragas, que
le saludo con un pomposo arqueo de cintura. Junto a el estaban el
alcalde, el cura y lo mas notable de Ateca, incluso el herrador. Bragas
saco un papel del bolsillo y leyo un discurso, mitad en latin y mitad en
castellano, que aplaudieron todos menos el obsequiado. En la casa le
esperaban la senora Nicolasa, que se estaba poniendo vieja, y Orejon
_senior,_ que se conservaba muy fuerte. Su pequena hermana era ya una
muchacha; pero la pobre mas fama tenia de traviesa que de sabia. Hubo
una pequena fiestecilla de confianza con abundancia de bollos, de los
cuales la mitad (sea dicho en honor de la imparcialidad) fueron
consumidos por don Pablo Bragas.

En el pueblo continuo Elias consagrado al estudio. Su sequedad aumento,
y se determino mas su orgullo; pero los padres no notaban tal cosa, y
estaban amartelados con el joven. Si alguna vez los ofendia
momentaneamente la rigidez de su trato, contentabanse luego con oir de
boca de Bragas un panegirico, cuyo epilogo era siempre tazon de
chocolate o magra de gran calibre.

Elias tenia treinta anos cuando marcho a la Corte. No sabemos si el, al
tomar esta determinacion, sono con adquirir la gloria que los astros,
por boca de un sabio, habian anunciado. El, sin duda, tenia dispuesto
algun plan. Al llegar a Madrid trabo relaciones muy intimas con los
Padres del convento de Trinitarios, que eran sabios como unos templos.
Hizo asimismo estrechas relaciones con un senor de la nobleza
perteneciente a la casa ilustre de los Porrenos y Venegas, marqueses de
la Jarandilla; y tomo tal aficion a esta familia, que la sirvio
fielmente en la prosperidad, y fue su mayordomo, aun despues de la ruina
de la casa, acontecida al fin de la guerra. Al estallar esta en 1808,
Elias dejo sus costumbres sedentarias, sus Pandectas, su Digesto y sus
Dacretales, para militar en las filas de Echevarri y el Empecinado;
hizo con el primero toda la campana de Navarra, y organizo una porcion
de somatenes en Castilla al pasar Napoleon de vuelta de Madrid.

Concluida la guerra, paso por su pueblo: su padre habia muerto; su
hermana era ya mujer y se habia casado con un pariente labrador; su
madre estaba tullida y enferma. Bragas habia perdido su buen humor y su
aficion a los astros; pero no su amor a Elisico, ni el convencimiento
profundo de que _dos naciones se unirian contra el, y que el las
venceria a las dos_.

En Ateca supo el incremento que tomaba el partido constitucional y el
entusiasmo con que en toda la Peninsula era mirada la Asamblea de Cadiz.
Advirtamos que Elias detestaba de muerte a los constitucionales. Aquel
hombre, que desde que tuvo uso de razon no vivio sino con la
inteligencia, ni en su juventud experimento los naturales sentimientos
de amistad y afecto, estaba a los cuarenta anos enardecido con una
fuerte y violentisima pasion. Esta pasion era el amor al despotismo, el
odio a toda tolerancia, a toda libertad; era un realista furibundo,
atroz, y su fanatismo llegaba hasta hacerle capaz de la mayor
abnegacion, del sacrificio, del martirio. Su caracter era apasionado por
naturaleza, aunque los asiduos estudios le habian comprimido y
desfigurado. Pero al llegar a aquella epoca, en que era imposible a todo
espanol apartar la vista del gran problema que se trataba de resolver,
la escondida vehemencia de sentimientos de Elias se manifesto, y no en
forma de amor, ni de avaricia, ni de ambicion: se manifesto en forma de
pasion politica, de adhesion frenetica a un sistema y odio profundo al
contrario.

Como consecuencia de esta evolucion de su caracter, se desarrollaron en
el una fuerza de voluntad y una energia tales, que le hubieran llevado a
los mas grandes hechos, a tener ocasion para ello. Su inteligencia, que
era muy perspicaz y cultivada del modo que hemos dicho, prestaba mas
fuerza a aquel sentimiento exagerado; y el consorcio extrano de sus
facultades intelectuales con su gran pasion, unido a su trato indomable,
hacia de el uno de esos seres monstruosos, que la observacion
superficial califica ligeramente de este modo: un loco.

Hundido el sistema constitucional en 1814, Elias fue feliz; pero no por
eso vivio tranquilo, porque comenzo a tomar parte en la vida activa de
la politica, que es en todas ocasiones una vida poco agradable. Trabo
amistad con el duque de Alagon, individuo de la odiosa camarilla;
entraba en los conciliabulos de Palacio, y se _honro_ con la amistad de
aquel principe que deshonro a su patria. Entonces tomaba parte en los
sordos manejos de aquella corte infame.

Pero vino el ano 20, y nuestro personaje entro en el periodo de rabia
cronica, de desorden moral y frenetica tenacidad en que le hemos
conocido. Ya sabemos poco mas o menos como vivia: su actividad habia
redoblado, y conspiraba con una constancia de que no se ha visto
ejemplo. En relaciones secretas con la corte, procuraba organizar una
reaccion, y todos los medios se adoptaban si conducian al fin deseado.
Iba a los clubs, atizaba alborotos, frecuentaba las reuniones de
realistas y aun de los liberales. Todo lo averiguaba y lo aprovechaba
todo. Pero ya sonaban publicamente algunas acusaciones contra el; ya se
decia que habia pertenecido a la camarilla: ya se le indicaba como
conspirador, y mas de una vez se vio amenazado por gentes que pretendian
conocerle o le conocian en efecto.

Todos los que le conocian de vista en los circulos patrioticos le
llamaban _Coletilla_, apodo elaborado en la barberia de Calleja, algunos
dias despues del famoso aditamento que puso el Rey al discurso de la
Corona. Aquel apendice literario, que tan mal efecto produjo, era
designado en el pueblo con la palabra _Coletilla_. La idea de que Elias
era amigo del Rey, unio en la mente del pueblo la persona del fanatico y
aquella palabra: los nombres que el pueblo graba en la frente de un
individuo con su sello de fuego, no se borran nunca. Asi es que Elias se
llamaba asi, para todo el mundo.

Sus pocos amigos unicamente se cuidaban bien de nombrarle asi.

Concluiremos consagrando un recuerdo a uno de los principales heroes de
este capitulo. Nuestro amigo don Pablo Bragas murio en Ateca a los
noventa y un anos de edad, de calenturas gastricas, debidas al doble
efecto de un hartazgo de salpicon y de un constipado que cogio
examinando la conjuncion de Arcturus con Marte en una noche de Enero.

Desde entonces la astronomia esta en Ateca en lastimosa decadencia.





CAPITULO V



#La companera de Coletilla#.


En Diciembre de 1808 militaba Elias, como hemos dicho, en una partida
que habia levantado en Segovia el Empecinado. Tuvieron varios
encuentros con los franceses, hasta que Soult, que salio en persecucion
de Moore, encontro a los guerrilleros y les hizo retroceder hacia
Valladolid; de alli siguieron avanzando hacia el Norte y llegaron hasta
Astorga. Elias se quedo en Sahagun con unos cuantos hombres, dispuestos
a organizar alli una partida considerable que hostilizara a Ney en su
salida de Galicia.

En Sahagun habia un coronel segoviano que, habiendose casado alli, vivia
retirado del servicio militar. Era hombre de elevado caracter, de mucho
corazon y de bien cultivada inteligencia; habia sido muy rico, pero
deparole el cielo o el infierno una esposa que ni de encargo hubiera
salido tan discola, intratable y antojadiza. El pobre militar hacia
cuanto era imaginable para dominar el caracter de aquel basilisco, en
quien parecian haberse reunido todas las malas cualidades que la
naturaleza suele emplear en la elaboracion de las mujeres. Empezo por
hacerse excesivamente devota, y tal era su mojigateria, que abandonaba a
su marido y su casa para pasarse todo el santo dia entre monjas, padres
graves, cofrades, penitentes, sin ocuparse mas que de rosarios,
escapularios, letanias, horas, antifona y cabildeos. Vivia entre el
confesonario, el locutorio, la celda y la sacristia, hecha un santo de
palo, con el cuello torcido, la mirada en el suelo, avinagrado el gesto,
y la voz siempre clueca y comprimida.

En los pocos momentos que pasaba en su casa era intratable. En todo
cuanto decia su pobre marido encontraba ella pensamientos pecaminosos;
todas las acciones de el eran mundanas: le quemaba los libros, le sacaba
el dinero para obras pias, le llenaba la casa de padres misioneros,
teatinos y premostratenses; y en cuanto se hablaba do conciencia y de
pecados, empezaba a mentar los de todo el mundo, sacando a la
publicidad de una tertulia frailuna la vida y milagros del vecindario,
para condenarla como escandalosa y corruptora de las buenas costumbres.
En tocando a este punto le daban arrebatos de santa colera, y entonces
no se la podia aguantar.

Pero de repente la insoportable beata se volvio del reves; el fondo de
su caracter era una volubilidad extremada. Cambiando repentinamente,
adopto un genero de vida muy mundano: se salia de capa y se andaba por
esos mundos dando zancajos con el pretexto de que tenia una fuerte
afeccion moral y necesitaba distraccion. Acompanabala algun militar
joven o algun abate verde. Su marido, viendo que era imposible detenerla
en casa, tuvo que consentir en aquella vida voladera; que si bien le
costaba una parte de su fortuna, le libraba por algun tiempo de las
impertinencias de aquel demonio.

La tercera metamorfosis de dona Clara fue peor. Le dio por ponerse
enferma, y entonces no habia malestar, ni dolencia, ni afeccion cronica,
ni ataque agudo que no viniera a afligir su cuerpo. Agoto todos los
ungueentos, especificos y tisanas; puso sobre un pie a todos los
boticarios, curanderos, medicos y protomedicos, y visito todos los banos
minerales de Espana, desde Ledesma a Paracuellos, desde Lanjaron a
Fitero. Lo unico que parecia aliviarla era el circunstanciado relato de
sus males que hacia a todos los teatinos, franciscanos, minimos y
premostratenses, con quienes volvio a entibiar misticas relaciones.

Chacon, su pobre esposo, cogia el cielo con las manos, y aun llego a
aplicarle el eficaz cauterio de unos cuantos palos, que no produjeron
otro efecto que recrudecer la feroz impertinencia de aquel enemigo.

Al mismo tiempo la fortuna del matrimonio tocaba a su termino, y el
desventurado marido temblaba al considerar que seria en lo porvenir de
su pobre hija, entonces de cinco anos de edad. La devota, la enferma
habia tenido, antes de ser enferma y devota, una nina que se llamaba
Clara, como ella, unico fruto de aquel malaventurado matrimonio.

Dona Clara se curo cuando lo tuvo por conveniente, y se entrego de nuevo
a las cosas de la Iglesia, tomandolo tan a pechos que no habia dia en
que no se mortificase con disciplinazos, que se oian desde la calle.
Estabase de rodillas y en cruz una hora seguida; cuando empezaba a
contar los extasis que _le daban_ y las visiones que _tenia,_ era el
cuento de las cabras de Sancho. El esposo pedia a Dios que le librara
de aquel infierno vivo. Dona Clara no amaba a su hija ni a su esposo, y
este que la habia amado mucho, concluyo por aborrecerla.

Al fin _la Chacona_ (asi la llamaban en el pueblo) dejo otra vez la
vida devota, y de la noche a la manana se marcho a Portugal a _tomar
aires_. Felizmente Dios la ilumino, y de Portugal se fue al Brasil
con unos misioneros. No se supo mas de ella. El pundonoroso y leal
esposo respiro: estaba libre, pero pobre, enteramente pobre sin otra
cosa que un sueldo mezquino; tranquilo en cuanto a lo presente, pero
inquieto siempre que pensaba en aquella nina infeliz que iba a quedar
en la miseria.

En la mitad de Diciembre de 1808 todo el pueblo de Sahagun salio al
camino real lleno de curiosidad. El emperador Napoleon I pasaba por alli
para dirigirse a Astorga en persecucion de los ingleses. Llego al
pueblo, descanso dos horas, y siguio su camino, seguido de una gran
parte del ejercito que ocupaba a Espana. Cuando los franceses, guiados
por Napoleon, estuvieron lejos, Sahagun se atumultuo; tomaron las armas
todos los jovenes, y mandados por Elias y el cura de Carrion, se
disponian a pelear con unos regimientos franceses, que al dia siguiente
habian de pasar por alli para unirse al cuerpo del ejercito.

Aquella tarde Chacon abrazaba y besaba tiernamente a su hija, que, al
ver llorar a su padre, lloraba tambien sin saber porque. El coronel
tenia un proyecto, el unico que podia darle alguna esperanza de asegurar
en lo futuro el bienestar de Clara. Habia resuelto entrar en campana,
avanzar en su carrera y seguir a la nacion en aquella crisis, seguro de
que le pagaria sus servicios. Escribio al Empecinado pidiendole ordenes,
y este le contesto que se pusiera al frente de los 500 hombres de
Sahagun, y procurase batir a los regimientos franceses que iban a unirse
con Napoleon en Astorga. El bravo militar, aclamado jefe de la partida
que Elias y el cura de Carrion organizaron, salio aquella noche, dejando
a su hija en poder de dos antiguas criadas. Situaronse a un cuarto de
legua del pueblo, y al amanecer del siguiente dia se vieron brillar a lo
lejos las bayonetas de los franceses. La guerrilla les hostilizo con
fuegos esparcidos: al principio, los franceses vacilaron con la
sorpresa; mas repuestos un poco, atacaron a los nuestros. El combate fue
encarnizado. Elias y Chacon se miraron con angustia. "iSon tres veces
mas que nosotros!--dijo Chacon;--pero _no importa_: iadelante!"

Retrocedieron hasta la entrada del pueblo: alli la lucha fue horrible.
Desde las ventanas, desde las esquinas disparaban los paisanos contra
el enemigo, cuyas filas se diezmaban. El coronel mandaba a los suyos con
un denuedo sin ejemplo. A la partida uniose al fin el resto del pueblo.
Un esfuerzo mas, y los franceses eran vencidos. Este esfuerzo se hizo:
costo muchas vidas; pero los franceses, no queriendo perder mas gente,
emprendieron la retirada hacia Valencia de Don Juan.

El pueblo todo les siguio, con Chacon a la cabeza; pero aun no habia
andado este veinte pasos, cuando fue herido por una bala: dio un grito y
cayo banado en su sangre. Las mujeres le rodearon, llorando todas al
verle herido; el dijo algunas palabras, volvieron los suyos, y entre
cuatro le llevaron a su casa. Antes de llegar a ella ya estaba muerto.

Reinaba en el pueblo la consternacion, porque habian perecido muchos
hijos y muchos maridos; las madres y las esposas gritaban por las calles
con amargos y dolorosos lamentos. Delante de la puerta de la casa de
Chacon habia un grupo de mujeres silenciosas que contemplaban el cadaver
del coronel, tenido en sangre, con la frente partida y destrozado el
pecho. Algunos ninos, en quienes podia mas la curiosidad que el miedo,
se habian acercado hasta tocarle los dedos, las espuelas y el cinturon.
Nadie hablaba en aquella escena, y solo la pobre Clarita, consternada al
ver que todos la miraban llorando, comenzo a llamar con fuertes voces a
su padre, cuya muerte no comprendia.

--Que nina es esta?--pregunto Elias.

--Es su hija,--contesto una mujer que la tenia abrazada.

--?Y no tiene madre?--

--No, senor,--

--?Y que vamos a hacer de ella?--dijo Elias mirando al cura de Carrion y
a los demas cabecillas del tumulto.

Todos se encogieron de hombros y besaron a Clara.

--Nosotros nos quedaremos con ella,--dijeron las dos mujeres que habian
servido al coronel cuando era rico.

--No--dijo Elias:--yo la recojo. Me la llevare conmigo, la educare.--

Las mujeres aquellas eran muy pobres. Gran carino les inspiraba Clarita;
pero al tenerla a su lado la condenaban a ser pobre como ellas para toda
la vida. Consideraban a don Elias como persona de posicion y caracter, y
no dudaron, por lo tanto, en dejarle la nina.

Permanecio, sin embargo, en Sahagun hasta 1812, epoca en que el
realista dejo las armas y se retiro a Madrid. Entonces le acompano
Clara, que no pudo separarse de sus pobres amigas sin llorar mucho, ni
pudo acostumbrarse tampoco a mirar cara a cara a su protector, porque le
daba mucho miedo.

Grande fue su tristeza cuando al despertar en un hermoso dia de Mayo se
encontro entre las obscuras paredes de la casa que conocemos en la calle
de Valgame Dios; y esta tristeza aumento cuando la llevaron al
convento-colegio de ciertas hermanas de una Orden famosa, que ensenaban
a las ninas del barrio lo poquito que sabian. Tenia la escuela todo lo
sombrio del convento, sin tener su claustro melancolico y su dulce paz.
Dirigianla unas cuantas viejas, entre quienes descollaba por su
displicencia, fealdad y decrepitud una tal madre Angustias, que usaba
una cana muy larga para castigar a las ninas, y unas antiparras verdes,
que mas que para verlas mejor, le servian para que las pobrecillas no
conocieran cuando las miraba.

Las ninas se levantaban muy temprano, y rezaban; almorzaban unas sopas
de ajos, en que solia nadar tal cual garbanzo de la vispera, y despues
pasaban al estudio, que era ejercicio de lectura, en el cual desempenaba
el principal papel la cana de dona Angustias. Trazaban luego, por
espacio de dos horas, sendos garabatos en un papel rayado; y despues de
contestar de memoria a las preguntas de un catecismo, cosian tres horas
largas, hasta que llegaba la del juego. El recreo tenia lugar en un
patio obscuro y hediondo, cuya vegetacion consistia en un pobre clavel
amarillento y tisico que crecia en un puchero inservible, erigido en
tiesto de flores. Las ninas jugaban un rato en aquella pocilga, hasta
que la madre Angustias sonaba desde su cuarto una siniestra campanilla,
que reunia en torno a su cana a los tristes angeles del muladar.

Despues de comer llevaba el rosario la madre Brigida, por no poder
hacerlo la madre Angustias, a causa del asma que la afligia,
entrecortandole la voz. Aquel rosario era interminable, porque detras de
sus infinitos paternoster venian las letanias, llagas, misterios,
jaculatorias, oraciones, gozos y endechas misticas. La noche las
sorprendia en aquel devoto ejercicio, y era muy comun que alguna de las
chiquillas, rendida bajo el peso moral de tan monotono y cansado rezo,
bostezara tres veces y se durmiera al fin benditamente. Parapetada
detras de sus antiparras, la madre Angustias observaba los bostezos y
acariciaba su cana dictatorial sin decir palabra a la culpable,
esperando a que se durmiera, y entonces iira de Dios! le sacudia un
canazo, seguido de una retahila de insinuaciones colericas. Las otras
ninas, que no esperaban mas que un motivo de distraccion y
entretenimiento, al ver la triste figura que hacia su companera al
despertar bruscamente, soltaban la risa, se interrumpia el rezo, grunia
la madre Brigida, cacareaba la madre Angustias, y llovian los canazos a
diestra y siniestra. Al anochecer continuaban las lecciones y el
catecismo. La madre Angustias les decia: "Ahora el ca ... ca ...
tecismo. Madre Bri ... Bri ... Brigida, la que no lo sepa, al ca ... ca
... caramanchon."

Y se marchaba a acostar, porque padecia de ciertos ahoguillos, y tenia
que ponerse todas las noches panos calientes en el estomago.

Clarita y otras ninas de la escuela creian a pie juntillas que la madre
Angustias no tenia ojos, y que todas sus facultades opticas residian en
aquellos dos temibles vidrios verdes, engastados en una armazon rancia y
enmohecida; y acontecia que para imitarla cortaban dos redondeles de
papel verde del forro del catecismo y se lo pegaban con saliva en los
ojos, con lo cual se morian de risa. Como no podian ver gota con
aquellos parches, sorprendiolas un dia la madre Petronila, que era un
vinagre, y despues de darles muchos coscorrones, las condeno a no comer
ni jugar aquel dia, iQue horas pasaron las pobres!

Otra vez se hallaban todas en el patio, y ocurriosele a un pajarito muy
flaco meterse alli por el tejado y posarse, despues de chocar en los
muros, en el entristecido clavel. iQue algazara se armo! Aquel fue el
mayor acontecimiento del ano. Con panuelos, con mantos, con cuanto
hallaron a mano, le persiguieron hasta cogerle; ataronle un hilo en una
de las patas, y Clara le guardo muy bien en un cajoncillo donde tenia la
costura. A escondidas le echaban de comer por las noches; pero el
animalito enflaquecia y se ponia mas triste cada vez. Una noche, en el
momento en que el rezo iba a principiar, Clara tenia abierto el
costurero, y fingiendo arreglar dentro de el alguna cosa, se ocupaba en
abrirle la boca al pajarito y meterle a la fuerza unas migajas de pan
que habia guardado en el bolsillo, cuando de repente alzo el vuelo el
animal, revoloteo por la habitacion con el hilo atado en la pata, y fue
a pararse ?donde creereis? en la misma cabeza de dona Angustias, que al
verse profanada de aquel modo, tomo tal colera, que el asma le ahogo la
voz y estuvo gesticulando en silencio diez minutos, roja como un tomate.
Clara se quedo yerta de miedo.

"Cla ... Cla ... Cla ... rita--exclamo la madre Angustias ciega de
furor.--iNina mal ... mal criada! iQue desaca ... ca ... cato es este?
Esta noche al ca ... ca ... caramanchon."

Clara fue condenada aquella noche a dormir en el caramanchon, ultima
pena que solo se aplicaba muy de tarde en tarde a los mas negros y
raros delitos. Dona Angustias continuo en su cacareo hasta que vio
cumplida la terrible orden; y a la hora en que acostumbraban a
recogerse, Clara fue llevada al presidio, que era un desvan obscuro,
fetido y pavoroso. La pobrecilla no cabia en si de miedo al verse sola
en aquel tugurio, entre mil objetos cuya forma no podia apreciar,
tendida en un miserable jergon y expuesta al aire colado, que por una
ventanilla entraba. En su desvelo, sintio las pisadas de los ratones
que en aquellos climas vivian; pisadas que en sus oidos resonaban como
si fueran producidas por los pies de un ejercito de gigantes. Se
encogio, se envolvio toda en su manta, escondiendo los pies, las manos
y la cabeza; pero las ratas corrian por encima, y saltaban, iban y
venian con una algarabia espantosa. Tambien contribuyo a aumentar el
pavor de la nina una disputa que en el tejado vecino se trabo entre dos
gatos bullangueros que lanzaban maullidos lugubres y desentonados. La
pobre no pudo dormir, y el dia la encontro hecha un ovillo, empapada en
sudor frio y temblando de miedo.

Entre estos sucesos extraordinarios y la diaria tarea del estudio y la
costura, aterrada siempre por la fascinacion terrible de los espejuelos
de la madre Angustias, paso Clara cuatro anos, hasta que, cumplidos los
once, vino Elias por ella y se la llevo a su casa.

El realista no sabia al principio que hacer de aquella nina: ocurriole
hacerla monja; pero impulsado por un repentino egoismo, resolvio
conservarla a su lado. Era solo: su casa necesitaba una mujer. ?Quien
mejor que Clara? Su inteligencia no estaba bien cultivada, pues no sabia
sino leer, escribir y hacer algunas cuentas; pero, en cambio, cosia muy
bien y entendia de toda clase de labores.

La hija de la Chacona crecio en casa de Coletilla, y fue mujer. Crecio
sin juegos, sin amables companeras, sin alegrias, sin esas saludables y
utiles expansiones que conducen felizmente de la ninez a la juventud.
Elias no la trataba mal, pero tampoco era muy carinoso son ella.

Los domingos la solia llevar a la Florida o a la Virgen del Puerto; una
vez la llevo al teatro, y Clara creyo que era verdad lo que estaban
representando. Los paseos dominicales cesaron cuando Elias tuvo
ocupaciones y preocupaciones que le apartaban de su casa: entonces ella
se limito a oir misa muy de manana en las monjas de Gongora, y en esta
expedicion lo acompanaba, una criada alcarrena llamada Pascuala, que
Coletilla habia tomado a su servicio.

Este encierro perpetuo hubiera agriado y pervertido tal vez otro
caracter menos dulce y bondadoso que el de Clara, la cual llego a creer
que aquella vida era cosa muy natural, y que no debia aspirar a otra
cosa; asi es que vivia tranquila, melancolicamente feliz, y a veces
alegre. Y, sin embargo, semanas enteras pasaban sin que una persona
extrana penetrara en la casa del fanatico. Parecia que toda la sociedad
queria huir de aquella jaula en que estaba encerrado su mayor enemigo.

Solo una excepcion existia en aquel aislamiento normal. Ya hemos dicho
que don Elias fue amigo y servidor de una antigua e ilustre casa.
Despues de la ruina de los Porrenos y Venegas, solo quedaron tres
individuos, tres duenas venerables que conservaron relaciones amistosas
con el realista. Muy de tarde en tarde iban a visitarle. Tenian un trato
seco; eran intolerantes, rigidas, orgullosas. Nunca hablaban a Clara
sino con palabras solemnes, que daban tristeza y abatian el animo. No
podian prescindir de la etiqueta, ni aun delante de una pobre muchacha y
eran tan ceremoniosas y tiesas, que Clara les llego a tomar antipatia,
porque siempre que iban a la casa dejaban alli una sombra de tristeza
que duraba mucho tiempo en el alma de la huerfana.

En los ultimos anos, Coletilla entraba, como hemos dicho, en el periodo
algido de su frenesi politico; la colera era su estado normal, y era
cosa imposible que en su fanaticas obsesiones pudiera aquella alma
irascible tener carinos y finezas para la pobre companera que tanto las
necesitaba. Por el contrario, mostrabase muy duro con ella; se estaba
sin hablarle semanas enteras; otras veces la reprendia con acrimonia y
sin motivo: la llamaba frivola y casquivana. Un dia, al ver que la
desventurada se habia peinado con menos sencillez que de ordinario, y se
habia vestido, reformando un poco su natural elegancia con el poderoso
instinto de la moda, que las mujeres mas apartadas del mundo poseen, la
rino, repitiendole muchas veces esta frase que le costo lagrimas a la
infeliz: "Clara, te has echado a perder." Otras veces le daba al viejo
por vigilarla, y le prohibia asomarse al balcon y abrir la puerta, es
decir, la abandonaba o la martirizaba, segun el estado de aquel espiritu
perturbador y cruel.

Clara se puso mala; se iba agostando con lentitud como el clavel que
crecia dificilmente en el patio de la escuela. Su melancolia crecio, se
puso descolorida y extenuada, y llego a hacer temer graves peligros
para su salud. Coletilla no pudo permanecer indiferente a la enfermedad
de su protegida, y trajo un medico el cual expreso su dictamen muy
brevemente, diciendo: "Si usted no manda a esta chica al campo se muere
antes de un mes."

El realista penso que la muerte de aquella muchacha seria un
contratiempo. Recordo que su hermana vivia en Ateca con su familia, y
formo su plan.

Escribio dos letras y algunos dias despues Clara entraba en el pueblo
con el corazon rebosando de alegria.

Benefica reaccion se verifico en su salud, y su espiritu, tanto tiempo
abatido por el fastidio y el encierro, se reanimo con el pleno goce de
la Naturaleza y el trato de personas alegres que la atendian y la
amaban. Aquellos dias fueron una segunda vida para la desdichada martir,
porque se regenero materialmente, adquiriendo lozania, frescura y vigor:
sus ojos, acostumbrados a la obscuridad de cuatro paredes, recorrian ya
un largo horizonte: sus pasos la llevaban a grandes distancias: su voz
era escuchada por amigas joviales y francas, por jovenes sencillos, por
viejos carinosos; su alegria era comprendida y compartida por otros; sus
inocentes deseos satisfechos; conocia la amistad, la vida familiar, la
confianza; gozaba de un cielo hermoso, de un aire puro, de un bienestar
sobrio y tranquilo, de felices y no monotonos dias, de sosegadas y
apacibles noches.

Pero durante la permanencia de Clara en Ateca pasaron cosas que
influyeron poderosamente en el resto de su vida. Vamos a referirlas,
porque de ellas se deriva casi toda esta historia; y por tan importantes
y graves, las dejamos para el capitulo siguiente, donde las vera el
lector, si esta decidido a no abandonarnos.





CAPITULO VI



#El sobrino de Coletilla.#


Marta, la hermana de Elias, habia quedado viuda con un hijo llamado
Lazaro, que despues de estudiar Humanidades en Tudela, paso a la
Universidad de Zaragoza. Era este un mozo como de veintitres a
veinticinco anos, de agradable presencia, de ingenio muy precoz, de
imaginacion viva, de palabra facil y difusa, muy impresionable y
vehemente, y de recto y noble corazon.

Las nuevas ideas, que entonces conmovian profundamente el corazon de la
juventud, habian hallado en el joven Lazaro un creyente decidido. Era
uno de los que, brotados en el tumulto de un aula de Filosofia militaban
con pasion generosa en las filas de los propagadores politicos, entonces
tan necesarios.

Sucedio que los estudiantes zaragozanos trabaron una pendencia con los
socios de cierto club politico; el asunto tomo proporciones, intervino
la autoridad universitaria, y Lazaro se vio obligado a salir de
Zaragoza, perdiendo curso. Esto pasaba en los dias en que, destituido
Riego del mando de capitan general de Aragon, hubo en aquella ciudad
tumultos y manifestaciones, que el Gobierno quiso reprimir. Lazaro, que
estaba a punto de concluir la carrera, conocio la gravedad de su
situacion y el disgusto que tendrian su madre y su abuelo, a quienes
amaba mucho. Quiso reclamar, pero fue inutil, y tuvo que retirarse a su
pueblo, triste, avergonzado y lleno de dudas y temores.

Pero al entrar en su casa, agitado por la zozobra y los remordimientos,
vio en compania de su madre a una persona desconocida que desde el
primer momento le produjo una secreta impresion de alegria,
imponiendole, sin saber por que, consuelo y esperanza. Confeso lo que le
pasaba, sin disminuir la gravedad del caso, por lo cual don Fermin, su
abuelo paterno, se puso serio y quiso enfadarse, y su madre lloro un
poco. Pero la persona desconocida, que parecia estar alli para alegrar
la casa, disipo la colera del primero y seco las lagrimas de la
segunda, mientras Lazaro, con la cabeza baja y humedecidos los ojos,
permanecia inmovil delante de sus jueces y de su defensor sin decir
palabra, aunque a la verdad no era preciso, porque la joven le defendia
muy bien sin desplegar gran elocuencia, ni emplear otros recursos que su
claro y natural sentido, su acrisolado y generoso sentimiento.

El pobre Lazaro estaba tan turbado, que se le figuraba que aquella
persona era una aparicion, un ser enviado del cielo para ampararle en
aquellos apurados momentos. Esperaba verla desaparecer al concluir su
mision, y la miraba con ese estupor silencioso que causa lo
sobrenatural y desconocido. No tenia antecedentes de aquella joven, ni
habia sospechado que existiera y se encontrara alli. Pero la imagen no
se desvanecia, y, por el contrario, continuaba viendola adornada con
todos los encantos fisicos y morales que pueden poseer los angeles de
este mundo.

No se hablo mas del asunto. Lazaro fue perdonado, pero no salio de sus
confusiones. Explicaronle quien era Clara y por que estaba alli; mas no
por eso pudo dominar el estudiante la respetuosa y fuerte sorpresa que
le habia producido.

Estuvo encogido y como asombrado todo el dia, y temblole la voz cuando
quiso hablar con ella, y se callo al fin por temor de decir mil
disparates. Al dia siguiente desperto con una alegria exaltada, a la que
sucedia bruscamente una tristeza sin igual. Su aturdimiento tomaba fases
muy diversas tan pronto se veia atacado de un apetito insaciable de
verbosidad que no podia contener; tan pronto hacia esfuerzos inauditos
para pronunciar una palabra, sin llegar a conseguirlo. Era un
polaticomano ferviente, y en Zaragoza se habia distinguido por sus
elocuentes arengas en los clubs, que le habian dado mucha celebridad; en
sus conversaciones privadas se expresaba tambien con mucho entusiasmo y
correccion pero esta vez de todo hablaba menos de politica. Parecia que
no existian ya para el ni la revolucion francesa, ni el _Emilio_, de
Rousseau, ni las _Carta de Talleyrand_, ni el Diccionario, de Voltaire.
Se habia olvidado de todo esto, y solo pensaba en la formula mas
expresiva y exacta para decirle a Clara que la habia visto en suenos
aquella noche. Recurrio al sistema de las circunlocuciones, penso
despues en decirlo a secas y sin ambajes, acordose de que las alegorias
se habian inventado para aquel caso, y probo todos los medios sin lograr
con ninguno su objeto.

Pasaron dos o tres dias sin que hallara un modo de ser explicito.
Cuando estaba solo, si; entonces hablaba, hablaba consigo mismo, y aun
parecias entablar misteriosos dialogos con aquel hermoso espiritu, que
encontraba siempre en todas partes, acompanandole en sus soledades e
insomnios; espiritu lleno de luz y con formas de mujer, que brotaba del
seno mismo de la noche para mirarle inmovil, callado y sereno. Delante
de esta sombra era Lazaro muy elocuente, y siempre acertaba a expresar
lo que sentia; y sentia tanto el pobre, que a veces le daba uno de esos
accesos vehementes, en que el organismo se conmueve todo, quebrantado y
oprimido por la enorme expansion del espiritu. Salia de la casa por no
hallarse bien en ella, y volvia a entrar por no hallarse bien fuera. Por
fin, habia logrado formular un dialogo con Clara. La primera vez que
pudo hablar con ella un cuarto de hora seguido, se mostro muy enojado.
?Enojado? ?Porque? Despues empezo a darle las gracias. ?Las gracias?
?Por que? Despues le pidio perdon. ?Perdon? ?De que? Y acto continuo le
dijo que se iba a volver loco. ?Loco?... Su andar era errante. Se
dirigia a todas partes, y no llegaba a ninguna; se hallaba siempre donde
no queria estar. Pero a pesar de estas evoluciones de ciego, acontecia
que si Clara iba a alguna parte, ique casualidad! encontraba en ella a
Lazaro que la esperaba.

El alma de la muchacha no estaba sujeta a estas extranas perturbaciones.
Siempre sensible y feliz en su serenidad inocente, se dejaba llevar por
la corriente de una vida sin agitacion ni contratiempos. En su sitio
propio, para dar paz al animo y descanso a la fantasia, vivia sin
sentirlo digamoslo asi; y si alguna vez la entristecia algun
pensamiento, era el pensamiento de volver a la calle de Valgame Dios. La
amistad, casi desconocida por ella, fue entonces causa de que adquiriera
esa sutil delicadeza, que caracteriza los afectos femeninos, y esa
fluidez de ingenio que tanto los embellece y adorna.

Habia en el pueblo otra joven de la misma edad e identico caracter,
llamada Ana, hija de un rico labrador. Ana y Clara se hicieron intimas
amigas en pocos dias de trato. Ibanse todas las tardes a una huerta
perteneciente al padre de Ana, y alli, entretenidas con sus labores, se
pasaban conversando largas horas. En esta comunicacion de las dos
jovenes, Clara se desarrollaba moralmente con una rapidez desconocida.
Para quien habia pasado su juventud en compania de un viejo excentrico e
insociable, aquellas franquezas inocentes y el cambio simultaneo de
pensamientos, comunicados sin disimulo y en toda su hermosa sencillez
natural, realizaron en el alma de la huerfana una revelacion de si
misma, que fijo y fortalecio mas su bello caracter.

Cuando las dos amigas iban a la huerta, la maldita casualidad hacia que
Lazaro pasara por la entrada precisamente en el mismo momento en que
ellas llegaban. La conversacion empezaba todas las tardes a las cuatro,
y duraba basta el anochecer. Ni un solo dia en todo el tiempo que paso
Clara en Ateca dejaron de ir a la huerta las dos muchachas, y ni un solo
dia dejo Lazaro de encontrarlas alli por casualidad. En aquellas
conversaciones, que eran cada vez mas intimas, se notaba algunas veces
que, por efecto de los accidentes del dialogo escenico, Ana callaba o
hablaba aparte en voz baja, mientras el bueno del estudiante y la picara
Clara charlaban muy quedito y muy juntos el uno del otro. La cara,
angustiosa a veces, a veces palida, ya animada, ya triste, del joven,
anunciaba que el tema del coloquio era muy interesante, ?Que decian? De
pronto unas largas pausas, en que uno y otro se quedaban mirando a la
tierra un buen rato, permitian a Ana alguna alusion ingeniosa, cuya
gracia alababa y reia ella sola. Clara y Lazaro parecia que no estaban
para risa. Callaban, hasta que un monosilabo aqui, un gesto alla,
volvian a estimular de nuevo la conversacion. A veces el se ponia a
meditar como recapacitando lo que iba a decir; y el, que tan buena
memoria tenia, se encontraba con que se le habian olvidado (iotra
casualidad!) los admirables trozos de elocuencia que tenia preparados.
?Hablaban del pasado, del presente, del porvenir? ?Trazaban un plan,
planteaban un proyecto? Es probable que nada de esto fuera objeto de
aquellos intimos debates: no hacian sus voces otra cosa que expresar mil
inquietudes interiores, pintar ciertas turbaciones del espiritu,
formular preguntas intensamente apasionadas, cuyas replicas aumentaban
la pasion; confesar secretos, cuya profundidad crecia al ser confesados;
hacer juramentos, manifestar ciertas dudas, cuya resolucion daba origen
a otras mil dudas; pedir explicaciones de misterios, que engendran
misterios sin fin; explicar lo inexplicable, medir lo infinito, agotar
lo inagotable.

A veces interrumpia Ana estas comunicaciones impenetrables, diciendo:

--Pero, mujer, ?no ves como va ese bordado? ?En que estas pensando?--

En efecto; Clara, que estaba bordando sobre canamazo, con lanas de
colores, una cabecita de angel rodeada por una guirnalda de flores, le
habia hecho los ojos de estambre rojo y los labios con estambre negro;
las flores tenian todos los colores tan trastornados, que no se sabia lo
que aquello era. Al oir la observacion de su amiga, Clara se puso del
color de los ojos del angel.

Veinte y treinta dias se pasan muy pronto cuando hay citas cuotidianas
en una huerta, dialogos anhelantes, dudas no resueltas, preguntas mal
contestadas y angelitos bordados con los labios negros. Asi es que llego
un dia en que Lazaro se puso a jurar por todos los santos del cielo que
no permitia que Clara se fuera de alli. Se ponia fastidioso al tocar
este punto; repetia la misma cosa infinitas veces, y a lo mejor empezaba
a relatar un sueno que habia tenido la noche anterior, del cual sueno se
desprendia la imposibilidad absoluta de que el y Clara se pudieran
separar. Ella se ponia muy pensativa y no decia palabra en media hora;
los pobres chicos miraban al cielo alternativamente, como si en el cielo
se hallara escrita la solucion de aquel problema.

Se separaban. Clara depositaba sus amarguras en el seno de su amiga Ana.
Lazaro confiaba a las profundidades de la noche el gran vertigo que
sentia dentro de si; no dormia, porque una serie interminable y
rapidisima de razonamientos confusos, mezclados con imagenes vagamente
percibidas, le sostenian en vigilia invencible y dolorosa. El dia volvia
a darles esperanza, la tarde venia a unirlos, el anochecer volvia a
entristecerlos. Asi se acercaba el dia funesto.

Cuando se teme de ese modo la llegada de un dia que nos ha de traer algo
malo, la imaginacion tiene como una extraordinaria fuerza de odio, con
la cual personifica ese dia que se detesta; la imaginacion ve acercarse
este dia, y lo ve en figura de no se que monstruo amenazador que avanza
con la mano alzada y la mirada llena de ira. Hay dias en que el sol no
debiera salir.

Pero el designado para la vuelta de Clara a Madrid el sol, ique
crueldad! salio. Sus primeros rayos llevaron la desolacion al alma de
los dos jovenes, amenazados de una separacion. Parece que cuando se
verifica una separacion de esa clase, cuando se disuelve y destruye esa
unidad misteriosa y fundamental de la vida humana, unidad constituida
por la totalidad complementaria de dos individuos, parece, decimos, que
debia ocurrir un cataclismo en la Naturaleza; pero eso que llamamos
comunmente los elementos, es ciego e insensible. Se hunde un continente
y se chocan dos oceanos por la mas insignificante de esas causas
mecanicas que nacen en el centro de la materia; pero nada sucede, nada
se mueve en la inerte y ciega maquina del mundo, cuando se altera el
grande, el inmenso equilibrio de los corazones.

Aquella manana sintio Lazaro un dolor desconocido. Avanzaba el dia: el
estudiante fue a casa de Ana y la encontro llorando; se asusto de verla
llorar; volvio a su casa, quiso entrar en el cuarto donde Clara hacia
los preparativos de su viaje, pero se tuvo miedo a si mismo. La vio
salir despues palida y con los ojos cansados de llorar. Al ver que se
despedia de su madre y de su abuelo, Lazaro corrio fuera por temor de
que intentara tambien despedirse de el. Salio y anduvo a prisa mucho
tiempo; salio del pueblo y se interno en el camino, lejos, muy lejos del
pueblo. De pronto sintio el ruido da la diligencia, que se acercaba. El
joven se detuvo, retrocedio; la diligencia paso rapidamente. Alli iba la
huerfana desolada, con el rostro oculto entre las manos. Las demas
personas que iban con ella se reian de verla asi. Lazaro la nombro, la
llamo dando un fuerte grito, y sin darse cuenta de ello corrio tras el
coche larguisimo trecho, hasta que el cansancio le obligo a detenerse.
La diligencia desaparecio.

Regreso al pueblo ya entrada la noche: al pasar por la huerta noto que
unos pajaros que acostumbraban dormir alli formaban diabolica algazara
con sus cantos disparatados y su inquieto aleteo. Apresuro el paso para
no oir aquello y entro en su casa. Su madre y su abuelo estaban muy
pensativos y melancolicos; ni les hablo ni le hablaron. Quedose solo; se
encerro y quiso leer un libro; quiso dormir, y quiso arrancarse de la
mente una como corona de hierro inflamado que se la quemaba y oprimia;
pero era imposible. Aquello era una irradiacion, que, a ser visible,
hubiera parecido una aureola. En su fiebre se quedo aletargado, y en su
letargo le parecio que de su cabeza brotaban llamas vivisimas que no
podia sofocar, y que sus sesos hervian como un metal derretido.





CAPITULO VII



#La voz interior#.


Aquel muchacho era sumamente impresionable, nervioso, de temperamento
ideal, dispuesto a vivir siempre de lo imaginario. Nadie le igualaba en
forjar incidentes venideros, enlazandolos para hacer con ellos una vida
muy dramatica y muy interesante; trabajaba involuntariamente con el
pensamiento en la elaboracion de estas acciones futuras; y siempre tenia
ante la imaginacion aquella gran perspectiva de hechos en que
desempenaba la principal parte una sola figura, el solo, Lazaro. Esta
vision perpetua, fenomeno propio de la juventud, tenia en el
proporciones extraordinarias; su fantasia tenia una poderosa fuerza
conceptiva, y puede asegurarse que esta gran facultad era para el un
enemigo implacable, un demonio atormentador.

Con este caracter, facil era que brotaran en el todas las grandes
pasiones expansivas, y que crecieran hasta llevarle a la exaltacion. En
epocas como aquella, la politica, el proselitismo, el espiritu de secta
engendraba grandes pasiones. El heroismo civico, la abnegacion y esa
tenacidad catoniana que brillan en algunos personajes de todas las
revoluciones, la venalidad solapada, la traicion, la sanguinaria
crueldad y el encono vengativo que se han visto en otros, provienen de
la pasion politica. Lazaro tuvo esta pasion: sintio en si el ardor del
patriotismo, creyose llamado a ser apostol de las nuevas ideas, y con
ardiente fe y noble sentimiento las abrazo.

?Pero existen estas resoluciones inquebrantables sin mezcla de egoismo?
Egoismo sublime, pero egoismo al fin. Lazaro tenia ambicion. ?Pero que
clase de ambicion? Esa que no se dirige sino al enaltecimiento moral del
individuo, que solo aspira a un premio muy sencillo, a la simple
gratitud. Pero la gratitud de la humanidad o de un pueblo es la cosa de
mas valor que hay en la tierra. El que es digno de ella la tendra,
porque un hombre puede ser ingrato; pero un pueblo en la serie de la
historia, jamas. En una vida cabe el error; pero en las cien
generaciones de un pueblo, que se analizan unas a otras, no cabe el
error, y el que ha merecido esa gratitud la tiene sin remedio, aunque
sea tarde.

Lazaro aspiraba a la gloria; queria satisfacer una vanidad: cada hombre
tiene su vanidad. La del joven aragones consistia en cumplir una gran
mision, en realizar alguna empresa gigantesca. Cual era esta mision, es
cosa que no sabia a punto fijo. Los jovenes como aquel no gustan de
concretar las cosas porque temen la realidad; creen demasiado en la
predestinacion, y enganados por la brillantez del sueno, piensan que los
sucesos han de venir a buscarlos, en vez de buscar ellos a los sucesos.

Despues que se retiro de Zaragoza y fue a Ateca, una figura iba
perpetuamente unida a la suya en aquellas escenas futuras. iInsensato!
?Que piensas hacer de ella? Una reina. ?De donde? Sera simplemente la
mujer de un gran hombre. Menos tal vez: la mujer de un hombre obscuro...
Concluia por concretar el objeto de todas sus quimeras a un retiro
pacifico, a un matrimonio feliz.

Pero era preciso meditar, trazar un plan, ver la manera mas facil de
unirse a ella.

Clara era huerfana, el pobre. He aqui dos contratiempos ocurridos desde
el principio. iAh! Pero el trabajaria; seria activo, ingenioso, astuto.
Bien sabia el que tenia talento. ?Pero debia ser un simple agricultor?
No: eso era poco para el. Debia ir a Madrid, hacerse oir, buscar un
nombre, un puesto. Esto seria cosa muy facil para quien tenia tales
aptitudes. ?No era seguro que al llegar Lazaro a la corte, centro
entonces, como ahora, de la actividad intelectual del pais, adquiriria
nombre, posicion, fortuna? Sin duda. Ya debian conocerle de oidas por
sus discursos pronunciados en Zaragoza. En aquel tiempo los jovenes se
abrian paso facilmente entre la multitud decrepita; aquellos que, con
todo el vigor de la fe y toda la fuerza de la edad primera, emprendian
la propagacion de las nuevas ideas, se imponia infaliblemente,
adquiriendo una alta y envidiada posicion social. El se creia superior,
?a que negarlo? En la profundidad de su conciencia sentia una voz que
sin cesar decia: "Yo valgo. Es preciso buscar los sucesos antes que
ellos vengan a buscarnos. Animo, pues."

Estos pensamientos eran los que ocupaban la mente de Lazaro en los dias
que siguieron a la partida de Clara. Cuando su determinacion se hizo
firme, vio con entusiasmo que su inteligencia adquirio mas vigor y su
pecho mas osadia. Pareciale que su voz era capaz de emitir los mas
profundos, los mas calurosos, los mas verdaderos acentos en defensa de
los nobles principios de la epoca; le parecia que nada igualaba a su
facilidad de expresion, a su logica terrible, a su frase pintoresca y
expresiva. En lo mas callado de la noche, cuando en parajes solitarios
se entregaba a sus meditaciones, se oia, se estaba oyendo. Una voz
elocuente resonaba dentro de el, y mudo y reconcentrado asistia a las
maravillas e internas manifestaciones de su propio genio. Era auditorio
de si mismo, y le parecia que jamas habia tenido el verbo humano frases
mas bellas, logica mas segura, entonacion mas vigorosa. Se aplaudia; le
parecia que en torno suyo multitud infinita de sombras aglomeradas le
aplaudian tambien; que resonaba un intenso palmoteo, cuyo fragor llenaba
toda la tierra.

De vuelta a su casa dormia, y durante el sueno continuaba resonando en
su cerebro la misma voz que hacia estremecer miles de corazones; que
llevaba el entusiasmo o el espanto a ejercitos enteros de ciudadanos; y
entonces se le figuraba que dentro de su ser habia una misteriosa
entidad sonora, un espiritu locuaz, que sostenia constantemente alla en
su profundo nucleo la mas brillante y energica peroracion.

Lazaro tenia el genio de la elocuencia. El lo conocia: estaba seguro
de ello. Cada dia que pasaba sin que un gran auditorio le escuchara,
le parecia que se perdian en el vacio y en el silencio de un desierto
aquellas voces admirables que sentia dentro de si. No habia tiempo
que perder.

Dijo a su abuelo que se iba a Madrid. El pobre viejo se puso a llorar, y
dijo entre sollozos y babas que aquella resolucion era muy grave y
convenia meditarla.

--?Y que vas tu a hacer alla?--decia despues, queriendo aparecer
incomodado: iTienes una letra tan mala!...

Estaba entonces en Ateca un tal don Gil Carrascosa (el mismo personaje a
quien vimos disputar con cierto barbero en el primer capitulo de esta
historia), el cual tenia amistad con Coletilla. El abuelo consulto con
el ex-abate la resolucion de Lazaro, y este opino que se debia escribir
al tio. El viejo tomo la pluma y con vacilante mano trazo esta carta,
que recibio el realista pocos dias despues.

"Querido y respetable senor: Lazarillo, mi nieto y sobrino de vuesa
merced, quiere ir a Madrid. Se le ha puesto en la cabeza que ahi podra
hacer fortuna: dice que no puede estar en el pueblo. Y, en efecto,
querido senor, esto esta malo. La cosecha de este ano no nos da ni la
simiente, y el pobre chico tiene mas aficion a los libros que al arado.
Le dire a vuesa merced, respetable senor, que Lazaro es un mozo muy
despierto: sabe muchos libros de memoria, y ha leido cuatro veces de la
cruz a la fecha un tomo que le llaman _Los grandes hombres de Plutarco_,
el cual me ha asegurado no ser cosa de herejia; que si lo fuera no lo
habia de leer en mis dias. Entiende de leyes, y a veces se pone a
escribir y llena unos cuadernos de cosas muy buenas, aunque yo no las
entiendo. Es buen cristiano y muy respetuoso y cortes con todo el mundo.
No ocultare sus defectos, respetable senor; y por lo mismo que le
quiero, dire a vuesa merced cual es su gran defecto, para ver si con su
talento y su gran sabiduria lo puede corregir. Es el caso que
dificilmente podra hacer cosa buena en la Corte, porque tiene muy mala
letra y no le luce lo que sabe. Siento mucho tener que revelar esta
flaqueza suya; pero antes que nada es mi conciencia, y por todo el oro
del mundo no ocultaria sus defectos. Creo, sin embargo, que con un buen
maestro, como los hay en la Corte, podra corregirse si se aplica. De
este modo llegara, andando el tiempo, a ser apto para desempenar una
plaza de dos mil reales en alguna covachuela, como mi senor abuelo, que
en paz descanse. Yo deseo que haga fortuna, porque le quiero con toda mi
alma; y asi, deseo que vuesa merced, con su gran tino y universal
sabiduria, me informe si sera posible sacar algo de provecho de este
muchacho, diciendome al mismo tiempo si puedo contar con su proteccion.
Hagalo vuesa merced, por Dios, que es el unico hijo de su hermana, y
nosotros, que estamos pobres, no podemos hacerle feliz."


_Su respetuoso y reverente servidor_.

#FERMIN...#


Pasaron tres meses sin que don Elias contestara. Al fin contesto,
advirtiendo que esperara un poco, que avisaria si podia venir o no. Un
mes despues escribio de nuevo llamando a Lazaro a su lado, y
anadiendo que de su comportamiento y disposiciones dependia el que
hiciera fortuna.

Lazaro no cabia en si de gozo. Quiso partir el mismo dia; pero los
ruegos de su madre y de su abuelo le obligaron a aguardar dos mas.

El joven estudiante sabia, por las tradiciones de la familia, que su tio
era hombre muy sabio, y se le habia antojado que habia de ser un gran
liberal. No comprendia que un hombre muy sabio dejara de ser muy amante
de la libertad.

La carta de Coletilla fue recibida en los primeros dias de Septiembre de
1821, en que ocurren los primeros acontecimientos que hemos referido.
Poco despues de la lamentable escena de la barberia y de la entrada del
militar en la casa de Clara, ocurrio el viaje de Lazaro a Madrid. Clara
no lo supo antes del dia en que debia llegar.

Ahora podemos seguir naturalmente el curso de los sucesos de esta
puntual historia. Dejaremos a Lazaro preparandose a partir. Su madre y
su abuelo le despiden llorando, el alcalde le abraza diciendo que ya ve
en el nada menos que un secretario del Despacho; el cura le da dos
bollos maimones para el camino y le echa un sermon fastidioso. El
estudiante sube a la galera, y con mas ilusiones que dineros toma el
camino de la Corte.





CAPITULO VIII



#Hoy llega#.


Tres dias despues de la aventura descrita en el capitulo segundo, estaba
Clara muy de manana encerrada en el cuarto que le servia de habitacion.
El fanatico le habia dicho pocas horas antes que esperaba a su sobrino,
y que era preciso acomodarle alli hasta que se mudaran todos a una nueva
casa que pensaba tomar.

Clara se quedo absorta al oir esta noticia, y no pudo contestar palabra,
porque la sorpresa le embargaba la voz. Cuando quedo sola se encerro en
su cuarto.

Era este pequeno e irregular: estaba en lo mas interior de la casa, y
tenia una ventana estrecha, con vidrios de dudosa transparencia, que
daba a un patio, de esos que por lo profundos y estrechos parecen
verdaderos pozos. Enfrente y a los lados se abrian tres filas de
ventanas mezquinas, respiraderos de otras tantas celdas, donde se
albergaban familias bulliciosas. El cuarto de Clara tenia el usufructo
de un rayo de luz desde las once a las once y media, hora en que pasaba
a iluminar las regiones tropicales del tercer piso. Aquel rayo de luz no
traia nunca colores, ni paisaje, ni horizonte, ni alegria.

El patio era un recinto populoso, el centro de un enjambre humano. A
ciertas horas asomaban por aquellos agujeros otras tantas cabezas: esto
sucedia en los grandes acontecimientos, cuando la herrera del piso bajo
y la planchadora del cuarto resolvian al aire libre alguna cuestion de
honor, o cuando la manola del tercero y la zurcidora de enfrente
entablaban pleito sobre la propiedad de la ropa tendida.

Por lo demas, alli reinaba siempre una paz octaviana, y era cosa de ver
la amable franqueza con que la esterera pedia prestada una sarten a la
vecina de la izquierda, y la confianza intima con que dialogaban en el
quinto el soldado y la mujer del zapatero. Enlazaban unas ventanas con
otras, a guisa de circuitos telegraficos, varias cuerdas de donde
colgaban algunas despilfarradas camisas, y de vez en cuando tal cual
lonja de tasajo, sobre el cual descendia en el silencio de la noche una
cana con anzuelo, manejada por las habiles manos del estudiante del
sotabanco.

La vidriera del cuarto de Clara no se abria nunca. Elias la habia
clavado por dentro desde que ocupo la casa.

Si la perspectiva del patio era desapacible, el interior de la
habitacion tenia indudablemente cierto encanto, no porque en el hubiera
cosas bellas, sino por la sencillez y modestia que alli reinaba, y el
cuidadoso aseo y esmero, unica elegancia de los pobres. Veiase, en
primer termino, una voluminosa comoda, compuesta de seis enormes gavetas
con sus labores de talla junto a las cerraduras, y algunas
incrustaciones un poco carcomidas; encima un mueble decorativo bastante
viejo, que representaba una figura de Parca con una de las manos alzada
en actitud de sostener algo; pero en lugar del reloj que en otro tiempo
cargaba, sostenia en tiempo de Clara una caja forrada en papeles de
color, la cual debia guardar utensilios de labor femenina. En lugar de
la redoma de cristal, tapaba todo esto un pedazo de gasa, sujeto con
cintas azules a las piernas de la diosa, la cual ostentaba en su
profano pecho un escapulario de la Virgen del Carmen.

Una mesa de tocador, tres sillas de viejo nogal, pesadas y lustrosas,
un cojincillo erizado de agujas y alfileres, banqueta y cama de caoba
de muy voluminosa arquitectura, cubierta con manta palentina,
completaban el ajuar.

Clara estaba delante de su espejo, y se ocupaba en enredarse en la
coronilla una gruesa trenza de pelo negro, recientemente tejida y
terminada en la punta con un atadijo del mismo pelo y un lazo encarnado.
Dos ordenes de pequenos rizos; guedejas sutiles, retorcidas con
negligencia, le adornaban la frente, y de las sienes blancas, cuya piel
transparentaba ligeramente la raya azulada de alguna vena, le caian dos
airosos mechones.

No hay actitud mas propia para apreciar debidamente las formas
academicas de una mujer, que esa que toma cuando alza las manos y se
enrolla una trenza en la cabeza, dejando ver el busto, el talle, el
cuello en toda su redondez. Tiendense los musculos del pecho, se
contornea la espalda, y el angulo del codo y las suaves curvas del
hombro describen en su dilatacion graciosas lineas que dan armoniosa
expresion escultural a toda la figura.

Concluida la operacion del peinado, Clara echo una mirada de deseo y
desconfianza a la ultima gaveta de la enorme comoda en donde tenia su
ropa. Es que alli existia, guardado con singular esmero, un traje que
Elias le habia comprado algunos anos antes, cuando era menos adusto y
grunon. Este traje, que era lo mas lujoso y bello que la huerfana
poseia, tenia la forma y los colores mas en moda en aquella epoca:
cuerpo de terciopelo negro con prolijos dibujos de pasamaneria, y
guardapies de seda pajizo, adornado con una gran franja, como de a
tercia, de encaje negro. Dudaba si sacarlo o no: queria ponerselo, y
temia ponerselo; queria lucir aquel dia su mejor vestido, y temio al
mismo tiempo estar demasiado guapa con el. ?Por que? Y se detenia
pensativa y triste, sin atreverse a sacar a la luz publica aquel tesoro
tanto tiempo escondido. ?Por que? Porque Elias se habia puesto tan
fastidioso (asi decia ella), estaba tan maniatico y la renia tanto sin
motivo... ique singularidad! La semana anterior estaba cosiendo y
arreglando la cenefa del vestido que se habia roto, cuando entro aquel
hombre, y bruscamente le dijo:

--?Que haces ahi...? Siempre pensando en componerte. ?Para que te ocupas
en esas fruslerias?

Ella, la verdad sea dicha, aunque tenia una razonable contestacion
que dar a aquella pregunta, no se atrevio; y doblando tristemente su
obra, fue a sepultarla en la comoda. Elias no se ablando por esta
prueba de sumision, y en tono mas agrio y severo le dijo al verla
tirar de la gaveta:

--Cuando digo que te has echado a perder....

Pero no fue esto lo peor que escucho la pobrecilla mientras, llena de
vergueenza, devolvia a la tumba aquel despojo que habia querido profanar
sacandolo de tan venerable asilo. No fue esto lo peor que oyo, porque el
viejo, bajando la voz y como si hablara consigo mismo, dijo:

--Al fin tendre que tomar una determinacion contigo.

iJesus, santos y santas del cielo! iQue determinacion sera esa!... iSi
querra tambien el viejo encerrarla a ella en la misma gaveta como una
prenda sin uso!...

Aquello de la determinacion la tuvo preocupada muchos dias. En vano
trato de sondear el animo del viejo. iAy! Pero si ella no sabia sondear
animos de nadie... El unico medio de que se hubiera valido para
averiguarlo era preguntarselo sencillamente, y a esto no se atrevia.

Aun hubo mas. Por la triste calle de Valgame Dios solia pasar una
ramilletera, que en su cesta llevaba algunos manojos de claveles, dos
decenas de rosas y muchas, muchisimas violetas. Clara observaba al
traves de los cristales el paso de aquellos frescos colores que le
atraian el alma, de aquellos suaves aromas que anhelaba aspirar desde el
balcon. Un dia se decidio a comprar unas flores, y mando a Pascuala por
ellas. Clara las tomo, las beso mil veces, les puso agua, las acaricio,
se las puso en el seno, en la cabeza, y no pudo menos de mirarse al
espejo con aquel atavio; las volvio a poner en el agua, y, por ultimo,
las dejo quietas en un bucaro, que tuvo la imprudencia de colocar donde
Coletilla ponia su baston y su sombrero cuando llegaba de la calle. iOh!
Sin duda el, al entrar, se habia de poner alegre viendo las flores. Las
flores le gustarian mucho. iQue sorpresa tendria!... Esto pensaba ella.
Decididamente era una tonta.

El fanatico llego y se acerco a la mesa; pero al poner en ella su
sombrero, choco este con el vaso, que cayo al suelo, soltando las flores
y vertiendo el agua en las mismas piernas del realista.

El hombre monto en colera, y mirando con furor a la huerfana, que estaba
temblando, grito:

--?Que flores son estas? ?Quien te ha mandado comprar estas flores?
Clara, ?que devaneos son estos? iCoqueta! No hay ya remedio. Te has
echado a perder. ?Tambien quieres llenarme de flores la casa?

Clara quiso contestarle; pero aunque hizo todo lo posible, no le
contesto nada. Elias pisoteo las flores con furia.

--Estoy resuelto a tomar la determinacion.

Otra vez la determinacion, ?Que determinacion seria aquella? pensaba
Clara en el colmo de su confusion y de su miedo. Despues, retirada a su
cuarto, penso en lo mismo, y decia para si: "?Querra matarme?"

Aquella noche no pudo dormir. A eso de las doce sintio que Elias se
paseaba en su cuarto con mas agitacion que de ordinario. Hasta lo
parecio oir algunas palabras, que no debian ser cosa buena. Levantose
Clara muy quedito movida de la curiosidad, y poco a poco se acerco con
mucha cautela a la puerta del cuarto de Elias, y miro por el agujero de
la llave. Elias gesticulaba marchando: de pronto se paro, se acerco a
una gaveta y saco un cuchillo muy grande, muy grande y muy afilado,
resplandeciente y fino. Le estuvo mirando a la luz, examinandolo bien, y
despues lo volvio a guardar. Clara, al ver esto, estuvo a punto de
desmayarse. Retirose a su cuarto y se acosto temblando, arropandose
bien. Desde la noche que paso en el camaranchon de dona Angustias en
compania de los ratones, no habia tenido un miedo igual. A la madrugada
se adormecio un poco; pero en su sueno se le presentaban multitud de
cuchillos como el que habia visto, y a veces uno solo, pero tan grande,
que bastara por si a cercenar cincuenta cabezas a la vez. Arropabase mas
a cada momento, creyendo en los extravios del sueno que el cuchillo, a
pesar de su puntiaguda forma y de su brillante filo, no podia penetrar
las sabanas.

Al dia siguiente se sereno, y despues se reia de haber temido que Elias
podria matarla.

Poro, sin embargo, no se atrevia a ponerse el traje. Aquella bella
prenda pecaminosa habia de dormir el sueno de la eternidad en lo mas
hondo de la comoda, donde seria pasto de gusanos.

Clara no habia podido determinar en su entendimiento lo que para ella
podia resultar de la venida de Lazaro. En su grande alegria no veia en
aquello mas que un suceso muy feliz, sin detenerse a considerar los
sucesos que posteriormente se podian derivar de aquella llegada. Algunas
ideas vagas acompanaron tan solo aquel sentimiento expansivo y
desinteresado. El seria un joven de posicion. ?Como no? Sin discurrir en
el medio, Clara penso en un cambio de suerte. Sin saber como, se unian
en su entendimiento y confusion indisoluble la idea de la llegada de
Lazaro y la idea de emanciparse un poco de la fastidiosa (no calificaba
de otra manera) tutela de don Elias. A su mente vino la idea del
matrimonio. Vino, si, varias veces; pero casi no era idea aquello: era
una percepcion confusa, una esperanza timida y como recelosa. Por
ultimo, ya llego a pensar, a pensar verdaderamente en esto. Una
percepcion confusa, dijimos, si: esta percepcion la ocupaba
constantemente. Lazaro iba a ser su marido. Clara tambien sabia ver los
dias futuros, y veia a su marido junto a ella en un lugar que no era
aquel, en una casa que no era aquella, en otros sitios, en otra tierra.
Y en otro mundo, ?por que no? Esto hubiera sido lo mas acertado...

Aquel dia estaba muy alegre, reia por la menor causa, se ruborizaba sin
motivo, estaba inquieta y sin sosiego, quedabase pensativa un largo
rato, y despues parecia hablar consigo misma.

Las nueve serian cuando Pascuala volvio de la calle, y entro en el
cuarto de Clara.

Era Pascuala una mujer que formaba a su lado el contraste mas violento
que puede existir entre dos ejemplares de la familia humana. Era una
moza vigorosa y hombruna, apacentada en los campos alcarrenos, alta de
pecho, ancha de caderas, de mejillas rojas, boca grande, nariz chica,
frente estrecha, pelo recogido en un gran mono, color encendido, pesadas
manos, ojos grandes y negros.

Acercose a la joven, y misteriosamente le dijo:

--?Sabe usted lo que me ha _pasao?_

--?Que?--dijo Ciara alarmada.

--Que he visto al _melitarito_ del otro dia, el que estuvo aqui cuando
el senor vino malo.

-?Y que?

--?Que? Nada, sino que me ha _asustao_, porque me dijo que queria entrar,
y como estamos solas, pense que me pasaria algo ... porque como
es una asi tan guapetona.... Y no tiene una mala cara.... Ya ve usted.

--iAh! ?El oficial aquel del otro dia?... ?Y dices que se queria
meter aqui?

--Si; y despues me pregunto por usted.

--?Por mi? ?Y que le dijiste?

--Que estaba _gueena._ Despues dijo que si estaba aqui _el viejo._ Ya ve
usted que poco respeto. iEl viejo! iQue irreverencia! Yo le dije que no.
El me dijo que queria entrar a hablar conmigo... Pero vamos ... ya soy
muy maliciosa, y yo me malicio....

--?Que?

--A mi no me enganan asi con palabritas. Como es una tan guapetona....

--No tengas cuidado--dijo Clara riendo.--Es que esta enamorado de ti y
quiere casarse contigo. Si lo sabe el tabernero....

--?Mi Pascual? No lo sabra... Si llegara a saber mi Pascual que hay un
senorito que dice chicoleos a Pascuala....

Advirtamos que esta fregona tenia por novio a un Pascual que habia
fundado nada menos que una taberna en la calle del Humilladero. Aquellas
relaciones honestas y nobles parecian muy encaminadas al matrimonio; y
como ella era _asi tan guapetona_, habria probabilidades de que aquel
par de Pascuales se unieran ante la Iglesia para dar hijos al mundo y
agua al vino.

--Pues como Pascual lo llegue a saber....

--Pero yo soy muy picara ... y se me ha puesto en la cabeza... ?Sabe
usted lo que se me ha puesto en la cabeza?

-?Que?

--Que el no quiere entrar aqui por mi, sino por usted.

--?Por mi? No seas tonta--replico Clara, riendo con la mayor
naturalidad.

--?Le dejo entrar?

--No, cuidado. Por Dios, no hagas tal. No vuelvas a hablarle mas. ?A que
tiene que venir aqui ese caballero?

--Yo me malicio ... aunque una sea asi tan guapetona.... Yo me malicio
que a mi no me quiere _pa_ maldita de Dios la cosa ... porque al fin,
siempre una es criada y el un caballero.... Pues parece persona muy
principal. Digo... ?Le dejo entrar?

--iJesus, Pascuala, no lo vuelvas a decir!--exclamo seriamente
Clara.--?Pero a que quiere entrar aqui ese caballero?

--Toma, a verla a usted.

--?Y para que quiere verme a mi?

--Toma, para verla.

--iQue ocurrencia!--murmuro pensativa.

En esto se sintio un campanillazo. Abrieron y entro Coletilla.

Las dos muchachas seguian su coloquio cuando sintieron en la calle rumor
de voces agitadas, algunos gritos y pasos precipitados. Asomaronse los
tres, y vieron que discurrian varios grupos por la calle. Los chisperos
mas famosos del barrio dejaban sus hierros y salian en busca de
aventuras. Coletilla lanzo una mirada de rencoroso desden sobre los
transeuntes, y cerrando con estrepito el balcon, dijo;

--iOtra asonada!

Las dos muchachas temblaron acordandose del miedo que tuvieron pocas
noches antes.

--iAy, cuando se acabaran estas cosas!--observo Clara.

--iPronto!--dijo con sequedad el viejo, sentandose y tomando una carta
que habia sobre la mesa.

La leyo; despues tomo su capa y su sombrero, y dijo a las chicas:

--Voy a salir; tengo que hacer: no volvere en toda la tarde. Mi sobrino
llegara esta noche a eso de las ocho: yo no vendre hasta las diez lo mas
temprano. Que me espere aqui.

Y embozandose en su capa, miro un triste reloj, que contaba con
tristisimo compas la vida en el testero de la sala.

--No abrais a nadie: cuidado, cuidado con la puerta. Echad todos
los cerrojos. Cuando venga mi sobrino, dadle algo que comer y que
me aguarde.

--?Pero como va usted a salir con esos alborotos?--dijo Clara con
temor.--No nos deje usted solas: tenemos mucho miedo.

--iA mi ?Que me han de hacer a mi? iAy de ellos!--murmuro con ahogado
furor.--Tened cuidado con la puerta os repito.

Y despues, como hablando consigo mismo, dijo en voz baja:

--Si es preciso tomar una determinacion ... buena determinacion.

Clara pudo oirlo, y penso en la comoda, en el traje, en las flores, en
el cuchillo y en la determinacion, en aquella maldita determinacion que
no conocia. Pero aun esto, que la tuvo cabizbaja y melancolica un buen
rato, no fue bastante para quitarle la felicidad que aquel dia rebosaba
en su alma.





CAPITULO IX



#Los primeros pasos#.


Los grupos de la calle crecian. La poblacion toda presentaba ese aspecto
extrano y desordenado que no es tumulto popular, pero si lo que le
precede. Era el 18 de Septiembre de 1821. La mayor parte de los
habitantes de Madrid estaban en la calle. El ansioso ?que hay? salia de
todas las bocas. En tales ocasiones basta que se paren dos para que en
seguida se vayan adhiriendo otros hasta formar un espeso grupo. Entonces
todos los que vemos nos parecen _malas caras_. El accidente mas curioso
en tales dias es el que ofrece la llegada de la persona que se supone
enterada de lo que va a haber. Rodeanle: el _enterado_ se hace de rogar,
principia a hablar en lenguaje simbolico para aumentar la curiosidad,
sienta por base que sin la mas profunda discrecion y la promesa de
guardar el secreto, no puede decir lo que sabe. Todos le juran por lo
mas sagrado que guardaran el secreto, y, por fin, el hombre empieza a
contar la cosa con mucha obscuridad; excitado por los oyentes, se decide
a ser claro, y les encaja tres o cuatro bolas de tente-tieso, que los
otros se tragan con avidez, desbandandose en seguida para ir a vomitarla
en otros grupos: tan indigestos son esta clase de secretos.

La tarde a que nos referimos era casualmente cierto lo que nuestro amigo
Calleja, _enterado_ oficial de la _Fontana_, contaba en uno de los
grupos formados en la Carrera.

--Pues que, ?no saben ustedes?--decia bajando la voz y haciendo unos
gestos dignos del unico espartano que, escapado en las Termopilas, llevo
a Atenas la noticia de aquella catastrofe memorable.--?No saben ustedes?
Pues no hay mas sino que manana habra procesion civica en honor de
Riego, cuyo retrato sera paseado por todas las calles de la Corte.

--Bien, bien--dijo uno de los oyentes.--?Ibamos a consentir que se
maltratara al heroe de las Cabezas, al fundador de las libertades
de Espana?

--Pues lo grave es que el Gobierno esta decidido a que no haya
procesion. Pero es cosa decidida. La _Fontana_ lo ha resuelto y se hara:
ya esta preparado el retrato. Y por cierto que es una linda obra: esta
representado de uniforme, y con el libro de la Constitucion en la mano.
iGran retrato! Como que lo hizo mi primo, el que pinto la muestra del
cafe _Vicentini_.

--?Y el Gobierno prohibe la fiesta?

--Si: no le gustan esas cosas. Pero habra procesion o no somos
espanoles. El Gobierno la prohibe.

En efecto: en aquel momento las esquinas recibian un emplasto oficial,
en que se leia el bando prohibiendo la fiesta preparada por los clubs
para el siguiente dia. La tropa estaba sobre las armas.

--Y esta noche tenemos gran sesion en la _Fontana_.

--Mira, Perico, guardame un buen sitio esta noche--dijo un joven que
formaba parte del grupo;--guardame un puesto, que tengo que ir esta noche
a primera hora al parador del _Agujero_ a recibir unos amigos que vienen
de Zaragoza.

Y despues anadio con misterio, dirigiendose a otros dos o tres que
parecian amigos suyos:

--Buenos chicos aquellos chicos de Zaragoza, de que os he hablado. Esta
noche llegan. Son del club republicano de alla. Buenos chicos.

El grupo se disolvio; al mismo tiempo, la siniestra figura de
Tres Pesetas cruzaba por la calle, unida a la no menos desapacible de
Chaleco.

Del grupo salieron tres jovenes de los que hablaron anteriormente. Eran
tres mancebos como de veinticinco anos. No podemos llamarles lechuguinos
netos; pero tampoco podia decirse de ellos que carecian de toda
distincion y elegancia. Eran amigos intimos, que compartian sus fatigas
y sus goces, las fatigas de la pobreza estudiantil y loa goces del aura
popular, conquistada con articulos de periodicos y discursos en el club.

El uno era un joven de familia distinguida, segundon, a quien habian
mandado a estudiar Canones y sagrada Teologia en Salamanca, con el
objeto de que fuera sacerdote y disfrutara unas pinguees capellanias que
habian pertenecido a un su tio, chantre de la catedral de Calahorra.
Capellan te vean mis ojos, que obispo como tenerlo en el puno. En
efecto: Javier, que asi se llamaba el muchacho, hubiera sido obispo,
porque su familia tenia gran influencia. Pero el chico, que no amaba los
habitos y se sentia impresionado por las nuevas ideas, hizo su hatillo,
y falto de dineros, aunque no de osadia, se puso en camino, y se planto
en Madrid el mismo bendito ano de 1820. Vago por las calles solo; pero
pronto tuvo bastantes amigos; escribio a su abuelita, que le concedio un
medio perdon y algunos cuartos (pocos, porque la familia, aunque la mas
noble del territorio leones, se hallaba en situacion muy precaria);
marcho despues a Zaragoza, donde vivio algunos meses, figurando mucho en
los clubs democraticos, y volvio despues a la Corte, no muy bien comido
ni bebido, pero alegre en demasia. Escribia en _El Universal_ furibundos
articulos, y contento con su poquito de gloria, iba pasando la vida,
pobre, aunque bien quisto. Cautivaba a todos por la amabilidad de su
caracter y lo generoso de sus sentimientos. En politica profesaba
opiniones muy radicales, y pertenecia a la fraccion llamada entonces
_exaltada_.

En la misma militaba el segundo de estos tres amigos que describimos, el
cual era andaluz, de veintres anos, delgado, pequeno y flexible. En
Ecija, su patria, pasaba el tiempo escribiendo verbos a Marica, a
Ramona, a Paca, a la fuente, a la luna y a todo. Pero todo causa, y la
poesia a secas no es de lo que mas entretiene: un dia se encontro
aburrido y penso salir del pueblo. Paso por alli a la sazon el ejercito
de Riego, y aquellas tropas excitaron su curiosidad.

Pregunto; le dijeron que eran los soldados de la libertad, y esto resono
en sus oidos con cierta agradable armonia. "Me voy con ellos", dijo a
sus padres. Estos eran muy pobres, y contestaron: "Hijo, vete con Dios,
y que El te haga bueno y feliz; portate bien, y no te olvides de
nosotros."

El poeta siguio el ejercito, llorando sus padres, y aun es fama que
lloraron a escondidas tres de las chicas mas guapas de Ecija. Al llegar
a Madrid, el joven volvio a ser poeta, y entonces hacia versos al Rey
cuando abria las Cortes, a Amalia, a Riego, a Alcala Galiano, a Quiroga,
a Argueelles. En su vida cortesana, este poeta, que, como despues
veremos, pertenecia a la escuela clasica en todo su vigor, paso algunos
clasicos apurillos; mas despues, escribiendo en casa de un abogado,
desempenando funciones modestas en el periodico _El Censor_, vivia
siempre alegre, siempre poeta, siempre clasico, apreciado de sus amigos,
con alguna fama de calavera, pero tambien con opinion de joven listo y
de buen fondo.

La fisonomia del tercero no era tan agradable ni predisponia tanto su
favor como la de los anteriores. Sin embargo, tenia fama de buen chico;
y en cuanto a opiniones politicas, no podia echarsele en cara la
tibieza, porque era frenetico republicano. Algunos mal intencionados
decian que en el fondo era realista, y que solo por calculo hacia alarde
de aquel radicalismo intransigente. Pero aun no tenemos motivo para
aceptar esta aseveracion, que es quiza una calumnia. Llamabanle el
Doctrino, porque habia estudiado primeras letras en el colegio de San
Ildefonso. No podia negarse que habia en su caracter cierta astucia
disimulada, y en sus modales alguna afectacion bastante notoria. Era
hijo natural de un vidriero, que le reconocio al morir, dejandole
pequena fortuna; pero los albaceas testamentarios, a quienes el difunto
dio amplios poderes, hicieron un inventario, del cual resultaba que el
vidriero no habia dejado en el mundo cosa alguna de valor. El Doctrino
les pedia dinero, y ellos le solian decir: "Tome usted para un
semestre." Y le daban una onza.

Pero sus amigos le ayudaban a vivir, le mantenian y le compraban algun
leviton de pana. Era notorio (y aun llego a tratarse seriamente del
asunto) que poco antes de la epoca en que esta historia comienza, el
Doctrino gastaba mas dinero que de costumbre; y cuando sus amigos le
preguntaban el origen de aquel caudal, respondia evasivamente y mudaba
de conversacion.

Estos tres jovenes eran inseparables, sin que alteraran la paz las
desventuras pasajeras del uno, ni las ganancias fortuitas del otro. La
onza semestral del Doctrino perecia en _Lorencini_ o en la _Fontana_ en
dos dias de cafe, chocolate y jerez; pero despues Javier escribia un
articulo tremendo sobre la soberania nacional para comprarle unas botas
al poeta clasico, y el mismo Doctrino sacaba de un misterioso bolsillo
un doblon de a cinco para atender a las necesidades amorosas de Javier,
que tenia pendiente cierta cuestion con la hija de un coronel de
caballeria, hombre atroz y fiero como un cosaco.

Estos tres jovenes vagaron juntos por las calles, acercandose a los
grupos, preguntando a todos, contando noticias fraguadas por la fecunda
imaginacion del poeta, hasta que, llegada la noche, se dirigieron al
parador del _Agujero_, sito en la calle de Fucar, a esperar a unos
amigos de Javier, que llegaban aquella misma noche de Zaragoza.

Ni en la arquitectura antigua ni en la moderna se ha conocido un
monumento que justificara mejor su nombre que el parador del _Agujero_
en la calle de Fucar. Este nombre, creado por la imaginacion popular,
habia llegado a ser oficial y a verse escrito con enormes y torcidas
letras de negro humo sobre la pared blanquecina de la fachada. Un
portalon ancho, pero no muy alto, la daba entrada; y esta puerta, cuyo
dintel consistia en una inmensa viga horizontal, algo encorvada por el
peso de los pisos principales, era la entrada de un largo y obscuro
callejon que daba al destartalado patio. Este patio estaba rodeado por
pesados corredores de madera, en los cuales se veian algunas puertas
numeradas.

En lo alto residia el establecimiento patronil de _La
Riojana,_antonomasia imperecedera que se conservo por tres generaciones.
Alli se servia a los viajeros, recien descoyuntados y molidos por el
suave movimiento de las galeras, algun pedazo de atun con cebolla, algun
capon, si era Navidad o por San Isidro, callos a discrecion, lonjas
escasas de queso manchego, perdiz manida, con valdepenas y pardillo.
Esta comida frugal, servida en estrechos recintos y no muy limpios
manteles, era la primera estacion que corria el viajero para entrar
despues en el _via crucis_ de las posadas y albergues de la villa.

Dos veces al dia un ruido aspero y creciente aumentaba la normal
algarabia del barrio. Se oian las campanillas, el chasquido del latigo y
un estrepito de ruedas que de bache en bache, de guijarro en guijarro
iban saltando. La maquina llegaba frente al portal, y aqui era donde se
probaba la habilidad nautico-cocheril del mayoral: la maquina daba una
vuelta, los machos entraban en el portalon, y tras ellos el vehiculo,
siendo entonces el ruido tan formidable, que la casa parecia venirse al
suelo. El navio daba fondo en el patio, los brutos eran desenganchados,
el mayoral bajaba de lo alto de su trono, y los viajeros, que aun se
mantenian con la cabeza inclinada, y muy agachados, resabio de cuando
atravesaron el portal, notaban al fin que no tenian el techo en la
corona, se admiraban de verse con vida, y descendian tambien.

Aqui, si habia parientes esperando, empezaban los abrazos, los besos,
las felicitaciones. Era propinado con algun real mal contado el cochero,
y cada cual se iba por su camino, siendo costumbre tomar alli mismo, en
los aposentos de la Riojana, un preambulo estomacal para poder subir la
calle de Atocha, que era entonces algo mas inaccesible que ahora.

Esta vez, cuando la nave hizo su parada definitiva en el patio, hubo una
aclamacion general. El Doctrino abrazo a sus amigos.

--iJavier!

--iLazaro!

Y se abrazaron con efusion. Despues de los monosilabos de alegria y
sorpresa, el segundo dijo al primero:

--?Tu en Madrid? ... al fin! ?Vienes de Ateca?

--Si.

--Bien. No podias llegar mas a tiempo. ?Y los amigos de Zaragoza? ?Pero
de donde vienes? ... ?Y el club ... y nuestro club? ...

--Ya sabes que nos lo disolvieron. Hace seis meses que estoy en Ateca.

--?Y estaras mucho aqui?

--Siempre!

--Bien. Aqui la juventud, la vida. Y si he de decirte la verdad ...
hacemos falta.--Si ... ?oh?

--Senores, aqui teneis a mi amigo, al grande orador del club de
Zaragoza, mi amigo y companero.

Los demas jovenes, tanto viajeros como visitadores, rodearon al
aragones.

Expliquemos. Cuando Javier estuvo en Zaragoza, trabo amistad muy intima
con Lazaro. En el club propagaron ambos las ideas democraticas
(democracia de 1820)que entonces cundieron rapidamente por aquella noble
ciudad. Privadamente estos dos jovenes, afines por caracter y
temperamento, se miraban como hermanos, tenian una misma bolsa, comian
en un mismo plato, y confundian en un comun sentimiento sus pesares y
alegrias. Desde la salida de Lazaro para su pueblo no se habian visto.

--Cuanto me alegro de que vengas aca!--dijo Javier, abrazandole otra
vez.--Hacen falta jovenes como tu. La juventud de ayer se va
corrompiendo: unos se enervan, otros retroceden y algunos se venden por
falta de fe.

--Senores, vamos a _Vicentini_--dijo el Doctrino, llevandose a
sus amigos.

--?Que _Vicentini_? A _La Cruz de Malta_. Alli hay muchos aragoneses,
todos son aragoneses.

--Este no viene sino a la _Fontana_--dijo Javier, senalando a su amigo.

--Viva la _Fontana_, el rey de los clubs!

--Y el club de los reyes--dijo uno que se escurrio como si hubiera dicho
una imprudencia.

--?Quien ha dicho eso?--exclamo el Doctrino furioso.

--No hagas caso: es uno de los que creen esas calumnias--indico
Javier.--Vamos, senores: esta noche hay gran sesion en la _Fontana_.

--Manana me llevaras alla--dijo Lazaro a su amigo con empeno.

--?Como manana? Esta noche misma, ahora mismo. ?Vas a perder la mas
importante sesion que se ha visto ni vera?

--?Pero como puedo ir esta noche? Si acabo de llegar. Tengo que ir a
casa de mi tio.

--?Tienes aqui un tio? ?Es liberal?

--Presumo que si: no le conozco.

--?Y ahora vas alla?

--Naturalmente.

--iQue disparate! Dejate ahora de tios. Vente a la _Fontana_. Son las
ocho: ya va a empezar. A la salida iras a tu casa.

--Hombre ... eso no me parece bien--dijo Lazaro suspenso.

--?Pero como vas a perder esta sesion? Habla Alcala Galiano, Romero
Alpuente, Florez Estrada, Garelli y Moreno Guerra. No habra otra sesion
como esta. ?Que mas da que vayas a tu casa ahora o a las doce? Tu tio
creera que no ha llegado la diligencia.

--Hombre, no. Estoy cansado. Me esperan tal vez en su casa.

--No seas tonto. Vente a la _Fontana_. No hay mas remedio sino que vas.
?Donde vive tu tio?

--Calle de Valgame Dios.

--iJesus, que lejos! No vayas alla ahora.

Lazaro tenia un vivo deseo de llegar pronto a casa de su tio: ya se
comprendera por que. Pero le era humanamente imposible, porque su
carinoso amigo le llevaba casi por fuerza al club. Ademas, las razones
con que disculpaba aquella determinacion tenian tambien algun peso en su
mente. Aquel recibimiento caluroso, la noticia de aquella gran sesion de
la celebre _Fontana_, estimularon el entusiasmo a que siempre propendia
su caracter, y se dejo llevar.

Quien sabe si habia algo de providencial en aquella extemporanea visita
a la _Fontana_. Seria cosa de ver que sin sacudir el polvo del camino
(esto pensaba el) le acogieran con aplauso en el club mas ilustre y
celebre de la monarquia. Tal vez le conocian ya de oidas por sus
brillantes discursos de Zaragoza. ?Como tal vez? Sin duda le conocian
ya. A estos pensamientos se mezclaba el orgullo de que a oidos de Clara
llegara al dia siguiente su nombre llevado por la fama. Una apoteosis se
le presentaba confusamente ante la vista. ?Por que no? Sin duda aquello
era providencial.

Asi es que la resistencia que al principio opuso fue disminuyendo a
medida que se acercaba a la _Fontana_. No le tengais por loco todavia.

Llegaron. La puerta estaba obstruida por un inmenso gentio. Pero el
Doctrino con los suyos, y Javier con Lazaro y el poeta, tuvieron medio
de entrar por un patio interior. La sesion era muy agitada. Un orador
acusaba al Gobierno de la destitucion de Riego. Conto lo que habia
pasado en Zaragoza, y acuso a los habitantes de esta ciudad por no haber
defendido a su General.

--Poner la mano--decia--en un heroe como Riego, es la mayor de las
profanaciones. ?Y que ha hecho Zaragoza? iOh! la ciudad en que tal cosa
ha pasado permanecio muda y permitio que su Capitan General fuera
destituido; dejo que un vil esbirro manchara la sagrada investidura de
la autoridad, despojando de ella a Riego. _(Grandes aplausos.)_ Se ha
dado el pretexto de que Riego fomentaba el desorden en todo Aragon. Esto
no es cierto: es una mentira fraguada en esos obscuros conciliabulos de
cierto palacio que no quiero nombrar. _(Rumores y risas.)_ Se le manda
de cuartel a Lerida como un sospechoso, y se entrega el mando al jefe
politico. ?Quien es ese jefe politico? Siempre fue enemigo de la
libertad. Todos le conoceis: es un enemigo encubierto de la libertad.
iAbajo los disfraces! _(Aplausos.)_ Lo que se quiere bien lo conoceis:
es ir apartando poco a poco de los cargos publicos a los buenos
liberales, para poner en ellos a esos hipocritas que se llaman nuestros
amigos, y nos detestan en el fondo de sus corazones corrompidos. _(iSi!
isi! isi!)_ ?Que se pretende? ?A donde nos conducen? ?Que va a resultar
de esto? iAy de la libertad que hemos conquistado! Mucha atencion,
ciudadanos. No os descuideis. Estad alerta, o si no, iay de la libertad!
_(Bien, bien.)_

Pero lo repito, senores: ide quien tengo mas quejas es del pueblo de
Zaragoza, de ese pueblo que yo crei el mas grande de la tierra y que no
lo es!... iNo, no lo es! _(Rumores.)_ ?Por que permitio que Riego fuera
destituido? ?Por que le dejo marchar? ?Y es esta la ciudad de 1808? No,
yo dire a esa ciudad: no te conozco, Zaragoza. Tu no eres Zaragoza. Ya
no sabes levantarte como un solo aragones. Has dejado atropellar a
Riego. iTu nos salvaste en otro tiempo; pero hoy, Zaragoza, nos has
perdido! _(Grandes y continuados aplausos.)_

Un joven se levanto (era aragones).

--Protesto--dijo con la mayor energia--contra las acusaciones lanzadas a
mi patria, a la noble capital de Aragon, por ese senor, cuyo nombre no
se ... ni quiero saberlo. _(Una voz dice: Alcala Galiano.)_ Mi patria
no ha olvidado su honor. ?Que quereis que hiciera contra lo mandado en
un decreto del Gobierno constitucional?...

--Desobedecerlo--gritaron varias voces.

--Senores, dejadme continuar.

--iQue siga, que siga!

--Protesto en nombre de mis paisanos, y afirmo que es Zaragoza el pueblo
de Espana que mas ha hecho en todos tiempos por la libertad. ?No se le
acusa de ser un foco de exaltacion republicana? ?No se ha dicho que de
alli salen las ideas mas disolventes, que alli se elabora una
conspiracion para sostener la Republica?

--Hechos quiero y no palabras--dijo el primer orador.

--Pues hechos tendreis. ?No sabeis que existe en Zaragoza un club, cuya
influencia y prestigio alcanzan a todo Aragon? Ese club, llamado
_democratico,_ ha sido en dos anos la mas entusiasta y eficaz asamblea
de la nacion. Lo que alli se ha predicado bien lo sabeis. Las voces
elocuentes que alli han resonado bien autorizadas son. La propaganda que
alli se ha hecho ha llegado hasta aqui. _(Rumores.)_

--No sabemos lo que es ese club. Siempre nos hablan ustedes los
aragoneses del club de Zaragoza, y aun hoy no sabemos lo que es eso.
?Que es eso? Mucho discurso democratico, pero ningun acierto para hacer
propaganda y formar un partido. Pero en ultimo resultado, ?cuales son
las teorias de ese club tan decantado? Yo desconfio de el. ?Quien habla
de ese club? Conozcamos a sus hombres. Creo que la mayor parte de los
que estamos aqui reunidos miran a esa insignificante reunion con el
desden que merece. _(Voces y algazara.)_

Muchos aragoneses se levantaron apostrofando al orador. Lazaro escuchaba
todo, inmutandose por grados. Sus amigos le decian en voz baja que
defendiese al club de Zaragoza. De repente un aragones se levanto en
medio de la sala, y senalando al sitio donde se hallaba Lazaro con los
demas llegados aquella noche, dijo:

--Presentes estan algunos senores que han pertenecido a ese club.

Todos miraron a aquel sitio.

--Bien--dijo el orador.--Si estan ahi esos senores, que hablen, que nos
digan lo que es ese club y que ha hecho. Queremos oirles: que hablen.

--iAqui esta el orador mas notable del club democratico de
Zaragoza!--dijo en voz muy alta Javier, senalando a su amigo.

--iSi, si!--dijeron todos los aragoneses que habia en el recinto,
reconociendo a su compatriota.--Defiendanos usted, defiendanos.

Todas las miradas se fijaron en Lazaro. iCosa singular! En aquel momento
una subita transformacion se verifico en el animo del joven. Se sintio
turbado, se esforzo en saludar, quiso decir algo y no pudo. Pero le
impelian hacia la tribuna, y no habia remedio. Si no hablaba, ?que
dirian de el? Lazaro habia brillado en Zaragoza por su elocuencia; habia
aprendido a dominar la multitud, a sobreponerse a ella, a manejarla a su
antojo. Pero en aquella ocasion se encontraba novicio, se desconocia,
tenia miedo.

--iQue hable, que hable!

--Abrid paso--exclamo uno de los diputados mas notables de las Cortes
de entonces.

Lazaro tuvo una inspiracion. El recuerdo de su joven y amable amiga le
fortalecia; y a la manera de aquellos caballeros antiguos, que invocaban
el auxilio soberano de su dama antes de entrar en combate, procuro
evocar todas las imagenes de gloria y felicidad que le habian dado
estimulo. Ensanchado el pecho con esto, subio a la tribuna. Desde arriba
miro aquella multitud de cabezas apinadas, y recibio de un golpe las
miradas curiosas de tantos ojos.

Aquello le parecio un abismo. Su rostro, encendido por la turbacion, se
puso bruscamente muy palido. Hubiera querido hablar con los ojos
cerrados. Aquellos diputados, aquellos escritores, aquellos politicos
eminentes que veia en torno suyo, le daban miedo. Pero el tenia mucho
corazon, y logro dominarse un poco. ?Pero como iba a empezar? ?Que iba a
decir? En un supremo esfuerzo de inteligencia recogio sus ideas, formulo
mentalmente una oracion, miro al auditorio... El auditorio le miro a el,
y observo que estaba palido como un cadaver. Lazaro tosio; el auditorio
tosio tambien. La primera palabra se hacia esperar mucho; por fin el
orador tomo aliento, y desafiando aquel abismo de curiosidad que se
abria ante el, comenzo a hablar.





CAPITULO X



#La primera batalla#.


Lazaro era un poco retorico en la augusta catedra del club democratico
de Zaragoza. Parece que alli tenian buena acogida ciertas formulas del
decir que nuestro joven habia aprendido con su maestro de Humanidades de
Tudela, varon docto de la escuela pura de Luzan. El joven tenia, sin
embargo, el instinto de la elocuencia tribunicia, seca, rotunda,
incisiva, desnuda. La _Fontana_, por desgracia en aquella ocasion, era
enemiga declarada de la retorica, y mas enemiga aun de las frases
hechas, de los lugares comunes y de esos preambulos oficiosos,
neciamente corteses y en extremo fastidiosos de la oratoria academica.

Lazaro tuvo la mala tentacion (porque tentacion del demonio fue sin
duda) de empezar con aquella de _su pequenez en presencia de tantos
grandes hombres_, y lo _escogido e ilustrado del auditorio_, siguiendo
despues lo de su _confusion_ y su _necesidad de indulgencia_, sus
_escasas fuerzas_, etc., etc. El exordio fue largo: otra desventura.
Algunas voces dijeron: "Al grano, al grano."

Pero a Lazaro le fue un poco dificil dar con el grano, lo cual no es de
extranar, porque no estaba preparado, ni habia vuelto aun de la
sorpresa. En vano hizo una sinecdoque de las mas expresivas; en vano
quiso dominar al publico con cuatro litotes y dos o tres metonimias: no
era aquel su camino. Dijo algunas generalidades que a el le parecian muy
nuevas, pero que en realidad eran viejisimas, y concluyo un parrafo con
dos o tres sentencias plutarquianas, que a el le parecian encajar como
de molde, pero que no produjeron sensacion ninguna. El esperaba un
aplauso: nadie aplaudio.

Lazaro estaba acostumbrado a oir aplausos desde el principio: esto le
daba estimulo. La frialdad que notaba en el auditorio en aquella
ocasion, le desanimo. Quiso pensar en esto, y casi estuvo a punto de no
saber que decir. Y, sin embargo, el tenia fijos en la imaginacion
algunos magnificos pensamientos; pero icosa singular! no los podia
decir. Le parecia verlos escritos delante; pero por un misterio, natural
en aquellos momentos, no encontraba la forma oratoria para expresarlos.
iQue contrariedad! Poco a poco hasta la voz se le enronquecio. Sin duda
habia en el espiritu de nuestro amigo una influencia maligna. Hablaba
con frialdad unas veces; notabalo el mismo, y al querer corregirlo,
gritaba demasiado. Las ideas le faltaban, las imagenes se le
desvanecian, las palabras se le atropellaban en la boca.

iAh! ?Donde estaban aquellas peroraciones internas, llenas de vida, de
vehemencia, persuasivas como una voz divina? ?Donde aquella logica
terrible que en la profundidad de sus deliquios oratorios hervia en su
cerebro, el cual parecia pequeno para tantas ideas? ?Donde estaban los
pensamientos sublimes, la facundia descriptiva, la facultad pintoresca,
la sentencia concisa y profunda? Si: el sentia bullir todo eso alla
dentro; dentro de aquel Lazaro solitario y apasionado que hablaba a la
Naturaleza en el silencio de la noche, que hablaba a la Sociedad en lo
profundo de un sueno. Las ideas, las formas, el lenguaje, todo lo tenia,
todo lo sentia dentro de si; pero no podia, no podia de ningun modo
expresarlo.

En todo orador hay dos entidades: el orador, propiamente dicho, y el
hombre. Cuando el primero se dirige a la multitud, el segundo queda
atras, dentro, mejor dicho, hablando tambien. Dos peroraciones
simultaneas son producidas por un mismo cerebro. Una es verbal y sonora:
dejemosla al publico. Otra es profunda y muda: examinemosla. Lazaro
describia, apostrofaba, rebatia, exponia, declamaba. Interiormente, la
otra voz parecia decir esto: "iQue mal lo estoy haciendo! iNo me
aplauden! ?Que debo decir ahora?... ?Tratare este punto?... No lo
trato.... ?Y aquella idea que antes me ocurrio?... iSe me ha
escapado!..." Y al mismo tiempo no interrumpia su oracion; continuaba
defendiendo el club de Zaragoza, explanaba un sistema democratico, y
hacia ademas una breve historia de la Republica. Pero la voz de dentro
seguia de este modo: "No se que hacer... ?Por que no me aplauden?... No
me conozco... Yo tenia tantos argumentos... ?Donde estan?... iAh! Voy a
emitir esta gran idea... Ya la he dicho.... No ha hecho efecto...
Procurare ser esmerado en la frase... Esta oracion va bien... ?Como la
terminare?... iQue apuro!... No doy con el adjetivo... iDemonio de
adjetivo!... iAhi terminare con un apostrofe ... alla va.... No ha hecho
efecto ... no me aplauden."

Asi hablaba el alma atribulada de Lazaro, mientras con los medios
exteriores se dirigia al auditorio en un discurso, confuso, tortuoso,
desigual y falto de logica.

Empezaron las toses. Dicen los oradores que al oir las toses en las
pausas de sus discursos, se les hiela la sangre. Lazaro las oyo
repetidas y comunicadas a todo el auditorio, y resonaron en su corazon
como siniestros ecos. El tosio tambien. iAh! la tos le concedio cuatro
segundos de descanso: hizo un esfuerzo desesperado, tomo algunas ideas
en aquel deposito que tenia en la mente, se apodero de ellas con
firmeza, y prosiguio hablando:

"Alla va eso, decia la lengua interior; alla van ... las expondre de este
modo ... no mejor de este otro ... no ... mejor del otro ... de
cualquier modo ... iOh! hay alli uno que se esta riendo... Y otro que
cuchichea. Pero que tos les ha entrado... No les gusta lo que digo ahora
... ni esto tampoco ... animo. Concluire este parrafo con una cita...
alla va... iAh! tampoco ha hecho efecto..."

Comprendase bien que estas frases que nadie oye y el discurso que oyen
todos, guardan perfecto paralelismo.

iAh, que misterios hay en la inteligencia humana, y que fenomenos tan
extranos en sus relaciones con la palabra humana!

?Por que fracaso el discurso del aragones? ?Fracaso por la reunion
diabolica de mil accidentes, ajenos a la naturaleza de su notable
ingenio y de su facil palabra? ?De quien fue la culpa, de el o del
publico? Aqui hay otro gran misterio. El publico y el orador tienden a
fascinarse mutuamente. El primero mira y oye: no sabemos lo que es mas
terrible, si la mirada o el oido. Las miles de pupilas dan vertigo. La
atencion de tanta gente dirigida a una sola voz confunde y anonada. El
orador, por su parte, ve y oye: ve la serenidad anhelante o desdenosa, y
oye toser. Por eso Lazaro hubiera deseado en algunos momentos de aquella
noche ser sordo y ciego. Pero el orador tiene sobre el publico una
ventaja; tiene un arma, ademas de la palabra: el gesto. El tambien
fascina, el tambien lleva en sus ojos aquel vertigo que confunde y
anonada; el generalmente mira hacia abajo para ver al publico; puede
mover sus brazos y su cabeza cuando el publico esta como atado de pies y
manos, inmovil y viviendo solo de atencion.

Aquella noche fatal, Lazaro y el publico no se fascinaron mutuamente, no
se impusieron el uno al otro, no se comunicaron. Ni Lazaro persuadio al
publico, ni este aplaudio al orador. Un publico no persuadido y un
orador no aplaudido se rechazan, se repelen con energia. "Es preciso
que calles," hay que decir a este. "Es preciso que te marches," hay que
decir a aquel.

El joven aragones habia tenido la peor de las tentaciones: la tentacion
de ser largo y difuso. Un segundo mas de lo regular basta a concluir la
paciencia de un auditorio y a trocar su interes en hastio. Lazaro vio
pasar este segundo sin notarlo. Indudablemente no se comprendieron el
uno al otro. ?Se despreciaron mutuamente? ?Se temieron mutuamente? Tal
vez empezaron por temerse; pero es lo cierto que acabaron por
despreciarse.

Lo singular es que si se hubiera preguntado a cualquiera particularmente
su opinion sobre el discurso, habria dado tal vez una opinion no
desfavorable; pero la opinion de un publico no es la suma de las
opiniones de los individuos que lo forman, no; en la opinion colectiva
de aquel hay algo fatal, algo no comprendido en las leyes del sentido
humano. Decididamente, Lazaro fracasaba.

Veinte veces se le ocurrio que era preciso concluir. ?Pero como? No se
atrevia. Iba a concluir mal. iQue horror! Y para terminar mal, valia mas
no terminar, seguir hablando, siempre, siempre, siempre. Buscaba el
final y no podia encontrarlo. iY el final es tan importante! Podia
rehabilitarse en un momento de inspiracion. iOh! la idea de concluir
sin un aplauso le daba horror. Por eso temia el final y lo evitaba.
Pero era preciso acabar: a las toses siguieron los bostezos, a los
cuchicheos los murmullos. Buscaba sin cesar el remate; daba vueltas
alrededor del asunto, procurando una salida airosa; pero no encontraba
escapatoria; la palabra se deslizaba de su boca, y afluia continua, sin
solucion, infinita.

"Es preciso concluir," decia la voz interior. "?Concluir? No hallo el
fin, y el fin ha de ser bueno ... iDios mio, amparame! Resumire ...
recapitulare ... pero ya no me acuerdo de lo que he dicho ... ?Pedire
perdon al auditorio?... No: eso es rebajarme...." Al fin le ocurrio la
oracion final, y la empezo; pero al llegar al final, otra oracion se
enlazo con ella, y con esta otra, y otra, y otra. Su discurso era una
oscilacion sin termino; pero el publico se impacientaba. Ni un minuto
mas: se apodero del ultimo periodo, resucito a que fuera el ultimo.
Pronuncio al fin el postrer substantivo; y despues, alzando la voz,
emitio con graduacion los tres adjetivos que le acompanaban para darle
fuerza y callo.

La postrera palabra de aquel malhadado discurso vibro en el espacio,
sola, seca, triste, con funebre resonancia. Ni un aplauso ni una
exclamacion satisfactoria la recogio. Su voz habia caido en el abismo
sin producir un eco. Pareciale que no habia hablado, que su discurso
habia sido una de aquellas mudas, aunque elocuentes, manifestaciones
internas de su genio oratorio. Estaba en un desierto; rodeabale una
noche. ?Que habia dicho? Nada. Y habia hablado mucho. Aquello fue como
si diera golpes en el vacio, como si hiriera en una sombra creyendola
cuerpo humano, como si hubiera encendido un sol en un mundo de ciegos.
Bajo con el alma atribulada, oprimido el corazon, ardiente y turbada la
cabeza, banado el rostro en sudor frio.

En vano Javier quiso rehabilitarle dando algunas palmadas tardias. El
publico, animal implacable, le mando callar. Lazaro tuvo la presencia de
espiritu suficiente para contemplar cara a cara aquellas cien bocas que
bostezaban. Robespierre se desesperaba en el mostrador con suprema
expresion de fastidio.

--Lo he hecho muy mal--dijo tristemente el orador al oido de su amigo.

--Ya lo haras mejor otro dia. Eres un gran hombre; pero no has tocado en
el _quid_. Con una leccion mia estaras al corriente. Otro va a hablar:
atiende ahora.

--No: yo me voy a casa de mi tio. No puedo estar aqui mas tiempo. Me
ahogo.

--Espera a ver lo que este va a decir.

Un segundo orador subio a la tribuna a disipar el fastidio que la
peroracion de Lazaro habia causado. Mientras la multitud celebraba con
aplausos maquinales las frases de su orador favorito, el otro se iba
sumergiendo lentamente en profunda melancolia. Nada es mas terrible que
estos momentos de desencanto en que el alma yace atormentada por los
dolores de la caida: el tormento de esta situacion consiste en cierta
ridiculez que rodea todos los recuerdos de las pasadas ilusiones. Todas
las frases de intimo elogio, de profundo orgullo con que antes se regalo
la imaginacion, resuenan con eco de burla en la pobre alma abatida,
llena de vergueenza.

"Pero es preciso intentar una rehabilitacion--decia Lazaro para si.--?Y
como? Todos murmuran de mi, y si manana se ofrece hablar de mi discurso,
diran todos que fue detestable, malisimo. Correra de boca en boca,
llegara a oidos de todas las personas que me interesan. Ella lo sabra,
se reira tal vez de mi. Todos se reiran ahora."

Lo mas particular es que desde que bajo de la tribuna empezaron a
ocurrirle grandes pensamientos, magnificos recursos de elocuencia,
soberbios golpes de efecto, citas oportunisimas; y estaba seguro de que
diciendo aquello, arrancaria grandes aplausos. Pero ya era tarde: estaba
alli mudo y perplejo, cubierto su espiritu de una nube sombria.

Entre tanto, el nuevo orador divagaba a sus anchas por el campo de la
historia y de la politica, y, por ultimo, expuso la necesidad de la
manifestacion preparada para el siguiente dia. Todos se levantaron
unanimes, gritando: "iSi!" Todos prometieron concurrir, y tres o cuatro,
encargados del ceremonial, dieron cuenta del arreglo de la procesion, se
fijo la hora, se designo el punto de reunion. Los _bravos_ sucedieron a
los aplausos, y los aplausos a los _bravos_, y al fin la sesion termino.

Los socios comenzaron a salir; pero aquella fraccion ignorante y
turbulenta, que ocupaba siempre uno de los rincones del cafe, no creyo
conveniente salir sin decir algo. Calleja subio a una silla y grito,
dirigiendose a los suyos.

--iSenores, serenata a Morillo!

La idea fue acogida con estrepito. Morillo era el Capitan general de
Castilla la Nueva. Enemigo do asonadas tumultuosas, habia tomado sus
medidas para impedir la procesion. Una parte del pueblo se agolpo junto
a su casa en la noche del 17, atronando toda la calle con espantosa
cencerrada.

--iSerenata a Morillo!--dijo Calleja saliendo de la _Fontana_ y
reuniendo toda la gente dispuesta para el caso que por alli pasaba.

No sabemos por donde vino; pero alli estaba Tres Pesetas. Nuestros tres
amigos y Lazaro salieron de los ultimos y se acercaron por curiosidad al
grupo que Calleja habia formado.

Entre tanto, el barbero paso en dos zancajos a la otra acera, y se
acerco a la puerta de su casa. Su mujer salio a encontrarle.

--Ciudadano, ?has hablado?--le dijo.

--No, ciudadanita mia. No puede ser esta noche; pero lo que es manana, o
hablo, o me corto la lengua. Ya tengo estudiado el principio, y no se me
olvidara una letra. Cuando hable, me los como.

--Estoy por no dejarte entrar--le contesto gravemente su mujer.--Si yo
llevara calzones, ya me habian de oir. Asi y todo, si me pusiera a ello,
los volvia locos ... Si yo tuviera calzones, andaba por esos _clubes_ a
que quieres boca. Porque tengo mas verdades aqui en el buche....

--Ya veras manana a la noche si hablo o no. Es que cuando voy a empezar
me hace unas cosquillas la lengua ... y me trabo. Pero no tengas cuidado
que los voy a dejar aturrullados.

--iSerenata a Morillo!--dijeron cien voces.--Senores--exclamo uno de los
mas celebres oradores de la _Fontana_--vayase cada uno a su casa, que
estos desordenes nos van a desacreditar. Cada uno en paz a su casa; nada
de gritos.

Estos discretos consejos fueron saludados con murmullo prolongado de
reprobacion.

--?Quien es ese servilon?--dijo una voz aguardentosa, que no era otra
que la del sin par Chaleco.

--A casa de Morillo--repitio Calleja.--Mujer, traeme el almirez.

El gentio aumentaba con nuevas remesas enviadas de la plazuela de la
Cebada y del barrio del Salitre. Los socios de la _Fontana_ se habian
marchado, cerrose el club y solo quedaron en la calle los tres amigos y
Lazaro, que se despedia para ir en casa de su tio.

--Espera un instante para ver lo que sale de aqui--le dijo Javier
deteniendole.

A la sazon una persona daba fuertes golpes a la puerta de Calleja.

--?Que hay?--dijo este acercandose e interrumpiendo una patriotica y
barberil alocucion que habia comenzado.

--Que vaya usted en seguida a sangrar a don Liborio que esta muy malito.

--Demonio de enfermo: manana le sangrare.

--No puede esperar: vaya usted pronto--exclamo el criado.

--Senores, ?que hago?--pregunto el barbero a sus amigos.

--No vayas, Calleja: que se sangre el solo. Esta no es noche de
sangrias. iA casa de Morillo!

--Senores ... yo quisiera cumplir ... porque ya ven ustedes ... mi
profesion. La ciencia es lo primero.

--No vayas, Calleja.

--Senores, volvere en seguida. A ver--anadio abriendo la puerta de su
casa,--ciudadana, traeme las lancetas.

La ciudadana salio muy afligida, y le dijo:

--A ver como le ponemos una ayuda a Joaquinito, que esta muy malo. iSi
vieras que vomitona le ha dado! ?Se la pongo de malvas?

--Pongasela de demonios cocidos, hermana--exclamo Tres Pesetas
furibundo.

--Poco a poco, senores--contesto Calleja.--?De malvas o de aceite?
Dejenme ustedes ver como se arregla eso; porque para mi ... ?por que lo
he de negar? la ciencia es lo primero.

Lazaro insistia en dejar a sus tres amigos: tan aburrido y
melancolico estaba.

--Espera, hombre--le decia Javier deteniendole aun. Espera a ver lo que
hacen estos barbaros.

--iQue es eso de barbaros!--exclamaron con furia los que mas cerca
estaban, volviendose hacia los amigos con tanto interes, que hasta el
mismo Calleja dejo la ciencia por salir en defensa de la
Corporacion.--?Que es eso de barbaros, caballeriles?

--?Quienes son esos pelandingues?--dijo uno.

--Este es el aragones que nos rezo el rosario esta noche. iQue modo
de hablar!

--Si parecia un sermon de Viernes Santo....

--El diablo me lleve si no les acaricio las muelas a esos
catacaldos--dijo Tres Pesetas, dispuesto a hacer lo que decia.

Javier, el Doctrino, el poeta clasico, vieron una tempestad sobre sus
cabezas; pero el poeta clasico, que era el mismo enemigo, no se acobardo
y tuvo el antojo de llamar _rapista_ al grandioso Calleja. La chispa
salto, y la lucha era inminente; pero tan desigual, que los cuatro mozos
no quisieron arriesgarse a ella, volvieron las espaldas y apretaron a
correr, unidos siempre, dirigiendose a la calle de la Victoria. Muchos
de los contrarios les siguieron dando voces y arrojandoles piedras; pero
los fugitivos andaban muy ligeros y lograron refugiarse en la calle de
la Gorguera, metiendose en el portal de la casa en que uno de ellos
vivia. Cerraron cuidadosamente por dentro. Un enorme canto, lanzado por
las robustas manos de Tres Pesetas, choco en la puerta tan fuertemente,
que si hubiera cogido a alguno le hace anicos. Felizmente los jovenes
estaban seguros, y los de fuera, al ver que la presa se les habia
escapado, retrocedieron, marchandose todos a dar una armoniosa
cencerrada al Capitan general de Madrid.





CAPITULO XI



#La tragedia de los Gracos.#


Luego que sintieron alejarse a sus perseguidores, los amigos subieron.
Alli vivia el poeta clasico.

--?Tienes que cenar?--le pregunto el Doctrino.

--Un magnifico festin--contesto el poeta.--Un cuarteron de queso
manchego y una botella de Carinena. Mandaremos por unos bunuelos a la
taberna de la esquina.

Lazaro tenia un hambre espantosa. Desde las nueve de la manana no habia
probado cosa ninguna, y el cansancio del camino, los esfuerzos mentales
y la gran fatiga moral de aquella noche le habian rendido hasta el punto
de que no podia tenerse. Subio con los demas, sin fuerzas para emprender
a aquella hora el viaje a casa de su tio. La comitiva, guiada por el
poeta clasico, se interno en la escalera.

No hay viaje al polo Norte que ofrezca mas peligros que una escalera
angosta de casa madrilena cuando la obscuridad mas completa reina en
ella. Comenzais dando tumbos aqui y alli; de repente tropezais con la
pared: chocais con una puerta, y el ruido alarma a la vecindad. Dais con
el sombrero en un candil que, aunque extinguido por falta de aceite,
tiene lo bastante para poneros como nuevos. Y todo esto es llevadero
cuando no se encuentra al truhan que baja o al galan que sube, cuando no
sentis el retintin de la ganzua que intenta abrir una puerta, cuando no
resbalais en las substancias depositadas por los gatos sobre los
escalones, cuando no tropezais con la amorosa conjuncion de dos
estrellas que pelan la pava en el ultimo tramo.

Por fin la expedicion llego a las regiones boreales de la casa, a la
elevada zona en que el poeta habia hecho su nido. Tocaron, y abierta la
puerta, nuestros amigos se encontraron frente a frente de una mujer que,
con sonolientos ojos y rostro avinagrado, alzaba la mano sosteniendo un
candil, proximo a imitar la sabia conducta de los de la escalera. Este
candil comunico su luz a otro mejor acondicionado que habia en el cuarto
donde entraron los cuatro jovenes. La dama echo el cerrojo a la puerta
de la escalera, y dando las buenas noches con entonacion de un responso,
se fue. No habia andado cuatro pasos cuando volvio, y arrebujandose bien
en su manto, con honestos y recatados ademanes, dijo:

--Por Dios, don Ramon, no hagan ustedes ruido, que esta alborotada la
vecindad con la algarabia que se arma aqui todas las noches. Porque, ya
ve usted ... Una es comidilla de las gentes de abajo. La encajera ha ido
diciendo que esto era una taberna, y que no se podia vivir en esta casa.
Ya ven ustedes ... como una es mujer de opinion....

La senora que tan celosa se mostraba de la opinion de su casa era dona
Leoncia Iturriabeytia, vizcaina, como es facil conocer por su apellido;
patrona de aquel establecimiento, mujer de bien, como de cuarenta anos
mal contados, de buen aspecto, robustas formas, alta estatura cara
redonda y caracter bonachon y mas que sencillo.

--Senora, dejenos usted en paz--le contesto Javier.--Si viniera don Gil
con nosotros, no se incomodaria usted.

--Vaya, ya empieza usted con sus bromas, don Javier.

--?Y cuando se casa usted dona Leoncia?

--?Yo casarme? ?Yo?--dijo dona Leoncia con mal disimulada satisfaccion.

--Pues sepa usted que se lleva un buen mozo. Don Gil es hombre que hara
carrera ... esta en buena edad....

Una carcajada de los otros dos y una sonrisa forzada de la patrona
acogieron aquellas palabras. La vizcaina tenia un pretendiente, y este
era don Gil Carrascosa, aquel individuo que fue lego, abate
covachuelista y cuanto hay que ser. Corrian por la vecindad rumores
alarmantes respecto a la existencia de cierta buena concordia, parecida
a la familiaridad, entre el poeta clasico y dona Leoncia, la vizcaina.
No penetremos en lo sagrado de estos clasicos y patroniles secretos.

Dona Leoncia noto la presencia de un desconocido, y quiso darse tono. Se
puso seria, y reprendio a los estudiantes por su poca formalidad.
Despues hizo un pomposo ademan, algunas cortesias, y se marcho.

--Adios Ariadna, Antigone, Sofonisba, Penelope--dijo cuando la vio fuera
el poeta, que gustaba mucho de aplicarle aquellos nombres heroicos.

Poco despues de esta despedida se sintieron ronquidos muy broncos y
prolongados. Era Ariadna, Antigone, Sofonisba, Penelope, que dormia en
el interior. iCuan felices son las semidiosas!

Javier y el Doctrino tomaron en competencia posesion de la cama. Lazaro
se acomodo lo mejor que pudo en una silla de tres pies y medio, y el
poeta continuo en pie haciendo los honores del sotabanco. Del cajon de
la comoda saco un pedazo de queso envuelto en un papel, que se habia
hecho transparente. Un cuchillo, una botella y un plato, en que habia
panecillo y medio, salieron de otro rincon, y el festin fue preparado en
la mesa, para lo cual se hizo preciso apartar a un lado dos tragedias en
verso heroico, un retrato de mujer roido de ratones, un ejemplar de la
Constitucion, un tintero de cuerno y una babucha, dentro de la cual
habia unas tijeras, una caja de obleas y medio tomo del teatro de
Crebillon.

El cuarto aquel era curioso. La cama se ostentaba lo mas horizontal que
le era posible sobre dos banquillos, cuyas tablas sostenian un jergon de
tan tortuosa superficie, que el durmiente rodaba en el de cima en cima
antes de poder conciliar el sueno. Una estera de esparto, finisima en
los tiempos de Carlos III, cubria las dos terceras partes del piso,
siendo inutiles todos los esfuerzos de dona Leoncia para estirarla hasta
cubrir lo que faltaba. Inmenso baul alternaba con la cama, y a juzgar
por lo corroido del cuero y la suciedad acumulada entre el y la pared,
los ratones habian tomado por su cuenta la empresa de colonizar aquel
recinto. Adornaban las paredes algunos cuadros: el mas notable era un
trabajo de pluma hecho por el tio del cunado del abuelo de la vizcaina,
que habia sido insigne caligrafo, y toda la lamina estaba llena de
rasgos, lineas, letras raras, rubricas y floreos de pluma, trabajo
ilegible por ser tan excelente. Por otro lado pendia de la pared un
cuadrito de marco ex-dorado, que encerraba las habilidades juveniles de
la abuela de dona Leoncia, bordadora de lo mas fino. Al lado de estos
monumentos de familia estaban un par de figurines del Directorio y una
Virgen del Pilar, simplemente pegada en la pared con cuatro obleas.

Ramon echaba vino en un vaso que iba corriendo de mano en mano; el queso
fue distribuido, y el pan desaparecio en poco tiempo. Lazaro no se
mostraba parco en comer, porque la verdad era que tenia buen apetito y
se sentia desfallecer por momentos.

--Vamos, Ramoncillo--dijo el Doctrino--leenos un poco de esa tragedia
para llorar, que llamas _Petra_.

--?Que Petra ni Petra?--replico el poeta.--No seas barbaro: _Fedra_
querras decir.--Lo mismo me da Fedra que Pancrasia.

--Ya he dejado ese asunto ... eso no es nuevo. Ahora lo que conviene es
un asunto patriotico.--Eso me gusta.

--Al fin me decidi por los gracos.... Amigos, que hombres eran aquellos!

--A ver--dijo el Doctrino.--Leenos algo de esos grajos. Debe ser
cosa graciosa.

--Pero ven aca, loco--dijo Javier:--?por que no haces una tragedia de
cosas del dia en que salgan hombres como estos de ahora?

--No seas tonto--dijo el poeta riendo con la mayor buena fe:--ahora no
hay heroes.

--Majadero, ?pues como llamas a Churruca, a Alvarez y a Daoiz?

--Si; pero eso son heroes de casaca.

Ramon tenia talento y facultades de poeta; pero habia nacido en una
epoca funesta para las letras. El frio clasicismo agostaba en flor los
ingenios, que educados en la retorica francesa, y siguiendo los
principios del prosaico Montiano, del rigido Luzan, del insoportable
Hermosilla, no atinaban a utilizar los elementos poeticos que en aquel
tiempo nuestra sociedad les ofrecia.

El pueblo, alimentador de los teatros, no comprendia el alto ditirambo
de griegos y romanos; y al mismo tiempo, ningun poeta acercaba a poner
heroes espanoles en la escena. Nasarre en tanto llamaba barbaro a
Calderon, y _La vida es sueno_ no era mas que delirio. Aquella
restauracion clasica fue fecunda para la comedia, porque produjo a
Moratin hijo. Pero el drama, la fabula patetica que retrata las grandes
conmociones del alma, y pinta los mas visibles caracteres de la
sociedad, no existia entonces.

Se hacian algunas tragedias, obras palidas y sin vida, porque no eran
animadas por la inspiracion nacional, ni nuestro pueblo vivia en ellas,
ni nuestros heroes tampoco. "Ya sabemos lo que son esos heroes tiesos,
acartonados, de las tragedias clasicas: siempre los mismos. No se
concibe el amor a la libertad sin _Bruto_, ni el odio al imperio sin
_Cinna_. ?Como puede haber pasion sin Fedra, y fatalidad sin _Edipo_, y
parricidio sin _Orestes_ y rebelion sin _Prometeo_, y amor a la
independencia sin _Persas_? En tiempo de nuestro amigo Ramon, los
jovenes creian esto; y habia algunas personas graves que encontraban a
Crebillon mas inspirado que Lope, y Rotrou mas grande que Moreto."

El poeta de que hablamos escribio su correspondiente _Alceste_, con
algun acto de un _Bellerofonte_ y varias escenas de tragedia biblica,
tambien de cajon entonces. Tuvo una inspiracion despues, y quiso dejar
tan trillado camino. Ideo un _Subieski_, un _Soliman,_ un _Arnoldo de
Brescia_, y, por ultimo, un _Padilla_; pero no bien habia escrito
algunos versos, retrocedio por miedo a la antigueedad, y se fijo en los
_Gracos._ Dio principio a la obra, y la remato poco antes de las escenas
que estamos refiriendo.

Ya le tenemos sentado sobre la mesa, con el manuscrito en la mano y
alumbrado por el candilejo. El Doctrino y Javier se disputaban la causa
con nuevo furor, y Lazaro, que estaba sentado en la silla, habia cedido
al cansancio, y apoyado en la misma cama, esperaba la primera escena de
los Gracos.

Javier tosio, y leyo las listas de los personajes de la tragedia,
seguida de la retahila de tribunos, lictores, centuriones, patricios,
pueblo, esclavos. Despues relato la decoracion, que era la plaza
publica, sitio de confidencias, de citas, de discursos, de secretos, de
escandalos, de juicios, de todo. Luego empezo el acto. Salia el _tribuno
primero,_ y le decia al _tribuno segundo_ si habia visto a Cayo; el
tribuno segundo le contestaba al _tribuno primero_ que no; pero despues
venia el _tribuno tercero_ y decia a los dos anteriores que Cayo estaba
en casa del sacerdote Ennio Sofronio, y que despues vendria a confiarles
sus planes en la plaza publica. Estos se van, y saliendo el _hombre del
pueblo primero_, le dice al _hombre del pueblo segundo_ que el pan esta
caro, y que los pobres se estan comiendo los codos de hambre, lo cual
exaspera al _hombre del pueblo tercero_, que jura por Neptuno y el hijo
de Maya que aquello no ha de quedar asi. Cada uno se va por donde ha
venido, y sale despues Cornelia, que se pregunta por que estara tan
agitado; triste Cayo; dice que rehuso las _viandas ricas de opulenta
mesa_, para irse a vagar silencioso y abstraido por la margen que bana
_del lento Tiber la corriente undosa_. Pero pronto viene a sacarla de
dudas el mismo Cayo en persona, que, alarmado por unas palabras que le
dijo el _tribuno tercero_ alla entre bastidores, viene a dar con su
madre y le manda que escuche y tiemble, con cuyo mandato Cornelia se
hace toda oidos y se pone a temblar como un azogado. Cayo le dice que los
dioses le ayudaran en su empresa, con lo cual la otra se tranquiliza y
se le quita el tembloreo. Tambien dice que antes de faltar a su
proposito se tragara el Averno a la tierra; bebera el ciervo _(de
capital ramaje)_ la mar salobre, y se criara la carpa en las crestas
del mas alto cerro de Trinacria. Despues de estos desahogos, cae el
telon, y cada uno se va por donde ha venido.

Pero ya cuando Cayo hacia estos juramentos, cerro los ojos el Doctrino,
poco preocupado de que el Averno se tragara a Italia, y comenzo a roncar
suavemente como un dios holgazan. El poeta no noto este incidente, y
entro en el acto segundo; pero al llegar al delicado punto en que
Cornelia le refiere a su confidente el sueno que ha tenido, empezo
Javier a hacer lo mismo, y se durmio tambien. Y alla, cuando el poeta se
internaba en los laberintos del acto tercero; cuando el senador Rufo
Pompilio se le sube a las barbas al senador Sexto Lucio Flaco (el cual,
sea dicho de paso, no miraba con malos ojos a la matrona Cornelia,
aunque era duena un poco madura); cuando todo esto pasaba, Lazaro, que
habia resistido por cortesia, no pudo mas, y acomodandose en la silla y
en el borde de la cama, dio algunas cabezadas, y se durmio tambien
olimpicamente, comenzando a sonar dormido, que era cuando menos sonaba.

El poeta concluyo el tercer acto, en que habia un motin; y antes de
empezar la lectura del cuarto, miro en torno suyo y vio aquella escena
de desolacion. "Dormidos. Oh dioses!" exclamo, penetrado aun del
espiritu clasico.

Pero era natural. ?Quien soporta una tragedia con plaza publica,
verdadero almacen de endecasilabos? ?Quien soporta una tan grande racion
de clasicismo a aquellas horas, despues de oir veinte discursos, despues
de haber cenado?

Aun faltaba algo. El candilejo, que sin duda era tambien poco amante de
lo clasico y estaba empalagado de tanto endecasilabo, no quiso alumbrar
mas tiempo la plaza publica, y se apago. Ramon cerro a obscuras su
manuscrito; comprendio que lo mejor que podia hacer era imitar a sus
amigos; bajo de la mesa, tomo la capa, se envolvio en ella, y tendiose
de largo sobre el bendito suelo. Poco despues estaba tan profundamente
dormido como los demas. Asi termino la tragedia de los Gracos. Nos ha
sido imposible averiguar si al fin el senador Bufo Pompilio dio al
senador Sexto Lucio Flaco el bofeton que deseaba.





CAPITULO XII



#La batalla de Platerias#.


El sol y dona Leoncia aparecieron con igual esplendor y hermosura en las
primeras horas del siguiente dia. La patrona, dejando las ociosas lanas,
dio principio a su tocado, que era algo complicado, porque consistia en
una restauracion concienzuda de todos los deterioros que en su persona
hacian lentamente los anos.

Despues de dar al viento la poca abundante cabellera, comenzaba a tejer
un mono, que, a no recibir el refuerzo de unos hinchados cojinillos, no
seria mas grande que un huevo. Pasaba inmediatamente a adobarse el
rostro, operacion verificada tan habil y discretamente, que no conociera
la _verdad de su mentira_ ni el mismo don Gil, que era la persona que
mas se acercaba a ella durante el dia. A veces solia usar cierto
pincelito; pero esto no era mas que en los dias clasicos, y no hacemos
alto en ello por ahora. En estas ocupaciones estaba, mal cenidas las
faldas, sin corse y descubiertas con negligente desnudez las dos
terceras partes de su voluminoso seno, cuando una persona entro en la
casa, y acercandose al cuarto de la diosa, dio un par de golpecitos en
la puerta.

--?Quien?--dijo alarmada la vizcaina.

--Yo.

--Por Dios, Carrascosa, no entre usted, que estoy....

Pero Carrascosa empujo la puerta, y la hubiera abierto a no impedirselo
por dentro la asustadiza y honesta dama, que dejo el afeite y se cino el
vestido rapidamente para acudir a defender la plaza.

--Leoncia, Leoncia, mira que soy yo, tu Gil.

--Don Gil, don Gil, no sea usted pesado. Siempre viene usted cuando
esta una arreglandose. Espere usted. Pase a la cocina, que tengo
que hablarle.

--Yo tambien tengo que hablarte,--dijo Carrascosa, aplicando el ojo a la
cerradura por probar si veia algo.

Dona Leoncia no tardo en arreglarse: se cino el corse, se puso las
ultimas horquillas, se aplico dos o tres alfileres al pecho, se echo un
manton sobre los hombros, y paso a la cocina.

--Sabes que vengo muy incomodado--le dijo don Gil, mientras la dama, que
se habia acercado al hornillo, se esforzaba en encender con pajuela unos
carbones;--sabes que estoy muy incomodado, Leoncia, con lo que dice la
gente, y vengo a que me saques de dudas; porque, en fin, tengo esto
atravesado en el gaznate y no lo puedo pasar.

--?Que? ?a ver? ... ?a ver que majaderias traes hoy?--Nada, sino que la
gente da en decir que tu ...--Aqui el ex-covachuelista se detuvo, como
si efectivamente se le atragantara una cosa en las fauces.--?Que yo? ...
?a ver? ?que?--dijo la patrona, soplando los carbones.

--Que tu ... quiero decir ... que ese jovencito que hace versos y vive
en ese gabinete, esta muy fino contigo, y te esta cortejando ... Me dijo
la frutera que ayer te vio salir con el de paseo, y....

--No me vengas aca con majaderias--dijo dona Leoncia, alzando en su
derecha mano una badila de cobre que en aquellos momentos le servia: lo
que hay es que como una es mujer de opinion, ha de estar todo el mundo
ocupandose de una para decir lo que se le antoja. iVaya, don Gil! ?Y
usted se anda en chismes con la frutera? iBuena esta ella! No me vuelva
usted aca con enredos. Lo que hay es que no puede una mover un pie sin
que venga toda la vecindad a decir por que si y por que no.

--Cepos quedos--dijo Carrascosa,--que yo no dudo de que seas una mujer
muy principal; pero debe evitarse que la gente ande diciendo cosas ...
porque....

--No me hables de eso, Gil: Gil, no me hables de eso dijo fingiendose
incomodada dona Leoncia;--que todos los hombres son unos enganosos, y
esta una muy escarmentada ... no ... digo ... muy.... Le han dicho a una
lo que son los hombres ... Y si no, miren al prestamista de abajo que
todos los dias desayuna a su mujer con cincuenta palos.

--iOh, Leoncia de mis pecados! Y piensas que yo no te he de tratar como
una docil ovejuela que eres ... Mira, no seas tonta: puesto que nos
hemos de arreglar y es preciso mantener la opinion, bueno seria que
echaras de tu casa a ese mozalbete, y que se fuera con sus versos a
otra parte.

--Pues digo que no. Si hablan, que hablen; si _injurian_, que
_enjurien_. Yo soy mujer de opinion.

--Jesus, Leoncia: ?y no me haces ese gusto?

Dona Leoncia empezo a reir con mucha gana; y el buen Carrascosa, que no
estaba dispuesto aquel dia a ponerse serio, se sereno y concluyo por
reirse tambien.

--Mira que esta tarde voy con dona Patronila y la Juliana a merendar a
Chamartin. Dona Ramona vendra tambien, y si tu vienes, cantaras aquellas
seguidillas que sabes.

--Yo no estoy para seguidillas. Lo que me carga es que vaya ese don
Ramoncito, que me tiene ya hasta aqui. Mira, mira, Leoncia: si lo echas,
estare cantando seguidillas cuatro dias seguidos. iAh! No me acordaba:
?sabes que estamos arreglando una procesion en las Maravillas? Ya te
proporcionare un balcon para que la veas. Va a estar muy lucida, y salen
mas de veinticinco santos y todas las cofradias de Madrid.

--Mira, Gil, no te andes con procesiones, que es cosa que no me gusta.
?Con que vienes a Chamartin?

--Si: bueno es que nos vayamos alla, porque hoy hay jarana en Madrid, y
se me antoja que habra tiros por esas calles.

--iJesus; y Santa Librada! iOtra jarana!--dijo la vizcaina con el rostro
descompuesto y mudado de color.--Pero ?que hay?

--Ahi es nada. Que esos locos de la _Fontana_ van a pasear el retrato de
Riego con musica y todo. La autoridad ha prohibido esa procesion, y
ellos dicen que la habra. Veremos quien gana. Ya anda la gente por ahi
alborotada y pronto hemos de ver el tumulto.

En efecto, el ruido no se hizo esperar: un gentio inmenso ocupaba la
vecina plazuela de Santa Ana, y hasta la tranquila mansion de dona
Leoncia llego el rumor de las voces. La criada, que venia de comprar,
entro dando gritos de terror y diciendo que habia sentido unos
grandes canonazos. A los gritos de la gallega despertaron los tres
amigos y Lazaro.

--?Que hay?--dijo Javier.--?Que algazara es esa?

--?Que ha de ser sino la procesion?--dijo el Doctrino.

Lazaro se levanto dolorido, porque con la molesta posicion que en el
sueno tomo, parecia que se le habia roto el espinazo. Abrieron el balcon
y miraron. Dona Leoncia entro en el cuarto del poeta dando alaridos y
manoteando.

--iJesus!, iJesus! iNo abran ustedes el balcon, que se nos va a meter
aqui alguna bomba! ?No oyen ustedes los canonazos? iJesus, que disparos
tan fuertes!

--Senora, usted esta sonando con los canonazos.

--No te alarmes, Artemisa, Electra....

--iCierren ese balcon!

Los cuatro jovenes eran muy curiosos para contentarse con mirar desde
el balcon. Bajaron a la calle con mucha prisa para unirse al gentio,
aunque Lazaro pensaba dejar aquello y marcharse inmediatamente a casa
de su tio, recogiendo de antemano su mezquino equipaje en el parador
del Agujero.

--?Quien es ese joven?--dijo don Gil a la patrona luego que los cuatro
habian bajado.

--No se quien es: le trajeron anoche.

Carrascosa creyo reconocer en aquel joven al sobrino de su amigo, a
quien habia tratado en Ateca; y queriendo cerciorarse, porque sin duda
le interesaba, bajo tras ellos. Los cuatro jovenes se mezclaron al
gentio: no se podia dar un paso. La procesion estaba organizada, y
pronto iba a emprender la marcha para salir a la calle de Atocha. Gran
confusion reinaba en la multitud, y eran vanos los esfuerzos de dos o
tres personas para poner en filas ordenadas al pueblo y dirigirle.

Lazaro trato de marchar a donde debia; pero tuvo una tentacion, que le
hizo detener meditabundo y preocupado. Al ver aquella multitud, su
imaginacion, abatida y exanime desde la singular escena del cafe, volvio
a remontarse tomando su acostumbrado vuelo. Alli estaba reunido un
pueblo, dispuesto a una gran manifestacion. Confuso y como asustado de
su empresa, la muchedumbre vacilaba, no tenia fijeza ni determinacion:
sin duda alli faltaba algo. Lazaro quiso dominarse rechazando la
tentacion. Se alejo del pueblo y volvio a acercarse a el.
"Si--pensaba,--aqui falta algo: falta una voz."

Habia llegado aquel momento supremo de las agitaciones populares en que
las turbas se paran silenciosas, alterados los miles de corazones por un
solo y profundo temor, trastornadas las mil cabezas con una sola duda.
Falta que una voz sola diga lo que todos sienten. En estos momentos
solemnes es cuando vemos un cuerpo elevarse sobre miles de cuerpos y una
mano temblorosa extenderse sobre tantas cabezas. Una voz expresa lo que
en tantos cerebros pugna para adquirir formas orales; esa voz dice lo
que una multitud no puede decir; porque la multitud que obra como un
solo cuerpo con decision y seguridad, no tiene otra voz que el rumor
salvaje compuesto de infinitos y desiguales sonidos.

Cuando aquel hombre ha hablado, la multitud ha dicho lo que tenia que
decir; la multitud se conoce, ha podido recoger y unificar sus fuerzas,
ha adquirido lo que no tenia: conciencia y unidad. Ya no es un conjunto
inorganico de fuerzas ciegas: es un cuerpo inteligente cuya actividad
tiende a un objeto fijo, bueno o malo, pero al cual se encamina con
decision y conocimiento.

Esto pensaba Lazaro. ?Podria el ser ese medio de expresion? ?Seria el
Verbo revelador de aquel cuerpo ciego e inconsciente? ?Hablaria o no
hablaria? La masa en tanto se arremolinaba y se extendia por la plazuela
del Angel. Lazaro la siguio como fascinado; despues se aparto con miedo
de ella y de si mismo. Pero no podia resolverse a retirarse. ?Hablaria o
no? Le oirian de seguro. ?Como no, si habia de decir cosas tan bellas?
El estaba seguro de que las diria. Las palabras que habia de decir
estaban escritas con letras de fuego en el espacio.

Ya el retrato avanzaba llevado por cuatro socios de la _Fontana_. Sonaba
la musica, el gentio rodeaba el lienzo, y todos se movian sin adelantar,
oscilaban sin extenderse, se revolvian confundiendose. Sin duda faltaba
algo. Lazaro se mezclo en el torbellino. Sus ojos brillaban con
extraordinario resplandor; su inquietud era una convulsion, su agitacion
una fiebre, su mirada un rayo. Cruzabanle por la mente extranas y
sublimes formas de elocuencia; latiale el corazon con rapidez
desenfrenada; las sienes le quemaban, y sentia en su garganta una
vibracion sonora, que no necesitaba mas que un poco de aire para ser voz
elocuente y robusta.

Vio que alzaban el retrato, que la turba se arremolinaba en circuitos
sin fin, y vio agitarse en el aire multitud de panuelos blancos que
salian de aquel torbellino como una espuma.

La comitiva desordenada siguio por la calle de Atocha y penetro en la
Plaza Mayor. Alli se difundio un poco. Pero despues trato de atravesar
el arco de la calle de la Amargura para entrar en Platerias. El gran
monstruo midio de una mirada el volumen de sus miembros multiplicados y
la anchura del arco por donde habia de pasar. El camello iba a pasar por
el ojo de la aguja. Hubo un movimiento convulsivo de codos, y los
abdomenes se deprimieron, giraban los cuerpos, y algunos sombreros
saltaron a impulsos de las repercusiones y choques de tantas cabezas.
Algunas voces trataron de pronunciar una orden para vencer aquella
dificultad, problema de obstetricia sin duda.

--Delante el retrato. Dejen pasar el retrato--decian. Era imposible; la
gente se agolpaba de tal modo, que el retrato no podia pasar. Al fin,
tras largos esfuerzos, el retrato paso por el arco. Detras seguia con
la mayor confusion la gran masa de gente. La multitud que llenaba la
plaza se habia parado y esperaba. El retrato y sus corifeos
desembocaron en la calle Mayor; pero al llegar alli, una sorpresa sin
igual detuvo la procesion. Dos filas de soldados formaban en las
Platerias, llegando mas alla de la plazuela de la Villa. Las picas de
un escuadron de lanceros brillaban a lo lejos, y delante de esta tropa
estaba, el Capitan General de Madrid, a caballo, esperando con grande
aplomo y entereza. Este hombre avanzo seguido de dos o tres, y
senalando con el sable, intimo la orden de retirada a los del retrato.
Hubo una rapida consulta de miradas entre estos. Una autoridad civil se
acerco tambien, y con los mejores ademanes dijo que se fuera cada cual
a su casa y renunciaran a aquella manifestacion, porque el Gobierno
estaba resuelto a que no dieran un paso mas. El aspecto de la tropa
impresiono vivamente a los del retrato; ademas, estos contaban con la
ayuda del regimiento de Sagunto, y el regimiento de Sagunto estaba
encerrado y perfectamente custodiado en su cuartel.

Trataron, sin embargo, de pasar adelante, y dijeron que aquella
manifestacion era puramente moral; que no trataban de producir ningun
trastorno, ni era agresiva su actitud, ni tenian mas objeto que
tributar un homenaje de admiracion al heroe que habia dado la libertad
a su patria.

"iCada uno a su casa! Atras el retrato", dijo resueltamente Morillo.

La defensa era imposible. La procesion no tenia armas.

La supuesta debilidad del Gobierno se habia trocado en inquebrantable
firmeza. Algunos empezaron a desertar, desfilando por la calle de
Milaneses y la plazuela de San Miguel. El retrato descansaba en tierra y
se movia adelante y atras, poco seguro en manos de sus portadores. Estos
hablaron: pero todo fue inutil: la gente empezo a retroceder, algunos a
gritar, y hubo tambien quien quiso oponer resistencia a la tropa.

Entre tanto el gentio que ocupaba la plaza permanecia inmovil. ?Quien
era aquel que entre tanta gente se elevaba, y agitando las manos,
proferia voces que la muchedumbre aplaudia? El orador hablaba bien, sin
duda: grandes aclamaciones acogian sus palabras; pero los continuos
empellones, los gritos de los pisoteados y estrujados no permitian a
aquel expresarse con desahogo.

Algunos pedian silencio; pero el silencio en toda la plaza era
imposible. A lo mejor, los que en el arco discutian con la autoridad,
retrocedieron al ver que la tropa resistia. La confusion entonces llego
a su termino. El orador continuo su filipica; pero la continuo excitando
al pueblo a que no cediera en su empeno de verificar la manifestacion.
Estaba livido, anhelante, y cada palabra suya era como un latigazo que
estimulaba a la muchedumbre a seguir adelante.

En tanto las tropas avanzaban despejando la plaza, y algunos eran tan
osados, que delante de los caballos oponian resistencia y vociferaban
apostrofando a Morillo y a su gente.

--iA esos que gritan!--dijo el que mandaba el piquete. Arremolinose el
gentio. Muchos corrieron a escape. Otros dieron vueltas, arrastrados
por la oleada, o permanecieron turbados sin saber que partido tomar.
Lazaro callo.

--?Quien gritaba?--dijo el capitan,--A los que gritan. Prender a los
que gritan.

Lazaro quiso huir; pero el brazo vigoroso de un soldado le detuvo
fuertemente.

--Prender a los que gritan. Este es el predicador. iA ese!

Lazaro paso de una mano fuerte a otra fortisima. Apenas se daba cuenta
de que le habian prendido. Creyo que le soltarian en seguida, e intento
desasirse, aunque inutilmente.

-iAtras, atras! iFuera de la plaza!--continuaba el capitan.

Y era bien obedecido, porque el gentio se desbandaba a toda prisa. La
procesion fracaso. El retrato quedo hecho trizas en medio de la plaza;
la tropa tomo todas las entradas.

?Que fue de Lazaro? Un cuarto de hora despues entraba, honrosamente
custodiado, por las puertas de la carcel de Villa, y era introducido
tambien honrosamente en un tristisimo, obscuro y sucio calabozo.





CAPITULO XIII



#No llega el esperado.--Llegada de un importuno.#


De todos los procedimientos que el espiritu emplea para atormentarse a
si mismo, el mas terrible es esperar. Contra esto no hay remedio.
Parece que ha de ser facil resolverse a no esperar, apartar la
imaginacion de la cosa esperada, y vivir solo en un punto de la vida, en
un momento del tiempo, sin esa dolorosa aspiracion a lo venidero que
desquicia el ser, sacandole de su centro.

Cuando se espera lo que ha de llegar las horas son siglos; cuando se
espera lo que debio llegar, las horas vuelan como segundos. Clara estaba
a la hora de las diez con el alma suspensa, tremula y atenta, llena de
inquietud y zozobra. Pasa de las diez, y el viajero no viene; el reloj
vuela de las once a las doce, y de las doce a la una. Pascuala tenia
mucho miedo, porque el ruido de gentes que en la calle se sentia
aumentaba a cada hora. Las dos estaban sentadas en el cuarto interior, y
no decian cosa ninguna, ni la criada contaba aquellos cuentos de las
ninfas y el dragoncillo, que habia aprendido en su pueblo, ni la
huerfana se reia con la franca expansion y natural sencillez de su
caracter. Ambas estaban muy silenciosas: se miraban con ansiedad cuando
algun ruido se sentia en la escalera; y al cerciorarse de que no era lo
que aguardaban, caian la una en su abatimiento indiferente, la otra en
su calmosa, melancolica y disimulada agitacion.

Clara, a la madrugada, entro en el periodo de las conjeturas; forma con
que el espiritu se da todos los tormentos imaginables. ?Que le habia
pasado? ?Volcaria el coche? ?le habrian salido ladrones con aquellos
tremendos trabucos que pintan en las estampas? ?Habria desistido del
viaje? ?Tendria tal vez amores con alguna muchacha del pueblo? ?Le
detendria alguna partida de realistas? Todo le ocurria menos lo cierto.
En estos momentos facil es tranquilizarse teniendo un poco de serenidad;
pero nadie la tiene, y una ceguera profunda sustituye a la normal
lucidez del entendimiento. Basta razonar en calma y decir: "?No ha
venido? Se habra detenido casualmente. Manana vendra." Pero en vez de
hacer este logico razonamiento, lo que generalmente se piensa es esto:
"?No ha venido? Pues se ha muerto: le mataron."

Luego la noche contribuye a este tormento; la noche, que a todo da
formas horribles, lo mismo a las cosas materiales que a las visiones
internas. Clara, que no habia podido ni podia dormir, no cesaba de
percibir informes, bultos, sangre, obscuridad, repentinamente opuesta a
una gran luz que alumbra horrores. Da calentura esa situacion.
Impaciencia febril se apodera de la sangre que se agita y circula, como
si la rapidez de su marcha acelerase la llegada de lo que se espera.
Esta contrariedad de nuestro deseo es mas terrible, porque es lenta, sin
limites. Delante no se ve sino la eternidad. No vienen a la mente las
modificaciones que puede traer el proximo dia. Aquella noche y aquella
soledad parece que no han de tener fin.

Las primeras luces del dia no hicieron, sin embargo, otra cosa que
aumentar su tristeza. iAyer! iDesde ayer le habia estado esperando!
Deseaba salir fuera y correr, preguntando a todos por el desventurado
joven. Abrio el balcon, miro a la calle, creyendo que iba a verle pasar,
y examino a todos los transeuntes. Entonces le llamo la atencion una
persona que, fija en la esquina, la miraba con tenacidad. Segura de que
no era el volvio la cara, y no se cuido mas de aquella persona.

Cerro el balcon, porque sentia fatiga y mucha necesidad irresistible de
dormir. Fue a su cuarto, y sentada en una silla, recosto la cabeza sobre
la cama. Pero en vez de dormir empezo a cavilar con tanto desvario y
agitacion como durante la noche. Elias tampoco habia vuelto. ?Que seria
de el? iOh, que luz! Tal vez le habia encontrado y estarian juntos en
alguna parte.

En esto entro Pascuala que venia de la calle. La alcarrena se acerco a
Clara, adornando la redonda y vasta fachada de su cara con
impertinente sonrisa.

--?Sabe usted lo que ha _pasao_?

--?Que? ?que hay?--dijo Clara con interes.

--Que aquel caballerito del otro dia ... pues ... el senor militar ...
me paro en la esquina.

--?Y a mi que me importa eso?

--Que dice que viene aca.

--iJesus, aca! ?Y a que viene aca? Estamos solas.

--Pues es un caballero muy cumplido.

--?Si? Pues no me he fijado.

--?No le vio usted el otro dia aqui ... cuando el senor vino malo?

--Si: parecia una buena persona. ?Pero a que quiere volver aqui?

--Usted bien se lo malicia. iAh, que picarona es usted! En aquel momento
sonaron en el bolsillo de Pascuala las pesetas que el militar le habia
dado. Despues se sintieron pasos en la escalera y sono muy debilmente la
campanilla.

--Es el--dijo la alcarrena.

Y antes que Clara pudiera impedirselo, la moza corrio, abrio la puerta,
y el militar, que ya conocemos, entro en el pasillo, se descubrio con
respeto y se acerco a Clara.

--?A quien buscaba usted?--dijo Clara.--No esta: ha salido.

--Si esta, no ha salido,--contesto el militar con aplomo.

--?Quien? ?Pero a quien buscaba usted?

--Facil es comprender que no busco a ese viejo, cuyo trato aleja en vez
de atraer a las personas.

--?Pero que quiere decir? ?a que viene usted?--le pregunto Clara con
ligera expresion de alarma.--Estoy sola, vayase usted.

--Por lo mismo no me voy.

--Si usted no se va, llamare, gritare,--dijo Clara, resuelta sin duda a
hacer lo que decia.

--Entonces reniremos,--afirmo el militar con sonrisa de amistosa
franqueza, que desarmo en parte el enojo de Clara.

--iPor Dios, que va a llegar! ?Pero quien es usted? ?A que viene usted
aqui? ?Quien le ha dado licencia para entrar? Usted es el que vino el
otro dia con el. Ya le reconozco; pero no entiendo a que viene hoy.
iPascuala, Pascuala!

--No me mire usted como enemigo. Mi entrada ha sido singular; pero no
soy un ladron ni un asesino. Vengo como amigo: traigo paz y amistad. No
tenga usted miedo, Clara. Vengo como amigo. Ya nos conocemos de un solo
dia, cuando vine aqui sosteniendo a ese pobre senor.

--iOh! y ahora puede venir--dijo Clara alarmada. Marchese usted, por
Dios. Yo no le conozco, ni me importa todo eso que me ha dicho. Si
el llega....

--Lo que menos me importa es ese viejo--contesto el militar.--Antes me
interesaba un poco. Crei que era de usted pariente, su esposo tal vez.
Pero despues he sabido que es un tiranuelo que vive para martiriza a una
pobre huerfana, que se muere da melancolia encerrada aqui. No puedo
ver con indiferencia que una persona tan guapa, tan amable, tan digna de
ser feliz, pase la vida en poder de esa fiera.

--iOh! Pues yo estoy bien asi. Le agradezco a usted su bondad--contesto
Clara;--pero no es necesaria. Vayase usted, por Dios.

--No me ire, no--dijo el militar, exaltandose un poco. Hace algunos dias
que me preocupa la idea de los martirios que usted debe sufrir. Siento
un deseo muy grande de libertarla a usted de ese maniatico, y creo que
realizare este proposito. He pasado por ahi cien veces al dia y me ha
dado horror el aspecto sombrio de esta casa, sepulcro en vida de tan
bella criatura. Usted se reira de mi, lo comprendo. Le parecera extrano
este interes que tomo por una persona a quien solo he visto una vez;
pero de este misterio no hay que hablar ahora. Lo que importa es que
usted se decida a hacer lo que yo le aconseje. Sepa usted que he jurado
no permitir que muera aqui de hastio y soledad. Estoy seguro de que
usted, que con tanta sencillez me comunico la unica vez que nos vimos
parte de sus desventuras, tendra hoy la confianza que necesito, sabra
apreciar la nobleza de mis propositos y no se opondra a que se realicen.

Clara no sabia que contestar. Estaba confundida al ver el generoso y
fraternal interes que tenia por ella una persona a quien habia visto tan
poco. Esto hubiera llenado de orgullo a otra mujer; pero Clara era muy
modesta, y ante aquella manifestacion afectuosa no tuvo mas que gratitud
y vergueenza. Nunca creyo merecer aquello.

--Yo lo agradezco mucho, senor--dijo;--pero....

La verdad es que no podia decirle que era feliz y que deseaba continuar
aquel genero de vida. Era cierto lo que el militar decia. Era imposible
vivir en compania de aquella fiera. ?Pero acaso no esperaba su salvacion
de otra persona? Esta idea la indujo a rechazar con mas energia las
ofertas que aquel le hacia.

--Usted no conoce a la persona con quien vive--continuo el
militar.--Usted no le conoce, yo si: ya me he informado de su caracter y
de sus ideas. No solo es un hombre extravagante e intratable, sino un
fanatico sin corazon, un hombre feroz, de perversos instintos y calculos
terribles. No: usted no puede seguir mas tiempo en manos de ese hombre,
que no es su pariente, ni su amigo: que se llama su protector, para
hacer de usted una victima de su orgullo brutal.

Clara comprendio, por la vehemencia con que el joven hablaba, que era
cierto su interes, y conocio tambien que la pintura que del viejo hacia
no era exagerada. El desconocido obraba con la mayor nobleza, sinceridad
y buena fe. Era uno de esos caracteres inclinados a las aventuras
dificiles y que implicaban la salvacion peligrosa de los que sufrian. Su
espiritu caballeresco, su corazon inclinado al bien, hallaron en aquel
suceso un motivo de ocupacion, y dedico toda su actividad a la
realizacion del mas generoso proposito. Ademas, un sentimiento bastante
energico de simpatia hacia aquella pobre huerfana, le impulsaba a
proceder con tanta diligencia. Mas adelante conoceremos el nombre y los
hechos de este noble, caballero.

--Pero no este usted mas tiempo aqui--dijo Clara.--?Como quiere usted
convencerme de que se interesa por mi, si precisamente estando aqui me
prueba lo contrario? Si el viene y le encuentra en la casa....

--No dira nada. Ese hombre es tan miserable, que no le importa ni la
felicidad ni el honor de usted: todo lo mirara con indiferencia. A usted
no le queda mas amparo que yo.

La huerfana, al oir estas palabras sintio un frio en el alma. El momento
en que eran dichas hacia que parecieran una gran verdad. Su unico,
legitimo y verdadero amigo no vendria. Ya no le quedaba mas amparo que
el de un advenedizo.

--Nada mas que yo; pero es bastante--continuo el joven con afectada
voz.--Siga usted el plan que yo le marque: no haga usted caso de ese
viejo. Yo sere para usted todo lo que puede ser un hombre de corazon y
honradez. Tenga usted en mi la confianza que se tiene en lo que nos ha
de salvar.... Y ahora, Clara, me voy. Pero no tardare en volver a dar
mis ordenes a la pobre prisionera, cuya felicidad pende de mi. iQue
orgullo siento en esto! Yo estare siempre alerta. Si le ocurre a usted
una nueva desventura, no necesita avisarme. Yo me hallare aqui para
socorrerla y animarla. No le queda a usted mas amparo que yo. Pienselo
usted bien. Adios.

La decision de aquel hombre desconocido, insinuado tan novelescamente en
los secretos de la casa, era muy firme. Se habia propuesto emprender una
aventura generosa, a que le inclinaban al mismo tiempo un sentimiento de
simpatia, y el deseo inveterado en el, de hacer bien.

Si habia un poco de egoismo en el, despues lo veremos. Ya se marchaba,
cuando Pascuala salio de la cocina asustada, y dijo:

--iEl amo!

--No abras--dijo Clara temerosa.--Espera: escondase usted.

Pero Elias, que tenia llave, no necesitaba que le abrieran para entrar.

--No importa--dijo el militar, que trataba de serenar a Clara.

Coletilla abrio y entro. Venia cabizbajo y abstraido. Dio algunos pasos
por el corredor sin ver al intruso; mas al llegar al extremo, noto aquel
bulto, alzo la cabeza, y vio al joven, que se inclinaba ante el con
mucho respeto.





CAPITULO XIV



#La determinacion.#


--?Que busca usted? ?quien es usted? ?que hace usted aqui?

--?No me conoce usted? Soy el que hace unos dias le trajo a usted muy
mal parado a su casa, y venia a ver si estaba usted ya completamente
restablecido.

--Si, senor; estoy bueno--contesto bruscamente, y entrando en la sala, a
donde le siguio el joven:--?no se ofrece nada mas?

--Nada mas, y me retiro: acabo de llegar--dijo con afectada naturalidad
el militar.--Me retiro repitiendole que me intereso mucho por su salud.

--Bien: ya me lo dijo usted el otro dia,--respondio Coletilla dirigiendo
miradas recelosas a Clara y a Pascuala.

--?Y no me manda usted nada?

--Nada mas sino que me deje usted en paz. ?No va usted a la procesion?
Esta muy lucida.

--No estoy para procesiones.

--?Le gusta a usted saber lo que pasa en las casas de los
realistas?--anadio el anciano con el acento amargo y receloso propio de
su caracter.--Aqui no se conspira. Y si yo conspirara, lo haria de modo
que no vinieran a sorprenderme los lechuguinos de la Milicia Nacional.

Clara estaba temblando. La parecia que el militar, ofendido por aquel
insulto, iba a desenvainar el tremendo sable que llevaba en la cintura y
a descargarlo sobre la cabeza del realista. Pero aquel sonrio
desdenosamente y dijo:

--Amigo, veo que me juzga usted mal. Puede estar seguro de que no me
ocupare en delatarle. ?Que dano puede hacer usted?

--?Yo?... Dano....--respondio el fanatico con una mueca feroz, que en el
equivalia a la sonrisa.

--Poco sera el que usted haga y por poco tiempo. Eso se lo juro a usted.
Con que voy a hacerle el favor de marcharme. Adios.

Dirigiose a la salida, no sin tratar de expresar a Clara con una mirada
lo que antes le habia dicho con muchas palabras, es decir, que confiara
en el y esperara. Hubiera querido verse acompanado de la joven hasta la
puerta; pero la infeliz no se atrevio. Cuando el militar estuvo fuera,
Coletilla se volvio a Clara, y con irritados ademanes, le dijo:

--?Hace mucho que entro aqui ese hombre?

--No, senor: un momento antes de usted llegar--respondio
temblando Clara.

--?Y por que le habeis abierto? ?No dije que no abrierais a nadie?

--Venia a preguntar por usted.

--?Por mi? Ya...--contesto Elias con furia.--Algun espia del
Gobierno. Pero ya me figuro la verdad. Este es algun mozalbete que te
hace la corte.

--?A mi? No, senor. Si no le conozco, no le he visto nunca, dijo Clara
temblando.

--Pues yo le he visto rondando esta calle. Si, senora, le he visto. No
me lo niegues. iTu tienes tratos con el, tu le has hablado, tu le has
dado cita aqui!...

Clara no habia visto nunca a Elias tan encolerizado contra ella. Las
inculpaciones que le hacia ofendieron tanto su inocencia, que en aquel
momento sintio lo que nunca habia sentido: una secreta aversion hacia
aquel hombre.

--Yo he sido un padre para ti, Clara; pero tu no has sabido apreciar
mi proteccion--continuo Coletilla con encono.--Tu eres una ingrata,
una mujer sin juicio; abusas de la libertad que te doy, abusas de mi
alejamiento de la casa. Pero yo juro que te enmendaras. Es preciso que
hoy mismo tome la determinacion que habia pensado. Si, hoy mismo.
Ahora mismo.

--Le digo a usted que no se quien es ese hombre; que hoy ha entrado
aqui a preguntar por usted. Yo no se quien es ni me he ocupado nunca de
semejante persona.

--Hipocrita, ?piensas que creo en tu aire de mosquita muerta? Fiese
usted de las ninas apocaditas. Pero tus travesuras se concluiran,
Clara. Ya no comprometeras otra vez mi reposo como hoy. Yo estoy
siempre fuera, y no quiero que durante mi ausencia se convierta esta
casa en un infame garito.

Clara no podia creer aquellas palabras. Ya sabemos que era poco ducha en
contestar cuando el terrible anciano la reprendia. Y esta vez su honor
ofendido no encontro tampoco las palabras que en aquella situacion
convenian. Nego y lloro tan solo, argumento que el realista tomo como la
ultima expresion de la hipocresia y el engano.

--Preparate, Clara, a salir de aqui. No mereces los sacrificios que he
hecho por ti. A ver si ahora compras florecitas y arreglas cintajos para
coquetear en la ventana. Vas a vivir de aqui en adelante en compania de
unas personas cuya proteccion no mereces tampoco. Pero estas son tan
caritativas, que te admitiran por consideraciones a mi. Preparate. Esta
tarde mismo voy a llevarte a casa de esas senoras, y alli viviras. Ellas
te ensenaran a ser mujer de bien, y alli veremos si vuelves a tus
locuras, veremos si te apartas del buen camino. Viviras con ellas; las
ayudaras y serviras en sus labores, y te ensenaran lo que no puedes
aprender en mi casa, sola y sin guia.

--iLas senoras de Porreno!--penso Clara con horror, aquellas tan erguidas
y finchadas, que le daban miedo siempre que le hablaban, dejandole una
impresion de tristeza que no podia borrar en muchos dias.

--Estas ideas del dia--continuo Elias como hablando solo,--pervierten
hasta a las muchachas mas recatadas. iEstas ideas del dia, esta lepra
social!... ise difunde sin saber como!... ipenetra en todas partes!
iQuien lo habia de decir!... Ya se ve... sola en esta casa... Iras,
Clara, en casa de esas senoras. Ten presente que no lo mereces, porque
ellas son personas muy principales y virtuosas, libres del contagio del
dia. Haz cuenta que entras en un santuario.

No habia remedio. La fatal determinacion, que, sin conocerla, habia
asustado tanto a la huerfana, estaba irremisiblemente tomada. Clara se
iba a vivir con aquellas misteriosas senoras, en cuya casa, segun
Coletilla decia, no habian penetrado las ideas del dia. Hacia tiempo que
el tenia este deseo para vivir mas a sus anchas; pero nunca se hubiera
atrevido a proponerlo a las tres venerables matronas, si estas, con una
generosidad que el no se cansaba de admirar, no se lo hubieran indicado.
Era ya cosa resuelta; asi es que Coletilla, al ocurrir la escena que
hemos referido, no quiso retardar ni un momento la determinacion, y
partio a casa de sus amigas a darles aviso, dejando a Clara entregada al
dolor mas profundo.

Digamos algo de las relaciones que anteriormente habia tenido Elias con
aquellas tres nobilisimas damas.

A fines del siglo era Elias mayordomo mayor de la casa de los Porrenos y
Venegas. La ruina de esta historica casa data de aquella misma epoca.
Don Baltasar Porreno, Marques de Porreno, que habia sido Consejero
intimo de Carlos IV, entablo un pleito con un pariente suyo,
descendiente de los Marqueses de Vedia. Este pleito duro diez anos, y en
el perdio Porreno casi toda su fortuna, contrayendo deudas espantosas.
Despues tuvo la desdicha de sostener a Godoy en la conspiracion de
Aranjuez, y caido Carlos IV, el Principe heredero no perdono medio de
hacerle dano. Su hermano don Carlos Porreno cometio el desproposito de
afrancesarse durante la guerra, y la proteccion de Junot y de Victor no
sirvieron sino para que fuera despues condenado a perpetua proscripcion.

Aquella casa ilustre y poderosa llego al extremo de la ruina con la
muerte del Marques; los acreedores embargaron sin respetar los preclaros
timbres de la familia, y despues de liquidadas las cuentas e
inventariados los bienes muebles e inmuebles, no les quedo a los
herederos sino una miseria. A la vuelta de Francia, Fernando olvido que
el Marques de Porreno habia sido su enemigo en la conspiracion de
Aranjuez, y concedio una pension a su hermana. El hijo varon del Marques
habia muerto en el viaje, navegando hacia America, y de la casa antigua
y poderosa no quedaron mas que tres senoras, a saber: la hermana y la
hija del Marques de Porreno, y la hija de su hermano don Carlos, que
siguio a Napoleon, y murio, segun se decia, en Praga, al volver de la
campana de Rusia.

Despues del triste fin de la casa, Elias siguio fiel a sus antiguos
amos. Al volver de la guerra, se presento a aquellos tres gloriosos
vestigios y les ofrecio de nuevo sus servicios; pero las tres damas no
tenian ya bienes que administrar. De su caudalosa fortuna no les restaba
sino unas tierras de pan llevar en el termino de Colmenarejo, y unos
vinedos de muy poco valor junto a Hiendelaencina. La administracion se
reducia a tomar las cuentas cada trimestre a dos colonos que cultivaban
aquellas heredades. Pero las senoras de Porreno, despues de su
decadencia, miraban a Elias como un buen amigo, le trataban de igual a
igual (ilo que puede la decadencia!), aunque el antiguo mayordomo no
traspasaba nunca, ni en sus conversaciones, el limite respetuoso que
separa a un _hijo de zafios labradores_ (frase suya) de tres damas
pertenecientes a la mas esclarecida nobleza.

Ellas no eran ninas. La hermana del Marques, llamada dona Maria de la
Paz Jesus, pasaba un poquito mas alla de los cincuenta, aunque se
conservaba muy bien. Su sobrina (hija mayor del mismo don Baltasar), que
se llamaba Salome, estaba haciendo constantemente intrincados calculos
para ver de que manera, sumando sus anos, podian resultar cuarenta tan
solo. La tercera, llamada dona Paulita (nunca se pudo quitar este
diminutivo), hija de don Carlos, el afrancesado, tenia treinta y dos,
cumplidos el dia de la Encarnacion. Esta dona Paulita era una santa.

Vivian humildemente, casi pobremente; pero con mucho arreglo. Varias
veces habian propuesto a Elias que se llevase a Clara a vivir con ellas,
por la razon de que sola en su casa, la muchacha se habia de contaminar
necesariamente con las ideas del siglo. Coletilla no accedio al
principio por respeto; pero al fin acogio la idea, y ya hemos visto como
se preparo a realizarla. Ademas, dona Maria de la Paz Jesus, que era
mujer de gran iniciativa, habia concebido el proyecto de un arreglo
domestico muy conveniente para Elias y para ellas. Este proyecto
consistia en que Elias tomara el piso segundo de aquella casa, el cual
ellas tenian como deposito de los muebles de la grandiosa casa antigua,
de que no habian querido desprenderse. El mayordomo aplazo para mas
adelante este arreglo.

--Senoras, al fin traigo esa chica--dijo Coletilla, presentandose a las
de Porreno.

--Bien, amigo--exclamo Salome;--traigala usted en seguida, esta
misma tarde.

--Pero, senoras--continuo,--esa muchacha tiene muy mala cabeza. Es
preciso que ustedes empleen en ella una severidad muy grande. De otro
modo es imposible sacar partido.

--?Pero que ha hecho?--exclamo dona Paulita, la santa.

Elias conto la aparicion del militar en su casa; conto los antecedentes
peligrosos de Clara, su deseo de parecer bien, la compra de las flores,
las composiciones del vestido, y las tres damas comenzaron a hacer
aspavientos. Salome entono un sermon, y dona Paulita se hizo cuatro
cruces desde la frente al estomago y desde un hombro a otro.

--Descuide usted, amigo, que ya la enmendaremos dijo Maria de la
Paz Jesus.

--Bien se comprende esa desenvoltura ... las muchachas del dia--dijo
Salome quitandose los espejuelos,--son todas asi. Y ya ... como esa
Clarita no tiene mala cara ... si ... una carilla asi ... desvergonzada
y graciosilla ... pues ... aquello no es hermosura.

--Pero, don Elias, ?es cierto eso de que ha hablado con
hombres?--exclamo Paz con una solemnidad arquiepiscopal, que era en ella
muy frecuente.--?Pero que basilisco es ese? ... Mas no importa. Ya la
enmendaremos nosotras. Ya la ensenaremos a portarse como una mujer de
bien.... iAy! la honestidad esta por los suelos. iQue siglo!

--iAhi!--exclamo dona Paulita, despues de concluir en voz baja un Padre
nuestro;--estas ideas del dia ... iJesus, que sociedad! Pero todo se
enmienda; y los mas pecadores son los que mas pronto salen de su error.
Traigala usted, don Elias, que yo confio en que esa desdichada entrara
por el buen camino, y sera una santa tal vez. ?No lo fue Maria la
Egipciaca?

Elias manifesto con repetidos movimientos de cabeza que estaba conforme
con estas apreciaciones. Salio de la casa, y una hora despues volvio
acompanado de Clara.

Para hacer comprender lo que Clara encontro de terrible en la
determinacion del realista, conviene describir prolijamente la casa y
sus extraordinarios habitantes.





CAPITULO XV



#Las tres ruinas.#


Las tres senoras de Porreno y Venegas vivian en una humilde casa de la
calle de Belen: esta casa constaba de dos pisos altos, y aunque vieja no
tenia mal aspecto, gracias a una reciente revocacion. No habia en la
puerta escudo alguno, ni empresa heraldica, ni portero con galones en
el zaguan, ni en el patio cuadra de alazanes, ni cochera con carroza
nacarada, ni ostentosa litera. Pero si en el exterior ni en la entrada
no se encontraba cosa alguna que revelase el altisimo origen de sus
habitadores, en el interior, por el contrario, habia mil objetos que
inspiraban a la vez curiosidad y respeto.

Es el caso que en la ruina de la familia, en aquella profana liquidacion
y en aquel bochornoso embargo que sucedio a la muerte del Marques, pudo
salvarse una parte de los muebles de la antigua casa (que estaba en la
calle del Sacramento), y fueron transportados a la nueva y triste
habitacion, acomodandolos alli como mejor fue posible. Estos muebles
ocupaban las dos terceras partes de la casa y casi todo el piso segundo,
que tambien era de ellas. Les fue imposible entregar a la deshonra de
una almoneda aquellos monumentos hereditarios, testigos de tantas
grandezas y desventuras tantas.

En el pasillo o antesala, que era bastante espacioso, habian puesto un
pesado armario de roble ennegrecido, con columnas salomonicas, gruesas
chapas de metal blanco en las cerraduras y bisagras, y en lo alto un
ovalo con el escudo de la casa de Porreno y Venegas, el cual escudo
consistia en seis bandas rojas en la parte superior, y en la inferior
tres veneros relucientes sobre plata y verde, ademas de una cabeza de
sarraceno, circuido todo con una cadena y un lema que decia: _En la
Puente de Lebrija peresci con Lope Diaz._ (No nos detendremos en la
explicacion de este sapientisimo lema, que aludia sin duda a la muerte
del primer Porreno en alguna de las expediciones de Alfonso VIII en
Andalucia.)

Las paredes de la misma antesala estaban todas cubiertas con los
retratos de quince generaciones de Porrenos, que formaban la historica
galeria de familia. Por un lado se veia a un antiguo procer del tiempo
del Rey nuestro senor don Felipe III, con la cara escualida, largo y
atusado bigote, barba puntiaguda, gorguera de tres filas de canjilones,
vestido negro con sendos golpes de pasamaneria, cruz de Calatrava,
espada de rica empunadura, escarcela y cadena de la Orden teutonica; a
su lado una dama de talle estirado y rigido, traje acuchillado; gran
faldellin bordado de plata y oro, y tambien enorme gorguera, cuyos
blancos y simetricos pliegues rodeaban el rostro como una aureola de
encaje. Por otro lado, descollaban las pelucas blancas, las enfocas
bordadas y las camisas de chorrera; alli una dama con un perrito que
enderezaba airosamente el rabo; aculla una vieja con un peinado de dos
o tres pisos, fortaleza de monos, plumas y arracadas; en fin, la galeria
era un museo de trajes y tocados, desde los mas sencillos y airosos
basta los mas complicados y extravagantes.

Algunos de estos venerandos cuadros estaban agujereados en la cara;
otros habian perdido el color, y todos estaban sucios, corroidos y
cubiertos con ese polvo clasico que tanto aman los anticuarios. En las
habitaciones donde dormian, comian y trabajaban las tres damas, apenas
era posible andar a causa de los muebles seculares con que estaban
ocupadas. En la alcoba habia una cama de matrimonio, que no parecia sino
una catedral. Cuatro voluminosas columnas sostenian el techo, del cual
pendian cortinas de damasco, cuyos colores primitivos se habian resuelto
en un gris claro con abundantes rozaduras y algun disimulado y
vergonzante remiendo; en otro cuarto se veian dos papeleras de talla con
innumerables divisiones, adornadas de pequenas figuras decorativas e
incrustaciones de marfil y carey. Sobre una de ellas habia un San
Antonio muy viejo y carcomido, con un vestido flamante y una vara de
flores de reciente hechura. Frente a esto, y en unos que fueron vistosos
marcos de palo-santo, se veian ciertos dibujos chinescos, regalo que
hizo al sexto Porreno (1548) su primo el principe de Antillano, que fue
con los portugueses a la India. Al lado de esto se hallaban unos vasos
mejicanos con estramboticas pinturas y enrevesados signos, que no
parecian sino cosa de herejia. Segun tradicion, conservada en la
familia, estos vasos, traidos del Peru por el septimo Porreno, almirante
y consejero del rey (1603), fueron mirados al principio con gran recelo
por la devota esposa de aquel senor, que creyendo fuesen cosa diabolica
y hecha por las artes del demonio, como indicaban aquellos cabalisticos
y no comprendidos signos, resolvio echarlos al fuego; y si no lo hizo
fue porque se opuso el octavo Porreno (1832), el mismo que fue despues
consejero de Indias y gran sumiller del senor rey don Felipe IV. Junto a
la cama campeaba un sillon de vaqueta chaveteado, testigo mudo del
pasado de tres siglos. Sobre aquel cuero perdurable se habian sentado
los gregueescos acairelados de un gentil hombre de la casa del Emperador;
recibio tal vez las gentiles posaderas de algun padre provincial, amigo
de la casa; quizas sostuvo los flacos muslos de algun familiar del Santo
Oficio en los buenos tiempos de Carlos II, y, por ultimo habia sido
honroso pedestal de aquellas humanidades que llevan un rabo en el
occipucio y aparecian constantemente aforradas en la chupa y ensartadas
en el espadin.

No lejos de este monumento se encontraban dos o tres arcones, de esos
que tienen cerraduras semejantes a las de las puertas de una fortaleza,
y eran verdaderas fortalezas, donde se depositaban los patacones, y
donde se sepultaba la vajilla, la plata de familia, las alhajas y joyas
de gran precio; pero ya no habla, en sus antros ningun tesoro, a no ser
dos o tres docenas de pesos que dentro de un calcetin guardaba dona Paz
para los gastos de la casa. Encima de estos muebles se veian roperos sin
ropa, jaulas sin pajaros, y arrinconado en la pared, un biombo de cuatro
dobleces, mueble que, entre los demas, tenia no se que de alborozado y
juvenil. Eran sus dibujos del gusto francos que la dinastia habia traido
a Espana; y en los cinco lienzos que lo formaban, habia amanerados
grupos de pastoras discretas y pastores con peluca al estilo de Watteau,
genero que hoy ha pasado a los abanicos.

Tambien existe (y si mal no recordamos estaba en la sala) un reloj de la
misma epoca con su correspondiente fauno dorado; pero este reloj, que en
los buenos tiempos de los Porrenos habia sido una maravilla de
precision, estaba parado y marcaba las doce de la noche del 31 de
Diciembre de 1800, ultimo ano del siglo pasado, en que se paro para no
volver a andar mas, lo cual no dejaba de ser significativo en semejante
casa. Desde dicha noche se detuvo, y no hubo medio de hacerle andar un
segundo mas. El reloj, como sus amas, no quiso entrar en este siglo.

Un lienzo mistico de pura escuela toledana ocupaba el centro de la sala
al lado del decimo cuarto Porreno (padre feliz de dona Paz), pintado por
Vanloo. Este gran cuadro representaba, si no nos engana la memoria, el
triunfo del Rosario, y era un agregado de pequenas composiciones
dispuestas en elipse, un cada una de las cuales estaba un retrato de un
fraile dominico, principiando por _Vicenzius_ y acabando por
_Hyacinthus_. En el centro estaba la Virgen con Santo Domingo,
arrodillado; y no tenia mas defecto sino que en el sitio donde el pintor
habia puesto la cabeza del santo, puso la humedad un agujero muy profano
y feo. Pero a pesar de esto, el lienzo era el _Sancta Sanctorum_ de la
casa, y representaba los sentimientos y creencias da todos los Porrenos,
desde el que perecio en Andalucia con Lope Diaz, hasta las tres ruinosas
damas, que en la epoca de nuestra historia quedaban para muestra de lo
que son las glorias mundanas.

En el cuarto de la devota ... (lo describimos de oidas, porque ningun
mortal masculino pudo jamas entrar en el) habia una Santa Librada,
imagen de quien era especial devoto y fiel ahijado el tercer Porreno
(1465). Con los anos se le habia roto la cabeza; pero dona Paulita tuvo
buen cuidado de pegarsela con un enorme pedazo de cera, si bien quedo la
santa tan cuellitorcida, que daba lastima. Junto a la cama (pudoroso y
casto mueble que nombramos con respeto) estaba el reclinatorio, al cual
no se acercaban ni sus tias. Sobre el se erguia un hermoso Cristo de
marfil, desfigurado por un faldellin de raso blanco, bordado de
lentejuelas, y una cinta anchisima y un amplio lazo que de los pies le
colgaba. El reclinatorio era una bella obra de talla del siglo XVI; pero
un carpintero del XIX le habia anadido para componerlo varios listones
de pino, dignos de un barril de aceitunas. El cojin donde las rodillas
de la santa se clavaban por espacio de cuatro horas todas las noches era
tan viejo, que su origen se perdia en la obscuridad de los tiempos; su
color era indefinible: la lana se salia a prisa por sus grandes roturas.

Todas estas reliquias, recuerdo de pasadas glorias, de instituciones, de
personas, de dias pasados, tenian un aspecto respetable y solemne. Al
entrar en aquella casa y ver aquellos objetos deteriorados por el
tiempo, bellos aun en su miseria, el visitador se sentia sobrecogido de
estupor y veneracion. Pero las reliquias, las ruinas que mas impresion
producian, eran las tres damas nobles y deterioradas que alli vivian, y
que en el momento de nuestra historia, correspondiente a este capitulo,
estaban sentadas en la sala, puestas en fila. Maria de la Paz, la mas
vieja, en el centro; las otras dos a los lados. Una de ellas tenia en la
mano un libro de horas, otra cosia, la tercera bordaba con hilo de plata
un pequeno roponcillo de seda, que sin duda se destinaba a abrigar las
carnes de algun santo de palo. Las tres, colocadas con simetria,
silenciosas y tranquilamente ensimismadas en su oracion o su trabajo,
ofrecian un cuadro sombrio, glacial, lugubre. Describiremos los
principales rasgos de esta trinidad ilustre.

Maria de la Paz (quitemosla el dona, porque supimos casualmente que le
agradaba verse despojada de aquel tratamiento), hermana menor del
Marques de Porreno, era una mujer de esas que pueden hacer creer que
tienen cuarenta anos, teniendo realmente mas de cincuenta. Era alta,
gruesa y robusta, de cara redonda y pecho abultado, que se hacia mas
ostensible por el singular empeno de cenirse a la altura usada en tiempo
de Maria Luisa. Su rostro, perfectamente esferoidal, descansaba sin mas
intermedio sobre el busto; y su pelo, negro aun por una condescendencia
de los anos, y partido en dos zonas sobre la frente, le tapaba entrambas
orejas, recogiendose atras. Su nariz era pequena y amoratada; su boca
mas pequena aun y tan redonda, que parecia un boton encarnado; los ojos
no muy grandes, la barba prominente, los dientes agudos, y uno de ellos
le asomaba siempre cuando mas cerrados tenia los labios. De la
extremidad visible de sus orejas pendian dos enormes herretes de
filigrana, que parecian dos pesos destinados a mantener en equilibrio
aquella cabeza. En el siniestro lado tenia una grande y muy negra
verruga, que asemejaba un exvoto puesto en el altar de su cara por la
piedad de un catolico. El cuerpo formaba gran armonia con el rostro; y
en sus manos pequenas, coloradas y gordas, resplandecian muchos anillos,
en los que los brillantes habian sido habilmente trocados por piedras
falsas. Echemos un velo sobre estas lastimas.

Salome era un tipo enteramente contrario. Asi como la figura de Paz no
tenia nada de aristocratico, la de esta era de esas que la rutina o la
moda califican, cuando son bellas, de aristocraticas. Era alta y flaca,
flaca como un espectro. Su rostro amarillo habia sido en tiempo de
Carlos IV un ovalo muy bello; despues era una cosa oblonga que media una
cuarta desde la raiz del pelo a la barba; su cutis, que habia sido
finisimo jaspe, era ya papel de un titulo de ejecutoria, y los anos
estaban trazados en el con arrugas tan rasgueadas que parecian la
complicada rubrica de un escribano. No se sabe cuantos anos habian
firmado sobre aquel rostro. Las cejas arqueadas y grandes eran
delicadisimas: en otro tiempo tuvieron suave ondulacion; pero ya se
recogian, se dilataban y contraian como dos culebras. Debajo se abrian
sus grandes ojos, cuyos parpados ennegrecidos, calidos, venenosos y casi
transparentes, se abatian como dos compuertas cuando Salome queria
expresar su desden, que era cosa muy comun. La nariz era afilada y tan
flaca y huesosa, que los espejuelos, que solia usar, se le resbalaban
por falta de cosa blanda en que agarrarse, viendose la senora en la
precision de sujetarselos atras con una cinta. Y, por ultimo, para que
esta efigie fuera mas singular, adornaban airosamente su labio superior
unos vellos negros que habian sido agraciado bozo y eran ya un bigotillo
barbiponiente, con el cual formaban simetria dos o tres pelos
arraigados bajo la barba, apendices de una longitud y lozania que
envidiara cualquier moscovita.

El despecho cronico habia dado a este rostro un mohin repulsivo y una
siniestra contraccion que se avenia muy bien con las formas de la
figura y su atavio. Desaparecian los cabellos bajo un tocado de
tristisimo aspecto, y el cuello, que fue comparado al del cisne por un
poeta quejumbron del tiempo de Comella, era ya delgado, sinuoso y
escueto. Marcabanse en el los huesos, los tendones y las venas,
formando como un manojo de cuerdas; y cuando hablaba alterandose un
poco, aquellas mal cubiertas piezas anatomicas se movian y aguaban como
las varas de un telar. Debajo de toda esta maquina se extendia en
angosta superficie el seno de la dama, cuyas formas al exterior no
podria apreciar en la epoca de nuestra historia el mas experimentado
geometra, y mas abajo la otra maquina de su talle y cuerpo, inaccesible
tambien a la induccion; maquina que a fuerza de ataques nerviosos habia
llegado a la mas completa morosidad. Cubriala un luengo traje negro.
Entre los pliegues de un vastisimo panuelo del mismo color, se
destacaban dos manos blancas, finisimas, de un contorno y suavidad
admirables. Pero no eran las manos la unica cosa bella que se advertia
en aquella ruina, no: tenia otra cosa mil veces mas bella que las
manos, y eran los dientes, que, salvados del general desastre, se
conservaban hermosisimos, con perfecta regularidad, esmalte brillante e
intachable forma. Oh, los dientes de aquella senora eran divinos: solo
ellos recordaban el antiguo esplendor; y cuando aquel vestigio se
sonreia (cosa muy rara); cuando dejaba ver, contrastando con lo
desapacible del rostro, las dos filas de dientes de incomparable
hermosura, parecia que la belleza, la felicidad y la juventud se
asomaban a su boca, o que una luz aclaraba aquel rostro apagado.

Dona Paulita (nunca pudo quitarse ni el _dona_ ni el diminutivo) no se
parecia en nada ni a su tia ni a su prima. Era una santa, una santita.
Sus ademanes estaban en armonia con su caracter, de tal modo, que verla
y sentir ganas de rezarle un Padrenuestro era una misma cosa. Miraba
constantemente al suelo, y su voz tenia un timbre nasal e impertinente
como el de un monaguillo constipado. Cuando hablaba, cosa frecuente, lo
hacia en ese tono que generalmente se llama de carretilla, como dicen
los chicos la leccion; en el tono en que se recitan las letanias y los
gozos. Examinando atentamente su figura, se observaba que la expresion
mistica que en toda ella resplandecia, era mas bien debida a un habito
de contracciones y movimientos, que a natural y congenita forma. No se
crea por eso que era hipocrita, no: era una verdadera santa, una santa
por conviccion y por fervor.

Tenia el rostro compungido y desapacible, palido y ojeroso, aspera y
morena la tez, con el circuito de los ojos como si acabara de llorar;
las cejas muy negras y pobladas; la boca un poco grande y con cierta
gracia innata, casi desfigurada por el mohin compungido de sus labios,
hechos a la modulacion silenciosa de palabras santas.

El que fuera digno de gozar el singular privilegio de ser mirado por
ella, habria advertido en sus ojos la inalterable fijeza, la expresion
glacial, que son el primer distintivo de los ojos de un santo de palo.
Pero habia momentos, y de esto solo el autor de este libro puede ser
testigo; habia momentos, decimos, en que las pupilas de la santa
irradiaban una luz y un calor extraordinarios. Y es que, sin duda, el
alma abrasada en amor divino se manifiesta siempre de un modo misterioso
y con sintomas que el observador superficial no puede apreciar.

Su vestido era recatado y monjil, no siendo posible certificar que bajo
sus tocas hubiera algo parecido a una cabellera, aunque nos atrevemos a
asegurar que la tenia, y muy hermosa. Su estatura no pasaba de mediana,
y a pesar de la modestia, poca elegancia, y ninguna presuncion con que
vestia, era indudable que un mundano topografo, llamado a medir las
formas de aquella santa, no se hubiera encontrado con tanta falta de
datos como en presencia de su ilustre prima la acartonada Marta Salome.

Conocida esta trinidad ilustre, conviene recordar algunos antecedentes
historicos. Alla por los anos de 1790, los Porrenos eran muy ricos,
tenian gran boato y gozaban de mucha preponderancia en la Corte.
Entonces Paz tenia diez y nueve anos, y era tan fresca, robusta y
coloradota, que un poeta de aquel tiempo la comparo a Juno. Decian sus
primas por lo bajo que era muy orgullosa, y su padre el decimocuarto
de los Porrenos, aseguraba que no habia principe ni duque que fuera
digno de aquella flor. Estuvo arreglado su casamiento con un joven de
la ilustre casa de Gaytan de Ayala; pero acontecio que el tal no gusto
de Juno, y la boda fue un sueno. Es imposible pintar el dolor que tuvo
la infeliz cuando Maria Luisa, hallandose una noche en casa de la
duquesa de Chinchon, se permitio hacer, con su acostumbrada malicia,
algunas apreciaciones un poco picantes sobre la gordura y redondez de
nuestra diosa.

Esto no fue, sin embargo, obstaculo para que, pasados cuatro meses, se
ajustaran las bodas de Paz con un caballero irlandes que estaba en la
embajada inglesa. Pero el diablo, que no duerme, hizo que ocurrieran a
ultima hora algunas dificultades: el decimocuarto Parreno era cristiano
muy viejo y muy temeroso de Dios; y cierto fraile de la Merced, que
frecuentaba la casa y tomaba alli el chocolate todas las noches, dio en
probar, con la autoridad de San Anselmo y Origenes, que aquel
caballerito irlandes era hereje y poco menos que judio. Alarmose la
susceptible conciencia del Marques, y despues de echarle un sermon
consolatorio a Paz, esta se quedo sin marido, con la triste
circunstancia de que se ponia cada vez mas gorda, y ni bajandose el
talle podia disimular aquel mal. Por ultimo, en Diciembre de 1795, Paz
se caso con un pariente viejo y fastidioso, que cometio el singular
desproposito de morirse a los siete dias de casado, dejando a su mujer
mas gruesa, pero no en cinta. Por la rama femenina los Porrenos se
quedaron sin sucesion, lo cual hacia que el viejo Marques, en sus
accesos de melancolia, se pusiera a llorar como un nino, presagiando el
triste fin y acabamiento de su gloriosa casa.

Entonces murio el viejo: heredole su hijo don Baltasar, padre de Salome;
y con esta, cuya belleza era notable, habia formado el padre proyectos
matrimoniales que remediaran la ruina que ya le amenazaba. El pleito
comenzaba a aparecer formidable, siniestro, terrible, como un monstruo
de multiples miembros; habiase apoderado de la casa, la estrechaba, la
devoraba, la consumia. Un pleito es un incendio; pero mas terrible,
porque es mas lento. La casa ilustre comenzaba a desmoronarse: era
inutil que le quisieran poner un puntal aqui, otro alla; la casa se
venia al suelo, porque el monstruo terrible no cesaba en su actividad
destructora. Lo unico que logro don Baltasar fue disimular su ruina.
Nadie creia que aquella casa poderosa estaba devorada por los
acreedores. Solo Elias Orejon, que gozaba sin sueldo de las
preeminencias de intendente, lo sabia. Don Baltasar fundaba su esperanza
en Salome, cuyo peinado de canastillo habia seguramente gustado mucho al
joven Duque de X..., que buscaba esposa en la tertulia de la citada
Duquesa de Chinchon.

Salome era entonces una Silfide. Ninguna le igualaba en esbeltez y
delicadeza: vestia con suma gracia y sencillez, y bailaba el minueto da
una manera tan sutil y ligera, que aparecia del modo menos terrestre
que es posible en la figura humana.

El Duque se enamoro de ella como un loco: hizo que uno de los mas
enfadosos poetas de aquel tiempo escribieran unas estrofas amatorias,
que el joven apasionado deslizo suavemente en la mano de Salome a la
salida de un baile. Sentimos no tener a mano estas estrofas, porque son
un documento notable y digno de ser conocido. En prosa neta contesto la
joven; pero no fue menos expresivo su estilo. Hicieron amistades; de las
amistades pasaron al galanteo, y del galanteo al proyecto de boda. Don
Baltasar creyo en el afianzamiento de su casa; pero se llevo un terrible
chasco. De repente los Duques de X ... se opusieron al casamiento de su
hijo; Salome estuvo siete dias en cama con dolor de muelas; su padre oyo
con sumision la homilia que el fraile le espeto por via de consuelo, y
Elias Orejon le leyo en seguida unas terribles cuentas, que le hicieron
el efecto de un tosigo.

La joven empezo entonces a enflaquecer. Por un amigo de la casa hemos
sabido que antes que el peinado de canastillo impresionara tan
energicamente al joven Duque, habia indicios para creer que a Salome no
le era del todo indiferente un teniente de husares del Rey, que media la
calle del Sacramento lo menos cien veces al dia. Es tambien seguro que
Salome pasaba muchas noches llorando, y que en aquel asunto
intervinieron el fraile y el Marques. El teniente fue mandado al Peru, y
no se supo nada mas de el.

Es imposible expresar lo que sufrio la pobre alma de la joven Porreno
con el terrible golpe del rompimiento de la boda. Ella esperaba no se
que de aquel enlace. iMisterios femeninos! Lloro por el teniente y rabio
por el Duquesito. Desde aquellos dias principio a advertirse en ella la
modificacion que la llevo al estado en que la conocemos. La displicencia
atrabiliaria, el desden amargo, la impasibilidad indiferente aparecieron
entonces, y se apoderaron por ultimo, de su espiritu por completo. Llego
con los anos a ser la persona mas desapacible y de trato mas fastidioso
que pudiera concebirse, ella que habia tenido un caracter tan flexible,
un trato tan amable, una manera de insinuarse tan suave y halagueena.

No asi dona Paulita, que siempre habia encontrado consuelos en la
religion. Desde nina habia sido reputada como un angel; no hacia mas que
rezar y cantar a estilo de coro, remedando lo que oia en las Carboneras.
Los domingos decia misa en un pequeno altar, que ella misma habia
formado, y tambien predicaba desde lo alto de una mesa con gran regodeo
de toda la servidumbre, que acudia para oirla desde los cuatro polos de
la casa. Ya mas grandecita, manifestaba un vehemente horror a los saraos
y a los teatros; lo unico que pudo agradarla un poco fue una funcion de
toros, a que la llevo su padre, gran aficionado. Solamente iba dona
Paulita al teatro cuando se representaba algun auto en la Cruz por
fiestas de Corpus, pero siempre iba con permiso de su confesor.

Entrada en los diez y ocho anos, oyo con horror las proposiciones del
decimoquinto Porreno, su tio, para que se casara.

--Yo--dijo,--o sere hija de Jesucristo, o vivire en mi casa, ausente del
mundo, buscando en ella un baluarte contra el demonio.

--Bien, hija mia: si es este tu gusto--dijo el tio,--sea. Crecio con los
anos su devocion, pero no hipocrita, sino devocion verdadera, legitimo
fervor cristiano. Tenia grandes visiones, y en llegando la Cuaresma se
disciplinaba, y decian los criados que en las altas horas de la noche
sentian los azotes que se daba. En la epoca de la decadencia, cuando
vivian en la calle de Belen, visitaba todos los dias a las vecinas
monjas de Gongora, conversando con ellas largas horas. Con ellas
consultaba sus visiones y contravisiones, relatando sus deliquios y
arrebatos de amor divino. Otros dias llegaba muy apurada para contarles
como habia sentido unas terribles tentaciones, y que bebiendo vinagre se
le habian quitado.

Asi pasaba los dias en sabroso comercio con lo desconocido, lo mismo en
la epoca de su apogeo que en la de su decadencia.

Estos tres angeles caidos llevaban una vida monotona y triste. Su casa
era la casa del fastidio. Parecia que las tres se fastidiaban de las
tres, y cada una de las demas.

Nos hemos olvidado de otro importante inquilino. Era un delicado
ejemplar de la raza canina, un perrito que representaba en la casa el
elemento irracional. Mas en este ser no se veian nunca la inquietud y
alborozo propios de su edad y de su raza; antes, por el contrario, era
tan melancolico como sus amas. En los tiempos do prosperidad habia en
la casa muchos perros: dos falderos, un pachon y seis o siete lebreles,
que acompanaban al decimocuarto Porreno cuando iba a cazar a su dehesa
de Sanchidrian.... Con la ruina de la casa desaparecieron los canes:
unos por muerte, otros porque el destino, implacable con la familia,
alejo de ella a sus mas leales amigos. Mas en su decadencia, las tres
damas no podian pasarse sin perro: y es fama que un dia, viniendo dona
Paz de visitar a sus amigas las Carboneras, al pasar por la Puerta del
Sol, vio a un hombre que vendia unos falderillos de pocos dias.
Acercose con emocion y cierta vergueenza, pago uno con ocho cuartos y se
lo llevo bajo el manto.

Instalado el perro en la casa, Salome le puso nombre, y recordando las
lucubraciones mitologicas y pastoriles de los poetas que en el tiempo
de la Chinchon la obsequiaban con sus versos, le puso el nombre clasico
de Batilo.

Este desventurado ser se hallaba en el momento de nuestra descripcion
echado a los pies de Maria de la Paz, semejando en su actitud a los
perros o cachorrillos que duermen el sueno del marmol inerte a los pies
de la estatua yacente de un sepulcro.

Las de Porreno se levantaban a las siete de la manana, tomaban un
chocolate del mas barato, y se iban a las Gongoras. Oian tres misas y
parte de una cuarta. Si era domingo confesaban, y despues volvian a
casa, quedandose generalmente dona Paulita en el locutorio a hablar de
las llagas de San Francisco. A la una comian (no tenian criada) una olla
decente _con menos de vaca que de carnero_, y algunos platos
condimentados por el instinto (no educacion) culinario de Maria de la
Paz, que consideraba como la ultima de las humillaciones la de entrar en
la cocina. Despues hacian labor. Una vez al ano visitaban a cierta
condesa vieja que las conservaba alguna amistad a pesar de la desgracia.
Llegada la noche, rezaban _a trio_ por espacio de dos horas, y despues
se acostaban. Al sumergirse en aquellas camas arquitectonicas,
verdaderos monumentos de otros tiempos, los tres vestigios de la familia
insigne de Porreno, vivos exoticamente en nuestros dias, parecia que se
hastiaban del mundo de hoy y se volvian a su siglo.

Concluyamos: la mas inalterable armonia reinaba aparentemente entre
ellas. Parecian no tener mas que un pensamiento y una voluntad. La
uncion de Paulita se comunicaba a las otras dos, y la misantropia amarga
de Salome se repetia igualmente en las demas. La alegria, el dolor, las
alteraciones de la pasion y del sentimiento no se conocian en aquella
region del fastidio. La unidad de aquella trinidad era un misterio. En
los momentos normales de la vida las tres no eran mas que una: lo
antiguo manifestado en un triangulo equilatero; el hastio representado
en tres modos distintos, pero uno en esencia.





CAPITULO XVI



#El siglo decimoctavo.#


Estas eran las veneradas matronas con quienes iba a vivir nuestra pobre
amiga Clara; y en la posicion en que las hemos descrito se hallaban
cuando Elias, trayendo de la mano a su ahijada, entro en la sala, y se
paro ante las tres damas, haciendo una profunda reverencia. Las tres
dirigieron a un tiempo los mas impertinentes rayos de sus miradas sobre
el semblante de la infeliz muchacha, que estaba con los ojos bajos, el
alma oprimida y sin poder pronunciar una palabra.

--?Es esta la nina que usted nos ha encargado, senor don Elias?--dijo
Maria de la Paz Jesus.

--Si senora, ya que son usias tan buenas que quieren admitirla aqui. Yo
espero que ella sera agradecida a tanto honor, y sabra corresponder a el
con su buena conducta.

--Pero, es preciso corregirse, nina--dijo Paz;--y si es verdad lo que el
senor Elias nos ha dicho de usted ... y verdad debe ser cuando el lo
dice.... Sientese usted.

Los dos visitantes se sentaron en dos taburetes, magnificas joyas del
siglo decimoseptimo.

--Si es verdad--dijo Salome con desden y cierta fatuidad:--es preciso
que usted se corrija. Esta casa, nina, impone al que la habita, deberes
muy sagrados. Nosotras no consentimos el menor escandalo, y cuando
protegemos (recalco la palabra _protegemos_) a una persona, principiamos
por ensenarle lo que debe a sus protectores.

--Estas ideas del dia--anadio Paz,--lo invaden todo, nina. No extrano
que le haya alcanzado a usted su influencia pestilencial. Ya no hay
religion: los hombres corren desenfrenados a su ruina; y si Dios no se
apiada, se acabara el mundo. Pero en alguna parte se conservan los
sentimientos de honradez y pudor. Haga usted cuenta, nina, que ha dejado
un mundo de cieno para entrar en otro mas perfecto. Dios ha iluminado a
su buen protector para que la ponga entre nosotras, que la libraremos de
la influencia infernal de las ideas del dia.

Y siguio disertando sobre las ideas del dia con argumentos tan fuertes
y tal vehemencia de estilo, que Clara sintio picada su curiosidad; alzo
los ojos y se puso a mirar con asombro la efigie porrenana, de cuya boca
salia elocuencia tan terrible.

--iUsias son tan buenas!... son las unicas personas que pueden ofrecer
algun consuelo entre las borrascas del dia--dijo Coletilla con voz menos
aspera que de ordinario, pues solo era afable tratandose de las
Porrenas.--Usias le haran comprender lo que han sido y lo que son
todavia, porque aunque esto se ha desquiciado, aun quedan personas de
aquel tiempo tan grandes y nobles como entonces. Clara, haz cuenta que
habitas con las mas dignas y elevadas senoras de la grandeza espanola,
que, al par de la virtud, atesoran todas aquellas prendas del alma que
distinguen a ciertas personas del bajo vulgo a que nosotros
pertenecemos.

Maria de la Paz Jesus se irguio con toda la gallardia de que era capaz;
respiro y miro a un lado y otro con majestad perfectamente regia. Salome
miro con angustiosa calma las colgaduras remendadas y raidas, los
muebles desvencijados y rotos. Dona Paulita dio un suspiro mistico, y
continuo en silencio.

Coletilla, cuando emitio tan gran pensamiento, se levanto y se fue,
despues de saludar a las damas y hablar algo en voz baja con la mas
vieja de las tres. Clara le miro partir, y aquel hombre, que le habia
inspirado tanto miedo, que habia sido siempre un tirano para ella, le
parecio un angel tutelar que la abandonaba en tales momentos. Sintio
impulsos de correr a abrazarle para salir con el; le miro en silencio, y
cuando se hubo marchado observo a las tres viejas con terror, y dos
lagrimas de desconsuelo y angustia corrieron por sus mejillas.

--No llores, nina--dijo Salome:--esos sentimientos que manifiestas por
tu bienhechor son saludables; pero ?de que valen esas lagrimas tardias,
despues de haber abusado de su bondad, poniendo en peligro la dignidad
de su casa?

--iYo, senora!--exclamo Clara con asombro.

--Si, usted--afirmo dona Paz;--pero la juventud esta desmoralizada: no
me admira. Esperamos, sin embargo, que usted se corrija. Ya se ve ...
con estas ideas del dia, ique habia usted de hacer!

--Es preciso perdonar--dijo dona Paulita con una voz agridulce y
atiplada, que parecia salir de lo profundo de un cepillo de iglesia.

--Si, perdonar; pero corregirse tambien--indico Salome con el aplomo de
un legislador.--Si no, a donde iriamos a parar; porque el perdon sin
correccion produce peores efectos que el no perdonar.

--Ese es un punto--contesto la devota--dificil de resolver, y que ha de
llevarnos a sostener una herejia. El perdon es bueno _en si_ y _por si_,
como me lo probo el Padre Antonio el otro dia.

--Pero, hermana, ?de que sirve perdonar si el malo no se corrige y sigue
siendo malo?--dijo Salome interesandose en aquella controversia, que
altero la soporifera armonia de la trinidad por algunos minutos.

--El perdon basta por si para producir la gracia eficaz en el
perdonado--contesto la devota;--y si es asi, que el perdonado se corrige
con la gracia tan solo, luego la correccion del perdonador es ineficaz
para el perdonado.

Olvidabamos decir que dona Paulita sabia un poco de latin, y que en la
epoca de la decadencia se habia dedicado a leer el _Florilegio sagrado_
y el _Thesaurum breve Patrum ac sententiarum_. Aquel argumento lo habia
leido la noche antes, y por eso lo tenia tan a la mano.

La controversia concluyo, y Maria de la Paz, mas dada al sermon que a la
doctrina teologica, prosiguio arengando a Clara, que, sentada como un
reo en el banquillo, estaba aterrada en presencia de tan severos jueces.

--La opinion de la mujer--decia la matrona,--es cristal finisimo que se
empana al menor soplo. Aquella que no se guarda a si misma, no es
guardada; y mujeres hemos visto muy honestas que por no cuidar de su
nombre le han visto manchado sin motivo. La opinion es lo primero:
cuidad de vuestra fama, porque cuando se habla de una mujer, nada le
queda ya, y su misma inocencia no la consuela.

Estas doctrinas sobre la opinion eran de la cosecha del fraile de la
Merced, que _in illo tempore_ frecuentaba la casa. A Paz se le quedaron
presentes sus argumentaciones, y en lo sucesivo no perdonaba ocasion de
sacarlas a cuento, creyendo que hablaba por su boca la misma sabiduria.
La devota manifesto con un _sin embargo_ que no estaba conforme con
aquella doctrina; pero el sermon, turbado por este pequeno incidente,
continuo despues por mucho rato.

--Y si no, digame usted, nina--dijo Paz:--?que objeto tiene la mujer al
dar oidos a las palabras de los hombres, que son los que el demonio
elige para que propaguen estas ideas del dia? ?Usted a que aspira en la
tierra? Por su nacimiento, por su educacion, no puede aspirar a ocupar
un puesto en el mundo que la haga capaz de hacer bien a los inferiores.
O si no, vamos a ver: tratare de averiguar cuales son sus pensamientos
sobre ciertas cosas, nina. ?Que espera usted, a que aspira usted y de
que modo piensa conducirse en el mundo?

Clara no sabia que contestar a esta pregunta.

--Vamos, conteste usted--dijo Salome con un tonillo que indicaba grandes
deseos de oir un disparate.

--Diga, hermana--exclamo con la nariz la devota.

--Yo ...--contesto Clara despues de una pausa larga en que trato
de dominar su turbacion ...--Yo ... les dire a ustedes ... soy ...
una mujer.

Paz hizo con la cabeza un signo de asentimiento, y miro a sus
sobrinas de un modo que indicaba el profundo acierto que habia en la
respuesta de Clara.

--Vamos, nina, ?que piensa usted hacer en el mundo? ?Como cuenta usted
vivir en lo sucesivo? ?De que modo? A ver--repitio Salome con vehementes
ganas de que Clara no acertara con la respuesta.

--Yo ...--contesto Clara,--lo que deseo es vivir ... pues.

Paz inclino de nuevo la majestuosa cabeza en senal de aprobacion.

--?Y nada mas?

--Ser buena y....

--?Y que?--insistio Salome, amostazada por el juicio y discrecion que
habia mostrado la examinada en las cuestiones anteriores--?Y que mas?
?No se le ha ocurrido a usted alguna cosa para lo porvenir? ?No ha
esperado usted verse en otra posicion, en otro estado del que hoy tiene?

Clara continuaba no comprendiendo.

--Pues queremos decir--anadio Paz,--que si a usted no le ha ocurrido ser
feliz de algun modo; figurarse que podia ser util al mismo tiempo ...
pues ... porque las jovenes del dia tienen ciertos pensamientos sobre la
vida y la sociedad que conviene examinar en usted.

--?De que manera--dijo Salome--cree usted que debe vivir una mujer en
el mundo? ?Como espera usted vivir en la sociedad para servirla y
serle util?

--iAh! si--dijo Clara bruscamente, como si un rayo de luz repentina
hubiera iluminado su entendimiento, sugiriendole una idea que agradara a
aquellas senoras.

--?A ver como?

--Veamos.

Clara tenia un sentido natural muy grande. Evocolo todo, y penso en lo
que a ella le parecia ser los destinos de la mujer. Comprendio que si no
hubiera matrimonio se acabaria el mundo, y recordo haber pensado varias
veces que una mujer casandose seria lo que deben ser las mujeres. Con
esta dosis de logica se aventuro a dar una respuesta a sus jueces,
segura de que las tres habian de quedar muy satisfechas y complacidas.

--A ver, nina, diga usted de una vez.

--?Que debe hacer la mujer en la sociedad para servirla y serle util?

--Casarse--dijo Clara con la mayor sencillez; y en el momento que
pronuncio esta palabra, se aterro de lo que habia dicho y se puso
como la grana.

El lector habra visto, si ha asistido a algun sermon gerundiano, que a
veces el predicador, no sabiendo que medios emplear para conmover al
femenino auditorio, alza los brazos, pone en blanco los ojos, y con
tremenda voz nombra al demonio, diciendo que a todas se las va a llevar
en las alforjas al Infierno; habra visto como cunde el panico entre las
devotas: una llora, otra grita, esta, se desmaya, aquella principia a
hacerse cruces, y la iglesia toda resuena con las voces alarmantes, el
pataleo de los histericos, el rumor de los suspiros y el retintin de las
cuentas del rosario. ?El lector ha visto esto? Pues el efecto producido
en las tres damas por la respuesta de Clara fue enteramente igual al que
producen los apostrofes de un predicador endemoniado en el timido y
duenuesco auditorio de un novenario.

--iQue horror!--exclamo Paz juntando las manos.

--iJesus! iJesus!--dijo Salome tapandose los oidos.

--_Et ne nos inducas_--profirio la devota alzando los ojos al cielo.

Hubo un momento de confusion. Las tres se miraron con asombro. Dona
Paulita se replego, dona Paz tambaleo en su asiento, y aun es fama que
el amarillo rostro de Salome se tino de una leve purpura, para lo cual
fue preciso sin duda que toda la sangre de su cuerpo se repartiera entre
sus dos mejillas. Hasta se asegura que Batilo, el mas taciturno de los
perros conocidos, participo de la opinion general: se alzo sobre sus
patas, alargo el hocico y ladro.

Pasados los primeros momentos de confusion, Paz recobro aliento, y dijo
con voz entrecortada por la colera:

--Nina, esas ideas no me llaman la atencion. Ya la conociamos a usted de
oidas. Ahora me explico su conducta.... Ya se ve ... iOh! es preciso una
educacion fuerte.

--Pero, senoras ... yo ... ?que he dicho? ... yo--balbucio Clara muy
turbada.--Una mujer ... si se casa.... ?Pero casarse es ofender a Dios?

--No, senora, no--contesto la matrona:--el matrimonio es cosa muy
principal; sin matrimonio no habria mundo. Pero lo que extranamos es ver
a una mozuela de diez y siete anos pensando solo en casarse.

Pero si yo no he pensado....

--No me interrumpa usted, nina ... ipensando en casarse!... ?Que locuras
no hara quien a esa edad no piensa mas que en el matrimonio? Asi se
comprende que sea usted tan amiga de los hombres ... que los busque.

--Senora, yo no he buscado a ningun hombre--dijo la muchacha con
angustia.

--Todo lo sabemos; peso se equivoca usted si piensa que aqui vamos a
tolerar sus trapicheos.

El corazon de Clara se lleno de amargura al oir aquellas palabras; no se
pudo contener, y rompio a llorar.

Las tres manifestaban horrible crueldad en martirizarla. No podemos
explicarnos esto. ?Era tal vez efecto de la reconcentracion y sequedad
de espiritu producidas por la falta de trato con las gentes, por falta
de amor y de los goces de la vida? Sin duda las tres momias no podian
sufrir en calma que hubiera en alguna persona aspiraciones a la
felicidad.

Dona Paulita, que ya tenia la palabra en la nariz para reprender a
Clara, se conmovio al verla ulcerar, y la tranquilizo diciendole:

--La Magdalena peco y fue perdonada. Lo que ahora le falta a usted es un
sincero arrepentimiento.

--?Pero de que me he de arrepentir?--dijo Clara sollozando.

--iJesus! ique tono tan del dia y tan ... liberal!--exclamo Salome,
creyendo decir una gracia.

--El orgullo que usted ha manifestado en esa pregunta no tiene
disculpa--dijo Paz con desden.

--Cuando dicen las personas mayores que usted ha faltado...--anadio la
otra,--ellas sabran por que lo dicen, y usted no tiene que hacer mas que
conformarse y callar.

--Pero iay! yo no se en que he podido faltar.

--Cuando a usted se lo dicen, sus razones habra para ello.

--Pero si tengo la conciencia tranquila.

--Mas tranquila queda no replicando cuando los superiores dicen una
cosa.

--La autoridad, nina--exclamo Paz,--la autoridad es necesaria... Ya nos
ha mostrado usted suficientemente la influencia fatal que en usted han
producido las ideas del dia. El orgullo satanico, al rebelarse contra
los superiores; el contradecir... Esto es insoportable. De este modo
camina la sociedad a su ruina. Pero nosotras le traeremos a usted al
buen camino.

--Por de pronto--dijo Salome,--cuidado como se asoma usted a la ventana.

--Queda terminantemente prohibido que se acerque usted a un balcon o
ventana; que abra usted la puerta de la escalera.

--Y que hable usted cuando no le pregunten.

--Se ha de levantar usted a las cuatro de la manana, que la pereza es
madre de todos los vicios.

--Yo me levanto a la misma hora, hermana--dijo la devota,--Yo le
proporcionare a usted ocasiones a esa hora de entretener el
entendimiento en cosas santas.

--A ver si de aqui en adelante tiene cuidado de no decir esos terribles
despropositos que ahora ha dicho.

--No volvera--dijo en un arrebato de amor al projimo dona Paulita--Yo se
que no volvera: yo confio en que sera buena y obediente. Otros peores se
hicieron santos.

--Cuidado como habla con nadie que venga a esta casa. Trabajara usted
en cuanto se le mande--continuo Paz, anadiendo un articulo a aquel
codigo fatal.

--Pero no por, exceso--indico oficiosamente dona Paulita, que el trabajo
es bueno para ahuyentar las ocasiones de pecar; pero con exceso es malo.

--No sera con exceso. Ademas es preciso que procure desechar de su
mente todas las cosas que ha pensado hasta aqui. iCuidado con las ideas
del dia que trae usted a este santuario de los buenos principios! No se
acuerde usted de lo pasado; y ahora que esta usted encomendada a
nuestra tutela _para toda la vida_, no debe pensar sino en portarse
bien. Nosotras, ya que usted ha tenido la desgracia de perder a sus
padres, procuraremos dirigirla y enmendarla, siendo la autoridad que
tanto necesita.

La huerfana bajo los ojos y cayo en profundo abatimiento. iPara toda la
vida! Hubiera querido morirse en aquel instante. No miro a las tres
arpias, ni les contesto. Su terror era tan grande que se lo secaron las
lagrimas, y quedo en este estado de perplejidad dolorosa que sigue a las
grandes crisis del alma.

Dejemosla en su encierro para acudir a Lazaro, que gime en una prision
de otra clase.





CAPITULO XVII



#El sueno del liberal#.


Cuando Lazaro vio cerrarse la puerta de su prision y sintio perderse en
la galeria los pasos de su carcelero, miro en torno suyo, y se hallo
rodeado de la mas profunda obscuridad. Luz entraba por una reja que en
lo alto de la pared habia; pero el, viniendo de la calle, estaba
deslumbrado y no veia mas que tinieblas. Por un momento le fue dificil
darse cuenta de su situacion. Aquello le parecia un sueno. ?Su viaje a
Madrid habia sido cosa real o vision percibida en aquel calabozo?

Los pensamientos que en desorden y confusamente se agolparon en la mente
del joven, no son para referidos. El primer sentimiento que en el se
manifesto, fue una gran compasion de si mismo, que emanaba de la
ridiculez con que los hechos anteriores le presentaban a sus propios
ojos. El habia creido que cada paso dado en la Corte seria un paso dado
hacia su futuro engrandecimiento e inmortalidad. El club patriotico mas
celebre de Espana le habia abierto sus puertas, ofreciendole una
tribuna, un pedestal: la fortuna parecia haberle allanado todos los
caminos, y despues... Pero no podia acusar a la fortuna. Esta le habia
dado ocasion, sitio, auditorio; habia puesto a su servicio un trastorno
popular; habia dispuesto tolo para el un inmenso grupo de oyentes
trastornado y dispuestos a hacer la apoteosis del primer advenedizo. La
fortuna habia organizado para el una manifestacion popular, pronta a
improvisar un heroe en cada calle. La fortuna no debia ser acusada: el
tenia la culpa, el, que habia nacido para una vida obscura tal vez para
ser un buen artesano, un buen labrador, y nada mas. Y aquel saber
presuntuoso, aquellos conatos de pueril elocuencia, aquella vanidad
prematura de grande hombre, eran quizas tan solo fenomenos nacidos de
esa serie de fantasmagorias que acompana siempre a la juventud hasta
dejarla a las puertas de la virilidad.

Despues de pensar estas cosas, se fijo en su conversacion. Estaba preso.
Le formarian causa por alterador del orden publico. ?Que seria de el?
Ademas habia cometido una gran falta en no visitar inmediatamente a su
tio. ?Que pensaria Clara?

Al verse sumergido en una especie de sepulcro, su imaginacion principio
a divagar. Estaba debil y muy fatigado. En cuarenta y ocho horas habia
dormido apenas cinco; ademas la falta de alimento le extenuaba. Cediendo
al cansancio empezo a dormitar; mas no durmio con ese sueno que da
reposo al cuerpo y al espiritu, porque su excitacion le impedia un
descanso profundo. Dormia con el letargo doloroso o indeciso que
representa todas las visiones de la vigilia anterior de un modo
incoherente y monstruoso.

En su sueno creia escuchar lamentos que resonaban en las bovedas de la
Carcel. La antigua Carcel de Villa era un mal buhardillon, dividido en
celdas, donde los presos no tenian comodidad ni estaban seguros. La
prision no tenia aquel horror majestuoso con que los poetas nos han
pintado todos los calabozos. Pero a Lazaro antojabasele un sombrio
edificio, gigantesco sepulcro de vivos, de altisimas y negras paredes,
de gruesos e inaccesibles torreones, con un gran foso lleno de aguas
cenagosas y verdes, con largas filas de mazmorras, de las cuales la mas
lobrega y subterranea era la suya. Se le figuraba estar a muchos pies
bajo tierra; creia que aquella reja daba a algun conducto misterioso, y
que detras de los muros habria una presa de agua. En su sueno creyo
sentir el ruido de un torrente: el agua entraba con lentitud; enormes
ratas corrian buscando entre los pies del preso refugio contra el
naufragio. Todo se le representaba segun las siniestras relaciones de
las carceles de la Inquisicion que habia leido en sus libros.

Despues le parecia que los muros se apartaban: se encontraban en el
interior de una gran sala, cuyas paredes estaban tendidas de negro; en
el fondo habia una mesa con un crucifijo y dos velas amarillas, y
sentados alrededor de esta mesa cinco hombres de espantosa mirada, cinco
inquisidores vestidos con la siniestra librea del Santo Oficio. Aquellos
hombres le hacian preguntas a que no podia contestar. Despues se
acercaban a el cuatro sayones, le desnudaban, le ataban a la rueda de
una maquina horrible, la movian, rechinaban los ejes, crujian sus
huesos. El lanzaba gritos de dolor, es decir, ponia en ejercicio sus
organos vocales: pero el sonido no se oia.

Despues la decoracion y las figuras cambiaban; se le representaban dos
filas de hombres cubiertos con capuchon negro y agujereado en la cara
en el lugar de los ojos. Por el fondo venian los mismos que le
interrogaron, y uno de ellos traia enarbolado el mismo Santo Cristo
que presidio al tormento. Cantaban con voz lugubre una salmodia que
parecia salir de lo mas profundo de la tierra, y avanzaban todos, el
tambien, en pausada procesion. Gentio inmenso le contemplaba impasible
y frio: un fraile, tambien impasible, iba a su lado, pronunciando a su
oido palabras santas que el no pudo comprender. Le hablaba de la otra
vida y del alma.

Despues le parecio que la comitiva se detenia. Frente a frente vio una
claridad extrana, como toda claridad que brilla durante el dia. Aquella
claridad se convirtio en llama, que brotaba de un monton de lena. La
llama crecia, crecia hasta llegar a una altura enorme; crujian los
lenos, saltaban chispas; una columna de humo negro subia hasta tocar el
cielo. Despues algunos hombres feroces, vestidos tambien con diabolico
uniforme, le ataban fuertemente de pies y manos, le acercaban a la
hoguera, le echaban en ella. En un momento de subito e indescriptible
horror sintio arder rechinando sus cabellos, consumidos en un segundo;
sus ropas en otro segundo. Rechino tenuemente el vello de toda su piel:
hirvio su carne con el chirrido intenso y discorde de todo cuerpo humedo
que cae en el fuego. Respira fuego, bebio fuego, se convirtio en fuego
sensible y animado con los dolores de su propia combustion. Quiso
gritar: la llama no conduce el sonido. Quiso huir: no tenia movimiento,
no tenia cuerpo, no era mas que una mecha. Quiso orar: no tenia
pensamiento; no era ya mas que una pavesa, una masa de ceniza. El viento
le desmoronaba: se sentia difundirse en el espacio ardiente, se quemaba
ya quemado. No era mas que humo: se consideraba subiendo en espiral
renegrida, y siempre quemandose, siempre quemandose y consumiendose;
difundido ya, aniquilado, evaporado, acabado... hasta que al fin
desperto, cubierto todo con el sudor de la agonia.

Desperto, porque un ruido de voces resonaba a su lado. La puerta de la
prision se habia abierto. Era la caida de la tarde. Un carcelero, que
traia una linterna, alumbraba y guiaba a otro hombre que venia a visitar
al preso. Este hombre era Coletilla.





CAPITULO XVIII



#Dialogo entre ayer y hoy#.


Elias se paro delante de su sobrino. Este balbucio algunas palabras, le
saludo de un modo incoherente, y le dijo al fin, despues de comenzar
muchas frases, que estaba seguro de tener delante a su buen tio; pero al
ver que este no le daba contestacion ni desarrugaba el ceno, se callo,
quedandose cabizbajo y lleno de vergueenza.

Por ultimo, el realista hablo.

--No debiera venir a verte, ni acordarme de ti. Mereces lo que te pasa.
No tengo lastima de tu miseria, y vengo a conocerte, nada mas que a
conocerte.

--Senor, yo...

Lazaro no encontraba, la formula de una explicacion. Coletilla sabia por
el abate don Gil lo que habia sucedido a su sobrino.

--Se por que te han puesto aqui. Un amigo que siguio tus pasos esta
manana me lo ha contado todo. Has levantado la voz en medio de una turba
de charlatanes, y te han cogido preso. La justicia te ha puesto donde
debieran estar todos los charlatanes.

Lazaro estaba cada vez mas confuso. Aquellas palabras, dichas cuando,
mas que reprensiones, necesitaba consuelo, concluyeron de abatirle.
Representosele el caracter de su tio como el mas aspero e inflexible que
existia en la Naturaleza.

--Me contaron tu hazana--continuo el viejo con su habitual entonacion
cavernosa,--y cuando supe que el delincuente era hijo de mi hermana, la
indignacion y la vergueenza se apoderaron violentamente de mi. No crei
que fueras perturbador del orden publico. Si tal cosa hubiera sabido, te
habrias quedado en el pueblo. Despues he averiguado mas. Se que
llegaste, y en vez de ir a mi casa fuistes con unos badulaques al cafe
de la _Fontana_, donde te hicieron hablar y hablaste ... y por cierto
que lo hiciste muy mal. Todos se han reido de ti. Estuviste despues
alborotando toda la noche con los que apedrearon la casa de Merilleu.

--iAh! no, senor; yo no.

--De cualquiera manera que sea, tu conducta es imperdonable. Pero dime:
?desde cuando te has metido a orador? No sabia yo que en Ateca hubiera
tanta elocuencia. Te habran aplaudido los segadores en las eras, y te
has creido por eso un Demostenes.

El fanatico reia con tan maligno acento de sarcasmo, que a Lazaro le
parecia tener delante un grotesco demonio. Cada palabra abria en el
corazon del pobre prisionero una nueva herida, y le abatia y
avergonzaba mas.

--Pero no extrano tus desvarios--continuo Elias:--el desorden cunde por
todas partes. ?Que mucho que estos pedantuelos de aldea tengan tales
humos, cuando los sabios de la ciudad ofenden el sentido comun con sus
ridiculos debates? Sin duda algun garito de Zaragoza ha sido el primer
teatro de tu petulancia.

La imaginacion de Lazaro midio rapidamente el abismo que en ideas y
sentimientos le separaba de su tio. Pero se sentia dominado por el, y no
podia contradecirle.

--Aqui--continuo el fanatico con su espantosa burla, aqui puedes hablar a
tus anchas: nadie te molestara. Lo que puede ocurrir es que te crean
loco y te lleven a un manicomio. Alli debiera estar media Espana. Pero
no, ?que digo media Espana? una pequena parte, porque casi todos los
espanoles conservamos el juicio. Solo una porcion de hombres mezquinos,
mezquinos de juicio, de caracter, de todo, manifiestan con su conducta
todo el extravio de que es capaz nuestra naturaleza. Pero esto
concluira; yo te juro que concluira, o es preciso creer que no hay Dios
en el cielo, perder la fe y renegar del mundo y del alma. Mira,
Lazaro--continuo con tono vehemente y apretandole el brazo con tanta
fuerza, que le hizo retroceder inmutado y perplejo;--Lazaro, si tu eres
de esos, olvida que por tus venas corre mi sangre, olvida que soy
hermano de la que te dio el ser. Un abismo nos separa; no hay
reconciliacion posible. Es preciso que nos odiemos de muerte. Huye de
mi; para mi no eres projimo. Hay cosas que estan por encima de los
vinculos de la familia. La vida no se reconcilia con la muerte, ni la
luz con la obscuridad. Adios.

Iba a salir; pero Lazaro, tremulo de asombro, le detuvo, y le dijo con
mucha turbacion:

--Pero, senor, no me abandone usted, hableme usted. Yo quiero que
pensemos de la misma manera.

A pesar de todo, el anciano le inspiraba respeto y veneracion; y al ver
que reprochaba sus ideas, sintio ese impulso de subordinacion tan
natural en un joven da temperamento impresionable.

--Si eres de esos--continuo Elias,--vuelve a tu pueblo y no hables de
mi; no digas que me has visto; no creas que existo; y es verdad: para ti
he muerto.

--Pero deje usted que me explique...

--?Que vas a decir?

--Yo pienso ... usted comprendera que yo tengo mis ideas ... he leido y
tengo convicciones, si, senor; estoy profundamente convencido....

--Tu, pobre nino, ?que puedes saber?... ?que convicciones puedes tener?
No sabes otra cosa mas que las falsedades leidas en cuatro libros que
debieran arder en llamas alimentadas con los huesos de sus autores.

A cada palabra se hundia mas Lazaro.

--?Sera posible--dijo con desconsuelo,--que usted me pueda arrancar mis
creencias, que yo he alimentado con tanto carino y que me dan la vida?
No, no podra usted: y si al fin, con la fuerza de su talento, pudiera
conseguirlo, yo le ruego que no lo haga y me abandone. Que nos separe
ese abismo que usted dice: y si yo estoy en el error... Pero no lo
estoy, yo se que no lo estoy...

--Iluso, fanatico, vano ... porque solo vanidad es eso, vanidad de
Satan--dijo Elias con severidad; y despues anadio con mas fuerza:--Pero
yo te sacare de esa miseria.

Estas palabras fueron pronunciadas con tan profundo acento de
conviccion, que el sobrino no pudo contestarlas, y se hundio mas.

--?Que intentas hacer? ?Que esperas? ?Piensas que esto va a continuar
asi por mucho tiempo? Te equivocas, que Espana esta a punto de reconocer
su error. Mira como rebulle por todas partes. El odio a la Constitucion
late en todos los corazones honrados. Pronto veras al Rey recobrar sus
sagrados privilegios, que solo Dios con la muerte puede quitarle.

--iOh, senor! ?Y lo que este pueblo ha conquistado con tanta sangre,
sera perdido por el orgullo de un solo hombre? Si asi fuera, yo
renegaria de nuestro linaje; y si Espana se dejara ultrajar de ese modo,
seria digna de mejor suerte.

--iDigna de mejor suerte,--dijo Elias con la mas horrible expresion de
que era capaz su rostro abominable; digna de aniquilarse y desaparecer de
la tierra si no lo hiciera.

--No, no lo puedo creer aunque usted me lo diga. Cuando yo no crea en
la libertad, no creere en nada, y sere el mas despreciable de los
hombres. Yo creo en la libertad que esta en mi naturaleza, para que la
manifieste en los actos particulares de mi vida. Yo, ciudadano de esta
nacion, tengo derecho a hacer las leyes que han de regirme; tengo
derecho a reunirme con mis hermanos para elegir un legislador.

--Para darte leyes y obligarte a cumplirlas existe un hombre sagrado,
ungido por Dios.

--No: yo y mis hermanos le ungimos. Es Rey porque nosotros queremos. Es
sagrado para mi si cumple el pacto solemne que ha hecho con todos y cada
uno. Si no, no. Pero lo cumplira, lo ha jurado.

--Hay juramentos--contesto sobriamente Coletilla,--cuyo cumplimiento es
un crimen.

Lazaro sintio frio en el corazon. El aplomo con que aquellas palabras
fueron pronunciadas le anonado mas, y le hundio mas.

--Y todos esos heroes--se atrevio a decir el preso despues de
meditar.--todos esos heroes, santificados por la Historia, que viven en
el recuerdo de los buenos y seran siempre orgullo del genero humano;
todos esos que han vivido por la libertad, que han muerto por ella,
martires deshonrados en su ultimo dia por la mano del verdugo, pero
enaltecidos despues por la humanidad... ?no quiere usted que yo les ame?
Y les venero; mi pequenez no me permite imitarlos; pero por tener
ocasion de parecerme a ellos, diera toda mi vida, lo confieso. iOh! si
la libertad no fuera la cosa mas buena, seria la cosa mas bella con la
memoria de tantos heroes.

--?Y esos son tus heroes? ?Eso es lo que admiras? dijo Elias.

--?Pues a quien he de admirar? ?a quien he de admirar? ?A los tiranos?
?A Neron, matando a Seneca; a Felipe II, asesinando a Egmont y a Lanuza;
a Luis XV, descoyuntando a Damiens?

--Era preciso ensenar a los franceses que no debia haber otro Ravaillac.

--Pues la leccion no hizo efecto, porque hace treinta anos que un Rey
murio en un patibulo.

--iEsos son tus semidioses, esos!--exclamo Elias con furia.

--No: mis semidioses no son el exterminio, el terror ni el asesinato.
Lamento los desvarios de todos; mas no extrano que, al huir da las
violencias de un extremo, se toque en las violencias de otro, pagando
los crimenes de siglos enteros con el crimen de un dia.

--No me hables mas--dijo Coletilla con voz reposada y lugubre:--ya se
que eres de _esos_, de _esos_ a quienes no tengo palabras bastante duras
con que calificar. Tu Dios es un ciego espiritu de libertinaje; la norma
de tu conducta es el escandalo. Dime, insensato, ?cual es tu fin? ?Que
ves tu en ese porvenir? Supon que fueras un hombre notable entre los de
tu calana, el mas ciego de los ciegos, el mas loco de los locos: ?que
harias, cual seria tu aspiracion?

--Yo no tengo aspiraciones bastardas; no quiero medrar a la sombra de un
tirano que pague la adulacion con dinero; yo no aspiro mas que a la
gratitud del genero humano, a la gloria.

--?Gloria por ese camino? La gloria no se consigue sino por el camino de
la lealtad, sirviendo a Dios y al Rey. No hay mas gloria que la que Dios
da en su Paraiso, de la cual es simulacro e imperfecto remedo el culto
que da en los altares el linaje humano a los escogidos de Dios. Ademas,
la gloria en la tierra consiste en ser subdito sumiso y obediente, no en
vociferar por calles y plazuelas. De esa gloria que tu has sonado no
pueden salir heroes, sino charlatanes y bandoleros. La gloria consiste
en cumplir el deber.

--Pues yo cumplo mi deber tratando de emancipar a mis hermanos de una
odiosa tirania, diciendoles y probandoles que son libres, iguales ante
Dios y ante la ley.

--El primero de los deberes es obedecer lo que la ley te mande.

--?Ciegamente?

--Ciegamente.

--Yo obedezco la ley que es tal ley, la que han hecho los que pueden
hacerla, elegidos por mi y mis hermanos, elegidos por todos.

--A ti no te toca examinar la ley, sino obedecerla.

--?Y si me mandan una infamia?

--No te la mandaran.

--?Y si me la mandan?

--Te digo que no te la mandaran. Y si acaso Dios permitiera que tu Rey
te mandara alguna cosa contraria a la justicia, hazla, que Dios le
castigara a el y te premiara a ti en la otra vida. Seras martir. ?Que
mayor gloria? El martirio del deber es grande y sublime.

Lazaro se hundio mas.

--Observa--continuo Elias,--el espectaculo de esa nacion. Unos cuantos
desalmados le dan leyes en nombre de un principio absurdo, contrario a
la Naturaleza. Solo al Rey ha dado Dios soberania. iQue desorden! iEl
Rey obligado por una turba de soldados rebeldes a jurar aquel Codigo
abominable! Lo juro; pero en el fondo de su alma lo detesta. No podia
ser de otra manera. Esta prisionero, prisionero de sus vasallos que
juegan con el. El Rey se ve obligado a representar la mas horrible
farsa. Jamas la dignidad real ha descendido tanto. Pero el se librara de
esta horrible tutela, porque Europa, si es preciso, se coaligara para
salvar a Espana. Ya Espana ha salvado a Europa.

--No, no puedo creer--contesto Lazaro,--semejante iniquidad. Esta
invasion seria mas odiosa que la de 1808, y tambien mejor castigada.

--No lo creas: el Rey sera restituido a su trono. Ademas, Espana no se
levantara; y si lo hace, sera en favor de la intervencion. ?No ves
como manifiesta su voluntad? ?No ves las facciones que aparecen por
todas partes? Todas las provincias se arman para proclamar al Soberano
absoluto, y aun no han aparecido las principales facciones. Espana se
alzara contra ese absurdo sistema, y Fernando volvera a ser nuestro
Rey amado.

--?Sera posible?--dijo Lazaro con desaliento; y entonces se hundio mas.

--Tan posible, que no pasara mucho tiempo sin que lo veas. Ahora se va a
conocer el temple de las almas. Todos esos charlatanes que te han
llenado la cabeza de desatinos huiran avergonzados, yendo a esconder su
ignominia en tierra extranjera. Entonces se cubriran de gloria los
hombres de corazon recto; los leales y patriotas lucharan contra una
plebe desenfrenada; lucharan por el derecho, por Dios y por el Rey;
viviran eternamente en la memoria de todos, y sus nombres seran en lo
venidero un emblema de justicia y de honradez. Estos son los heroes,
Lazaro; estos.

Lazaro se acabo de hundir. Las palabras de su tio le impresionaban de
tal modo, que no tuvo aliento mas que para decir timidamente:

--?Esos nada mas?

--Nada mas. La gloria es muy divina para que pueda coronar otra cosa que
la justicia y el deber. No esperes nada fuera de esto. El torbellino de
esa turba ciega te arrastra: ve con el. No te digo mas. Camina a la
deshonra y la muerte. Adios. Algun dia te acordaras de mi.

--No--exclamo Lazaro deteniendole:--yo quiero que usted me aconseje y
me guie.... Yo ... aunque tengo bastante fuerza de convicciones....

--?Fuerza de convicciones?--dijo el fanatico, deteniendose y mirando a
su sobrino con desprecio.

--Si--contesto este,--y no puedo perderlas, no quiero perderlas.

--Bien: sigue por ese camino. Lejos de mi no esperes otra cosa que
deshonra, obscuridad. Yo te abandono a tu suerte. Hagame la cuenta de
que no te conozco. Te pondran tal vez en libertad, iras con ellos, seras
vencido, y entonces ... o huiras con ignominia, o te entregaras a la
venganza de tus enemigos, que no tendran perdon para ti, y haran bien.

--?Pero usted me abandona?

--Si: ya te he conocido. Vine solo por conocerte. Ya se quien eres. En
mi casa te espero; pero no vayas a ella sino convertido.

--iAh, imposible! No ire.

--Pues adios--dijo Elias con decision.

--Adios--repitio Lazaro con angustia.

Coletilla salio. El joven no se atrevio a detenerle. No creyo que se
marchaba hasta que le vio fuera, y sintio que el carcelero cerraba la
puerta. Entonces tuvo impulsos de llamarle; grito; no fue oido; lloro
lagrimas de desesperacion; golpeo violentamente con sus manos la puerta
y el cerrojo, y al fin, cediendo a la fatiga y al trastorno mental, cayo
de nuevo en aquel letargo extraviado y doloroso de que le sacara
momentos antes la llegada de su tio.





CAPITULO XIX



#El abate#.


Al dia siguiente, la casa de las tres ruinas contenia en su estrecha
capacidad seis personas: las tres Porrenas, Clara y dos visitas.

Clara y la devota estaban encerradas en la habitacion interior,
destinada a las practicas asceticas. La santa, concluida la oracion
mental, se habia sentado en un taburete, y poniendo un gran libro sobre
sus rodillas, leia con la cabeza inclinada a un lado, arqueadas las
cejas, bajos los parpados, y cruzadas las manos en ademan muy humilde.
Clara estaba a su lado, y como no debia llegar, en su flaca naturaleza,
a aquel alto grado de perfeccion, cosia como una pecadora, como una
infeliz mujer no acrisolada por las inflamaciones de amor divino. La
devota no se permitio otra expansion que referir a su companero los
gozos y visiones que aquella noche habia tenido. Despues empezo un
examen de doctrina, y le hizo varias preguntas morales y teologicas, a
que contesto Clara con sencillez, guiandose por lo poco que sabia
positivamente y por lo que su buen sentido le sugeria. Pero es el caso
que a dona Paulita siempre le parecian mal las respuestas de su
discipula. La reprendia, le explicaba con escolasticos giros y frases
nada comunes, y, por ultimo, la llamaba ignorante y hereje, causandole
gran turbacion y susto.

De repente interrumpe sus lecturas y sus reprimendas, y exclama:

--iAh! se me olvidaba una parte de mi rezo. Ya se ve, me he distraido
con los errores de usted, hija. Es preciso que usted piense de otro modo
y deseche esas ideas.... Pero digo que me olvide de rezar ... por....
--?Que ha olvidado usted?--le dijo Clara.--Me olvide de rezar dos _Padre
nuestros_ por el sobrino de nuestro buen amigo don Elias.

--Jesus; ?Que le ha pasado? ?Que es de el?--exclamo vivamente Clara sin
poderse contener.

--No se asuste, hermana, que no ha muerto--contesto friamente la devota.

--?Pues que le ha pasado?--continuo Clara, que se habia puesto palida y
temblorosa.

--Que esta preso en la carcel, y bien merecido.--?Pues que ha hecho?

--Alborotar por esas calles y hablar en los clubs una serie de cosas tan
perfidas o infernales, que horroriza el recordarlas. Anoche nos conto
don Elias todo lo que ese desalmado joven ha hecho, y pase un mal rato.

Clara estuvo un momento sin poder articular palabra. La repentina
noticia la turbo tanto, que no se atrevio a preguntar mas.

--Hermana--prosiguio la devota,--ique muchachos los del dial! iQue
horrible corrupcion! Ese joven debe ser un monstruo. Pero iay! debemos
tener compasion con los delincuentes que yerran. No es que crea yo,
como Origenes, que hasta el diablo se ha de salvar. Pero debemos
compadecer y amar a los pecadores, aunque estos sean de los mas
empedernidos y rebeldes.

--?Pero que ha hecho?--repitio Clara, haciendo un gran esfuerzo para
disimular su turbacion.

--No lo se punto por punto; pero son cosas tan horribles.... Ha hecho lo
que otros tantos desvergonzados que andan por ahi. Esta sociedad esta
perdida. A ver, hermana, si aprende usted pronto eso que le he dicho
sobre la gracia eficaz.

--?Pero esta preso?--anadio Clara con mas miedo.--Preso, si, y no lo
soltaran tan pronto. Pero esta usted inmutada ... Ya, le tiene
compasion, y es natural. La compasion a los semejantes es una de las
virtudes que mas recomienda Tertuliano. Usted esta palida, hermana.
Pero, ya: es efecto de la compasion. Voy a rezar. Y dejando el libro,
tomo el rosario y rezo. Clara bajo la cabeza y siguio cosiendo. Era tal
su congoja, que no daba un punto a derechas; picose los dedos muchas
veces, y la costura salio tan mal que pronto fue preciso desbaratarla y
coserla de nuevo.

Dejemoslas y acudamos a las visitas. En la sala estaban Maria de la Paz,
Salome, y delante de ellas, en pie y respetuosamente, Elias Orejon y el
ex-abate don Gil Carrascosa.

Nada hemos hablado hasta ahora de la amistad de este singular personaje
con las venerables viejas. Carrascosa, en su calidad de abate
entrometido, frecuentaba la casa de Porreno, lo mismo que otras de la
mas elevada jerarquia. Aun hemos oido contar a personas de toda
veracidad que el intruso y audaz hombrecillo habia tenido una parte
principal en las misteriosas relaciones de Salome con aquel joven
militar, a quien enviaron al Peru despues del rompimiento de la dama con
el imberbe duque de X....

Carrascosa era hombre de mucha travesura y socalina, sutil como el aire,
capaz de urdir en el seno de las familias las mas habiles maranas; iba y
venia sigilosamente su color de preparar fiestas, de arreglar
procesiones, y era, en resumen, un picaro tercero. Asi le llamamos por
no darle otro nombre un poco soez, que alguien le aplico oportunamente y
conservo entre muchos con justicia.

La amistad de las tres viejas se interrumpio con la desgracia, y solo de
vez en cuando las visitaba, recordandoles los tiempos pasados con una
elocuencia y un calor que no agradaban a dona Paz. Ultimamente, sus
visitas eran mas frecuentes y mucho mas afectuosas sus demostraciones
de amistad. El dia en que los encontramos aqui habia ido con Elias; y
por algo extraordinario iba sin duda, porque su vestido era el mas
escogido y su cara estaba mas lavada que de costumbre. Los puntiagudos
faldones de la mejor de sus tres casacas se balanceaban al compas de las
piernas en la parte posterior del cuerpo; el tupe habia recibido doble
racion de pomada, y la corbata, aumentada con nuevos pliegues, formaba
un blanco follaje, una pechuga escarolada debajo de la barba. Cuando el
abate se ponia este traje, habia pronunciado ya la _ultima ratio_ de su
peculiar elegancia.

Coletilla se despedia ya despues de haber saludado a las damas. No venia
sino a ratificar un tratado que ultimamente ajusto con Paz. Ya sabemos
que las senoras tenian el segundo piso de la casa simplemente ocupado
con los muebles de familia de que no habian querido deshacerse. Este
piso era muy pequeno y abuhardillado, comunicandose con el principal por
una escalera interior.

Las damas habian propuesto a Elias que se fuese a vivir a aquel sitio,
comiendo con ellas en calidad de huesped, y al buen viejo le vino este
arreglo como de molde, porque le producia un ahorro, y ademas le ponia
en estrecho contacto con sus antiguas amas, que tenia siempre en tanto
aprecio. Economia, comodidad, seguridad: estas tres ventajas vio en la
proposicion, y acepto. Aquel dia vino a darles la respuesta definitiva:
sobre el precio no hubo disputas.

Cuando Coletilla se marcho el abate se preparo a tomar la palabra: hizo
mil muecas, sacando a la superficie de su cara todo su repertorio de
sonrisas. No seremos indiscretos en decir, anticipandonos a la
declaracion expresa del mismo don Gil, que iba a invitar a las tres
damas para una fiesta religiosa. Tambien nos atrevemos a indicar, con
todas las reservas imaginables, que aquello no era mas que un pretexto
que ocultaba otros fines.

Cuando rompio a hablar, lo primero que hizo fue preguntar por dona
Paulita, y tambien por Clara, empleando algunas discretas reticencias.
Despues dijo:

--Pues yo venia a decir a ustedes si quieren honrar con su presencia la
funcion que la Hermandad de la Pasion y Muerte celebra manana en la
iglesia de Maravillas. Yo soy el secretario de la Cofradia, y gracias a
mi se ha arreglado la fiesta. Yo les aseguro a ustedes que sera de lo
mas lucido que se ha visto en la Corte.

--No sera nunca como la que hicimos el ano 98 en las Ninas de Loreto,
cuando se traslado la Virgen de los Dolores del oratorio del
Olivar--dijo Salome.

--No fue el 98, sino el 3; que me acuerdo como si hubiera sido
ayer--dijo Paz.

--Te digo que fue el 98--insistio la otra.

--Estoy segura que fue el ano 3--dijo Paz,--cuando el primo vino de la
guerra de Francia.

--Que el 98, Paz--afirmo Salome,--el 98. Hace ya veinticinco anos.

--Jesus, mujer: te aseguro que fue el ano 3; me acuerdo bien. Yo tenia
entonces ... quince anos.

--Senoras, no hace al caso la fecha--dijo Carrascosa, cortando aquella
peligrosa cuestion.

Y despues continuo:

--Gracias al petitorio que yo dirijo, se han reducido dos mil y pico de
reales. Tenemos misa con orquesta de capilla, y nos predica el padre
Lorenzo de Soto, que es un orador que vale un Peru.

--iOh! no me le nombre usted--dijo Salome, apartando la cara y
poniendole delante de ella la mano abierta a guisa de pantalla:--es un
clerigo pervertido, contaminado con las ideas del dia. Despues que los
liberales le hicieron Provisor da Astorga, esta en poder del demonio.
Hube de caerme muerta cuando el dia de la fiesta de la Virgen de la
_Leche y Buen Parto_ le oi decir en San Luis que era preciso
reconciliarnos con los que habian trastornado a nuestra patria. ?Como
puede haber llegado a ese extremo de perversion una persona ten docta
como el padre Lorenzo de Soto?

--Senora, yo tengo para mi que es un gran predicador--dijo
Carrascosa.--El ano 12 fue, como ustedes saben, Diputado en aquellas
Cortes; el 14 firmo la exposicion de los _persas_.iNoble caracter!
Despues, la amistad del Rey le ha elevado a puestos muy altos; y para
probar su merito, baste decir que el fue quien descubrio la
conspiracion de Porlier. Despues del 20 se ha hecho enemigo de la
Constitucion, lo cual es digno de alabanza, porque de otro modo hubiera
perdido su prebenda. Pero nada de esto hace al caso, sino que predica
manana, y que esta tarde tenemos Completas, en que cantan los tiples de
Avila y el padre Melchor, franciscano de Segovia. Manana oficiara el
reverendo obispo do Mechoacan, y por la tarde habra procesion, a que
asistira la Cofradia del Paso, la del Santo Sudario, y tambien iran los
ninos del Hospicio.

--iAy, don Gil!--exclamo con acento de profundisimo desconsuelo Maria de
la Paz,--?Como se atreven a sacar los santos a la calle con estas
cosas? Mas querran ellos estarse en sus casas que no salir a ver todas
las iniquidades que cometen los hombres.

--Puedo asegurar a usted--dijo el abate con sonrisa diabolicamente
ironica--que no se han quejado, ni se quejaran por el paseo. Lo mejor de
la procesion es la comitiva que tenemos organizada. Iran catorce
virgenes vestidas de blanco, con coronas de rosas, velos, escapularios,
y cirios en las manos.

--Esas comitivas--dijo con muy mal humor Maria de la Paz--no me hacen
gracia. iEs una cosa tan mundana! Alli van los hombres solo por ver a
las muchachas; y las muchachas que hacen de virgenes, van solo a que las
vean, y en lo menos que piensan es en los santos y en Dios. Esas son
cosas de Francia, senor don Gil. Antes no se usaban aqui semejantes
inmoralidades, y dia vendra en que se acaben costumbres tan
escandalosas.

El timbre nasal de la voz de dona Paulita, que se hallaba en la
habitacion inmediata, resono en la tala, trayendo la opinion de la
santa, que no por estar rezando dejaba de prestar atencion a cuanto en
la sala se decia.

--iAh!--exclamo, alzando la voz para poder ser oida por don Gil--no me
nombren esas procesiones de virgenes mundanas. iQue virgenes seran esas
que salen con coronas de rosas y cirios en las manos! Una vez vi eso, y
me entro tal grima, que tuve que confesarme en seguida de la colera que
me habia dado. No me nombren eso. iQue escandalo, Dios mio! iA donde
iremos a parar asi!

--Pues, senoras--manifesto don Gil, respirando fuerte, como si con el
aliento adquiriera la fuerza que contra tantos y tales enemigos
necesitaba:--yo, senoras, respetando la opinion de ustedes, encuentro
que esas procesiones son muy pateticas, muy expresivas, muy religiosas.
De todos modos, ya la procesion esta arreglada, y hay que llevarla
acabo. Hemos estado buscando jovenes, y ya hemos encontrado algunas;
pero aun nos faltan cinco. La fiesta es manana: y si no encontramos hoy
esas que faltan, se va a deslucir la funcion. iQue contratiempo! No
saben ustedes cuanto he trabajado para buscarlas. Son muy guapas las
que tengo ya.

--Senor don Gil, por Dios--chillo Salome en el tono de una honesta dama
que reprende el atrevimiento de su galan.

--Senoras, ?que tiene eso de particular? Si Dios las ha hecho guapas,
?que vamos nosotros a hacer? Pero iay! me faltan cinco. Por eso he
venido aqui. Y se detuvo como cortado.

--iHa venido usted aqui!--exclamo Paz abriendo mucho los ojos.

--iHa venido usted aqui!--murmuro Salome con subito cambio de color.

Las dos ruinas se miraron Aquella mirada fugaz fue terrible. Un
observador oculto e inteligente hubiera advertido tal vez que en aquel
mutuo rayo por una y otra lanzado, se examinaron, se despreciaron,
cambiando como una expresion de rencor que cada una lanzo para la otra.
Pero Carrascosa, aunque era buen observador, no pudo advertir al breve
resplandor de aquella mirada fugaz como un relampago, los dos abismos
que, abierto el uno frente al otro, se contemplaron un instante,
mostrandose todo su horror. No se crea por esto que tia y sobrina no se
querian bien, no: se amaban, si cabe expresarlo asi; se amaban como
pueden amarse dos personas que se fastidian juntas. Sigamos.

Un profundo y lejano suspiro anuncio la admiracion de dona Paulita.

--Si, he venido aqui a ver si ustedes consienten ...--continuo el abate.

El retablo que en la persona de Paz hacia veces de rostro, se puso de
color de remolacha, y los ojos de Salome miraron al cielo, no sabemos si
por un movimiento natural o por una calculada combinacion de ademanes.

--Eso no tiene nada de particular, senoras, nada de particular; al
contrario....

--iSenor don Gil!--dijo Salome con una cosa parecida al rubor.

--iSenor don Gil!--exclamo Paz con toda la majestad de su caracter
reunida en un solo gesto.

El que habia sido abate y covachuelista comprendio que le habian
entendido mal.

--Voy a rectificar--exclamo.

--A rectificar, como dicen en las Cortes--indico Salome en un arrebato
de amabilidad repentina e inexplicable que no pudo contener; amabilidad
rarisima en ella y que era sin duda signo de una gran agitacion.

El buen humor de la segunda ruina era siniestro.

--Quiero decir--continuo el abate, despues de toser dos o tres
veces--que venia a ver si consentian ustedes en que esa joven ... esa
joven que ustedes protegen....

A Salome le entro una tos convulsiva, no sabemos si originada por una
causa fisica o por la necesidad de disimular y no ofrecer a la
contemplacion de don Gil las arrugas triangulares y el color cardeno
que aparecieron en su cara al oir aquella proposicion. Maria de la Paz
se restrego un ojo como si le escociera. Oyose la voz de dona Paulita
que rezaba un latinajo incomprensible.

--Esa joven--continuo Carrascosa,--que se llama ... ya no me acuerdo de
su nombre. Pues ... esa que es tan guapita y tan modesta. De seguro no
habra en la procesion ninguna que la iguale.

--iSenor don Gil!--exclamo Maria de la Paz Jesus con explosion de colera
repentina.--?Como se ha figurado usted que yo podia consentir en
semejante cosa? Ya le he dicho a usted que esas comitivas me parecen muy
indecentes, y si esa nina quisiera prestarse a ser escandalo de la
Corte, no entraria mas en esta casa. Por parte suya, no dudo que
consintiera, porque es tan aficionada a coquetear por ahi, que si la
dejaran habia de estar todo el dia en la calle detras de los hombres.
Pero no ... no me hable usted de eso.

--Yo sospechaba desde el principio a donde iba usted a parar, senor
Carrascosa: pero quise aguardar a que se explicase--dijo Salome con
mucho desden.

--Senoras, veo que son ustedes inflexibles. Conozco mucho la noble
entereza del caracter de ustedes y el teson de sus principios para
insistir mas sobre este punto.

En aquel momento dona Paulita, que, sin salir de la habitacion interior,
no perdia silaba de lo que alli se decia, tomo parte en la conversacion,
variando de sitio para que la oyeran mejor.

--iOh, Dios mioi--dijo.--No consentire yo tal cosa. iHasta las personas
mas perfectas caen alguna vez! iHasta de los hombres mas de bien y de
mejor conducta se vale el demonio para sus perversos fines! iQuien diria
que usted, senor don Gil Carrascosa, habia de ser instrumento de
perdicion para esta pobre muchacha!

--iYo, senora mia!

--No: ya se que es sin querer, que a veces Dios permite que una persona
buena sea, sin saberlo, causa de la perdicion de otra. No le echo a
usted la culpa. Pero esta pobre nina tiene quien vele por ella. No
caera otra vez; que gracias a un buen angel ha salido ya del abismo la
pobrecita, y se ha salvado. Ya esta hecho lo principal; de modo que
ahora, con una vida ejemplar consagrada enteramente a la oracion, su
alma se purificara por completo. No temas, nina--anadio, volviendose
del lado en que estaba Clara;--no temas, que no volveras a caer, y si
saliste del pantano del mundo, ha sido para continuar pura y sin
mancha lejos de el. Y no desconfies de ella--prosiguio mirando a la
sala y dirigiendose a las dos esfinges: no desconfies de ella, porque
es muy buena.

Salome movio la cabeza en senal de duda.

--Es muy buena, muy buena companera mia--continuo la devota--Aunque el
mundo trato de corromperla, ella tiene muy buen fondo, y el alma esta
santa: lo he conocido. Perdera la corteza de las viles pasiones que el
mundo le ha ensenado. Estoy tan interesada en su salvacion, que quiero
unirme a ella para toda la vida y salvarla conmigo. iOs aseguro que asi
sera! Amadla vosotras, que Dios manda amar a los pecadores, sobre todo
cuando estan arrepentidos. ?No es verdad que estas arrepentida, hermana?

No se oyo ninguna respuesta. Clara contesto sin duda que si con un
movimiento de cabeza. El sermon de la devota dejo un eco en la sala.

--Senoras: para concluir, me permitire una observacion--dijo don
Gil.--Yo no veo un escandalo en que la senora dona Clarita salga en la
procesion de las virgenes. Al contrario, bueno es que ostente la
hermosura, que es obra de Dios; y la mujer que se esconde y no sale,
impide que se admire una obra de Dios, cual es la hermosura. Esa joven
es un ejemplar prodigioso de las hechuras de Dios, y haciendo que todos
la vean es como se publican las alabanzas del autor de tantas
maravillas.

--Senor don Gil--objeto Maria de la Paz haciendo esfuerzos para aparecer
serena:--no creia yo que fuese usted tan libertino. Vamos, nosotras
teniamos de usted otra idea; creiamos que....

--Yo soy, senora, un hombre como los demas. Admiro las obras bellas de
la Naturaleza, y una mujer hermosa es....

--Por Dios, senor de Carrascosa: en verdad tiene usted unas cosas
...--dijo Salome pasando la mano por el fragmento de cabellera que entre
su apergaminada frente y su tocado aparecia.

--iJesus! reportese por Dios--dijo desde dentro la devota. Me horrorizan
sus palabras.

Algo mas duro el importante dialogo; pero don Gil, viendo que no sacaba
partido de las tres pecoras, vario de asunto, aunque con poca fortuna,
porque sus amigas le mostraron mucho despego durante toda la visita. Al
fin determino marcharse; se levanto, hizo mil cortesias, les reitero su
respeto y admiracion, prometio volver pronto, y se fue.

Al llegar a la calle miro a todos los lados como buscando a alguno, y
al poco rato salio del portal de una casa inmediata el joven militar que
hemos conocido desde el principio de esta historia.

-?Que hay?--pregunto a Carrascosa con mucho interes.

-Nada, no quieren. Esas viejas son unos demonios contesto riendo de
muy buena gana el abate.--Me parece que por ese camino no
conseguiremos nada.

-iDiantre de viejas!

-No la sacamos de esa casa si no ahorcamos a las tres arpias de los tres
balcones, y a Coletilla del tejado.

-Estoy decidido ya a lo que te dije ayer. Si no la puedo sacar, me cuelo
yo dentro.

-iHombre, que empeno! ... Eso ya pica en historia. Vamonos de aqui,
que si Coletilla nos ve, de seguro cae de su burro; vamonos y hablemos
del asunto.

-Eres lo mas inutil ... Veras si yo la saco.

-Quisiera verlo--contesto Gil; y los dos se alejaron en direccion a
Santa Barbara.

-Ya tu has olvidado tus antiguas mafias, diablo de abate; ya no sirves
para el caso. A ver como puedo yo entrar ahi; discurre un medio, un
ardid cualquiera: ?para que te sirve esa travesura? a ver.

-Hay un medio magnifico--contesto Carrascosa.

-Pues explicate pronto.

-Voy a explicarlo.





CAPITULO XX



#Bozmediano#.


Antes de dar a conocer en toda su extension el coloquio de estos
personajes, conviene dar noticias de uno de ellos, ya harto conocido por
el lector. El militar que en el segundo capitulo de esta historia vimos
prestando auxilio a Coletilla y despues introduciendose furtivamente en
su casa, se llamaba don Claudio Bozmediano y Coello. Ya era tiempo de
decir su nombre. Tenia treinta y dos anos, y servia en el ejercito con
el grado de comandante. Su padre fue uno de los venerables legisladores
de Cadiz. Hombre de talento, de notoria probidad, de elevada cuna y
agradable presencia, habia sido siempre muy amado de sus compatriotas. A
la vuelta del Rey fue perseguido como todos, y tuvo que emigrar. Pero
restablecido el sistema constitucional, el viejo Bozmediano volvio a
Espana y ocupo uno de los mas elevados puestos en la politica.

(Con el nombre de Bozmediano conoceremos en esta historia al hijo de
aquel varon ilustre, cuyo verdadero nombre no podemos usar en nuestro
relato por ser un personaje contemporaneo de memoria muy reciente.)

Bozmediano, padre, era liberal de corazon. Trataba al Rey, y es seguro
que hizo todo cuanto cabe en fuerza humana para dirigir por camino recto
la torcida voluntad de aquel soberano falaz y perverso. Era rico, y
jamas le movio el interes en asuntos politicos. El amor a su hijo y el
patriotismo eran dos sentimientos profundos que, enlazados y
confundidos, ocupaban todo su corazon.

Bozmediano, hijo, que es el que mas conocemos, era un joven de
excelentes prendas; pero tenia un defecto que la edad disculpaba. Era
tan aficionado a las muchachas, que el galantearlas entretenia la
mayor parte de su vida, robando tal vez a la patria grandes servicios.
No era un libertino: las queria con toda la buena fe que el naciente
siglo XIX permitia; y aunque el aseguraba no haber encontrado la suya,
entreteniase con las demas esperando. Pero al fin, o la habia
encontrado, o habia hallado una que de fijo le entretendria mas que
las otras.

Despues que conocio a Clara, habia perdido el reposo. No solo la joven
aquella, por sus cualidades y encantos personales, le interesaba
mucho, sino que en su vida habia encontrado un misterio, para el
interesantisimo, por ofrecerle lo que siempre buscaba con mas afan:
una aventura.

La aventura se presentaba singularmente dramatica, excitando al mismo
tiempo el amor y la curiosidad de Claudio. La soledad de aquella
huerfana que vivia en compania de un viejo excentrico, la tristeza y
necesidad de desahogo que en ella habia notado, eran causas bastantes
para estimular un espiritu menos impresionable y caballeresco. Su
intento, su gran aspiracion, era descifrar el misterio de aquella casa,
y despues salvar la encantadora y desdichada muchacha de la odiosa tutela
de su guardian.

--Hay varios medios de entrar en la casa--decia Carrascosa tomando el
brazo del militar:--paro hay uno que es excelente. Esas viejas tienen
un arrendatario que ahora debe venir a pagarles sus rentas, lo poco que
tienen. Lo se por Elias. Estamos al aviso, le compramos, le hacemos
escribir una carta diciendo que esta enfermo y que envia a su hijo con
el dinero; usted se disfrazara de labriego, entra en la casa, y una vez
alli, icataplum! le ha dado un desmayo, un accidente terrible. No tienen
mas remedio que dejarlo en la casa ... le meteran en un desvan, y
durante la noche, cuando ellas duerman, se apoderara de la chica, y ...
a la calle.

--Calla, imbecil: eso no puede ser. No se en que comedia he visto eso,
que es muy bonito en el teatro; pero en la vida.... Yo quiero entrar en
mi traje habitual, con mi nombre ... pero es preciso un pretexto, porque
supongo que esas viejas seran la misma desconfianza.

--Armaran un escandalo y sera tal el vocerio que se oira en Jetafe. Es
preciso ir con tiento.

--Pero, hombre--dijo Bozmediano, que no tenia noticia de que
semejantes tipos existieran en el mundo,--?que gente es esa?... ?Cual
es su caracter, su vida, sus habitos, que hacen y por que esta ahi esa
pobre muchacha?

--Dichoso usted que no conoce a esas diablas de Porreno. Son los pajaros
mas raros que hay en el mundo. Cuando tengo mal humor voy a reirme con
ellas, oyendolas disparatar. Fueron ricas, pero han venido a menos; creo
que el dia menos pensado se comeran unas a otras.

--?Y en que se ocupan?

En nada, mejor dicho, en rezar. Una de ellas es santa, y le aseguro a
usted que cuando se pone a hablar de sus santidades es cosa de morirse
de risa. iY que impertinentes son! Cuando les propuse lo de la
procesion, con objeto de sacar de alli a Clarita, se pusieron hechas
unos grifos. Ya me figure yo que no consentirian; y en verdad, amigo,
que el proyecto que acaba de fracasar era atrevidillo.

--?Y como ha venido aqui esa Clarita?

--Yo no se: cosas de Elias.

--Hombre, hableme usted de ese Elias. El dia en que le conoci por
primera vez me parecia lo mas raro del mundo. Ya habia yo oido hablar de
Coletilla.

--Elias es un loco rematado, es realista; pero con un fanatismo que le
llevara hasta el martirio.

--?Y quiere a esa joven?

--No se: yo lo dudo. Coletilla no ama mas que al Rey, mejor dicho, al
Principe real.

--Pues bien: a ver como me introduces en esa madriguera.

--Es preciso entrar de _ocultis_--dijo con la mas maliciosa
sonrisa el abate.

--Y que sacamos de eso?--contesto en el colmo de la confusion
Bozmediano.--Entro, por ejemplo, de noche: si alguna me ve, me creera
ladron, chillara, y entonces ... ibonita aventura! Ademas, Clara no esta
prevenida, no tiene relaciones conmigo. ?Que voy yo a hacer alli? Yo
quiero introducirme sin que se sospeche nada, entablar amistad con ella.

--Tengo una idea--exclamo Gil golpeandose la frente.

--?A ver?

--Usted va a entrar en un momento en que Clarita este sola.

--?Sola? Pues esos demonios, si salen alguna vez, ?la dejaran alli?

--Si.

--?Y cuando salen?

--Yo me encargo de averiguarlo y de arreglar eso.

--Explicate mejor.

--Lo primero que usted debe hacer, senor don Claudio es escribir una
carta a la nina. Yo tambien me encargo de eso.

--Bien: ellas salen; probablemente la dejaran encerrada, ?Como entro yo?
?Voy a estar descerrajando puertas?

--No, senor: usted entrara comodamente y sin ruido.

--A ver como es eso, diablo de abate.

--?Recuerda usted aquel vestido de abate que yo tenia alla por los
anos 10 y 12?

--?Que he de recordar yo?--dijo Claudio, picado y curioso.

--Calma, amiguito--contesto don Gil, poniendole la mano en el
pecho:--?recuerda usted mi gorro y mis calcetas, un primor de costura
y de corte?

--?Y que tiene eso que ver con la...?

--Vamos alla. Pues ese traje, ese gorro, esas calcetas, me las hicieron
dona Nicolasa y dona Bibiana Remolinos, personas eminentes en el arte de
coser, a quienes tendre el gusto hoy mismo de presentar a usted.

--?Pero que jerga es esa? ?Que demonios tiene eso que ver con lo que
te pregunto?

--Usted no cae en la cuenta--contesto el socarron del abate,--porque no
sabe que esas dos senoras viven en la misma buhardilla en que hace diez
anos vivio la hija del herrero, Josefita Pandero, de quien anduvo tan
enamorado el conde de Valdes de la Plata: es decir, en el numero 6 de
la calle de Belen. Yo anduve en el asunto.

--Ya recuerdo haberte oido contar algo de eso. ?Pero que tengo yo que
ver con Josefita Pandero ni con esas senoras Remolino...?

--Usted no comprende lo que quiero decir, porque no recuerda que el
conde de Valdes de la Plata, no pudiendo sonsacarle la nina al herrero,
que la guardaba como si no fuera mujer, alquilo la casa inmediata, y no
paro hasta abrir una comunicacion que le permitio profanar el hogar de
aquel testarudo Vulcano.

--Ya....

--Pues ... mis amigas las costureras viven en el numero 6, donde vivio
la hija del herrero, y mis amigas las Porrenos viven en el 4, donde
vivio el conde de Valdes de la Plata; y en resumen, si una puerta,
habilmente hecha, permitio a un caballero pasar del 4 al 6, tambien
abrira paso del 6 al 4 untandoles las unas a esas costurerillas, que,
dicho sea da paso y en honor de la verdad, tienen para el pespunte unas
manos que son una gloria.

--Ya comprendo. ?Y esa puerta existe?

--iPues no ha de existir! Yo la he visto, yo respondo de todo: me
encargo de averiguar cuando salen las arpias, de llevar la cartita y de
facilitar el paso....

--No es mala idea--dijo el militar--y, sobre todo, mala o buena, yo la
he de llevar a cabo. ?Y que haremos para que esa lechuza de Coletilla no
nos estorbe?

--Coletilla no nos estorbara. De lo menos que el se ocupa es de la
muchacha, cuyo porvenir no le importa un comino. El no se ocupa mas
que de....

--?De conspirar, eh?

--Pues ya. Amigo don Claudio, Elias es hombre fuerte y tiene amistades
muy altas. Puede mucho, y asi con su humildad y su melancolia es persona
que maneja los titeres. Le digo a usted que se va a armar una....

--?Con que conspiran? Si conspiran los realistas, es seguro que tu
estaras con ellos, ?no?

--Hombre, yo ...--contesto Gil maliciosamente--yo soy hombre de orden, y
nada mas. Si ando con Elias y me trato con los suyos, es solo por
enterarme de sus manejos, pues....

--Siempre el mismo truhan redomado: nadie como tu ha sabido navegar a
todos los vientos.

--Ya sabe usted, senor don Claudio--contesto Carrascosa--que me acusaron
de realista y me quitaron mi destino. ?Yo que iba a hacer? ?Iba a
morirme de hambre?

Las ideas no dan de comer, amigo. Usted, que es rico, puede ser
liberal. Yo soy muy pobre para permitirme ese lujo.

--iSolemne tunante!

--Lo que hago es estar al cabo de todo. ?Quiere usted que acabe de ser
franco? Usted es buen amigo y buen caballero. Voy a ser franco. Pues
sepa usted que esto se lo va a llevar la trampa. Esto se viene al suelo,
y no tardara mucho. Se lo digo yo y bien puede creerme. Dice usted que
soy un solemne tunante. Bien: pues yo le digo a usted que es un tonto
rematado. Usted es de los que creen que esto va a seguir, y que va a
haber libertad, y Constitucion, y todas esas majaderias. iQue chasco se
van a llevar! Le repito que esto se lo lleva Barrabas, y si no,
acuerdese de mi.

--?Ya empiezan las facciones, eh? Pues es cierto que les daran que
hacer, porque los liberales no se maman el dedo, amigo Carrascosa.

--iAh!--contesto el otro, riendo como un diablillo.--?Que no se maman el
dedo? Ya vera usted lo que va a salir de aqui. Usted, Bozmediano,
arrimese a buen arbol.... Mire que se lo aconseja quien sabe lo que son
estas cosas.... Pero volvamos al otro asunto. En lo concerniente a
Clarita, voy a darle a usted un dato muy importante.

--A ver.

--Este Elias tenia un sobrino en Ateca. Clara estuvo alla hace unos
meses. El sobrino es joven, decidorcillo, medio galanteador....
?Necesito decir mas?

--Vamos, ya parecio aquello--dijo Bozmediano con mucho interes.--Apuesto
a que es su novio.

--Pues ganara usted. Yo estuve en Ateca en aquellos dias, y supe que los
dos chicos se querian. Me parece que se quieren todavia.

--iHola, hola! ?esas tenemos?--dijo Bozmediano amostazado--?Y como hasta
ahora no me habias dado esa noticia?

--Porque hasta hoy no habia sabido que ese chico llego y esta en Madrid.

--?En Madrid?

--Si; pero se las compuso de tal modo, que llegar aqui y ser metido en
la carcel, fue todo uno.

--?Pues que hizo?

--Es muy aficionado a la politica. Alla en Zaragoza hablaba mucho en
los clubs. El chico estaba envanecido; llego a Madrid; sus amigotes
le llevaron a la _Fontana_; hablo; a la manana siguiente se mezclo
en el tumulto de la procesion del retrato de Riego: chillo en la
calle, alboroto, vino la policia, le echo mano y le llevo a la
carcel, donde esta.

--?Y su tio no procura sacarlo?

--Usted no conoce a esa fiera. Su tio, al saber que el muchacho era
exaltado y que la echaba de orador, se puso hecho un veneno, fue a la
carcel, le rino de lo lindo, y ha roto con el, diciendole que mientras
tenga aquellas ideas no parezca por su casa.

--Ese hombre es lo mas excentrico ...

--Si, senor. Pero la pobre muchacha esta seguramente pasando las
mayores amarguras, y tendra el corazon tamanito al ver lo que le pasa a
su pobre amigo.

Bozmediano permanecio meditabundo algunos instantes. Despues dijo con
mucha calma:

--Ya se lo que tengo que hacer.

--?Que va usted a hacer?

--Todo lo posible para que pongan en libertad a ese joven. Estoy seguro
de que lo conseguire.

--iHombre, pues es usted lo mas raro! ... No se comprende dijo sonriendo
y con asombro don Gil.--?Con que esta usted haciendo el amor a la
chica, y le va a poner en libertad al novio? Si digo yo que usted es
tonto, don Claudio.

--No tengo duda alguna: le pongo en libertad. Veremos como ella lo toma.
Haremos que sepa que yo le he puesto en libertad, yo.

--Buena la va usted a hacer. Estos entes caballerescos son
incomprensibles. Ese muchacho sera un estorbo mas para nuestro plan,
para el escalamiento y ...

--No importa: alla veremos. Sobre lo demas, lo dicho, dicho ... La
carta, alejamiento de las arpias, la puerta del desvan....

--Todo presto, todo arreglado. No hay mas que hablar. Dios se la
depare buena.

Despues de estas palabras se separaron. El ex-abate, al partir, se reia
con muy buenas ganas del joven militar, a quien queria servir llevado de
miras ulteriores, esperando un ventajoso arrimo en aquella situacion
politica. El otro se dirigio a su casa, pensando a la vez en la
repugnante astucia de don Gil y en los peligros de su aventura.

El ardid amoroso que pensaba emplear Bozmediano era cosa muy comun a
principios del presente siglo, en que se conservaba aun la rigidez de
los principios domesticos que habian hecho en tiempos anteriores una
fortaleza de cada hogar.

En el siglo XVII, cuando nuestra nacionalidad vigorosa, original y
profundamente caracteristica, no habia recibido influjo extranjero, los
espanoles se componian de otro modo: iban a su objeto por medios mas
violentos, mas decididos, mas romanticos, que indicaban antes la pasion
que la intriga; mas bien la resuelta actitud del valor que el ingenioso
intento de la astucia. Aquel fue el siglo de los raptos del convento,
de las escaladas por el jardin, de las fugas, de los atropellos, de los
sublimes atrevimientos. Entonces hubo un galan, segun dicen (el Conde
da Villamediana), que quemo su casa solo por el placer de sacar en
brazos a una dama.

La irrupcion de costumbres francesas, verificada con la venida de la
dinastia nueva a principios del siglo XVIII, modifico esta como otras
cosas. La sociedad que se imponia a la nuestra era menos grande, menos
valerosa, menos apasionada; pero mas culta, mas refinada, mas hipocrita.
Con ella vinieron los abates, y vino la literatura clasica, fria,
ceremoniosa, falsa, hipocrita tambien. La poesia pastoril, ultimo grado
de la hipocresia literaria, tuvo un renacimiento funesto en el siglo
pasado. Al compas de los madrigales, los abates hacian el amor
callandito en los salones. Los amantes, que componian versos de casto e
insipido pastorileo, no podian entrar en las casas como aquellos a
quienes encubria su dignidad, y entraban disfrazados o empleando los mas
extravagantes y rebuscados medios.

Con la sociedad nueva vino la moda nueva. Esta trajo las pelucas
blancas, los peinados complicados e hiperbolicos; y con el artificio
de estos peinados se creo el peluquero de las damas, hombre gracioso
que entraba en todos los tocadores, y era tercero en toda
intriguilla de amor.

Ningun siglo ha visto, como el decimoctavo, la astucia sirviendo al
amor. Veiase a los amantes arrostrando la ridiculez de situaciones muy
raras para poder hablar con sus damas. La casa era invadida; pero no
como la invadian nuestros caballeros del siglo anterior, espada en mano,
batiendose con una turba de criados y dos docenas de alguaciles, sino
astuta y solapadamente, enganando a las familias, abusando de la
confianza o encubriendose con un disfraz ingenioso y a veces grosero.

En 1821 estos procedimientos estaban aun en boga, y Bozmediano era
maestro consumado en el asunto. Conocia el resorte de los barberos, de
las terceras, de los abates, siendo muy diestro en el uso de disfraces,
enganos y supercherias amables, como entonces se llamaba a estas cosas.
Si no pudo emplearlos en la aventura que le vemos emprender, a causa de
las singulares, costumbres de las tres senoras, no fue culpa suya; y
solo a los obstaculos y dificultades que presentaba el terreno, se
debio, como el decia, que empleara medios un poco mas violentos.





CAPITULO XXI



#iLibre!#


Ante todo, Bozmediano, guiado por un sentimiento facil de comprender,
resolvio firmemente hacer cuanto en su mano estuviera para poner en
libertad al pobre Lazaro. Servir al que podia considerar como su rival,
le parecia un acto que podia asegurarle la benevolencia de Clara; y esta
benevolencia, bien y astutamente dirigida, podia convertirse en amor. No
procedia este como los amantes vulgares, en quienes la pasion no es mas
que un egoismo un poco espiritualizado. En Bozmediano los movimientos de
delicadeza y generosidad eran espontaneos y vehementes.

No le fue dificil conseguir lo que apetecia. El secretario del jefe
politico, informado por la policia, le dijo que el preso era un
agitador, pagado por los amigos de la reaccion; pero Claudio lo disculpo
cuanto pudo, diciendo que era un joven sin experiencia ni juicio; y al
fin, despues de muchos empenos y recomendaciones, se dio la orden para
ponerle en libertad.

Bozmediano se dirigio a la Carcel de Villa. Lazaro, despues de la visita
de su tio, habia caido en lugubre abatimiento. Aquella fiebre angustiosa
que llenaba la imaginacion de alucinaciones terribles, haciendole sufrir
tan grandes tormentos, habia degenerado en lento marasmo, en un letargo
moral que le embrutecia. Su inteligencia, tan viva y brillante en otras
ocasiones, estaba adormecida; y recostado en un rincon, con la vista
fija en el angulo opuesto, sus ojos buscaban la obscuridad como unico
descanso. El descuido, el abandono, la atonia y un sopor estupido se
pintaban en su actitud.

Cuando le notificaron que estaba libre, tardo mucho en adquirir la
completa nocion de aquel cambio. Rehaciendose un poco, creyo que a su
tio debia semejante favor, con lo cual la persona de Elias gano
momentaneamente su afecto. Pero al salir encontro a Bozmediano que le
saludo con mucha cortesia, repitiendole que estaba libre y podia
retirarse a su casa.

Sintiose conmovido ante la generosidad desinteresada de aquella persona;
pero pronto empezaron las dudas y la confusion. ?Quien era aquel joven?
?Le habia favorecido por generosidad o por miras ocultas? No le conocia.
?Por donde sabia su nombre y que estaba preso?

Lazaro no penso mucho en esto. Hablaron al salir, y le parecio que
Bozmediano era bueno y honrado, dispuesto a la amistad y a las buenas
acciones. Cuando marchaban juntos por la calle de Atocha, el aragones
escuchaba las palabras de su desconocido favorecedor con la tranquila
atencion de la inferioridad; admiraba sus maneras, su entendimiento, su
fisonomia, su modo de expresarse, y en aquel momento le parecio el mas
cumplido caballero que habia visto. Comprendio tambien que era un joven
distinguido, rico e influyente, y su admiracion tuvo mucho de respeto.

--?Pero a que circunstancias debo este gran favor que usted me ha
hecho?--decia Lazaro.--Quiero saber como podre pagar....

Claudio, que queria eludir el verdadero motivo de aquel acto, divago,
dando a Lazaro una porcion de senas que aumentaron su confusion: le
hablo de don Elias, de su pueblo, del club de Zaragoza, de la _Fontana_.

--En fin--dijo, decidido a salir del atolladero:--no quiero llevarme el
merito de una accion que no debe usted agradecerme. Cada cosa en su
lugar. Yo le he puesto a usted en libertad, pero no he sido mas que un
intermediario.

Lazaro comenzo a ver obscura la situacion. Pararonse, y se miraron. La
sonrisa que en aquel momento se dibujo en los labios de Claudio, le
parecio al otro cosa de muy mal agueero, y empezo a bajar a su
favorecedor del alto pedestal en que le habia puesto.

--Si--continuo el militar:--no es a mi a quien debe usted este favor; es
a una persona que debe de querer a usted mucho, segun las apariencias.

Lazaro iba a pronunciar el nombre de Clara; pero se contuvo, porque
multitud de pensamientos que se le agolparon a la imaginacion, le
hicieron detener un buen rato fija la vista en el militar. Aquel tropel
de pensamientos fue una serie de rapidisimas nociones que se borraban
unas a otras, sucediendose con precipitado vertigo. Ella le conocia, le
habia visto; Bozmediano era una agradable persona: este le habia puesto
en libertad; ella se lo rogo tal vez; ella le tenia lastima; el quiso
complacerla. ?A que precio? ?Con que fin? ?Desde cuando?...

Por fin el aragones se atrevio a preguntar quien era la persona a quien
debia su libertad.

--Vamos--dijo Bozmediano con cierta vocecilla impertinente.--Bien sabe
usted lo que quiero decir. No es necesario pronunciar fu nombre. Es
natural que se haga usted el desentendido. Como halaga tanto su amor
propio el ser querido por persona de tanto merito.... No sea usted
ingrato, joven, que ella no lo merece.

--No se lo que quiere usted decir--manifesto Lazaro en el tono de un
examinado desaplicado que se hace repetir la pregunta por retardar la
contestacion que no sabe.

Bozmediano hablo mas; pero vino a decir lo mismo. A Lazaro le parecia un
agravio inferido a Clara el publicar su afecto, el depositar tan honesta
y delicada confidencia en el conocimiento de un intruso, si, porque
Bozmediano era un intruso, que se habia metido a darle libertad sin que
nadie se lo pidiese.

--Bien sabe usted a quien aludo--dijo Claudio, dandole una palmada en el
hombro con llaneza y confianza;--pero como usted esta tan orgulloso con
ser novio de esa joven, se da usted ese tono.

--iOh! no--replico el sobrino de Coletilla avergonzado.--La verdad es
que no se quien es esa persona que usted dice.

Bozmediano estrecho la mano del joven aragones y le hizo muchos
ofrecimientos y protestas de amistad. El otro estaba tan aturdido, que
lo contesto mal y con poca cortesia.

--Se donde usted vive--dijo Claudio retirandose:--nos veremos. Y si no
en la _Fontana_, a donde voy con frecuencia.

Y se separo. Cuando estuvo a alguna distancia, Lazaro sintio impulsos de
correr hacia el para darle las gracias con mayor respeto; pero en el
luchaban el orgullo y los celos. Le dejo marchar sin decir nada.

Bozmediano iba diciendo entre si con mucha satisfaccion:

--Muy vulgar, muy vulgar....





CAPITULO XXII



#El "via crucis" de Lazaro#.


Lazaro continuo andando sin direccion fija. Su brusca y misteriosa
salida de la carcel, el conocimiento de Bozmediano y el aturdimiento
producido por sus palabras, le impidieron por algun tiempo darse clara
cuenta de su dificil y rarisima situacion. Pero cuando se vio solo y
anduvo un buen rato, empezo a comprender que no tenia a donde ir, ni a
quien dirigirse, ni con quien vivir. Las palabras dichas por el viejo no
le dejaban duda respecto a su caracter. Era un realista fanatico, un
ciego amante de la tirania. Con los ojos encendidos de colera y el habla
venenosa y fuerte, le habia dicho que no fuera a su casa mientras no
cambiara de ideas, ?Que hacer? Era imposible vivir con aquel hombre
misantropo y cruel, melancolico y feroz como un fanatico musulman. iCuan
contrarias las ideas de uno y otro! ?Que podia hacer? ?Fingir y ser
hipocrita? ?Aparentar un amor a la tirania que le parecia criminal? "No:
eso no puede ser", pensaba Lazaro. Ademas, en la agitacion actual de los
partidos, fingir semejantes ideas era peor que profesarlas. El viejo no
podia admitirle en su casa. Entonces, ?que determinacion debia tomar?
?Adonde iba? ?Volveria a Ateca? ?Y Clara?

Al acordarse de su infortunada companera, los pensamientos del joven
tomaron otro sesgo. La idea de los pesares de aquella infeliz, condenada
a vivir con un ser tan antipatico, principio a atormentarle. Era preciso
ir alla y ver lo que pasaba en la casa. ?Pero como, si era imposible
visitar a su tio?

?Iba o no iba? La necesidad le apremiaba. Estaba solo, agobiado de
extenuacion, hambriento y desnudo. Doce cuartos era toda su fortuna;
porque en el camino habia perdido un doblon, y los gastos de viaje
consumieron el otro. Entre tanto se acercaba la noche y no tenia donde
dormir. Si acudia a casa de sus amigos, temia no encontrarlos tan
benevolos como la noche anterior. Ademas, eran pobres, tan pobres como
el, y no podian darle agasajo.

Era preciso ir. Tambien se le ocurrio tomar el camino de su pueblo y
volverse alla. Conocia un arriero en el parador, que le llevaria de
fiado. Pero ?y Clara?

Estos eran sus pensamientos cuando acerto a pasar por la _Fontana_.
Sintio gran algazara, parose maquinalmente y tuvo intenciones de entrar.
"No--dijo dominandose--no entrare." Y al mismo tiempo dio un paso hacia
la puerta.

Sin embargo, atraccion fatal le arrastraba hacia aquel recinto, abismo
de sus primeras y mas bellas ilusiones.

Los sonidos que alli dentro se oian retumbaban en su cerebro como ecos
infernales de singular fascinacion.

Retrocedio, volvio a avanzar, se consulto, discutio mentalmente, y al
fin, uniendose la curiosidad a su instintivo deseo de entrar, no dudo
mas y entro.

Estaban en una discusion muy acaloraba. Por todas partes se alzaban
voces, lo mismo en la region turbulenta del publico que en la del club.
El que estaba en la tribuna logro dominar el ruido y pudo hacerse oir;
pero bien pronto los gritos ahogaron de nuevo su voz. Trataba de la
vergonzosa derrota que habian sufrido los exaltados ante la autoridad de
Morillo, y algunos habian llevado esta cuestion a un terreno personal.
Celosos del decoro de la sociedad y del buen nombre del partido, algunos
oradores denunciaban _a los infames que, disfrazados con el nombre de
liberales, iban a corromper a aquella asamblea, a hacer vergonzosos
tratos en nombre del Rey, a comprar la elocuencia exaltada y a promover
alborotos que no tenian otro objeto que desprestigiar el liberalismo y
dar armas a la reaccion._

--iLobos--decia el orador--disfrazados de cordero, que vienen aqui
fingiendo un amor a la libertad que no tienen! iOfrecen oro a los
oradores en pago de un discurso que exalte los animos de la multitud
ignorante!

--Si: esos infames--decia otro orador--son los que preparan las asonadas
y los que apedrean las casas de los Ministros. El objeto de esta
asociacion es sostener una catedra permanente de las buenas ideas,
dirigir los sufragios; pero nunca patrocinar el libertinaje, ni el
escandalo, ni la anarquia.

--No--grito otro orador, en quien se fijaban las miradas de todos, y que
se levanto lleno de ira a protestar contra las palabras anteriores.--No:
aqui no hay traidores. Los que tal hacen no pertenecen a la raza de los
humanos: no creo en ellos, y si los hay, que se digan sus nombres.
Sepamos quienes son; conozcamonos.

--iQue se digan los nombres!--repitieron cien voces.

--Es preciso--decia el primer orador--purificar esta noble asamblea.
Merced a los infames que la han corrompido, corren por la corte
injuriosas calificaciones de nosotros y de nuestro club. iQue esos
infames salgan de aqui!

--iQue se digan sus nombres!--respondio la multitud con un rugido.

--No--decia otro:--esa especie de hombres no existe.

--Si existe--exclamo exasperado el primero.--Frecuentan este sitio
personas que vienen a pagar con el oro del rey el frenesi oratorio que
enloquece al pueblo.

--iQuien! iQuien!

--?Quien de nosotros--continuo el orador--no conoce al llamado Coletilla?
Es un realista fanatico, un malvado agente de la _casa grande_. ?No le
conoceis? Este hombre es una culebra que se desliza entre nosotros para
corromper a los oradores jovenes. Yo se que muchos han recibido dinero
en cambio de discursos muy calurosos. Las asonadas absurdas que vemos
todos los dias, ?a que se deben? No lo dudeis: iabrid los ojos, ciegos!
Se deben al oro de Fernando de Borbon, al oro repartido por ese hombre
insidioso, por ese Coletilla.

--?Quienes son los venales? Sepamoslo.

--Desconfiad de los autores de asonadas.

--Ese es algun amigo del Gobierno--exclamo senalando al orador un
individuo que estaba en la parte del publico.

--?Amigo del Gobierno?--dijo el orador indignado.--?Por que? ?Porque amo
la libertad sin licencia, la peticion sin escandalo? Vosotros amais la
anarquia y cedeis a la venalidad. Me dirijo a los aragoneses, que este
sitio se distinguen por su lenguaje procaz y su amor a los alborotos.

--?Que se atreve usted a decir?--exclamo Nunez levantandose como una
furia y apostrofando al primer orador.

--iQue injuria dirige usted a mis amigos, a mi!

--Si, senores--grito el otro:--desconfiad de los aragoneses. Un aragones
agito las turbas el dia de la procesion del retrato.

Algunos miraron a Lazaro que, mudo y helado, presenciaba aquella escena.

--Y no lo dudeis--continuo el orador.--El que hablo en aquella ocasion
era un vil instrumento de los agentes del Rey.

--iEs este! iAqui esta!--exclamo uno, senalando a Lazaro a la atencion
de toda la asamblea.

--Si: el sobrino de Coletilla.

--iSobrino de Coletilla! iSobrino de Coletilla!--repitieron
muchas voces.

Tumulto espantoso resono en todo el ambito. Todos se levantaron y
miraron a Lazaro.

--iEl que hablo la otra noche excitando a la rebelion!

--iAlborotador de la Plaza Mayor!

--iEl sobrino de Coletilla!

Estas ultimas palabras eran el mayor padron de deshonra. Nunez se
levanto a defender a su amigo; pero no pudo: su voz no fue escuchada.
Muchos que temian verse acusados, en cuanto vieron el aluvion que sobre
Lazaro caia, descargaron sobre el toda su ira.

--?Cuanto te dieron por los gritos del dia de la procesion,
prendita?--exclamo desde el rincon el augusto Calleja.

--iAfuera con el!

--iFuera los traidores, fuera!

--iA la calle, a la calle!

Lazaro trato en aquel momento supremo de desesperacion de reunir todo su
aplomo para hablar, para defenderse, para gritar, para decir a todos que
era inocente, que era un infeliz, un pobre diablo, el ultimo de los
seres. No le escuchaban. No podia hablar, ni para defenderse, ni para
despreciarlos: se doblego bajo el peso insoportable de tanta mirada y de
tanta colera. La multitud redoblo su furia al ver el estupor y la
postracion de su victima, y tras las palabras vinieron los movimientos:
le mandaron salir, le empujaron hacia la puerta, le echaron. El circulo
en que le tenian se estrechaba cada vez mas; el desdichado joven vio
cien manos sobre su cuerpo; se sintio cogido, como si una culebra se le
enroscara echandole fuertes nudos y apretandole en sus robustos anillos.
El vocerio, el calor, la angustia, la vergueenza, le aturdieron hasta el
punto de hacerle perder la claridad del conocimiento. Sintiose arrastrar
sin ver quien le arrastraba; fuerzas descomunales tiraban de sus punos,
le golpeaban la espalda, le impelian hacia fuera, sintio abrirse la
puerta con estrepito, sintio que su cuerpo recibia una fuerte sacudida,
sintiose arrojado y libre de aquellos brazos terribles; cayo al suelo.
El ruido continuaba en torno suyo, formado principalmente de carcajadas
infernales; pero al fin el ruido se alejo poco a poco: el infeliz
comenzo a experimentar el dolor de la caida y el frio de la tierra.
Estaba en la calle.

Permanecio en el suelo algunos minutos sin darse clara cuenta de aquel
hecho, y el sudor que le cubria su rostro le produjo una impresion
glacial. Entonces adquirio conocimiento exacto de su situacion, y vio
que estaba en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, inclinada la
frente, caido y revuelto el cabello. El sombrero rodaba a su lado, su
ropa estaba desgarrada y sentia un dolor agudisimo en el codo izquierdo,
duramente estropeado en la caida. El ruido de la _Fontana_ resonaba como
enjambre lejano: a los gritos se unian las palmadas, y una voz agitada y
sonora se elevaba a ratos sobre aquella tempestad de entusiasmo.

Lazaro vio en torno suyo a tres pilletes que le contemplaban con burla,
y uno de ellos atisbaba una ocasion oportuna para quitarle el sombrero.
Los transeuntes principiaron a formar corro, y alguno llego a inclinarse
con curiosidad para ver si el caido estaba difunto o simplemente
desmayado. Levantose, porque aquella curiosidad impertinente le
molestaba tanto como el rumor que de la _Fontana_ salia, y se alejo de
alli, dirigiendose a la Puerta del Sol. Los gateras le seguian,
acompanados de algunos mas; los serenos le dirigian de lleno la luz de
sus linternas, y los transeuntes se paraban mirandole alejarse, seguros
de que no era difunto ni estaba desmayado, sino simplemente borracho.

Subio la calle de la Montera, y pregunto por la calle de Valgame Dios,
porque habia resuelto dirigirse a Casa de su tio. Ya no dudaba: su
determinacion era fija, y en aquel angustioso trance, la casa del
fanatico, en cuya puerta habia de dejar sus creencias, sus sentimientos,
le parecio un refugio de paz.

Despues de todo, los pocos dias pasados en Madrid habian sido continuado
martirio, y la idea de la apostasia que en casa del realista se le
obligaba a hacer, no le molestaba tanto. Estaba herido de muerte en la
imaginacion, es decir, flaqueaba por su parte mas poderosa. Ya no era
aquel joven ardiente que se creia destinado a grandes fines; era un
pobre desheredado sin vigor de espiritu, sin esperanza y sin ideas. No
sabia lo que pensaba, no podia medir la inmensidad del trastorno que su
pariente le exigia, no estaba resuelto sino a echarse en brazos del
primero que fuera capaz de consolarle.

Llego por fin, despues de preguntar mucho, a la calle de Valgame Dios.
Vio el numero de la casa, miro a las ventanas del segundo piso y habia
luz en las habitaciones. Sin duda estaba alli Clara cansada de
esperarle, desconfiada de verle otra vez. Entro en el zaguan y subio la
escalera tan agitado y palpitante, que al llegar a la puerta se detuvo
porque apenas podia respirar. Despues de algunos segundos, en que trato
de reponerse, alargo la mano, tomo el cordon de la campanilla y tiro muy
suavemente, porque le parecia que iba a incomodar a su tio y a alarmar a
Clara si tocaba mas de lo necesario para hacer constar en el interior la
presencia de un forastero. Pero la suavidad con que tiro su mano
temblorosa fue tal, que la campanilla no sono. Quiso hacerlo con mas
energia, y como estaba tan nervioso, tiro tanto que la campana atrono la
casa. Lazaro se asusto, creyendo que Elias iba a salir hecho una furia,
clamando contra el que asi alborotaba. Largo rato paso sin que nadie
abriera; pero al fin distinguio alguna claridad al traves del
ventanillo; sintio pasos; una mano descorria la tabla, abriose el
agujero y aparecieron dos ojos.

No eran los de Clara.

--?Quien?--dijo desde dentro la voz de Pascuala.

Lazaro pregunto por su tio.

--Si pero no esta.

--?Vendra pronto? Soy su sobrino.

Pascuala abrio la puerta y Lazaro dio un paso hacia adentro sorprendido
de no oir la voz de Clara.

--No vendra ni pronto ni tarde, porque se ha _mudao_--contesto la
alcarrena.

--?Como?

--Como que se ha _mudao_ hoy mismo. Yo estoy aqui todavia, porque quedan
algunas cosillas y el ropero grande, y estoy aqui _pa_ cuidarlo; pero
manana me voy.

--?Y a donde se ha mudado?

--Aqui cerca, en la calle de Belen, en casa de unas senoras que llaman
de Porreno, que le han _cedio_ el cuarto segundo _pa_ que viva solo.

--?Y Clara?--pregunto Lazaro con mucha ansiedad.

--Esa hace ocho dias que esta alla viviendo con las senoras. El amo la
puso alli porque se _enfao_ con ella.

--A ver, a ver, ?que es lo que dices?

--iAh! ?Pero usted es sobrino del amo?

--Si.

--Usted es aragones. Digame: ?conoce por casualidad en Carinena a
Ventura Palomino, hermano de Jusepe Palomino, que caso con Colasa
Sanahuja?

--No--contesto Lazaro impaciente:--no soy de Carinena.

--?Y sabe usted si ha _pario_ la mujer de Anton Telares, hermano de
mi novio Pascual, con quien me voy a casar la semana que entra, si
Dios me ayuda?

--No se, hermana; no conozco a esa gente. Pero diga usted, ?por que ha
ido Ciara a vivir con esas senoras?

--iAh!--dijo la alcarrena riendo con mucha gana:--no me acordaba de que
era usted su novio. El amo la mando alla, porque decia que no la podia
aguantar ... pues ... le dire a usted ... el amo es asi, un poco ...
Decia que era una nina como las del dia, que era muy sardesca ... Pero
ella es muy buena, y no se como la pobre no se ha _podrio_ de tristeza
en esta casa.

--?Y salio con gusto de aqui?

--A la verdad, caballero ... el amo tiene un genio, asi ... vaya. Las
dos nos quedabamos muertas de miedo siempre que le veiamos entrar. No
nos hablaba nunca, y de noche, despues de acostarnos, le sentiamos dando
unas patadas.

--?Y por que la mando a casa de esas senoras?

--Vea usted, yo le voy a decir la verdad porque es de la casa. Habia un
_melitarito_ que se metio un dia en casa, porque vino acompanando al
amo, que fue _herio_ en la calle. Despues pasaba todos los dias por ahi,
y siempre que me encontraba en la calle me paraba _pa_ preguntarme por
dona Clarita. iAy! un dia me vio mi Pascual hablando con el, y por poco
... mi Pascual tiene un genio del demonio, y cuando se _enfaa_ ... usted
no supo como le pego de cachetines al carnicero de ahi enfrente ...
Luego, como es una asi ... tan guapetona.

--Siga lo que iba contando: despues sabremos lo que hace el senor
Pascual--dijo Lazaro, impaciente por las digresiones de la criada.

--Pues decia que el _melitarito_, ofreciendome dinero, queria
colarse aqui.

--?Y entro?...

--Espere usted y seguire contando. No pasaba de la esquina, y el amo le
alcanzo a ver algunas veces. Porque el amo, aunque parece que no ve
nada, lo _oserva_ todo.

--Y ella, ?que decia?

--Espere usted ... El me decia que queria entrar.

--?Y que decia el de ella?

--Que era muy guapa para estar aqui encerrada sin ver el mundo; que era
una lastima que una mujer asi viviera en compania de un viejo tan feo y
tan ... Decia: "yo la sacare de aqui."

--?Y ella sabia que el decia eso?

--Si: el mismo se lo dijo.

--Luego estuvo aqui--exclamo Lazaro con mucha ansiedad.

--Espere usted.

--Y ella, ?que decia de el?

--Que era una persona amable y de muy buen trato; que era buen sujeto y
caballero muy cumplido. Un dia se nos metio aqui. iJesus, que susto!

--Y ella, ?que hizo?

--Le dijo que se fuera.

--?Y se fue?

--Ca: aqui estuvo hablando mil cosas.

--Y ella, ?que le decia?

--Que se fuera, porque la iba a comprometer; que si era verdad que se
interesaba por ella, se marchara al momento, no dando lugar a que le
vieran alli.

--Y el, ?que dijo?--pregunto Lazaro, que no cabia en si de zozobra.

--Mil cosas, mil monerias. Lo cierto es que el amo entro y le vio. Se
enfado mucho, nos rino mucho.

--Y a el, ?que le dijo?

--Nada. A nosotras nos estuvo riniendo todo el dia. Despues le dijo a
dona Clarita que era una loca; que ya estaba _cansao_ de sus coqueterias
... cosas del viejo, porque ella, la pobre ... por fin le dijo que la
iba a mandar a casa de esas tres viejas para que la corrigieran y la
ensenaran a buen vivir.

--Pero ?por que causa mi tio la llama loca? ?Que ha hecho?

--_Naa_; pero el amo dice que las ideas del dia ...

--?Y que mas le dijo?--pregunto Lazaro, que no se cansaba nunca de las
terribles respuestas de aquel fatal interrogatorio.

--Que debia aplicarse a la oracion y a una vida santa.

--?Y ese militar no la ha vuelto a ver mas?

--Estos dias le he visto rondando por la calle de Belen, y yo ... me
figuro....--?A ver? ?Que se figura usted?

--Me figuro ... El _melitarito_ es muy pillo ... apuesto a que se ha
colado alla.

--?Y usted no conoce a esas tres senoras?--dijo Lazaro, tratando de
disimular la mala impresion que la anterior respuesta le habia
producido.

--No: el amo decia que son buenas, y que una es santa.

--?Donde viven?

--En la calle de Beben, num. 4. Su tio vive en la misma casa. Ya las
conocera usted.

-Diga usted--pregunto Lazaro, despues de una pausa, en que dudo si
marcharse o prolongar mas aquel coloquio doloroso;--diga usted, ?ese
militar es un joven alto, con bigotes negros? ...

--Si: un poquito mas alto que usted; tiene una voz muy clara y anda con
mucha gracia, y se rie con mucha gracia.

--?No sabe usted como se llama?

--No, senor: lo iba a averiguar; pero como mi Pascual es tan celoso,
tuve miedo. iAh, que hombre! Cuando se _enfaa_ ...

Lazaro estuvo un momento silencioso contemplando la barbara efigie de
aquella mujer, oraculo de su desventura. Despues se hizo repetir las
senas de la nueva casa, y salio.

Ya la determinacion de ir alli era inquebrantable, y antes hubiera
muerto que dejar de hacerlo. La curiosidad, los celos, la necesidad de
encontrar una solucion a aquella serie precipitada de dudas, le
impulsaban hacia la nueva casa. ?Y la abjuracion exigida? Casi no
pensaba ya en tal cosa. Sin duda alguna podia asegurar que el militar,
de quien le hablo Pascuala, era el mismo que le acababa de poner en
libertad. iNuevo y doloroso misterio! Hubiera dado muchos dias de vida
por saber todo con claridad, y al mismo tiempo se horrorizaba al pensar
que iba a saberlo. La idea de la deslealtad de Clara, de su deshonra,
era demasiado grande en su horror, y no le cabia en la cabeza. Lo que
mas le confundia era la extrana rapidez, la fatal impaciencia con que
se precipitaban sobre el tantas contrariedades, tantas amarguras, que
no le daban tiempo para buscar aliento y esperanza en su inteligencia y
en su corazon.

Entro en la casa, y subio lentamente la escalera de la casa del siglo
decimoctavo. No pudo prescindir de una sensacion de respeto hacia
aquellas tres damas, desconocidas todavia para el, que le parecian tres
perfectos modelos de virtud. Toco, y le abrio una de ellas. La
decoracion le afecto un poco: los retratos historicos de la antesala le
miraron todos con sus ojos apolillados. Lazaro tuvo miedo. Precedido por
Paz, atraveso por entre aquellas sombras que la debil luz del pasillo
hacia mas misteriosas, y entro en la sala.





CAPITULO XXIII



#La Inquisicion.#


Cuando Coletilla, despues de instalado en el piso segundo, manifesto a
las senoras la probabilidad de que su sobrino fuese a vivir con el,
Salome se quedo un poco pensativa; pero Maria de la Paz dijo que no
habia inconveniente, supuesto que el joven, bajo la vigilancia y tutela
de su tio, habria de tener el comedimiento y la dignidad que aquella
casa imponia a sus habitantes.

Lazaro, precedido por Maria de la Paz, entro en la sala. Lo primero que
vieron sus ojos fue a Clara, que estaba sentada junto a la devota y
cosia con la cabeza baja, sin atreverse a mirar a nadie. Vio su
turbacion y su empeno en disimularla. Despues miro a todos lados y vio a
su tio, respetuosamente sentado al lado de Salome, cuyos reales estaban
plantados al extremo oriental de Maria de la Paz. Lazaro les vio a todos
inmoviles, como figuras de palo: todos le miraban, excepto Clara, la
cual insistia en acercar tanto los ojos a su labor, que era dificil
comprender como no se sacaba los ojos con la aguja.

Elias miro a Lazaro con asombro. Paz con asombro, Salome con asombro,
todos con asombro, y el mismo llego a creer que era un fantasma evocado,
el temeroso espectro del sobrino de Coletilla. Salome le indico una
silla con el dedo en que tenia las sortijas, y Paz le dijo con el
registro de voz mas desdenoso y augusto:

--Sientese usted, caballerito.

Cuando el joven dijo "gracias, senora," su voz resono debil y dolorida,
anunciando tanto sufrimiento y postracion, que Clara no pudo menos de
alzar los ojos y mirarle con subita impresion de interes. Le encontro
muy palido y abatido; comprendio lo que el infeliz habia pasado en
aquellos dias, y necesito todo el esfuerzo de que su alma valerosa era
capaz para no echarse a llorar como una tonta en presencia de aquellas
tres rigidas damas y del furibundo Coletilla.

--Ya estas senoras saben lo que has hecho al llegar a Madrid--dijo Elias
a su sobrino con mucha severidad. Paz y Salome fruncieron el ceno para
que nadie pudiera poner en duda su indignacion. Lazaro no contesto,
porque estaba muerto de vergueenza, y en aquel momento las dos damas le
parecian las dos personificaciones mas perfectas de la justicia humana.

--?Recuerdas lo que te dije cuando fui a verte a la carcel?

--Si, senor: no lo he olvidado.

--Ahora vivo aqui, en casa de estas senoras que nos han ofrecido a mi y
a Clara un asilo.

--Solo por usted, senor don Elias--dijo Salome.

--Ya lo se; solo por mi--contesto el viejo.--Pero yo--continuo
dirigiendose a Lazaro,--si te llame estando en la otra casa, ahora no me
atrevo a darte hospitalidad porque....

--Senor don Elias--dijo Paz,--de lo de arriba puede usted disponer a su
antojo. Ya sabe usted lo que hemos convenido. Solo lo hacemos por usted.

--Yo no puedo--prosiguio Elias, haciendo una gran reverencia,--yo no
puedo decir a este muchacho que se quede en esta casa. Su conducta ha
sido tan escandalosa, que no me atrevo....

--No hay falta, por grande que sea, que no pueda corregirse--dijo
Salome, mirando con sublime proteccion al desdichado Lazaro, a quien
parecieron aquellas palabras el colmo de la generosidad.

--Efectivamente--dijo Paz en tono de enfatica indulgencia.--Hay faltas
tan enormes, que por su misma enormidad necesitan indulgencia. Mi
opinion es que este caballerito debe quedarse con usted, senor don
Elias, porque si no, ?que va a ser de el?

Elias manifesto comprender.

--?Que va a ser de el si continua abandonado y sin guia?--prosiguio la
dama.--Por lo que ha pasado podemos colegir lo que pasara. Sin el amparo
de una persona tan virtuosa y magnanima como usted, ?que sera de este
caballerito, en quien han germinado las semillas de todas las malas
ideas del dia?

--Yo creo que aun es tiempo, porque, aunque ha brotado la cizana en esa
tierra malignamente fecunda, con un buen sistema de educacion podra ser
arrancada de raiz esa mala hierba, y aun expurgar y purificar la mala
tierra--dijo Salome, que, desde el tiempo en que los poetas le dedicaban
madrigales, habia conservado gran aficion a las alegorias.

--?Que te parece, Paula?--dijo Paz, que creia a veces que en aquella
casa no podia emitirse palabra ni consejo de ningun valor, sin ser
refrenado por el _exequatur_ ortodoxo de la devota.

--Ella, que es una santa, dira lo que se ha de hacer--exclamo Elias.

Mientras todos le pedian su opinion, la devota contemplaba el rostro del
estudiante, como si quisiera leer en el su delito. Expresion de lastima
afectuosa y aun de admiracion ingenua brillaba en los ojos de dona
Paulita, que en aquel momento parecia manifestarse naturalmente. Pero en
cuanto advirtio que le pedian un consejo, recordo su mision, arqueo las
cejas, y dio al viento la metalica voz con estas palabras:

--iOh! ?Que hay que consultar sobre este punto? ?Quien dice si se debe
perdonar al que ha faltado? ?Quien hay tan poco cristiano que haga
semejante pregunta? iPerdonar! ?Que es grave la culpa? Mejor: Por lo
mismo necesita perdon y olvido. Y si fuera mas delincuente mas pronto la
perdonaria.

Paz y Salome miraron a la par a don Elias para complacerse en leer en
sus ojos la admiracion que habia de causarle tanta sabiduria.

--?Como me consultan ustedes eso?--continuo Paulita.--Digan donde hay
pecadores para perdonarlos a todos. ?Y os privais de la alegria de
perdonar? No solo digo a todos que le perdonen, sino tambien que le amen
como si nunca hubiera pecado. Acordaos del hijo prodigo. Hoy es dia de
jubilo en esta casa, porque ha vuelto el delincuente, ha vuelto el que
se creia perdido para siempre. Voy a dar gracias a Dios por haberme
proporcionado el favor inefable de recibir en mi casa un delincuente
cargado de culpas, de poderle decir: "levantate y no vuelvas a pecar."

Era facil conocer en la mirada de la santa que hablaba en aquel momento
con profunda verdad y gran conviccion. El pecador se sintio conmovido de
gratitud. Clara no hubiera hablado con tanta elocuencia; pero de seguro
pensaba y decia interiormente cosas parecidas.

La devota se sonrio al concluir su homilia, acontecimiento rarisimo que
hubiera sorprendido a todos, si la preocupacion de aquellos momentos
les hubiera permitido repararlo. El joven vio aquella sonrisa en la
boca de la que juzgaba santa (y lo era), y le parecio la cosa mas
natural del mundo. Se sintio aligerado de un gran peso, respiro
tranquilo ante aquella profesion de bondad e indulgencia, y creyo
asistir al juicio supremo.

--Visto el admirable dictamen de esta santa--dijo Elias, porque es una
santa, Lazaro, entiendelo bien, te quedaras conmigo; pero en
expectativa, en entredicho.

--No admito entredicho: perdon definitivo--dijo la devota.

--Bien: perdonado, pero sujeto a vigilancia. A pesar de la actitud
severa de las dos damas y de su tio, Lazaro experimento cierto descanso
moral en aquella casa. Advirtio a Clara silenciosa y apartada: no alzaba
los ojos, no decia palabra.

Lazaro, siempre que miraba hacia aquel sitio, encontraba los ojos negros
de la devota fijos en el con tenaz atencion.

La escena se hallaba dispuesta de este modo: Paz y Salome estaban
sentadas en la actitud ceremoniosa que les era habitual. A la derecha
tenian a Elias, y Lazaro se hallaba frente a ellas en la postura de un
reo. Detras de las dos viejas, Clara y la devota formaban otro grupo
junto a un pequeno velador que sostenia la lampara, cuya debil luz
iluminaba aquel cuadro. El resplandor daba de lleno en el rostro del
joven: en la sombra quedaban Clara y la devota, y los ojos negros,
profundamente negros de esta, brillaban en el fondo sombrio de la sala
con vivacidad felina. Las dos viejas, que volvian la espalda al segundo
grupo, no veian nada; pero Lazaro, que estaba de frente, notaba la
expresion atentamente curiosa y fascinadora de aquellos dos ojos, y se
preguntaba que podia haber en su fisonomia y en su persona que pudiera
excitar la curiosidad infatigable de aquella senora.

Elias entre tanto no hubiera creido que aquel concilio ecumenico era
decoroso, sin hacer un pomposo elogio de las virtudes de los tres
venerandos restos de la ilustre familia de los Porrenos.

--En verdad, senoras--dijo,--que no se como agradecer tantas bondades.
No se a que debo yo, persona de tan humilde origen, el que usias me
traten con tanta benevolencia y me colmen de favores. ?Que he hecho?
?Quien soy? iAh! Usias son la bondad y nobleza misma. iComo se conocen
la alteza del origen y la excelencia de la sangre! iAh! iUsias se han
puesto de ser redentoras de todos los que en torno mio me abruman a
penas, amargando mi vida! ?Y que seria de esa pobre nina sin el amparo
de usias, cuando las ideas del dia han echado en su corazon tan
perniciosas raices?

La devota dejo de mirar al recien venido y dijo:

--No me la rinan mas, que bastante ha padecido. Lazaro advirtio que
Clara se estremecia, poniendose roja como una amapola.

--No me la rinan mas, que bastante la han renido--anadio compungidamente
la devota.--Yo respondo de ella. Yo se que tiene buen fondo, aunque al
exterior aparezcan los defectos de las pestilenciales ideas del siglo.
Yo se que tiene buen fondo: ?que importan las faltas mas graves, cuando
van seguidas del arrepentimiento?

Lazaro advirtio que Clara hizo un movimiento, como si tratara de
contradecir aquellas palabras; pero en su ceguera no supo ver, no supo
apreciar que en aquel instante el alma de su amiga pasaba por el mas
duro trance de dolor y paciencia de que es capaz la naturaleza humana.

--Yo se que se corregira--continuo la devota.--iNo se ha de corregir!
Grandes pecadoras ha sido santas. Animo, amiga mia. Con la vista fija en
Dios, ?que se puede temer? Yo se como se curan los males del espiritu, y
mi amiga Clara aparece ya bajo la benefica influencia de una reaccion
feliz. Perdonemosla tambien; yo respondo de que se corregira.

A Lazaro le llenaron de confusion estas palabras. ?Que habia hecho
Clara? Estuvo casi dispuesto a levantarse, acercarse a ella y decirle en
alta voz: "Clara, ?que has hecho?" La miro y la vio llorar; miro a
todos, buscando en aquellas caras de pergamino la solucion de tan gran
misterio; pero ninguna le revelo la culpa de la muchacha, ni aun la cara
de la devota, que, despues del sermon, volvio a fijar en el, desde el
fondo sombrio de la sala, el intenso rayo de su mirada escrutadora y
ansiosa, suficiente a turbar a otro menos timido.





CAPITULO XXIV



#Rosa mistica.#


--Hoy no he rezado nada--decia la devota a Clara al dia siguiente de la
entrada de Lazaro en casa de las Porrenas.

Estaban sentadas las dos en el sitio de costumbre. Dona Paulita tenia en
la mano nada menos que a San Juan Crisostomo. Clara bordaba en un
pequeno telar. Su cara expresaba la mas calmosa y profunda melancolia.
En cambio la otra parecia muy inquieta, contra su costumbre.

El observador hubiera visto moverse sus labios, deletreando en silencio
la lectura mistica, mientras dirigia con subita mirada los ojos hacia la
puerta, los tornaba en derredor, miraba a Clara sin fijeza, y, por
ultimo, se quedaba con la vista fija en el espacio, como cuando nos
abandonamos a la contemplacion de lo que no esta junto a nosotros ni
donde estamos nosotros. A veces parecia prestar atencion a algo que
pasaba fuera del cuarto; salia, se paraba en la puerta poniendose en
escucha, volvia a entrar, se sentaba de nuevo, cogia el libro santo,
leia un poco, pasaba con la vista hojas enteras, miraba a Clara,
murmuraba un rezo, cerraba el _in folio_, lo volvia a abrir, y asi
sucesivamente. Sin duda su espiritu vagaba sobre San Juan Crisostomo,
sin penetrar, como de costumbre, en las entranas de la teologia.

--Clara--dijo despues de meditar un momento,--Clara, ?sabes que me
parece que el cuarto donde se ha puesto al sobrino del senor don Elias
es un poco estrecho?

--?Estrecho?--dijo Clara, afectando indiferencia.--No: para un
hombre solo....

--iAh!--exclamo la devota.--iComo se pervierte la juventud del dia!
Porque un joven como ese, que parece tener buenos instintos ... ?No?

--Si--contesto la otra sin levantar la cabeza.

--?Usted no le conocia antes?

Clara, que queria guardar la mas absoluta reserva, se decidio a decir
una mentira. Se avergonzaba de una denegacion; pero en aquellas
circunstancias y en aquella casa, la verdad no solo la avergonzaba, sino
que le daba miedo. Asi es que dijo:

--?Yo? No....

--Es una lastima que se perviertan jovenes asi. iAh! Pero no faltaran
buenas almas que oren por ellos y les ayuden a salir de la miseria. ?No?

--Es verdad--contesto Clara.

--Y cuando se tiene buen fondo como ese joven, es cosa facil. iAh! Pero
usted me dijo que estuvo en el pueblo de donde es ese joven, ?No estaba
el alli entonces?

Clara, que no tenia costumbre de mentir, se vio muy apurada con aquella
pregunta; pero evocando toda la poca malignidad de su caracter, se
domino y mintio otra vez diciendo:

--No, no estaba.

--Y alli, ?que decian de el?--pregunto la devota, abriendo a San Juan
Crisostomo.

--?Que decian?--contesto la huerfana, mirando la labor lo mas de cerca
que le era posible.--Decian que era un joven muy leal, muy generoso, muy
bueno y de mucho talento.

--Si, ya se conoce que es un joven de buenas prendas--dijo la de
Porreno, abriendo a San Juan Crisostomo.--?Y tiene padres?

--Tiene a su madre--contesto Clara, bajandose para recoger una cosa que
no se le habia caido;--su madre, que es una carinosa mujer, muy santa y
muy buena.

--Pues ya ... Bien se conoce que asi habia de ser--afirmo Paula,
hojeando al santo.--Me figuro que sera una mujer excelente.

--Asi es.

--Bien merece ese joven que se le proteja. Cuando el alma es buena ...
?Quien no pecara alguna vez?

Al decir esto arqueo las cejas, miro el libro, hizo todos los esfuerzos
imaginables para leer medio renglon, y despues de emplear cinco minutos
en tan importante tarea, volvio a hablar diciendo:

--?No tiene ninguna hermana?

--No, senora.

--iOh!--exclamo Paulita, dejando definitivamente a San Juan
Crisostomo;--me olvidaba de mi rezo. Hermana, con la conversacion de
usted me he distraido. Vamos a rezar.

Pero en lugar de tomar el libro de oraciones, tomo un libro de Santa
Teresa, y lo abrio maquinalmente. Clara tomo el rosario, mientras la
devota empezo la salmodia con la vista fija en el libro y equivocandose
a cada momento. En lugar de decir un _Padre nuestro_ decia una _Salve_,
y se trastorno de tal modo el rezo, que al cabo de un momento se
encontraron perdidas en un laberinto sin saber en que parte del rosario
se hallaban.

--iAh, que cabeza la mia!-dijo la santa deteniendose;--pero iay! con la
conversacion de usted me he distraido. Sigamos.

Pero en vez de pronunciar el _Pater noster_ fundamental, que es lo que
procedia para empezar de nuevo, clavo los ojos en el libro, y
maquinalmente leyo:

--De dos maneras de amor quiero yo ahora tratar: uno es espiritual,
porque ninguna cosa parece le toca la sensualidad ni la ternura de
nuestra naturaleza; otro es espiritual, y que junta con el nuestra
sensualidad y flaqueza ...--Que distraccion!-observo despues.

Y aparto el libro con desden, miro al techo y se estuvo quieta un buen
rato, sin dar senales de vivir en este mundo, permaneciendo tanto
tiempo inmovil y con tal profundidad extasiada, que Clara se alarmo, y
tuvo al fin que decidirse a tirarle de la manga, con lo cual la devota
bajo del cielo.

--iAy, hermana!--dijo vivamente.--Usted no sabe rezar el rosario; deme
aca.

Y le quito a Clara el rosario de las manos, lo tomo y empezo a contar
las cuentas una por una con tanta escrupulosidad, que empleo lo menos
diez minutos en tan dificil operacion. Despues rezo una Salve, a la que
contesto Clara con un _Pater noster_: las dos se miraron. Clara temblo,
porque creia que la devota la iba a reprender duramente, como de
costumbre, por su equivocacion, pero ?cual fue su asombro al ver que la
santa desplego suavemente los labios, se sonrio con una expansion
inefable, que nadie, absolutamente nadie, habia observado jamas en
aquella casa, y acabo por reir con franqueza y desahogo, cosa fenomenal
y nunca vista en tan ejemplar mujer?

Pero Clara, aunque se sorprendio mucho, no dio importancia al hecho. La
otra se sonrojo ligeramente, y tomando de nuevo el libro de Santa
Teresa, dijo:

--Voy a ver si encuentro un pasaje que hay aqui recomendando la
penitencia. Hojeo el libro, y leyo.

--_Sostenedme con flores y acompanadme con manzanas, porque desfallezco
de mal de amores_. iOh, que lenguaje tan divino es este para mi
proposito! ?Como, esposa santa, mataos la suavidad? Porque, segun he
sabido algunas veces, es tan excesiva, que deshace el alma de manera que
no parece ya la hay para vivir y pedir flores.--No, no es esto; a ver
esto otro--dijo hojeando mas:--Es, pues, esta oracion una centellica que
comienza el Senor a encender en el alma del verdadero amor suyo, y
quiere que el alma vaya entendiendo que cosa es este amor con
regalo.--Vamos, tampoco es esto. No he de encontrar hoy el pasaje.
Sigamos, hermana, en nuestro rezo.

Empezo formalmente el rosario. Paula dijo un _Dios te salve_ el numero
de veces necesario; pero al llegar al sitio del _Padre nuestro_, siguio
diciendo _Dios te salve_ hasta treinta veces, con tanta prisa, que no
esperaba a que la otra concluyera su _Santa Maria._ Clara contestaba
tambien muy a prisa para no quedarse atras: asi es que, por ultimo,
apresurandose una y otra, resultaba que aquello parecia una apuesta de
velocidad en la pronunciacion. Llegaron al fin sin aliento y muy
cansadas. Paulita tuvo necesidad de respirar el aire libre, abrio el
balcon y miro a la calle; hecho inusitado, cuya gravedad no comprendio
Clara tampoco.

--iAy, que he abierto el balcon!--exclamo, comprendiendo la atrocidad
que habia cometido.--iHe abierto el balcon!

Y lo cerro con sobresalto, como una monja que hubiera sorprendido
abierta la reja del locutorio.

--Hermana--dijo despues,--?sabe usted que he decidido no ayunar manana?

--Hara usted bien: es usted una santa; pero no ayune usted tanto,
senora: eso no es bueno.

--Tienes razon, Clarita, y yo creo que esto que tengo es causado por el
excesivo celo. Bien me decia el padre Silvestre que la piedad en demasia
es perjudicial, porque mata el cuerpo, sin el cual el alma no puede
tener fortaleza.

--Pero, ?que tiene usted?--pregunto Clara un poco alarmada.

--No estoy buena--dijo la mujer mistica restregandose entrambos ojos,
como si los tuviera doloridos por la vigilia o cansados de
mirar.--Siento un calor aqui dentro ... y una agitacion ... Pero es del
ayuno, hermana; es del ayuno.

--Pues debe usted moderarse. Descanse unos dias.

--Si, lo hare, y esta semana no rezare oracion doble, como hasta aqui, y
suprimire horas por la noche.

--Ya lo creo. ?No es bastante rezar una vez? Si es usted una
perfecta santa.

--?No le parece a usted que es bastante una vez?--pregunto Paula con
mucha, ansiedad.

--Si; y debe usted tratar de reponerse.

--?Como ha dicho usted, Clarita? ?Reponerme? Veo que sabe usted dar muy
buenos consejos.

--Reponerse, si ... Distraerse un poco.... Salir....

--iSalir!--exclamo la mistica tan asustada, que Clara se arrepintio del
consejo--iSalir! y ?a donde?

--Pues ... quiero decir ... que usted debe procurar ... pues.... Cuando
se esta mucho tiempo encerrada en la casa, la salud se quebranta ... asi
es que ... siempre es bueno ... salir un poco....

--iClara!--dijo dona Paulita con la expresion de estupor y gravedad del
que hace un gran descubrimiento.--?Sabe usted que su consejo es muy
sabio? No crei yo ... Es verdad. Eso ?por que ha de ser malo? Yo siento
ahora que tengo necesidad de ... salir, de andar, de respirar.... Si,
es preciso.

Estaba inmutada. Parecia que en su espiritu y en su organismo se
verificaba una crisis muy transcendental. Toda ella se dilataba, como si
aquel dia hubiera perdido de una vez la fuerza de concentracion, la
ligadura interna que la comprimia desde el nacer. No podemos explicarnos
todavia nada de lo que por ella pasaba.

--Debe usted cuidarse, debe usted vivir--dijo Clara.

--Si: debo cuidarme, debo vivir--repitio Paula en el tono de
estupefaccion que emplea el que oye por vez primera la solucion concisa
de un problema en que ha estado trabajando infructuosamente toda la
vida.--iDebo vivir!

En aquel momento sus ojos miraban en derredor, asombrados, asustados,
con melancolia y vaguedad, como el que no ha visto nunca un horizonte y
lo ve por primera vez.

Pero de repente la dama se levanto agitada, se dirigio a su
reclinatorio, se arrodillo, abrio el libro de horas, inclino el rostro
hacia el, ocultandolo entre las manos, y alli quedo sumergida en
profunda y concentrada meditacion. Reposaba sin duda en el seno de Dios,
que tenia reservado a su santa el goce inefable de vagorosos y
celestiales deliquios.

Durante el extasis, ?quien podra saber lo que paso en aquella cabeza?
Dios tan solo.





CAPITULO XXV



#Virgo prudentisima.#


Visitemos a los dos huespedes del cuarto segundo en la noche siguiente a
la de su instalacion. Prodigioso esfuerzo del genio domestico de Maria
de la Paz Jesus habia podido acomodar dos camas en la habitacion alta.

Lazaro acababa de acostarse en la suya, tratando de reparar las fuerzas
perdidas; su tio velaba sentado en el sillon de vaqueta que junto a la
cama tenia, y se ocupaba en hojear unos papeles, leyendo a ratos y
escribiendo un poco algunas veces.

De repente el viejo se volvia; miraba a su sobrino, que no podia
librarse de cierto temor cuando veia, dirigidos hacia el aquellos dos
ojos de lechuzo. Parecia querer hablar al joven de alguna cosa
importante, y no atreverse por no tener confianza en su discrecion.
Despues de la llegada de Lazaro a la casa, tio y sobrino no habian
hablado nada de politica. El fanatico creyo que su protegido no era
capaz de tener entereza y teson para sostenerse en sus creencias. En
tanto, el exaltado liberal tuvo tanto que pensar en otras cosas, que
relego a segundo termino aquella cuestion, y se acordaba poco de la
apostasia que su tio le habia exigido.

Lazaro cedia a la fatiga, se dormia lentamente, cuando el viejo dijo con
voz fuerte:

--Lazaro, ?duermes?

--?Que?--contesto el muchacho, despertando sobresaltado.

--Voy a preguntarte una cosa. ?Conoces en Zaragoza a un liberal que se
llamaba Bernabe del Arco?

--Si, senor--contesto Lazaro, que conocia y apreciaba mucho a aquella
persona, orador y escritor de nota.

--Era de los exaltados, ?eh?--indico el fanatico con mordaz ironia.

--Si, senor: es de los que sostienen las ideas mas avanzadas--contesto
el sobrino, temeroso de pronunciar una palabra que ofendiera a su tio.

--Es ... no: era, debes decir, porque paso a mejor vida.

--Como, ?ha muerto?

--Le han matado--dijo Elias con glacial indiferencia.--Mira la suerte
que aguarda a los locos, depravados, ilusos y perversos. ?Ves? iAsi
castiga el pueblo a los que le enganan! iOh! Asi deberian perecer los
habladores.

El sobrino se callo; volvio el tio a su lectura, y no habia pasado un
cuarto de hora, cuando se dirigio de nuevo al lecho del joven que,
vencido por el sueno, dormia ya profundamente, y grito:

--iDespierta, Lazaro!

Y desperto dando un salto, aterrado y convulso, como debemos despertar
el ultimo dia, cuando suene la trompeta del Juicio. Aquel viejo le habia
de quitar tambien los unicos momentos de reposo que sus desventuras le
permitian.

--?Conoces aqui a un jovencito que se llama Alfonso Nunez, y a otro que
se llama Roberto, conocido generalmente por el Doctrino?

--Si, senor--contesto Lazaro atemorizado, por creer que tambien le iba
a participar la muerte de sus dos amigos.

--Buenos chicos, ?eh?--dijo Elias, riendose como deben reir los brujos
en el aquelarre.

El sobrino no contesto, contentandose con encomendar mentalmente a Dios
a su buen amigo Alfonso Nunez.

--iTengo un plan!...--anadio el fanatico con cierta satisfaccion de si
mismo,--plan soberbio. Si supieras, Lazaro. Pero tu eres muy tonto y no
puedes comprender esto. Son buenos chicos esos que te he dicho, ?no? Asi
... muy exaltados, muy amigos de embaucar al pueblo y pronunciar
discursos ... pues, asi como tu.

Lazaro su asusto mas y comprendio menos.

--Esos chicos valen mucho. iSi supieras que utiles son! Amantes de la
libertad, habladores, impetuosos, entusiastas. iAh! No temo yo a estos
... Lo haran bien. iPlan magnifico!

Despues, como si se arrepintiera de haber dicho demasiado, aparto la
vista de su sobrino, murmuro algunas voces incoherentes, y volvio a
hojear sus papelotes, escribiendo algo y grunendo siempre, sin dejar de
gesticular como si hablara con alguien.

Lazaro miro un buen rato la livida faz del viejo realista, que,
iluminada de lleno por la luz, ofrecia fantastico e infernal aspecto.
Las orejas se le transparentaban, los ojos parecian dos ascuas, y el
craneo le lucia como un espejo convexo. Los singulares objetos que le
rodeaban, o los que cubrian las paredes de la habitacion, aumentaban el
terror del estudiante. Aquel sillin de vaqueta, testigo mudo del paso de
cien generaciones; aquellos cuadros viejos; los muebles de talla,
exornados con figuras grotescas y de rarisima forma, daban a la
decoracion el aspecto do uno de esos destartalados laboratorios en que
un alquimista se consumia devorado por la ciencia y las telaranas.

Despues de cerrar los ojos, entregado por fin al sueno, el joven Lazaro
continuo viendo a su tio con los objetos que le rodeaban.
Representaronsele ademas las siniestras figuras de las senoras de
Porreno; y en su sonar disparatado, lo parecia que aquellas tres figuras
crecian, crecian hasta tocar las nubes y ocupaban todo el espacio:
Salome como una columna que sustentaba el cielo; Paz, como nube
gigantesca que unia el Oriente con el Ocaso. Despues le parecia que
menguaban, que disminuian hasta ser tamanitas: Paz como una nuez, Salome
como un pinon, Paula como una lenteja. Oia la frailuna voz de la devota;
veia extranos y complicados resplandores, partidos de la lampara del
viejo; veia la rojiza diafanidad de sus orejas como dos lonjas de carne
incandescente; veia la enormidad de su calva iluminada como un planeta;
y por ultimo, todos estos confusos y desfigurados objetos se desviaban,
dejando todo el fondo obscuro de las visiones para la imagen de Clara
que, no desfigurada, sino en exacto retrato, se le representaba, alzando
la vista de una labor interrumpida para mirarle. En tanto le parecia
escuchar siempre una voz subterranea que clamaba: "Lazaro, ?duermes?
Despierta, Lazaro."

A la madrugada su sueno fue mas profundo. Desperto a las ocho, y en los
primeros momentos tuvo que recoger sus ideas y meditar un poco para
saber donde estaba y que cosas le habian sucedido. Su tio habia salido.
Levantose y se vistio. No sabia que hora era; pero el hambre le hizo
comprender que era hora de almorzar. Abrio la puerta, dirigiendo una
mirada a lo largo del pasillo y a lo profundo de la escalera, y el
primer objeto que encontraron sus ojos fue la figura de dona Paulita que
subia lentamente.

--?Ha descansado usted?--le pregunto con voz menos nasal e impertinente
que de ordinario.

--Si, senora: muchas gracias.

--?No le falta a usted algo?

--Nada, senora.

--Pero querra usted comer alguna cosa. Aqui acostumbramos desayunarnos a
las siete. Es lo mejor. Pero son las ocho; mi tia es muy rigorista, y ha
dicho que, puesto que usted no estuvo a las siete en la mesa, no puede
almorzar. Esto es una disciplina necesaria. Bien sabe usted que sin
disciplina no puede haber orden. Ahora no puede usted tomar cosa alguna
hasta las dos de la tarde.

--Senora, no importa: yo ...--dijo Lazaro, que era cortes, aunque estaba
muerto de hambre en aquel momento.

--Pero no tema usted--continuo la devota, bajando la voz y mirando a
todos lados.--Yo conozco que esta usted desfallecido, y es preciso darle
de comer. No salga usted de su cuarto.

Dicho esto, bajo muy ligera, procurando no ser vista. El joven sintio
mas encendida su gratitud hacia aquella senora, que ya habia hablado en
su defensa la noche anterior.

Al poco rato volvio la devota trayendo un desayuno que, aunque escaso,
basto para reponer al hambriento.

--Mi hermana no lo llevara a mal--dijo;--pero no se lo diga usted. Yo
hago esto por usted, porque comprendo que en un cuerpo debil no tiene
fuerzas el espiritu.

--Senora, no se como pagarle tantos favores--contesto el mancebo
sin mirarla.

A las siete de aquella manana, mientras Lazaro dormia rendido de
cansancio, se suscito una gran cuestion en el comedor, sobre si seria
conveniente y disciplinario llamarle para almorzar. Maria de la Paz
decia que no; Salome dudaba, y la santa opinaba que si. Las razones de
la primera eran: que puesto que preferia el sueno a la comida, era
preciso hacerle el gusto, con lo cual se iria acostumbrando a la
disciplina. En vano quiso oponerse Paulita con gran copia de razones
teologicas y morales, fundadas en el principio de _mens sana in corpore
sano_: todo fue inutil. Sus palabras, oidas con respeto, no produjeron
efecto. Elias decidio la cuestion, diciendo que su sobrino, ademas de
liberal, era holgazan, y que habia de renunciar a hacer de el nada
bueno. Todos callaron y comieron. Clara no era admitida a la mesa comun.

Volvamos arriba. Lazaro se comia la racion con gran apetito. La dama le
hacia mil preguntas, y el le contestaba procurando ser lo mas cortes que
el hambre le permitiera. Las preguntas eran de esta clase:

--?Creyo usted que no almorzaria hoy?

--iAh, senora! no....

--Porque yo no me olvidaba de que usted estaba sin comer.

--Yo le doy a usted las gracias.

--Pero usted no se lo figuraba--decia Paulita, ansiosa de apurar aquella
cuestion hasta el fin.

--No, senora; de ningun modo ... yo ... si.... Pero ... ya.

--Y su tio se opuso a que almorzara.

--iAh! mi tio--dijo Lazaro, dejando de comer,--es un.... No: es un
excelente hombre.

--iOh, si--dijo la devota mirando al cielo,--es un hombre
ejemplar, un santo.

--Si, si: un santo.

Lazaro, nuevo en aquella casa, no habia tenido ocasion de penetrar el
caracter de la persona que tenia delante en el momento de su desayuno.
Por este motivo nada le llamo la atencion; por eso no supo que nunca sus
bellos ojos habian tenido un resplandor tan vivo, ni que jamas voz de
monja alguna entono salmodias con tan melodioso timbre como el de la voz
de Paula al decir: "?Usted creyo que no almorzaria hoy?" En ella, sin
embargo, habia gran naturalidad; y no es aventurado afirmar que en
ningun tiempo se cruzaron sus manos blancas y finas con menos
afectacion, a diferencia de aquellos crispamientos de dedos que usaba
tanto para acompanar y adornar sus peroraciones.

--Aqui no sera permitido que le hagan a usted dano alguno--dijo en el
tono de quien hace una importante revelacion.--No tema usted. Si ha
cometido alguna falta...

--?Falta?--dijo el joven con tristeza.

--?Pues no decian que era usted un gran pecador?

--iYo un gran pecador, senora!

--No sera tanto como dicen...--continuo dona Paulita, con una sonrisa
tan mundana, que no parecia puesta en boca de una santa.

---No--replico el joven con efusion;--no es tanto como dicen, es verdad.
Y si he de decirlo todo....

--Acabe usted--dijo la otra con mucho interes.

--Yo no se que falta he cometido--anadio Lazaro con melancolia.--Pero
si, faltas he cometido, no lo puedo negar....

--?A ver, a ver, que faltas?--pregunto con mucha ansiedad la
favorita de Dios.

--Le dire a usted...--repuso el, preparandose a confesar.

--Comprendo: algun extravio de joven. La juventud esta llena de
peligros, y los jovenes, si se les deja solos....

--Es verdad.

--Cuenteme usted. Yo quiero que usted se corrija. Tal vez la falta es
mucho menos grave de lo que usted mismo piensa. Tal vez no pasa de ser
una ligereza trivial dijo con mas ansiedad e interes Paula.--Digame
usted; yo le dare consejos.... Cuenteme usted.

Lazaro permanecio pensativo un instante, y ya abria la boca para
formular una contestacion o una excusa, cuando Elias se presento en la
puerta. La devota se turbo un poco; pero un momento le basto para
reponerse. El realista se quedo muy sorprendido al ver a la dama y al
observar los restos del almuerzo, mientras su sobrino se avergonzaba de
haberlo probado.

--Pase usted, senor don Elias--exclamo ella con su uncion
acostumbrada;--pase usted: aqui estoy suplicando por amor de Dios a su
sobrino que no le de mas disgustos. iOh! Pero el se va arrepintiendo ya
de los errores de su juventud. ?Que extrano es que la juventud peque,
entregada a si misma, sola por espinosos caminos? Le estoy recomendando
la moderacion, la cortesia, la prudencia. Pero veo que usted se admira
de que le haya traido de comer. iAh! confieso mi falta. Pero no he
podido resistir los impulsos de la compasion. He sido debil; no he
nacido para el rigor, y confieso que no tengo caracter, como debiera,
para sostener la rigidez de la disciplina. Si he cometido una falta,
perdoneme usted.

Elias estuvo un rato sin saber que contestar; pero tenia muy alta idea
de la cristiandad de aquella senora para vacilar en probar cuanto hacia.
Aquel acto le parecio una sublime prueba de caridad.

--iSenora, que buena es usted!--dijo.

--No es bondad, es debilidad. Conozco que hice mal.

--iSenora, usted es una santa! Aunque el no merece lo que usted ha
hecho, esto sirve para hacer resaltar mas las virtudes de usted.

--iOh!--exclamo la elegida del Senor,--confieso que mi deber era
seguir el dictamen de usted; pero no he podido resistir a un poderoso
impulso de indulgencia. iOh! si siempre pudiera una salir victoriosa
de si misma....

--Mira, aprende--dijo Elias, volviendose hacia Lazaro;--mira a esa
santa; aprenda lo que es nobleza, generosidad, virtud.

--No--dijo ella bajando los ojos.--Que no tome por modelo a esta
pecadora.

--Aprende, Lazaro--exclamo con exaltacion el fanatico.--Aqui tienes a la
misma virtud.

La santa hizo una gran reverencia y se marcho, dejando solos al tio y
al sobrino.





CAPITULO XXVI



#Los disidentes de la Fontana#.


Aquella manana no ocurrio mas incidente que el que hemos descrito.
Lazaro subio y bajo varias veces furtivamente y con pasos de ladron,
tratando de ver a Clara; pero le fue imposible. Esperaba verla en la
comida; mas tambien, como el dia anterior, se frustraron sus deseos.

Pusieronse a las dos los manteles, y cada cual ocupo su sitio. La mesa
era para doce cubiertos: ocupo un extremo Maria de la Paz, teniendo a su
derecha a Salome y a su izquierda a Elias, mientras la devota estaba
erigida a la derecha de su prima. Al joven le pusieron enfrente, a
tanta distancia del grupo principal, que para alcanzar su racion tenia
que descoyuntarse los brazos. Sirviose primero una sopa que, por lo
flaca y aguda, parecia de Seminario; despues siguio un macilento cocido,
del cual tocaron a Lazaro hasta tres docenas de garbanzos, una hoja de
col y media patata; despues se repartieron unas seis onzas de carne que,
en honor do la verdad, no era tan mala como escasa, y, por ultimo, unas
uvas tan arrugadas y amarillas, que era facil creer en la existencia de
un estrecho parentesco entre aquellas nobles frutas y la piel del rostro
de Salome. Termino con esto el festin, durante el cual reino en el
comedor un silencio de refectorio, excepto cuando Elias dijo que tanta
esplendidez le parecia dispendiosa, y elogio la sobriedad como
fundamento de todas las virtudes.

Despues se rezo un poco, y las senoras se retiraron. Maria de la Paz
habia adquirido en el periodo de la decadencia el habito de dormir la
siesta, y ya durante los ultimos _Agnus Dei_ del rezo estaba haciendo
cortesias con los ojos cerrados. Lazaro subio con el mayor desconsuelo,
por no haber logrado tampoco aquella vez el objeto de su constante afan.
Aventurose a bajar sin ser visto de su tio, recorrio lleno de zozobra y
ansiedad el pasillo; pero nada consiguio. Todo estaba cerrado y en
silencio, y sin duda los habitantes de la casa estaban sumergidos en el
agradable sopor de la siesta o en el letargo espiritual de la
contemplacion religiosa. Solamente Batilo, el melancolico perro, que
habia perdido los habitos de su raza y no sabia ni ladrar, estaba
paseando su hastio por el comedor, rasgunando de vez en cuando la puerta
de un armario, donde probablemente yacian los exiguos despojos de la
carne servida en la mesa aquella tarde.

Subio Lazaro desesperado, pero al ver a su tio medio dormido en un
sillon, no pudo resistir a la influencia letal que en todos sus
habitantes ejercia aquella region del fastidio; preparose tambien a
dormir, y se tendio en su cama. No habian pasado diez minutos, cuando
sintio fuertes campanillazos en el piso de abajo, y despues la voz de
Salome unida a otras voces de hombre, entre las cuales creyo reconocer
alguna. Levantose y se asomo a la escalera.

Eran cuatro personas que le buscaban, y la dama las dirigia al piso alto
con muy mal humor. El joven reconocio entre aquellos a su amigo Alfonso
y al Doctrino. Estos y otros dos, que Lazaro no habia visto nunca,
subieron. Coletilla les habia sentido en su sueno de lechuzo, y
despertando subitamente se adelanto hacia la puerta.

--iHola, ustedes!...--exclamo de repente; pero mudando de tono en un
instante brevisimo, dijo con afectada frialdad o indiferencia:--?Que se
les ofrecia a ustedes?

Como Lazaro estaba puesto de espaldas a su tio, no vio que este; puso el
dedo en la boca e hizo una imperceptible sena al Doctrino. Despues dijo
haciendo un esfuerzo para aparecer complaciente:

--Ya comprendo: ustedes venian en busca de mi sobrino.

El joven estudiante temblo al pensar cuanto irritaria a su protector
verla en compania de aquellos exaltados.

--?Por mi?--pregunto, estrechando la mano de su amigo.

--Si--contesto el Doctrino, que comprendia lo que debia hacer.

--Si: veniamos por ti--dijo Alfonso.--Tenemos una reunion esta tarde, y
queremos que vengas a ella. Es la reunion de los disidentes de la
_Fontana_.

Lazaro creyo que su tio se iba a poner hecho una furia al oir hablar de
las reuniones de fontanistas. Pero contra lo que esperaba, le vio tan
sereno como si oyera hablar de un concilio ecumenico. Tampoco tuvo la
suficiente perspicacia ni la suficiente memoria para hacerse cargo de
que podia haber alguna relacion entre las preguntas que el fanatico le
habia hecho la noche anterior, y la visita de aquellos amigos.

--Si, que vaya; ve--dijo Elias.

La confusion de Lazaro aumento; pero antes que saliera de su estupor,
Alfonso le tomo del brazo, le condujo a la escalera, y poco despues
estaban en la calle.

Los otros dos jovenes, nos son hasta ahora desconocidos, si bien es
probable que les hayamos visto en el departamento bullicioso de la
_Fontana_, precisamente en la noche fatal en que Lazaro fue arrojado del
club. El uno de ellos, nacido en Algodonales, era de los contertulios
mas asiduos del barbero Calleja; y no es aventurado afirmar que
intervino en la cuasi-tragica escena que en el primer capitulo
referimos. Se llamaba Francisco Aldama, y por ser andaluz y bastante
aficionado al trato de los lidiadoras de toros, se le llamaba Curro
Aldama, o el Curro. Dona Teresa Burguillos, feliz consorte del barbero,
era un poco torpe para la pronunciacion de los nombres propios, y solia
llamar _Aldaba_ al amigo y comiliton de su esposo. Era Curro Aldama o
Aldaba exaltado fontanista, de crasa ignorancia, y con aquella osadia
que acompana siempre a los necios. Se la echaba de gran patriota, y no
sonaba cencerro en Madrid sin que el tomara parte en la danza.

El otro era de muy diversa condicion y figura. Sus aficiones literarias
le habian hecho amigo del poeta clasico que hemos conocido habitando en
el olimpo de dona Leoncia, la semidiosa de la calle de la Gorguera. Alli
conocio a Alfonso Nunez, con quien trabo amistad; v bien pronto, aunque
las musas le fueron propicias (se estreno en la cruz, con buen exito, un
sainete pastoril suyo, titulado _Anfriso y Cenobio_), dejo las musas por
la politica, escribio en _El Universal_ y en _El Labriego_, charlo en
los clubs, y se decidio por el partido exaltado.

Tenia mucho ingenio, dotes de orador y periodista, pero muy poca
instruccion y una ligereza invencible. Frecuentaba la tienda de Calleja
y el club de la _Cruz de Malta;_ pero ultimamente se aseguraba que
pertenecia a la tenebrosa sociedad de los _Comuneros_, aunque el lo
negaba. Lo cierto es que en la _Fontana_ sospechaban de el, no sabemos
si con fundamento. Se decia que era de los alborotadores pagados por la
reaccion; hasta que una noche, viendo que se le miraba con desconfianza,
y aun se le hicieron alusiones picantes, deserto para no volver. Este
era Cabanillas, joven de educacion y talento, a quien no se podia ver
sin repugnancia alternando con hombres desalmados como Tres Pesetas,
Chaleco y el Matutero, que hemos tenido el gusto de conocer al principio
de esta puntual narracion.

--Chico--decia Nunez,--?sabes que hemos renido con los de la _Fontana_?
El lance de la otra noche nos ha obligado a romper con esa canalla.
Estamos agraviados: tambien a nosotros nos han querido acusar como a ti;
pero hemos alzado el vuelo y estamos fuera. Vamos a formar otro club.

--Me calumniaron--exclamo Lazaro:--yo no se que demonio me tento a mi
para hablar aquella noche.

--Si son unos mentecatos. Nada: alli se han figurado que no hay mas
liberales que ellos--afirmo Nunez;--y a los que defendemos la libertad
verdadera y completa, nos llaman exaltados, alborotadores, y dicen que
estamos vendidos.

--Ya les arreglaremos las cuentas--dijo el Doctrino.

--Pues oye--continuo Alfonso,--nosotros vamos a fundar otro club, el
verdadero club revolucionario. A esos necios de la _Fontana_ les ha dado
ahora por predicar el orden. iQue orden ni que ocho cuartos! Nosotros
predicaremos la violencia, porque sin violencia no hay revolucion; sin
extirpar los obstaculos y arrancarlos de raiz, no se puede transformar
este pueblo. Nosotros vamos a predicar la democracia; vamos a proclamar
la soberania suprema, absoluta del pueblo, a combatir el trono y a
senalar los que en la gran purificacion que se prepara deben ser
arrancados de raiz, exterminados y concluidos. Tu vendras a nuestro
club, ?no es verdad?

--Veremos--contesto Lazaro muy preocupado.

--Nuestra idea--continuo Alfonso,--es combatir a esos republicanos
tibios que van a las Cortes y a los clubs para sermonear sobre el orden
y la moderacion. Exterminio a esa canalla, a esos hipocritas.

--Si--dijo el Curro,--porque si uno se deja dominar por esos tibios, se
queda uno atras; y no estan los tiempos para quedarse uno atras. Mucho
tino, que el que ahora no saca algo....

Con esta conversacion llegaron a la calle de la Gorguera y a la casa de
dona Leoncia; subieron al cuarto del poeta, que era el punto designado
para las reuniones preparatorias del naciente club. Conoceremos el
cuarto del poeta con el nombre de _La Fontanilla_, calificacion oficial
con que le designaron aquellos jovenes.

Acomodaronse como pudieron en las tres sillas y en la cama del poeta,
mientras este se hallaba en el interior de la casa, al lado de dona
Leoncia, poco atento a la politica. El Curro se sento junto a la mesa y
mostro desde el principio gran deferencia hacia una botella que alli
habia, puesta sin duda por la previsora mano del poeta clasico.

--Vamos a ver--dijo Alfonso desde la presidencia, que era la cama:--a
ver que hacemos con esos liberales que nos calumnian y dicen que somos
ebrios y agentes ocultos de la reaccion.

--Combatirles con razones--observo Lazaro;--demostrar que no somos
agentes de la reaccion. ?Pero en que se diferencian sus ideas de las
nuestras? ?No son ellos liberales? ?No aman la Constitucion?

--Pero la aman a medias--dijo el Doctrino,--porque no aman el verdadero
sacerdocio de la revolucion, que es destruir.

--Ya se ha destruido bastante--indico Lazaro:--hagamos lo posible por
llevar aunque no sea mas que una piedra cada uno al gran edificio que se
ha de levantar.

--Nada de eso: sin destruir es inutil pensar en edificar. Debemos
senalar al pueblo cuales son sus enemigos, sus enemigos de siempre--dijo
el Doctrino.

--Pues eso es lo que yo decia--afirmo Aldama, decidiendose, despues de
grandes vacilaciones, a probar el contenido de la botella.

--Digo lo mismo--repitio Cabanillas.--Hoy estamos peor que antes: no hay
otra diferencia sino algunas palabras mas en nuestras bocas. Los
ministros hablan de libertad, los diputados hablan de libertad, los de
los clubs hablan de libertad; pero la libertad no se ve, no existe: es
una farsa. Digo, senores, que prefiero a esta farsa los frailes de antes
y el rey absoluto de antes.

--?Pues eso que duda tiene?--dijo Nunez.--No hemos conquistado mas que
unas cuantas formulas. ?Y de eso quien tiene la culpa sino los
liberales, que nos hablan del orden y vuelta con el orden?...

--iEso mismo decia yo!--exclamo el Curro, probando de nuevo la botella,
que sin duda le habia gustado.

--Ensenar al pueblo a pedir justicia; y si no se la dan, a hacerse
justicia por si mismo es lo que conviene--dijo el Doctrino.

--iCuanto han hablado esos hipocritas del hecho del cura de Tamajon,
acusando al pueblo de que se hacia justicia por si solo! ?Pues que habia
de hacer el pueblo, si veia que el Gobierno permitia la conspiracion
constante del Palacio real, y encarcelaba a los buenos liberales porque
cantaban el _Tragala?_

--Es claro: lo que quieren es enganar al pueblo, infundirle miedo con su
orden, y siempre con su orden....

--Mientras vivan ciertos hombres--dijo el Doctrino sombriamente,--nada
adelantaremos. No conviene ahora decir quienes son esos hombres que
deban desaparecer; pero a su tiempo se nombraran.

El Doctrino tenia algo de lugubre, hablaba poco, y siempre con una
lentitud melancolica que anunciaba en el pensamientos ocultos y un frio
y siniestro calculo que no queria dejar traslucir.

--Eso mismo digo yo--repitio Aldama, que estaba resuelto a no desairar
la botella mientras tuviera dentro alguna cosa.

--Pues lo primero, senores--dijo Alfonso,--es constituirnos de cualquier
modo que sea. Veremos si se encuentra un buen local donde podamos
reunimos en mayor numero.

--Nos reuniremos al aire libre si es preciso. Lo que nos importa es
buscar gente, y de eso yo respondo. Pasado manana nos congregaremos
aqui, y yo traere dos o tres amigos, que es como si trajera medio
Madrid. iVeran ustedes que mozos!

--Pues bien, hasta pasado manana, tu vendras, Lazaro--dijo Alfonso.--Yo
mismo ire a buscarte. Quiero que no te desanimes ni te aburras. El
porvenir es para nosotros, chico. Hay que hacerse lugar, porque esto
esta perdido. Las ideas van en baja, y fuerza es que la juventud sea lo
que debe ser: la iniciadora y la reveladora de los grandes principios.

--Vendre--dijo Lazaro con poca determinacion. Levantaronse Alfonso y
Cabanillas, y se despidieron.

Lazaro hizo lo mismo, y los tres se marcharon. El Doctrino y el Curro
quedaban alli. No es aventurado conjeturar que, al quedarse solos, la
botella, a que tanta aficion habia mostrado Aldama, estaba
completamente vacia.

Cuando se vieron solos y sintieron bajar la escalera a los otros, el de
la botella dijo:

--?Cuanto te ha dado ayer el tio Coletilla?

--Mira--dijo el otro sacando cuatro onzas y algunos doblones de un
bolsillo grasiento.

--iAh, marrajo!--exclamo Aldama, mirando con brillantes y avidos ojos el
oro:--dame siquiera una. Debo cuatro meses de casa y mas de seis duros
de prestado.

--Poco a poco: no hay que despilfarrar el tesoro del Rey--dijo el
Doctrino, guardandose majestuosamente en el bolsillo el erario
revolucionario.

--Vamos, Doctrinillo, damela. Ya sabes que tengo apalabrado a Perico
Tinieblas, el del Portillo de Gilimon, que es hombre pintado para estas
cosas. Y lo que es en la Plaza de la Cebada, no hay chalan que no sea
capaz de comerse al Gobierno a una orden mia.

--No: las cosas han da ir en regla. No puedo pagar sino a su tiempo:
tengo esa orden. Pero no tengas cuidado, que cuando esta asamblea
principie a dar frutos...

--Dime: ?y Alfonso Nunez, esta en autos?...

--No, no sospecha nada. Es un inocente y un visionario. Es de los que se
dejan matar por las ideas. Estos son los hombres que nos hacen falta:
muchachos de talento y de buena fe que hablen al pueblo y le llenen de
agitacion.

--?Y ese otro bobalicon que hemos ido a buscar hoy?

--Ese es chico listo tambien, pero de una inocencia angelical. Tenemos
muchos de estos que son los que han de hacer la mejor parte sin costar
nada. Cabanillas vale; pero ese no es tan barato: esta el pobre muy mal,
y hay que favorecerle. Ayer le encontre llorando en la casa; me dio
mucha lastima. El trabaja con repugnancia en nuestro asunto; pero no
tiene otro remedio, porque esta sin un cuarto.

--Pues mira que yo estoy tambien....

--Veras que bien va a salir esto--dijo el Doctrino bajando la voz.--Y
para entonces ya podemos contar con fondos. Los tiempos estan malos,
Carrillo; y si uno no se agarra a los buenos faldones...

--Eso mismo digo yo. Pero ?me das o no esa oncilla?

--Esperate a pasado manana. Tengo orden de no repartir todavia.

El Curro y el Doctrino bajaron despues de haberse despedido desde la
puerta y a gritos del poeta clasico.

La _Fontana de Oro_ sirvio al Rey y a la reaccion mas que los frailes y
los facciosos, porque en ella habia un cancer que en vano trataban de
cortar algunos hombres prudentes, expulsando a quien no era culpable. El
cancer de la venalidad continuo corrompiendo aquella asamblea, que no
tenia un rival, sino una sucursal en la _Fontanilla_.





CAPITULO XXVII



#Se queda sola#.


Cuando Lazaro volvio a su casa, temblo en presencia de Coletilla. Pero
bien pronto su terror se troco en sorpresa al ver que, lejos de
mostrarse indignado el viejo por haberle visto en compania de los
freneticos de la _Fontana_, estaba un poco menos adusto que de
ordinario, y hasta llego a manifestar cierta benevolencia, que era en el
cosa muy rara.

Aquella noche y a la manana siguiente volvio Lazaro a intentar la
dificil empresa de ver a Clara. Era cosa imposible, porque el sistema de
clausura empleado en la joven por sus tres carceleras, por aquel Cerbero
femenino de tres cabezas y tres cuerpos, era inexorable. Clara vivia
peor que un cenobita, peor que esos prisioneros de que hablan las
historias antiguas, sepultados en vida, cuerpos vivos para el dolor y
los horrores de la soledad. iDios tenga piedad de esta infeliz!

Pero si Lazaro no podia verla, el abate Carrascosa pudo aquel dia, con
permiso de la devota, entrar a enterarse de la salud de _su senora dona
Clarita_; y al hallarse con ella, saco un papel del bolsillo, y
haciendole senas de que callase, se lo dio a la joven furtivamente. Sin
decirle una palabra, salio.

Clara se puso como la grana; su primer pensamiento fue romper la carta;
pero le ocurrio que podia ser de Lazaro. Tal vez el pobre muchacho se
habia decidido a escribirle, no pudiendo verla, y se valio del abate,
que era sin duda su amigo. Guardo en el seno la carta, y espero.

La devota no tardo en venir, y se sento junto a ella.

--?No sabe usted--dijo--que vamos esta tarde a la procesion del
Divino Pastor?

--?Si?--contesto Clara maquinalmente.

--Si; pero usted no va. Han resuelto que se quede usted aqui, porque las
jovenes que estan en penitencia no deben salir nunca de casa. ?No piensa
usted lo mismo?

--Lo mismo--dijo Clara, temblando por miedo de que le conocieran en el
semblante que tenia una carta escondida.

--Vamos al balcon do una amiga nuestra, desde donde se ve todo
perfectamente. Estara muy vistoso. De San Anton salen tres imagenes, y
dicen que es tambien muy probable que salga el Cristo de las Llagas de
la capilla de Santa Maria del Arco. Todo esto pasa por la calle de San
Mateo, a donde vamos nosotras.

No dijo mas. Ya estaba arreglada para salir. Su vestido era el de las
grandes solemnidades, el mismo de otras veces; pero icosa singular! su
toca estaba plegada en la frente con cierta presuncion de monja novicia,
presuncion que no carecia de gracia. Su manton, cuyo velo impenetrable
le cubria otras veces completamente el rostro, aparecia ahora echado
hacia atras con una franqueza que el rigido dominico de la antigua casa
de los Porrenos habria calificado de desenvoltura.

Si Clara hubiera estado menos preocupada en aquel momento y tenido un
caracter mas observador, sin duda se habria de admirar al ver a dona
Paulita afectada de distracciones intermitentes; habria notado que se
sonreia con frecuencia, moviendose sin cesar; que despues se ponia muy
triste, permaneciendo quieta y como abstraida; que luego le daba una
especie de acceso de despecho, crispaba los nervios y cerraba los ojos,
erguia el cuello y parecia atenta a ruidos lejanos, no escuchados de
otro alguno. Aun hay mas: si Clara no hubiera tenido el rostro tan
inclinado sobre la costura como de ordinario, habria reparado que la
devota se levanto, y acercandose a un pequeno espejo de cristal de roca
(obra admirable del siglo XVII, adquirido en Venecia por el undecimo
Porreno), se estuvo mirando por espacio de tres minutos con singular
atencion. Hay pruebas irrecusables de que jamas en ningun tiempo habia
reflejado la historica superficie de aquel espejo la faz de la dama.
Tambien sabemos que aquella no era la primera vez que se miraba; que la
noche anterior y el dia anterior se habia mirado tambien, observandose,
sobre todo por la noche, con gusto y calma. Es indudable que medio
cerro los ojos para verse no sabemos con que grado de luz, y que
recogio despues los labios, mostrando a la curiosidad insaciable del
cristal lisonjero las dos blancas y nacaradas filas de sus hermosos
dientes. Este fenomeno nos ha obligado a trabajar mucho para descifrar
ciertos misterios, cuyo conocimiento es necesario para la continuacion
de esta historia.

En el otro cuarto, Maria de la Paz y Salome habian exhumado de las
profanas gavetas unas vetustas vestiduras de seda valenciana, que habian
sido en mejores tiempos elegante ornato de sus personas. Suspendieron en
sus cabezas sobre solidisimas peinetas la mantilla negra de pesados
encajes, y Paz abrio una pequena caja de carton en figura de ataud, que
aun conservaba el perfume fiambre de las guanterias de 1790, y de esta
caja saco un abanico de doscientas varillas que, al desplegarse como la
cola de un pavo real, hacia mas ruido que una perdigonada. Salome se
colgo en la muneca de la mano izquierda un ridiculo, donde puso, ademas
de sus espejuelos, un frasquito de esencia y otras baratijas.

--?Y dejamos aqui a ese joven?--dijo Paz, mirando a su hermana
con estupor.

--?Como? No es posible--contesto la del ridiculo con espanto.--Si queda
Clarita en casa....

--iQue horror! Hay que llevar con nosotras a ese joven....--Pero
?que diran?...

En esto entro la devota. Elias andaba por alli cerca.

--iQue diran si llevamos con nosotras a ese joven!...--continuo Paz.

--?A ese joven? ...--repitio Paulita.

--Si: ?que diran? iJesus!--exclamo Salome.

--Nada diran--manifesto la devota, mirando para otro lado.--Es un
servidor, un caballero que nos acompana. Y, sobre todo, el mal esta en
las intenciones, no en las apariencias. ?Que pueden decir? Nosotras,
es verdad que no necesitamos caballeros; pero no es indecoroso que
ese joven nos acompane. iOh! No atendamos tanto a las preocupaciones
del mundo.

--Pero si a ese joven le conocen por libertino--dijo Paz--y le ven con
nosotras....

Ante este argumento vacilo un momento la mujer mistica, y casi no supo
que contestar. Pero no era persona que se dejaba vencer facilmente en
una disputa, y tomando fuerzas, prosiguio:

--iOh fragilidad de las cosas mundanas!...No temamos al que diran. Sobre
todo, yo no creo que ese hombre sea un libertino. (Elias habia entrado,
y escuchaba con mucha atencion a la devota.) Tiene buen corazon, y si ha
cometido algun error es por falta de experiencia y de guia. Pero yo le
he comprendido bien, y se que se enmendara, si ya no se ha enmendado, y
esta derramando lagrimas ocultamente por sus yerros pasados. Que venga.

Elias no la dejo concluir. Arrebatado de entusiasmo, alzo los
brazos y grito:

--iLazaro, Lazaro!

Antes que Lazaro llegara, el realista se lanzo fuera, y le trajo o, mas
bien, le arrastro.

--Arrodillate ahi--le dijo con voz fuerte, presentandolo ante la
devota.--Arrodillate delante de esa santa. Ha dicho que tienes
buen corazon.

Lazaro estaba perplejo, las dos viejas absortas, la devota satisfecha y
Elias entusiasmado. Que quieras, que no, el joven tuvo que hincarse.

--Hincate, hombre, hincate--dijo el tio.--Ahora besale la mano.

Lazaro, que sin darse cuenta obedecia las ordenes violentas de su tio,
beso respetuosamente la mano de la santa, y la tuvo estrechada un
momento entre las suyas.

--Prosternate ante la virtud--decia Elias;--tu, pecador indigno de ser
perdonado. Ha dicho que tenias buen corazon. No, senoras: no lo tiene.

Dona Paulita hizo esfuerzos heroicos para aparecer con cierta dignidad
arquiepiscopal en el momento en que Lazaro le besaba la mano,
arrodillado ante ella; pero su decoro de santa fue vencido por lo mucho
que empezaba a tener de mujer. Cuando sintio los labios del joven
posados sobre la piel de su mano, temblo toda, se puso palida y roja con
intermitencias casi instantaneas, y una corriente de calor ardientisimo
y una rafaga de frio nervioso circularon alternativamente por su santo
cuerpo, no acostumbrado al contacto de labios humanos.

Despues de una pausa, principio a recobrar su aplomo y dijo:

--iQue locura! iSanta yo! Levantese usted, caballerito (no se atrevio a
decir _joven_.) No he dicho mas sino que confio en que tendra buen
juicio y se enmendara.

--?Pues no ha dicho que te perdona las faltas que has cometido? iQue
virtud! iQue heroismo cristiano!--exclamo Elias.--?No te anonadas? Pero,
hombre, levantate: ?que haces ahi de rodillas?

El joven se levanto, mientras Paz ponia fin a esta vehemente y
conmovedora escena, diciendo friamente y con desden: "Vamonos".

--Preparate a acompanar a estas senoras--dijo Coletilla.

Al estudiante le contrario mucho este mandato. El habia oido decir en la
mesa aquella manana que Clara no iria a la procesion, y habia formado
sus proyectos para verla aquel dia. La obligacion de acompanar a las
tres senoras le parecio la mayor desgracia que podia ocurrirle aquel
dia. ?Pero como era posible resistir a las ordenes de aquel tirano?
Lleno de despecho tomo su sombrero y bajo con las tres ilustres ruinas,
que se llevaron una de las llaves de la casa, dejando a Clara la
consigna de no salir del cuarto. Elias, que quedaba tambien en la casa,
tenia la otra llave.

No hacia cinco minutos que las Porrenas navegaban hacia la calle de
San Mateo, cuando llego el abate Carrascosa muy presuroso y toco a
la puerta.

Elias bajo a abrirle.

--Venga usted, amigo; venga usted al momento--le dijo con agitacion.

--?Pero a donde, hombre, a donde? Esta la casa sola. No puedo salir.

--?Que no puede usted salir?-dijo el abate asombrado.--Pues buena la hace
usted si no sale al momento y viene conmigo a donde yo le lleve.

--?Pues que hay, Carrascosa?

--Venga usted, y hablaremos por el camino.

--Hombre, la casa....

--Que casa ni que ocho cuartos. Cierre usted y vamonos.

--Queda aqui esa muchacha.

--Pues dejela usted encerrada y venga, porque esto no es cosa para
andarse con peros....

--?Pero que hay? Sepamoslo.

--Hay que si usted no viene ahora mismo conmigo a la _Fontanilla_ ... ya
sabe usted ... el club de esos muchachuelos.... Si usted no viene
conmigo, va a haber un conflicto.

--?Pero que es ello, hombre?

El abate no habia inventado de antemano la mentira que necesitaba
emplear para salir de la casa de Elias: asi es que se vio aturdido por
un momento; pero su astucia frailesca no le falto.

--Pues parece que esos chicos estan alborotados, y dicen que usted
les ha enganado: que usted no tiene poderes de ... de aquella
persona; que usted....

--?Que no tengo poderes?--dijo Elias.--Cuidado con los ninos.
iLiberalitos al fin!

--Y parece que quieren armar un alboroto esta noche--dijo Carrascosa,
seguro ya de la mentira que habia de encajarle.

--iEsta noche!--exclamo Elias, llevandose las manos a la cabeza. iEsos
chicos estan locos! Lo van a echar todo a perder.... Pero quien les ha
dicho que esta noche. iVaya con los ninos! Pero voy alla al momento.

--Venga usted, porque si tarda....

--Voy, voy al momento. Cerrare la puerta y me llevare la llave. No
importa. Las senoras tienen otra.

--Vamos.

El abate habia conseguido su objeto, que era alejar a Coletilla de la
casa aquella tarde, para que Clara se quedase sola. En tanto las
esfinges se acercaban al termino de su viaje, y Lazaro las seguia,
revolviendo en su mente el plan que en un momento de colerica
inspiracion habia concebido. Consistia este plan en dejar a las tres
ruinas en medio de la calle, cuando ellas estuvieran mas distraidas con
la procesion, y volver atras. Pero esto tenia sus inconvenientes. ?Como
entraba en la casa? ?Rompiendo la puerta? ?Y su tio que estaba dentro?
Terrible era aquella situacion. iVivir con ella y no verla! Oir que
continuamente imputaban a aquella infeliz faltas y crimenes inauditos, y
no poder acercarse a ella y preguntarle. "?Que has hecho?".

Las tres Porrenas marchaban acompasada y pomposamente, sin proferir una
palabra. Asi llegaron a la casa desde donde habian de ver pasar la
procesion, que era la casa de un clerigo llamado don Silvestre
Entrambasaguas y de su hermana dona Petronila Entrambasaguas.





CAPITULO XXVIII



#El ridiculo.#


Era don Silvestre un clerigo carilleno, bien cebado, grasiento, avaro,
de caracter jovial, algo tonto, mal teologo y predicador tan campanudo
como hueco. Su hermana era una duena quintanona, gruesa y muy pequena,
con la nariz del tamano de una almendra y del color de un tomate,
abultadisimo el pecho, y el talle y las caderas tan voluminosas que le
daban el aspecto de un barril. Las tres ruinas aristocraticas no
hubieran nunca descendido en sus buenos tiempos a tratarse con aquel par
de personas de baja extraccion (porque eran hijos de un tocinero de
Almendralejo, y el cuido cerdos en las dehesas de Badajoz hasta que
entro en el Seminario); pero en los tiempos de decadencia podian
visitarse y tratarse, aunque siempre con cierto decoro, y estableciendo
tacitamente la diferencia de las antiguas jerarquias. Se habian conocido
en el locutorio de las Gongoras, en cuyo convento existia una monja
perteneciente al linaje de los Entrambasaguas. La amistad de las
Porrenas y don Silvestre y su hermana llevaba ya cuatro anos de mutuas
cortesias, de mutuas formulas urbanas y de confianzas decorosas.

Tomaron asiento las tres, y enteraron a sus amigos de quien era aquel
joven que _decorosamente_ las acompanaba. Maria de la Paz, en su afan de
decirlo todo, expuso, con su lucidez acostumbrada, que aquel caballerito
habia estado en el camino de la perdicion a causa de las malas
companias; pero anadio que ellas le protegian, y esperaban lograr
traerlo al buen camino.

--?De donde eres, muchacho?--dijo el padre, que era muy brusco, muy
francote, y trataba de _tu_ a todo el mundo.

--De Ateca, en Aragon.

--?Ateca? iBuena tierra! iBuenos torreznos! iBuena fruta!... ?Y no
estudias, hombre, no estudias?

--Si, senor: estudio para abogado.

--iBueno esta eso!--dijo el clerigo con risa brutal. iAbogado! ?De que
sirve eso? ?Por que no estudias Teologia y Canones?

--Algo de eso estudie en Zaragoza.

--iZaragoza! iBuena tierra! Buen carnero, buen lomo; pero no como en mi
tierra, en Extremadura ... porque yo soy extremeno. Dime, ?por que no
has estudiado para cura?

--Porque no tengo vocacion para esa carrera.

Dona Paz hizo un gesto de sorpresa y reprobacion, como si el joven
hubiera dicho una gran irreverencia. Despues, acumulando en su rostro
todos los rasgos de desden y acritud de su gran repertorio, dijo:

--iAh! senor don Silvestre, con mucha razon le sorprenden a usted los
despropositos de este joven; pero no tiene usted en cuenta que ha
vivido hasta hace poco en el mas lamentable extravio. Ya se corregira;
hay una persona que ha tomado a cargo su educacion, y creemos que
lograra el intento.

--iQue no tenia vocacion!--exclamo Entrambasaguas con voz de
trueno:--eso es una irreverencia.

El estudiante bajo los ojos aturdido o indignado. Despues miro como
unico consuelo a la devota, por ver si, como otras veces, salia a
defenderle; pero la devota, que miraba tambien con atencion
contemplativa, pensaba en otra cosa que en defenderlo.

--Mi senora dona Paulita--dijo el clerigo dirigiendose a la _rosa
mistica,_--?sabe usted que he leido el libro _De albigensium
erroribus_, y estoy conforme con lo que dice el Padre Paravicino, que
_pietas in pietate contra ecclesia nulla contemnere pios?_ ?Que le
parece a usted esta opinion? Porque _a doemonio numquam salus
inveniatur_. Vamos, diga usted que es gran teologa.

Paulita no contesto; y otro menos bruto que el Padre Silvestre
hubiera comprendido que aquella extemporanea consulta teologica la
contrariaba mucho en tal momento. El instinto femenino se sublevo
alli contra toda la uncion consuetudinaria de la santa. No contesto,
y icosa singular! la que siempre se habia ruborizado cuando en
presencia de los curas le hablaban de cosas mundanas, se ruborizaba
ahora porque la hablaban de Teologia.

--Yo no se ... yo no entiendo ... yo no he leido ese libro--contesto al
fin, viendo que el majadero de Entrambasaguas repitio su pregunta,
adornada con dos o tres festones mas de latin.

--?Pues no me lo recomendo usted aquel dia que hablamos en el
locutorio de las monjas con el obispo de Calahorra, cuando dijo usted
aquello de San Dionisio Areopagita, que empieza ...? ?A ver como
empieza? ?No se acuerda?

--Yo no--dijo la devota, muy colorada y muy inquieta, por no hallar
pretexto para mudar de conversacion.

--?Pero no me recomendo usted ese libro _De albigensium erroribus?_ Si
me dijo usted que era lo mejor que se habia escrito ...--insistio el
majagranzas del clerigo.

Un rumor popular y el aspero tanido de los fagotes vinieron a sacar de
apuros a nuestra amiga anunciando la procesion. Se dispuso ocupar
inmediatamente los dos balcones: en uno se coloco el clerigo con Maria
de la Paz y Salome; en otro se coloco la gorda, dona Paulita y Lazaro.
Un enorme tiesto, donde crecia con extraordinaria lozania una adelfa,
estorbaba la comodidad de estas tres personas. La gorda estaba en medio,
y era imposible acomodarse con holgura a causa de dona Petronila y de la
adelfa. Pero al fin, despues de mil cumplimientos, la devota se encontro
en medio, teniendo a la derecha a Lazaro y a la hermana del clerigo a la
izquierda.

La procesion empezo a desfilar. El clerigo hablaba por los seis, y
hablaba tan fuerte, que los transeuntes se quedaban mirando a los
balcones. Algunos de los curiosos notaron en el rostro de dona Paulita
una muy grande agitacion, y el autor de este libro, que era uno de los
que pasaban, noto con sorpresa (porque conocia de oidas su caracter) que
entre la frente de la dama y los cabellos del joven, no habia otra cosa
que algunas hojas y una flor de la adelfa criada en el balcon. Lazaro no
atendia al gentio ni a los santos ni a nada. El despecho por encontrarse
alli mal de su grado le ocupaba todo.

En el otro balcon hacia don Silvestre detallado relato de las cofradias,
pendones, estandartes, imagenes y corporaciones que iban desfilando.
Salome ostentaba en su muneca el ridiculo, que caia sobre el antepecho
del balcon, ofreciendo al asombro del numeroso publico los vivos colores
de sus mostacillas azules y de sus lentejuelas doradas. Era el tal
ridiculo primorosa obra, en cuya elaboracion tomaron parte las delicadas
manos de su duena; obra del siglo pasado y del ano 94, en que la dama lo
lucio en los paseos de la Florida los dias de invierno, con gran
aceptacion de la juventud de entonces. Salome profesaba mucho carino a
aquella prenda, porque le parecia que al cenirla a su muneca llevaba
consigo un amuleto de perpetua juventud.

--Se te va a caer--le dijo su tia, viendo como se balanceaba la prenda
sobre el antepecho del balcon.

--No se cae--dijo Salome, que gustaba mucho de lucir en las grandes
solemnidades aquel mueble hereditario, y creia que desde la calle hacia
un efecto magnifico.

La ordenada turba de monagos, clerigos, cofrades, archicofrades y
penitentes seguia desfilando. La gorda y su hermano se hacian lenguas
cada vez que pasaba un estandarte, una cruz. El codo de Lazaro tocaba el
codo de la devota, y esta tenia cruzadas las manos, y la cabeza
inclinada a un lado, porque sin duda le halagaba el suave roce de las
adelfas. Despues se paso la mano por los ojos como si se apartara un
velo imaginario.

Cuando la procesion estaba en su lleno, digamoslo asi, un grito
resono en el balcon inmediato. iOh dolor! El ridiculo de Salome habia
caido a la calle.

--iY esta en el la llave de la casal--dijo Paz con terror.

Lazaro no necesito oir mas; su determinacion fue rapidisima. Se quito
del balcon, y dijo vivamente:

--Voy a buscarlo.

El ridiculo cayo sobre las cabezas de los transeuntes; paso de mano en
mano, y fue arrastrado por la multitud do tal modo, que un momento
despues de caido estaba a gran distancia. Lazaro, que vio esto, bajo
rapidamente, llego a la calle y atraveso, con mucho trabajo, por entre
la multitud. Su determinacion era decisiva.

--iQue feliz coincidencial--decia para si.--Alli esta la llave: la tomo,
corro a la casa, abro; el viejo debe estar arriba durmiendo la siesta:
entro, la veo, la hablo, la digo ... que se yo lo que le voy a decir ...
y me vuelvo a escape. Si las viejas sospechan, inventare cualquier
mentira. No hay mas remedio.

Al fin llego jadeando y con mucha fatiga al extraviado ridiculo. Lo
tenia una mujer que lo estaba registrando, y viendo, que no contenia
cosa de valor, no parecia mostrar gran empeno en conservarlo. Lazaro lo
tomo. El oleaje del gentio le habia llevado a gran distancia de la casa
de Entrambasaguas. Desde el balcon no podian verle. No dudo mas, y echo
a correr por una de las calles transversales hacia la casa.

La ansiedad propia de la situacion y la marcha precipitada le agitaron
de tal modo, que tuvo que detenerse para respirar. Por fin la veria sin
duda. Llego a la casa, entro, subio la escalera; pero antes de
resolverse a abrir se detuvo, y necesito apoyarse en la pared, porque la
agitacion le habia quitado las fuerzas. Penso que ella se asustaria al
verle entrar tan descompuesto, al sentir abrir la puerta. Por fin, con
la mayor cautela, puso la llave en la cerradura, le dio vueltas y abrio
muy quedo. Entro, volvio a cerrar y dio algunos pasos. Era ya tarde: la
casa estaba obscura; no veia nada. Anduvo a tientas un rato. Al fin
distinguio los objetos, y siguio por el pasillo.

Silencio sepulcral reinaba en la casa. "Sin duda don Elias duerme
arriba"--penso, y siguio andando hasta acercarse a la puerta del cuarto
donde Clara debia estar. "Para que no se asuste" penso Lazaro, tremulo
de emocion, como quien va a cometer un crimen,--lo mejor sera
acercarme a la puerta y llamarla muy quedito. "Asi no se asustara."
Avanzo mas, llego a la puerta, y tomando aliento para pronunciar las
dos silabas de aquel nombre que amaba tanto, se paro, y con voz baja y
conmovida dijo: "Clara."

Pero en el instante mismo en que pronuncio esta palabra, se estremecio
de sorpresa y terror. Un frio intenso circulo por todo su cuerpo; toda
la sangre se le agolpo al corazon, que latia con violencia
desenfrenada, y quedo inmovil como estatua junto a la puerta. En el
momento de pronunciar el nombre de Clara, habia sentido dentro de la
habitacion una voz de hombre, una voz de mujer y pasos precipitados.
Pronto veremos lo que hizo.





CAPITULO XXIX



#Las horas fatales.#


A las cuatro de aquella tarde, cuando, despues de salir las tres damas,
Clara se encontro sola, quiso satisfacer su curiosidad leyendo la carta
que le habia dado el abate; pero observo que Elias andaba por el
pasillo: tuvo miedo, y la guardo. Media hora despues, habiendo Coletilla
salido con Carrascosa, se quedo sola, enteramente sola y encerrada.
Entonces abrio la carta. Era sin duda de Lazaro, y casi sabia punto por
punto lo que habia de decir. Pero su sorpresa fue grande cuando miro la
firma y vio: _Claudio_.

--iClaudio! ?quien es Claudio?--exclamo con la mayor confusion.

La carta decia asi:

"Ya te he devuelto, amiga mia, a ese joven prisionero a quien tanto
quieres. Yo le he sacado de la carcel, donde el infeliz estaba a punto
de morirse de hambre y de frio; le he sacado tan solo porque es tu
amigo. Ya sabes que tu y yo somos tambien verdaderos amigos. Ese joven
parece que te quiere bien; pero no como yo, que te idolatro; y tan
desventurado soy ausente de ti, que hoy voy a intentar verte y hablarte
entrando por una casa vecina. No te llame la atencion: estoy decidido.
Por mi han salido esas tres viejas; por mi ha salido Elias; por si ha
salido Lazaro. Estas sola y encerrada; encerrada para todos menos para
mi, que te vere esta tarde. No tengas miedo: solo quiero verte y
hablarte. Te lo asegura, te lo promete el que te adora.--_Claudio_."

--iClaudio!--dijo Clara doblando la carta:--?quien es este hombre?
iY quiere entrar aqui! iJesus, que miedo! ?Que debo hacer? ?Cerrar
las puertas?

Clara empezo a temblar de miedo; no podia tomar resolucion ninguna. Por
fin evoco todo su valor: se dirigio a la puerta que daba al pasillo, y
le echo el cerrojo; despues corrio a la puerta que comunicaba con la
habitacion inmediata con intento de cerrarla tambien; pero ya era tarde,
porque Bozmediano entro muy tranquilo en el cuarto.

--iJesus!--exclamo Clara, retrocediendo con espanto. Vayase usted, por
Dios. iQue atrevimiento! Pero no pudo seguir, y se echo a llorar.

--iVayase uste